“Lo sembrado se cosechará”
11. l as preguntas y respuestas
“¿Porqué trata de engañarnos?”
Las preguntas siempre se hacen al final de su discurso, pueden ser orales o escritas. Si su experiencia en hablar en público es poca o cree que hay algunas personas interesadas en tratar de imponer su criterio o interesadas en desacreditarlo porque usted es parte de un equipo y hay intereses de por medio, las preguntas por escrito es el mejor camino. Usted las selecciona y contesta las que considere conveniente.
En otras oportunidades quién pregunta y pretende hacerlo quedar mal, usted puede utilizar la pregunta como una pelota que se devuelve, vea este ejemplo:
La Corte Suprema de Justicia de Guatemala me invitó a participar como Conductor y conferenciante en un seminario sobre Derechos Humanos “Libertad de Prensa, Derecho a la información, Derecho a la intimidad” del 20 al 24 de agosto de 2004, participó conjuntamente con las mismas calidades, el doctor Fernando Escribano Mora, de nacionalidad española, profesional de prestigio internacional en el tema. Esta actividad se realizó en el Centro de Formación de la Cooperación Española en la Antigua Guatemala.
El Seminario se impartió a 54 jueces (as) y Magistrados (as) que imparten justicia en todo el territorio del Estado de Guatemala.
Empecé relatando la evolución histórica de los Derechos Humanos, especialmente sobre el Derecho a la Libertad de Expresión a nivel mundial, su génesis en la Declaración del Buen Pueblo de Virginia de 1776, luego de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789, la Declaración Americana de Derechos y Deberes del Hombre de 1948, en
donde la primera vez se manifiesta que estos derechos no nacen del hecho de ser nacional de determinado Estado, sino que tienen como fundamento los atributos de la persona humana o dignidad; luego la Declaración Universal de Derechos Humanos de 10 de diciembre de 1948, que nació con el nombre de Declaración de los Derechos del hombre y que gracias al trabajo organizado de una mujer, lograron cambiar ese nombre a Declaración Universal de Derechos Humanos de 1952, entregando a los (as) varios de mis libros publicados en Costa Rica sobre los Medios de Comunicación Social y Derechos Humanos. Y así continúe durante varias sesiones, finalizando las preguntas ¿En Guatemala tenemos Corte Suprema de Justicia o de legalidad? ¿Es importante la legalidad en el proceso de impartir justicia? ¿Superaremos la costumbre que el ejercito controle nuestras conversaciones telefónicas y la vida privada? ¿Quiénes somos? ¿A dónde vamos?
Se leyó su hoja de vida y conocimos su basta experiencia, además de sus varias publicaciones sobre el tema en diferentes países; antes que empezara sus conferencias, un juez de cuyo nombre no quiero acordarme, hizo la siguiente pregunta:
“¿Doctor Escribano Mora cómo se siente, ahora que conoce Guatemala y se ha enterado de las crueldades y explotaciones, el genocidio y tantas otras atrocidades cometida por los Españoles desde hace más de 500 años, además de habernos formado un Estado débil, excluyente y discriminador del mundo Maya?”
El silencio invadió el recinto; mi corazón empezó a latir aceleradamente y pensé ¡Ahora si se la pusieron difícil! ¿Qué contestará?
El profesor Español tomó el micrófono lentamente y empezó a hablar con mucha calma:
“-Mis antepasados no llegaron hace 500 años, soy el primero de mi familia que conoce ésta tierra bendita de la eterna primavera, además de que soy miembro, así como mi familia, del Comité de Solidaridad con Guatemala en España; el Honorable Juez que me preguntó es de apellido Alvarado, familia originaria de Badajoz, España, además veo apellidos en
la lista de los presentes como: Arzú, López que viene del latín Lupus y significa lobo; Castillo, Cortés, Maldonado, García, Sandoval, Tercero, Gonzáles, Ávila, Aragón, León, Castellanos, Díaz,, Fuentes, Salaverría, Cruz, Sierra y tantos más que, sí vinieron hace 500 años; a ustedes si me gustaría preguntarles con todo respeto ¿Qué han hecho para borrar todo el daño que hicieron sus antepasados o que están haciendo?”
Y continúo hablando con suavidad:
“-Ustedes se independizaron de España en 1821; ¿Cuántos años han pasado?”
-183 años, -respondió el Juez Alvarado.
-Son casi dos siglos –dijo el Profesor Escribano Mora- creo que ya tienen la responsabilidad en lo que ha sucedido durante este tiempo, asúmanla, se los pido por favor.
Imagínense que nosotros los Españoles renegáramos de las invasiones Romanas, Celtas, Fenicias, la árabe que duro casi 800 años y tantas más, supóngase que viviéramos con rencor contra ellas y cargando dolor, ¡No señores! Esas civilizaciones nos enriquecieron y ese mestizaje es la España actual. Y continúo agregando:
-Si es cierto que encuentro un Estado de estas caracte- rísticas, que ni siquiera el Derecho Consuetudinario Indígena acepta; no los quiero molestar pero ¿Cuál creen que es la responsabilidad de ustedes en todo lo que pasa? A nosotros los españoles nos quemaron la Embajada con mucha gente guatemalteca y Española adentro, salió vivo el Embajador y un campesino guatemalteco de milagro, a este campesino lo llevaron a traer las fuerzas de seguridad al hospital ante muchos testigos y tiraron su cadáver en la Universidad de San Carlos. ¿Ustedes que hicieron? ¿Le echaron la culpa al Embajador Español o a los que realizaban las masacres indígenas en Guatemala? ¿Acaso la justicia y miedo son sinónimos?
Se detuvo un instante y mirándome fijamente dijo:
-Bueno, acá esta el Dr. Sagastume, mi compañero conferenciante, apellido de Eusquera que significa “Sagar” manzana y “ume” niño, significa un árbol joven de manzano; muchos vascos vinieron hace 500 años, a mi me gustaría pasarle
el micrófono para que el conteste al Juez Alvarado; pero les repito ni yo, ni las familias de los Españoles que estamos acá en la Cooperación Española tratando de apoyarlos vinimos hace 500 años.
¡Que cada quién se apropie de su responsabilidad histórica y presente!
Me pasó el micrófono y dije:
-“Bueno, yo…bueno, yo…”, no pude seguir ante el tamaño
de esa verdad. Me sostuve la cabeza con mis manos, dos lágrimas acudieron del pasado y presente que debemos asumir, no supe responder, entonces dije:
-“Alguno de los presentes, especialmente aquellos de los apellidos mencionados por el Profesor quiere tomar la palabra, porque yo no sé qué decir”.
-Nadie tomó la palabra.
Entonces agarró el micrófono el Profesor español y dio su curso con gran claridad, capacidad e identidad. Cuando finalizó nos paramos para aplaudirle, no sólo por su magnifico curso, sino por habernos movido el alma con una lección ética de responsabilidad con la situación actual, y nos dio luz para el interior de cada ser humano en la búsqueda de nuestro proyecto de nación y el universo gritó ¡Muchas Gracias!