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“Sentí su fuerza interior”

In document Como Hablar en publico (página 57-61)

Cuando llego a ponerme delante del público, empiezo a ver a las personas, les miro sus ojos, su expectativa, trato de intuir sus deseos y lo que quieren escuchar, lo que quieren saber. Pero al ver a cada persona veo que en ninguna otra parte del universo hay otra igual, son únicas, son valiosas y empiezo antes de hablar a sentir amor por ese público. Por eso insisto en el tema de la dignidad porque al dar amor empiezo a sentir el amor de parte del público, ese es el más grande secreto.

En la primera conferencia que impartí en una aldea de la Costa Atlántica de Honduras, lo hice como contando un cuento. Era una aldea de pescadores y en la noche que llegué, le pregunte a una niña que quería ser en la vida: Abogada, Médica, Ingeniera y otras más profesiones, pero ella me contesto: “Quiero ser

pescadora” y su papá -mi gran amigo Marcelino-, se reía y me

decía: “Solo los hombres pueden ser pescadores” Al día siguiente y como había bastante público infantil en el salón comunal, hable de esta manera: “Había una vez, una aldea de pescadores; todas

las madrugadas salían en sus lanchas a tirar las redes y luego buscaban los pescados atrapados para llevarlos al mercado y venderlos.

En esa aldea existía una niña de nombre Maya, tenía 10 años y decía que cuando fuera mayor sería pescadora. Esas palabras causaban risa entre los aldeanos, porque sólo los hombres se ocupaban de la pesca y tenían la creencia de que cuando una mujer estaba en un barco de pesca, traía mala suerte para la pesca.

El día en que Maya cumplió 11 años le pidió a Antonio, su papá, que la llevara como regalo de cumpleaños.

Antonio le dijo: está bien, te llevaré a pescar mañana, así conocerás el mar y sentirás su bondad, él nos da de comer.

–Por qué él y no ella, papi –le preguntó. –El mar es hombre, hija.

Maya no estaba de acuerdo, creía que el mar era como una madre que lo da todo. Era mujer y se debía decir: la mar.

Antonio siempre le decía a Maya:

–No te busques problemas innecesarios, hasta la natu- raleza ha colocado a los machos como los más grandes y bellos. Por eso, la mujer nació para servir y no para pescar.

Maya no estaba de acuerdo, creía que todos los seres humanos nacieron para servir y no para servirse de los demás seres. Su papá le aconsejó que hablara con el Pastor de la Iglesia, pero éste le dijo que el hombre era la cabeza y la mujer el corazón, con lo que tampoco estaba de acuerdo, ya que ella también pensaba y deseaba estudiar sobre la pesca.

De todos modos mañana sería el día en que su papito adorado la llevaría a pescar, porque aparte era que su papá no la dejaba ser pescadora y aparte era que su papá la amaba como el jardinero que cuida de la única rosa en el jardín de su vida. Su papá la adoraba.

–Mañana nos acompañará un científico de la universidad, él estudia a las ballenas –dijo el papá.

Maya pensó: voy a ser científica cuando sea mayor, estudiaré a los peces y voy a ser pescadora.

Antes de dormir, sus padres la acompañaron cuando dijo sus oraciones al Creador, ella le agradeció un día más de vida y pidió que se protegiera especialmente a las mujeres que no gozaban de los mismos derechos que los hombres y una religión que buscara la igualdad de derechos y deberes entre hombres y mujeres. Así se quedó dormida.

A las 5 de la madrugada, su papá la despertó con un beso:

–Maya, ¡tienes que levantarte, hoy vamos de pesca! La madrugada se deslizó con sus luces rojas y doradas y el barco empezó a deslizarse en la dirección de la luna

que aún colgaba como diamante en el lado opuesto. Maya tenía frío, pero estaba tan contenta que no le importaba.

Antonio hizo las presentaciones:

–Esta es mi hija adorada y se llama Maya, a ella la quiero más que a mí mismo; a veces discutimos porque desde muy pequeña quiere ser como hombre.

–Yo no quiero ser como hombre, papá, lo que deseo es ser un ser humano con los mismos derechos y deberes; desde muy niña aprendí que somos diferentes los hombres y las mujeres, pero creo que debemos ser iguales en derechos y deberes –dijo Maya.

–Ya la oyó usted, siempre discute –le decía Antonio al científico. Dígale por favor que la naturaleza nos enseña que los varones siempre son los más grandes y hermosos y que las mujeres nacieron para servirnos, que es un mandato de Dios y de la naturaleza.

–Eso no es así –respondió el científico, la naturaleza nos enseña con sus ejemplos lo que dice su hija Maya, a quien felicito por sus pensamientos. Entre las ballenas –por ejemplo, las hembras son más grandes y bellas que los ballenos, así también entre las arañas, miles de aves, etcétera. Tampoco creo que nuestro Creador sea hombre, sino una energía Divina sin sexo.

–¿Pero usted cree que las mujeres deben estudiar, ir a la universidad, ser pescadoras y tantas cosas que nos corresponden a los hombres? –preguntó Antonio.

–Creo que sí, yo recomendaría que Maya estudiara Ecología y pescara ideas para salvar a los peces en general, salvar al mundo, a nuestro planeta Tierra.

–¿Qué es la Ecología? –preguntó Maya.

–La palabra Ecología viene del griego antiguo OÍKOS, que significa hogar, esto nos dice que a nuestro planeta Tierra lo debemos amar, ya que es el hogar de todos y todas las que vivimos en esta Tierra, es un deber y un principio, no un interés –agregó el científico.

–Pero, ¿cree usted que exista una espiritualidad o re- ligión que busque la igualdad de derechos y deberes, así como lo quiere Maya? –preguntó Antonio.

Maya volteó sus ojos hacía el científico, aguardando su respuesta con mucho interés.

–Todas las espiritualidades y religiones son buenas, nos acercan a la Creación. Hay algunas que aún tienen prácticas o pensamientos muy antiguos sobre la mujer, pero eso está cambiando poco a poco. Existe la fe Bahai, que tiene como obligación luchar por los mismos derechos entre hombres y mujeres, así como la unidad de todas las espiritualidades y religiones hacia el futuro. En la India, un país con mucha espiritualidad y tradiciones muy antiguas, existe una Guía Espiritual, se llama Gurú Mayi y es una mujer que está dando luz al mundo con sus enseñanzas.

También recomiendo a Maya estudiar los Derechos Humanos -agregó el científico- el 10 de diciembre de 1948 las Naciones Unidas aprobaron la Declaración Universal de los Derechos del Hombre y gracias a la lucha de las mujeres se le cambio el nombre en 1952 a Declaración Universal de Derechos Humanos; la igualdad nos beneficia a hombres y mujeres.

Antonio estaba asombrado, el científico que enseñaba en la universidad decía que Maya tenía razón y que el hombre y la mujer son diferentes pero iguales en derechos y deberes. Entonces dijo:

–Desde hoy prometo poner más atención a lo que dice Maya y trabajaré sin descanso para que asista a la universidad y estudie para ser pescadora de las ideas que salven a la mar y a nuestro planeta Tierra, que es el hogar de todas las personas que acá vivimos.

Maya dibujó en su rostro una dulce sonrisa y dijo: –Ahora comprendo que existen miles de personas que van a luchar por la igualdad de derechos y deberes entre hombres y mujeres, que van a trabajar por los derechos de la niña.

–¿Quiénes son estas personas? –preguntó el científico. –Todos los padres que tienen hijas, porque el día de hoy he tenido el mejor regalo del mundo y es que mi papito lindo ha comprendido que nacemos para servir a nuestros semejantes. ¡Ahora tengo a un aliado!

–Lo único que recomiendo y les pido –dijo el científico, es que cuando hablen de espiritualidad o religión, lo hagan con profundo respeto, porque es la parte sagrada de cada persona.

Seguían platicando, cuando llegaron los marineros y todos asombrados dijeron:

–¡Las redes está llenas de peces! ¡Y hay una mujer en la cubierta!”

Cuando termine de hablar vi lágrimas en muchos ojos, lágrimas de gozo, luego, en el almuerzo me sirvieron el pescado más sabroso que he comido en mi vida. Por eso recomiendo dar importancia a cada persona del auditorio, más aún si son niñas o mujeres, siento la discriminación y rechazo el machismo. Mi hija Tania del Mar un día me afirmó: “Ya encontré a los hombres

que van defender los derechos de las niñas” e interesado de

sobremanera con esa certeza, le pregunte: “¿Quiénes mi amor?” y me respondió: “Todos los papás”. Esto debe ser una realidad. Aprendamos de la niñez.

5.1. l

adignidad

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