CEREBROS DE SILICIO, ROBOTS CONSCIENTES Y OTRAS MENTES
H. S UBJET IVIDAD
IV. L A CONCIENCIA Y LA VENTAJA SELECTIVA
Mi aproximación a la filosofía de la mente, el naturalismo biológico, se enfrenta a veces al reto siguiente. Si se puede imaginar la misma o semejante conducta producida por un zombi inconsciente, ¿por qué la evolución produjo conciencia? De hecho, esto se presenta a menudo como una sugerencia de que es posible que la conciencia ni siquiera exista. Por supuesto, no voy a tratar de demostrar la existencia de la conciencia. Si alguien no está consciente, no hay manera de demostrarle la existencia de la conciencia; si está consciente, es inconcebible que pueda dudar seriamente de que está consciente. No digo que no hay personas que están tan confundidas filosóficamente que dicen que du- dan de si están conscientes, pero encuentro difícil tomar muy en serio tales enunciados.
Al responder la cuestión relativa al papel de la conciencia en la evo - lución, deseo rechazar el supuesto implícito de que todo rasgo heredado biológicamente debe proporcionar alguna ventaja evolutiva al organis - mo. Me parece una forma excesivamente cruda de darwinismo, y tene- mos hoy en día todo tipo de buenas razones para abandonarla. Si fuera verdad que toda predisposición innata de un organismo fuera el resulta - do de alguna presión selectiva, tendría que concluir que mi perro ha sido seleccionado para atrapar pelotas de tenis. Tiene verdadera pasión por atrapar pelotas de tenis y, obviamente, no es algo que haya aprendido, pero esa no es razón para suponer que ello deba tener alguna retribución biológica. O, más próximo a nosotros, creo que la pasión que tienen los seres humanos por esquiar tiene una base biológica que no es el resulta - do del entrenamiento o del condicionamiento. La extensión del hábito de esquiar ha sido enorme, y los sacrificios que la gente está dispuesta a hacer, en términos de dinero, comodidad y tiempo, a cambio de estar es -
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quiando unas pocas horas es, como mínimo, evidencia bastante buert; de que obtiene de ello satisfacciones inherentes a su naturaleza biológi ca. Pero, simplemente, no es el caso que fuéramos seleccionados por la evolución por nuestra predilección para el esquí de montaña.7
Con estas matizaciones, todavía podemos enfrentarnos a la cues tión «¿Cuál es la ventaja evolutiva de la conciencia?». Y la respuesta e s que la conciencia hace todo tipo de cosas. Para empezar, existen formas, de conciencia de todo tipo como la visión, el oído, el gusto, el olfato, \% sed, los dolores, los escozores y la acción voluntaria. En segundo lugar; dentro de cada una de estas áreas puede haber una variedad de funciones servidas por las formas conscientes de esas modalidades diferentes, Sin embargo, hablando en los términos más generales, parece claro que la conciencia sirve para organizar cierto conjunto de relaciones entre el organismo, su entorno y sus estados internos. Y, hablando de nuevo en en términos muy generales, la forma de organización podría ser descrita como «representación». Por medio de las modalidades sensoriales, por ejemplo, el organismo obtiene información cons ciente sobre el es tado del mundo. Oye sonidos en su vecindad, ve objetos y estados de cosas en su campo de visión; huele los olores específicos de los distin tos rasgos de su entorno; etc. Además de sus experiencias sensoriales conscientes, el organismo también tendrá experiencias características de actuar. Correrá, paseará, comerá, peleará, etc. Esas formas de con ciencia no tienen, primordialmente, el propósito de obtener informa ción sobre el mundo; más bien son casos en los que la conciencia capa cita al organismo para actuar sobre el mundo, para producir efectos en el mundo. Hablando de nuevo en términos muy generales —y lo discu- tiremos en términos más refinados más adelante— podemos decir que, en la percepción consciente, el organismo tiene represent aciones causadas por los estados de cosas del mundo y, en el caso de la acción intencio nal, el organismo causa los estados de cosas del mundo por medio de sus representaciones conscientes.
Si esta hipótesis es correcta, podemos hacer una afirmación genera ] sobre la ventaja evolutiva de la conciencia: la conciencia nos propoi ciona poderes de discriminación mucho mayores de los que tendrías los mecanismos inconscientes de discriminación.
7. La explicación alternativa es que tenemos otros impulsos biológicos más genera^ les que se satisfacen por medio de esas diversas actividades. Compárese la distinción d¿ Elliot Sober (1984, cap. 4) entre lo que se selecciona y aquello para lo que se selecciona:
Los estudios sobre el caso de Penfield (1975) lo confirman. Algunos de los pacientes de Penfield sufrían una forma de epilepsia conocida como petit mal (pequeño mal). En algunos de estos casos, el ataque epiléptico dejaba al paciente totalmente inconsciente, aunque el paciente continuaba exhibiendo lo que normalmente sería considerado como conducta dirigida-a-fines. He aquí algunos ejemplos:
Un paciente, que denominaré A, era un estudiante serio de piano y estaba sometido a los automatismos del tipo denominado petit mal. Era propenso a una interrupción breve mientras practicaba, que era reco- nocida por su madre como el comienzo de una «ausencia». Luego con- tinuaba interpretando durante un tiempo con considerable agilidad. El paciente B sufría un automatismo epiléptico que comenzaba con una descarga en el lóbulo temporal. A veces el ataque se producía mientras caminaba hacia su casa después de trabajar. Continuaba andando y en- contraba su camino de vuelta por entre las calles repletas. Podía darse cuenta más tarde de que había sufrido un ataque porque había una zona en blanco en sus recuerdos correspondientes a parte del trayecto, como desde la calle X a la avenida Y. Si el paciente C estaba conduciendo un coche, continuaba haciéndolo, aunque podía descubrir más tarde que se había saltado algún semáforo en rojo (p. 39).
En todos estos casos, tenemos una forma compleja de conducta aparentemente dirigida a fines sin ninguna conciencia. ¿Por qué no podría ser toda la conducta de este tipo? ¿Qué es lo que añade la conciencia? Advirtamos que, en todos estos casos, Jos pacientes ejecutaban tipos de acción que eran habituales, rutinarios y memorizados. Es de presumir que existieran caminos neuronales bien establecidos en el cerebro del hombre correspondientes a su conocimiento de] camino de vuelta a casa y, de un modo semejante, es de presumir que el conocimiento del pianista de cómo tocar la pieza particular estuviera realizado en los caminos neuronales de su cerebro. La conducta compleja puede ser pre-programada en la estructura del cerebro, al menos en la medida en que sabemos cómo funciona el cerebro en esos casos. Aparentemente, una vez comenzada, la actividad puede seguir su desarrollo incluso bajo el efecto de un ataque de petit mal. Pero la conducta consciente humana normal tiene un grado de flexibilidad y creatividad que está ausente en los casos de Penfield del conductor o del pianista inconscientes. La conciencia añade poderes de discriminación y flexibilidad incluso a las actividades rutinarias memorizadas.
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Aparentemente, es sólo un hecho biológico el que los organismos que tienen conciencia tienen, en general, poderes de discriminación mayores que aquellos que no la tienen. Los tropismos de las plantas por ejemplo, que son sensibles a la luz, son mucho menos capaces de hacer discriminaciones refinadas y son mucho menos flexibles que, n0T
ejemplo, el sistema visual humano. La hipótesis que estoy sugiriendo es, pues, la de que una de las ventajas evolutivas que nos confirió el de- sarrollo de la conciencia es la flexibilidad, la sensibilidad y la creativi- dad mucho mayores que obtenemos por el hecho de ser conscientes.
Las tradiciones conductistas y mecanicistas que hemos heredado nos ocultan estos hechos; en realidad, hacen que ni siquiera podamos plantear la cuestión de modo apropiado, porque constantemente buscan formas de explicación que tratan lo mental-neurofisiológico como pro- porcionando simplemente un mecanismo de input-output, una función que hace corresponder los estímulos del input con las conductas del output. Los mismos términos en que se plantean estas cuestiones impi- den la introducción de temas que son cruciales para la comprensión de ía conciencia, como, por ejemplo, la creatividad.
DE LA CONCIENCIA
El punto de vista sobre la relación entre mente y cuerpo que he pro - puesto es denominado a veces «reduccionismo» y, a veces, «antirre - duccionismo». Es denominado «emergentismo» muy a menudo, y es generalmente considerado como una forma de «superveniencia». No estoy seguro de que alguna de esas atribuciones sea en absoluto clara, pero hay un buen número de cuestiones alrededor de estos términos misteriosos y en este capítulo exploraré algunas de ellas.