¿EXISTE EL PROBLEMA DE LA PSICOLOGÍA POPULAR?
72 EL REDESCUBRÍ MIENTO DE LA MENTE
Tesis: sin embargo, se podrían enunciar correlatos o principios teó -;
ricos que subyacen en esas capacidades. Esto constituiría una psicolo-j gía popular y sería con toda probabilidad falsa, puesto que, en general,!
las teorías populares son falsas.
j
Respuesta: Se puede, no sin alguna distorsión, enunciar un córrela-: to teórico de una destreza práctica. Pero sería milagroso el que éstas ¡ sean, en general, falsas. Donde realmente son importantes, donde algo i está enjuego, las teorías populares tienen que ser, en general, verdade ras o, de lo contrario, no habrían sobrevivida La física popular puede ¡ ser errónea sobre cuestiones periféricas como el movimiento de las es feras celestes o el origen de la Tierra, porque estas cosas no son dema siado importantes. Pero cuando se trata del modo en que se mueve; nuestro
cuerpo si uno salta desde un acantilado, o d e Jo que sucede si ¡ una gran roca le cae a uno encima, las teorías populares tienen que ser-correctas o, de lo contrario, no habrían sobrevivido.
Tesis: se convierte ahora en un asunto específico de Ja ciencia cog- nitive (CC) el decidir qué tesis de la PP son verdaderas y cuáles de sus compromisos ontológieos están justificados. La PP postula, por ejemplo, creencias y deseos para dar cuenta de la conducta, pero si resulta que la explicación de la conducta por parte de la CC es inconsistente, con esto, entonces las creencias y deseos no existen.
Respuesta: casi todo el contenido de esta afirmación es erróneo. En primer lugar, no postulamos creencias y deseos para dar cuenta de nada. Simplemente experimentamos creencias y deseos conscientes. Piénse se en ejemplos de la vida real. Hace un día tórrido y vas conduciendo un camión a través del desierto en las afueras de Phoenix. No tienes aire acondicionado. No puedes recordar cuando has estado tan sedien to y deseas con toda tu alma una cerveza fría. Ahora bien, ¿dónde está la «postulación» del deseo? Los deseos conscientes se experimentan. No se postulan en mayor medida que los dolores conscientes.
En segundo lugar, las creencias y los deseos causan algunas veces acciones, pero no hay una conexión esencial. La mayor parte de las creencias y deseos no dan como resultado acciones. Creo, por ejemplo, que el Sol está a 150 millones de kilómetros de distancia, y me gustaría tener cientos de miles de millones. ¿Cuáles de mis acciones explican esta creencia y este deseo? ¿Que si compro un billete para el Sol estaré
seguro de obtener un billete de [50 millones? ¿Que la próxima vez que alguien me dé 1.000 millones no los voy a rechazar?
Tesis: sea lo que sea, se postulen o no, es muy poco probable que haya una reducción adecuada de las entidades de la PP a la ciencia más básica de la neurobiología, de modo que parece que la eliminación es la única alternativa.
Respuesta: ya he dicho hasta qué punto este es un mal argumento . Muchos tipos de entidades reales desde los chalets adosados a las fíes - tas de cumpleaños, desde los tipos de interés a los partidos de fútbol, no soportan una reducción apropiada a entidades de alguna teoría funda - mental. ¿Por qué deberían soportarla? So specho que tengo una «teoría» de las fiestas de cumpleaños —por lo menos en "la medida en que tengo una teoría de la «psicología popular» — y las fiestas de cumpleaños consisten ciertamente en movimientos de moléculas; pero mi teoría de las fiestas de cumpleaños no es, ni por aproximación, tan buena como mi teoría de la física molecular, y no bay una reducción délas fiestas de cumpleaños a la taxonomía de la física. Pero a pesar de todo, las fiestas de cumpleaños existen realmente. La cuestión de la reductib ilidad de tales entidades es irrelevante para la cuestión de su existencia.
¿Por qué habría de cometer alguien un error tan notable? Esto es: ¿por qué habría de suponer alguien que la «reducción apropiada» de creencias y deseos a la neurobiología es siquiera relevante para la exis - tencia de creencias y deseos? La respuesta es que se está trazando una analogía falsa con. ía historia de ciertas partes de la física. Churchland piensa que «creencia» y «deseo» tienen el mismo estatus en la teoría de la psicología popular que tenían en la física «flogisto» y «fluido calóri- co». Pero la analogía se derrumba en toda suerte de modos; las creencias y los deseos, a diferencia del fíogisto y ei fluido calórico, no se postula - ban como parte de una teoría especial, sino q ue se experimentan como parte de nuestra vida mental. Su existencia no es algo relativo a una te - oría en mayor medida que lo es la existencia de chalets adosados, fies tas de cumpleaños, partidos de fútbol, tipos de interés, mesas o sillas. Siempre se pueden describir las creencias de sentido común que uno tie- ne sobre tales cosas como «teoría», pero la existencia de los fenómenos es anterior a la teoría. De nuevo, piénsese siempre en los casos efecti- vos. Mi teoría sobre las ñestas de cumpleaños incluiría cosas tales como que las grandes fiestas de cumpleaños tienden a ser más ruidosas que las
74 EL REDESCUBR1MIENT0 DE LA MENTE
pequeñas, y mi teoría sobre los chalets adosados incluiría que tienden a extenderse más que otros tipos de casas. Tales «teorías» son, sin duda alguna, desesperadamente inadecuadas, y las entidades no soportan una reducción apropiada a la física, donde tenemos teorías mucho mejores que describen los mismos fenómenos. ¿Pero qué tiene todo esto que ver con la existencia de chalets ados ados? Nada. De manera similar, la ina- decuación de la psicología de sentido común y el fallo de la taxonomía de sentido común en encajar en la taxonomía de la ciencia del cerebro (esto es lo que se quiere decir cuando se habla de que no se ha logra do una «reducción apropiada») no tiene nada que ver con la existencia de creencias y deseos. Dicho brevemente: creencias y chalets adosados son totalmente distintos del flogisto porque su ontología no depende de la verdad de una teoría especial, y su irreductibilidad a una ciencia más fundamental es irrelevante para su existencia.
Tesis: sí, pero lo que estás diciendo pide ía cuestión. Estás diciendo que creencias y deseos, al igual que las fiestas de cumpleaños y los cha - lets adosados, no son entidades teóricas —su base evidencial no se de- riva de teoría alguna. ¿Pero no es este uno de los puntos en disputa?
Respuesta: pienso que es obvio que creencias y deseos se experi- mentan como tales y que, ciertamente, no se «postulan» para explicar la conducta porque no se postulan en absoluto. Sin embargo, ni siquiera las «entidades teóricas» alcanzan su legitimidad de la reductibilidad. Considérese la economía. Los tipos de interés, la demanda efectiva, la propensión marginal al consumo son todas ellas cosas a las que se hace referencia en economía matemática. Pero ninguno de los tipos de enti- dades en cuestión soporta una reducción apropiada a, por ejemplo, la fí- sica o la neuvobiología. Y de nuevo, ¿pOT qué habrían de soportaría?
La reductibilidad es, en cualquier caso, una exigencia extraña para la ontología, puesto que clásicamente una manera de mostrar que una entidad no existe realmente ha sido reducirla a algo distinto. Así, las puestas de Sol se reducen a movimientos planetarios del sistema solar, lo cual mostraba que, como se concebía tradicional mente, las puestas de Sol no existen. La apariencia de que el Sol se pone viene causada por algo distinto, esto es; por la rotación de la Tierra en relación con el Sol.
Tesis: con todo, es posible hacer una lista de afirmaciones de la psi- cología popular y ver que muchas de ellas son dudosas.
Respuesta: si se mira a las listas que se dan efectivamente, hay algo sospechoso en ellas. Sí tuviera que hacer una lista de algunas proposi- ciones de la PP, incluiría cosas como las siguientes:
1. Las creencias pueden ser, en general, verdaderas o falsas. 2. Algunas veces las personas tienen hambre, y cuando tienen ham- bre desean a menudo comer algo.
3. Los dolores no son, a menudo, placenteros . Por esta razón, la «rente trata a menudo de evitarlos.
Es difícil imaginar qué género de evidencia empírica podría refutar estas proposiciones. La razón es que, de acuerdo con una interpretación natural, no son hipótesis empíricas, o no son sólo hipótesis empíricas. Son más semejantes a los principios constitutivos de los fenómenos en cuestión. La proposición 1, por ejemplo, es más semejante a la «hipó - tesis» de que un touchdown en el fútbol norteamericano vale seis pun - tos. Si a uno se le dice que un estudio científico ha mostrado que los touchdowns valen efectivamente sólo 5,9999999999 puntos, nos daría- mos cuenta enseguida que hay alguien aquí que está seriamente con - fundido. Es parte de nuestra definición ordinaria de touchdown el que vale seis puntos. Podemos cambiar la definición pero no podemos des - cubrir un hecho diferente. De forma similar, es parte de la definición de «creencia» el que las creencias son candidatos para la verdad y la fal- sedad. No podríamos «descubrir» que las creencias no son sus ceptibles de ser verdaderas o falsas.
Si se echa una ojeada a las listas de candidatos que se han dado para «leyes» de la PP, nos daremos cuenta de que tienden a ser o bien obvia - mente falsas o son principios constitutivos. Por ejemplo, Churchland (1981) incluye el principio de que «eliminando la confusión, la distrac - ción, etc.», cualquiera que crea que p y si p entonces q, cree q (p. 209 en Lycan, 1990b). Como candidato para una creencia de sentido común esto es literalmente increíble. Si este principio fuese verdadero, entonces la demostración de teoremas no sería algo más difícil que el exa men de las propias creencias (sin «confusión, distracción, etc.»). Es muy fácil refutar la PP si, para empezar, uno dice que consta de tales principios falsos.
Un candidato para principio constitutivo es el ejemplo de Church - land de que cualquiera que teme que p quiere que sea el caso que no p. ¿Cómo se buscaría evidencia empírica de que esto es falso? Es parte de
76 EL REDESCUBR1MÍENT0 Dti LA MRNTR
la definición de «temor». Así pues, el error profundo no es simplemen te suponer que la PP es una teoría, sino que todas las proposiciones de la teoría son hipótesis empíricas.
Puesto que son constitutivas y no empíricas, la única manera de mos - trar que son falsas seria mostrar que no tienen rango alguno de aplica- ción. Por ejemplo, los principios constitutivos de la brujería no se aplican a nada porque no hay brujas. Pero no se puede mostrar que los deseos conscientes y los dolores no existen de la manera en que se puede mos- trar que las brujas no existen porque aquéllas son experiencias conscien - tes y no se puede hacer la distinción usual entre apariencia y realidad para las experiencias conscientes (sobre esta cuestión, véase el capítulo 3).
Se ha mostrado que una gran cantidad de creencias psicológicas de sentido común son falsas, y sin duda muchas más lo serán. Considére se un ejemplo espectacular: el sentido común nos dice que nuestros do lores están localizados en el espacio físico dentro de nuestros cuerpos, que, por ejemplo, un dolor en el pie está literalmente dentro del área del pie. Pero sabemos ahora que esto es falso. El cerebro forma una imagen corporal y los dolores, al igual que todas las sensaciones corporales, son parte de la imagen del cuerpo. El dolor-en-el-pie está literalmente en el espacio físico del cerebro.
Así pues, el sentido común estaba literalmente equivocado sobre algunos aspectos acerca de la localización de los dolores en el espacio físico. Pero incluso una falsedad extrema tal no muestra —y no puede mostrar— que los dolores no existen. Lo que es probable que suceda efectivamente, de hecho está sucediendo, es que el sentido común se complemente con conocimiento científico adicional. Por ejemplo, aho ra reconocemos distinciones entre memoria a largo y a corto plazo, y entre éstas y la memoria icónica, y estas distinciones son el resultado de investigaciones neurobiológicas.