CON LA CONCIENCIA
IV. M ALAS COMPRENSIONES DEL T RASFONDO
Hay diversos modos de entender de mala manera la significación de la hipótesis del Trasfondo y quiero ahora eliminarlas. En primer lu gar, muchos filósofos que son conscientes del Trasfondo están extre - madamente desconcertados por él. Súbitamente les parece que el signi- ficado, la intencionalidad, (a racionalidad, etc., se encuentran de algun a manera amenazados si su aplicación depende de hechos culturales y biológicos, cuya existencia es contingente, acerca de los seres huma nos. Hay un cierto pánico que íe sobreviene a un cierto tipo de sensibilidad filosófica cuando se reconoce que el proy ecto de fundamentar la intencionalidad y la racionalidad en algunos cimientos puros, en algún conjunto de verdades necesarias e indudables, está, en principio, equivocado. Incluso les parece a algunas personas que es imposible te ner una teoría del Trasfondo, puesto que el Trasfondo es la precondi-ción de toda teoría, y en algunos casos extremos parece incluso como si cualquier teoría fuese imposible, puesto que la teoría depende de lo que parecen ser arenas movedizas de presuposiciones injustificables.
Contra este punto de vista, quiero decir que el descubrimiento del Trasfondo muestra solamente que una cierta concepción filosófica es - taba equivocada. No amenaza ningún aspecto de nuestra vida diaria, in - cluyendo nuestra vida teórica diaria. Esto es, no mue stra que el signifi- cado o la intencionalidad sean inestables o indeterminados, que nunca
n0s podemos hacer entender, que la comunicación es imposible o está
amenazada; muestra meramente que todo esto funcion a respecto de un conjunto de capacidades y prácticas de Trasfondo que existen contin - crentemente. Además, la tesis del Trasfondo no muestra que la teoriza - ción es imposible; por el contrario, el Trasfondo mismo me parece un territorio excelente para la teorización, como espero que quede ilustrado por este capítulo.
Es también importante señalar que el Trasfondo no tiene implica - ciones metafísicas, puesto que es un rasgo de nuestras representaciones de ia realidad, y no un rasgo de la realidad representada. Algunos en- cuentran que es tentador pensar que, de acuerdo con la hipótesis del Trasfondo, la realidad misma se convierte, de uno u otro modo, en algo relativo al Trasfondo, y que, consecuentemente, debe seguirse algún ¿enero de relativismo o idealismo. Pero esto es un error. Al mundo real no le importa nada cómo lo representemos, y aunque nuestro siste ma de representación exija un conjunto de capacidades no representa -dónales para funcionar, la realidad para cuya representación se usa ese sistema no depende en sí misma de esas capacidades ni de ninguna otra cosa. Dicho brevemente; el Trasfondo no amenaza nuestra convicción acerca del realismo externo, o ia concepción de la verdad como corres - pondencia, o la posibilidad de comunicación clara, o la posibilidad de ia lógica. Sin embargo, coloca a todos estos fenómenos bajo una luz di- ferente, puesto que no pueden proporcionar justificaciones trascenden - tales de nuestro discurso. Más bien, nuestra aceptación de ellos es una presuposición de Trasfondo del discurso.
Una mala comprensión del Trasfondo, particularmente importante en teorías de la interpretación textual, es la suposición errónea de que íoda comprensión tiene que incluir algún acto de interpretación. Del hecho de que siempre que uno entiende algo lo entiende de una manera y no de otra, y del hecho de que son siempre posibles interpretacio nes alternativas, simplemente no se sigue que en todo discurso uno csia siempre tomando parte en constantes «actos de interpretación». La compresión inmediata, normal, instantánea por parte de alguien de las emisiones es siempre posible sólo de manera relativa a un Trasfondo, pero no se infiere de este hecho que haya algún paso lógico separado, algún acto separado de interpretación que esté involucrado en la com- prensión normal. Se comete un error similar en aquellas teorías de la cognición que afirman que tenemos que haber hecho siempre una infe - rencia si, cuando miramos un lado de un árbol, sabemos que ese árbol
198 EL REDESCUBRIMIENTO DE LA MENTE
tiene una parte posterior. Por el contrario, lo que hacemos es simple., mente ver un árbol como un árbol real. Se podría, desde luego, dado ui) Trasfondo diferente, interpretar la propia percepción de manera dife - rente (por ejemplo, verlo como un estado bidimensional de u na propie- dad de árbol), pero del hecho de que uno tenga abiertas interpretaciones alternativas, no se sigue ni que las percepciones ordinarias involucren siempre un acto de interpretación ni que se dé algún paso inferential, en tanto que proceso mental temporal efectivo, mediante el que se infieren datos no percibidos de datos percibidos.
El Trasfondo no es, quiero subrayarlo, un sistema de reglas. Esto, me parece a mí, era el punto débil de la noción de Foucault (1972) de h formación discursiva y la primera discusión de Bourdieu de una práctica en Outline of a Theory of Practice (1977). Ambos pensaban que las reglas eran esenciales a las clases de fenómenos que estoy tratando. Pero es importante ver que las reglas sólo tienen aplicaciones de mane ra relativa a las capacidades de Trasfondo. Las reglas no se autointer-pretan y, en consecuencia, requieren un Trasfondo para funcionar; nÉ son en sí ni explicativas ni constitutivas del Trasfondo.
A la luz de estas consideraciones, parece algunas veces como si e l Trasfondo no pudiera representarse o hacerse completamente explícitÉ Pero esta formulación contiene ya un error. Cuando decimos esto tena mos ya un cierto modelo de representación y explicitud. La dificulta! consiste en que el modelo es, simplemente, inaplicable al Trasfondo. Desde luego, el Trasfondo puede representarse. Aquí está: «el Trasfon - do». Esta expresión representa el Trasfondo y, desde luego, el Trasfondo se puede hacer «completamente explícito» usando ía misma expresión —o escribiendo un libro sobre el Trasfondo.
El asunto es que tenemos un modelo d§ explicitud para la represen - tación dé los fenómenos mentales que consiste en proporcionar ora ciones que tengan el mismo contenido intencional que los estados re presentados. Puedo hacer completamente explícita la creencia de qv.<¿ el agua es húmeda diciendo, por ejemplo, que es la creencia de que el agua es húmeda. Pero dado que el Trasfondo no tiene ningún contenido intencional en este sentido, no podemos representarlo como si con sistiese en un conjunto de contenidos intencionales. Esto no significa que no podamos describir el Trasfondo, o que su funcionamiento sea inanalizable, o cualquier otra cosa de est^ tipo. Son precisamente ios comienzos de un análisis del Trasfondo lo que estoy intentando pro- porcionar.