CIL I 2 , 1518; CIL X, 6470; ILLRP 664:
II.5. R EDEFINICIÓN DE LOS CRITERIOS Y MECANISMOS PARA EL CÁLCULO DEMOGRÁFICO DURANTE LA PRIMERA ETAPA IMPERIAL
II.5.2. L A CONTABILIZACIÓN DE LOS CIVES R OMANI : UN DEBATE ABIERTO
Teniendo en cuenta que el último censo republicano contabilizó un total de 900.000 cives Romani y el primero elaborado en época augústea registró 4.063.000392,
¿cómo se explica que el primer censo de Augusto sea diez veces superior al elaborado apenas un siglo antes393 y casi cinco veces más abultado que el último censo republicano?
El intento de dar respuesta a estos interrogantes es lo que ha propiciado que desde el s. XIX la historiografía haya mostrado posturas enfrentadas entre quienes defienden una teoría basada en un recuento bajo y los adscritos a la corriente que postula diversas teorías
391 Rodríguez Neila 1986a, 98; Hin 2008, 216.
392 Sobre las diversas circunstancias que propiciarían que ningún censo fuera culminado con éxito
durante 41 años, cf. Wiseman 1969, 65 ss.
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para decantarse por un recuento más alto. Se trata, haciendo uso de la terminología habitualmente empleada por la historiografía anglosajona, del debate entre el ‘low count’ y el ‘high count’.
Los autores adscritos a la corriente historiográfica denominada como ‘low count’394 consideran por lo general que los censos realizados entre el 234 y el 69 a.C.
establecían una cifra lo bastante aproximada como para considerar el desarrollo demográfico de Italia a lo largo de este período, pero se encontraron ante el problema que suponía tratar de justificar el enorme incremento de cives recogido en el primer censo realizado por Augusto. Para aceptar esta cifra, tuvieron que demostrar que el primer censo imperial no tuvo el mismo significado que los elaborados durante la etapa republicana, asumiendo que en el 28 a.C. se habría procedido a un cambio en lo relativo a los criterios para la elaboración de las listas censitarias. Según esta corriente, el término civium capita haría referencia, al contrario de lo que sucedía anteriormente395, a todas las personas en
posesión de la ciudadanía romana y no exclusivamente a los hombres adultos, lo que significaría que a partir de Augusto las mujeres y los niños fueron incluidos en las listas, dejando entrever la posibilidad de que el emperador se basara en los modelos de gestión aplicados por la dinastía ptolemaica en Egipto.
Fue Zumpt quien estableció las bases de esta teoría, señalando, por otra parte, que el censo romano de la etapa republicana únicamente tuvo en consideración a los que disponían de suficiente patrimonio como para servir en el ejército (assidui) y por lo tanto las cifras de este período reflejarían el total de hombres adultos, mientras que más tarde los augústeos incluyeron a las mujeres y los huérfanos396. Así, en los primeros tiempos
de este debate, dos corrientes marcaban las pautas en relación a las interpretaciones posibles sobre este fenómeno. La primera abogaba por concebir el volumen especificado en las fuentes como un reflejo de los cives sui iuris, mientras que la otra aseguraba que únicamente se contabilizaban los iuniores con el objetivo de establecer el potencial militar
394 Representantes de la corriente que defiende este ‘recuento bajo’ son Zumpt 1840, Beloch 1886,
Toynbee 1965, Brunt 1971/1987, Hopkins 1978, Rathbone 1981, De Ligt 2012, este último ampliamente comentado por Scheidel (2013, 678-687), donde también se rebaten los argumentos de Launaro 2011.
395 Este término hace referencia de manera exclusiva a los hombres adultos en las fuentes clásicas
anteriores.
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de Roma397. Sin embargo, en el momento de interpretar los censos augústeos la
historiografía tendió a aceptar la posibilidad de que durante el Principado la población reflejada en las listas fuera la de los cives sui iuris, independientemente de su edad o sexo. Por su parte, Beloch (1886) interpretó que se debía necesariamente a un cambio introducido por Augusto en relación a los criterios y objetivos de esta operación, lo que implicaba reconocer que el término civium capita había variado su significación y a partir de ese momento englobaría al total de la población libre, incluidas las mujeres y los niños. Además, según su planteamiento, los censos republicanos no recogieron a los varones adultos, sino que fueron más concretos y únicamente se contabilizaron los hombres aptos para el servicio militar, los iuniores assidui398. Todo ello le llevó a realizar sus propios
cálculos sosteniendo que, de los 4.063.000 cives censados, 3.250.000 residirían en Italia. De lo que no cabía duda en su interpretación es que para el 28 a.C. el crecimiento demográfico no habría sido en ningún caso tan significativo, principalmente teniendo en cuenta la alta tasa de mortalidad que debió de darse durante el desarrollo de las guerras civiles en las que se vio inmerso el Estado romano.
Más tarde Toynbee (1965, 460 ss.) destacó la dicotomía interpretativa de los debates historiográficos de principios de siglo. Según su investigación, el principal objetivo de las operaciones censuales habría sido conocer el potencial militar, mientras que las necesidades fiscales habrían ocupado un lugar secundario. En líneas generales, sus conclusiones potenciaron que la deriva en la investigación comenzara a decantarse por apoyar la teoría del ‘low count’, de la que pronto Brunt (1971, 22) se mostró como el máximo exponente. Según este autor, el término censa sunt civium Romanorum incluido en la Res Gestae, empleado también durante la etapa republicana, pudo haber cambiado de significado, no necesariamente empleándose para hacer referencia a los hombres adultos399.
397 Mommsen 1874, 371 también consideró inicialmente una lista con fines militares, pero derivada de
una potencial contabilidad, de carácter más general, con un carácter fiscal. En trabajos posteriores varió significativamente su discurso, mostrándose más partidario de la teoría relacionada con la enumeración de las capacidades militares a través de una lista de los iuniores, hombres entre 17 y 60 años. Para ahondar en este debate en la historiografía del s. XIX, cf. Hin 2015, 1-32.
398 El propio Beloch terminaría aceptando más adelante que todos los hombres adultos habrían formado
parte del cómputo global, al que se haría alusión precisamente mediante el empleo del término civium
capita, cf. Lo Cascio 1994, 31.
399 Estimó también que en el año 28 a.C. 1,2 millones de cives Romani residían en las provinciae (ca.
375.000 hombres adultos), mientras que para el caso de Italia, contabilizando esclavos y no ciudadanos, la población total podría haber sido de 10,3 millones (Brunt 1971/1987, 265). Esta estimación fue realizada
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El censo republicano incluía a los hombres adultos sui iuris, que eran quienes finalmente se contabilizaban. Como hemos señalado estos debían declarar, como pater
familias, a todos los miembros bajo su tutela, incluyendo sus mujeres y sus hijos400. En
este sentido, en Roma se tenía constancia de la cifra total de cives Romani de ambos sexos y de cualquier edad, aunque, posiblemente por una cuestión estrictamente militar, las cifras reflejadas en las fuentes únicamente recogieran el total de hombres adultos. Resulta probable, por tanto, que más de una lista fuera elaborada al mismo tiempo; cada una con un determinado propósito, pudiendo existir una que incluyera a las mujeres y los niños con fines fiscales. Dionisio de Halicarnaso, cuando se refería a la introducción de la práctica censual en tiempos de Servio Tulio401, afirmaba que el monarca llevó a la práctica
un nuevo sistema para contabilizar a los hombres, las mujeres y los niños. Aludía también al procedimiento para llevar a cabo los registros, afirmando que todos los hombres sui
iuris no solo estaban obligados a dar su nombre y contabilizar su patrimonio, sino que
además debían incluir en la declaración los nombres de sus mujeres y de sus hijos.
En favor a la teoría del ‘low count’ se exponen como argumentos las reformas de las leyes del matrimonio y la introducción de un sistema para elaborar los certificados de nacimiento promovidas por Augusto, que sin duda muestran una preocupación por las cuestiones demográficas. En realidad, su principado se caracterizó por una clara iniciativa en cuanto a la promoción de estudios que mejorasen los conocimientos cartográficos, la parcelación de tierras y el registro de cives402. Asimismo, la extensión de la civitas
Romana entre los provinciales durante la última etapa republicana, favoreció la asunción
por parte de Augusto de una política centrada en llevar a cabo una contabilidad lo más precisa posible.
teniendo en cuenta los cálculos previos de Beloch, quien sin embargo consideraba que el número de cives en las provinciae era mayor, entre 1,75 y 2 millones, cf. Beloch 1899, 615; cf. Hin 2008, 212. Para Frank, en cambio, este número debió de ser mayor (1924, 339): 1 millón de hombres adultos en posesión de la ciudadanía romana en las provinciae. El margen de error de los que apoyaban esta teoría, como Brunt, era del 25%, lo que supone aceptar que la población total para el 28 a.C. habría sido de cerca de 5 millones de
cives (Brunt 1971, 114).
400 Sobre estas professiones, cf. supra n. 267.
401 D.H., Ant. Rom., 4, 15, 4-6. Cabe la posibilidad de que, en este fragmento, Dionisio de Halicarnaso
retrotrayera a la época monárquica costumbres de su tiempo para describir estos procedimientos, cf. Pieri 1968, 15.
402 De Ligt 2012, 123. Augusto, preocupado por las pérdidas sufridas durante la reciente guerra civil,
de la que en parte era responsable, centró sus esfuerzos en esta materia, lo que pudo significar que la definición de civium capita fuera más allá de lo que tradicionalmente había simbolizado.
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Las evidencias, tanto cuantitativas como cualitativas ofrecidas por las fuentes literarias, junto con un análisis de la población residente en las zonas rurales, revelan la compatibilidad con las teorías del ‘low count’ (De Ligt 2012, 137). Para ellos, optar por considerar válidos los censos elaborados en los siglos II y I a.C. con la finalidad de llevar a cabo un estudio demográfico implica reconocer que no se dio una deficiencia de más del 33% a la hora de llevar a cabo la contabilidad total de hombres adultos403. Además,
sus conclusiones en cuanto a la tendencia demográfica de este período dejan entrever un declive, resultado de las cifras obtenidas en los propios registros.
Pero la mayor debilidad de esta corriente posiblemente se encuentra en la interpretación de que el término civium capita, empleado durante la República para hacer referencia a todos los hombres adultos en posesión de la civitas Romana, hubiera experimentado una modificación en su significado en época de Augusto, pasando a describir con el mismo a todos los ciudadanos romanos, mujeres y niños incluidos. Aunque según indican el término cives podría englobar a ciudadanos de cualquier edad y sexo, no disponemos de ningún testimonio que ponga de manifiesto este cambio de criterio, más allá de la interpretación a la que se debe someter la cifra total recogida en la
Res Gestae. En contra de esta postura se ha manifestado Lo Cascio, para quien el hecho
de que en la Res Gestae se emplee el término lustrum, con una vinculación expresa a la terminología empleada durante el desarrollo de estas operaciones en el período republicano, es una clara muestra de que no debió de existir ninguna razón para cambiar el significado de la expresión civium capita. Aunque tal vez esta afirmación sea excesivamente tajante, como veremos después, para otros autores el lustrum fue, ya durante el Principado, el único vestigio del sistema republicano (Pieri 1968, 185 ss.).
Al contrario de lo que creyeron Beloch y Brunt, hay autores que consideran los censos augústeos como continuistas en relación a los procedimientos ensayados durante el período republicano, y son precisamente estos los que forman el grupo al que la
403 Brunt 1971/87, 43. En este sentido, las cifras de finales del s. II a.C. contrastan claramente con las
de comienzos del siglo siguiente, lo que tendría sentido teniendo en cuenta la alta tasa de mortalidad de la Segunda Guerra Púnica, que facilitaría un crecimiento demográfico notable una vez finalizado el conflicto,
cf. De Ligt 2012, 150. En relación al crecimiento demográfico de Italia durante los últimos siglos
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historiografía ha tendido a denominar como partidarios del ‘high count’404. El primero en
poner en duda los argumentos expuestos por Beloch fue Frank (1924), para quien la continuidad en el empleo de una terminología precisa implicaba que durante el Principado necesariamente se seguía procediendo de la misma manera que durante la etapa republicana. Para fundamentar esta teoría, empleó como argumento principal la rápida difusión de la civitas Romana en el ámbito provincial, lo que unido al nuevo sistema para contabilizar a los cives residentes en lugares más alejados de la Urbs significó disponer de un conocimiento más preciso de cuántos residían en las provinciae.
Lo Cascio (1994, 32), máximo representante de esta tendencia en la historiografía moderna, aporta argumentos concluyentes para justificar la escasa necesidad que habría tenido proceder con una modificación de los criterios a la hora de llevar a cabo la contabilidad, sugiriendo que el término civium capita haría referencia al mismo significado en época de Augusto que durante la República. Para este investigador, el número total de cives Romani residentes en Italia podría variar entre los 11,5 y 12,25 millones, mientras que en las provinciae residirían únicamente un total de 1,25 millones. En el primer caso estima que la población de Italia en los primeros tiempos del Imperio sería de entre 13 y 14,75 millones.
Anteriormente, Frank había señalado que de los 4.063.000 cives contabilizados en el censo del 28 a.C., que únicamente habría incluido a los hombres adultos, 3.500.000 pertenecerían a Italia. Multiplicando por cuatro esta cifra, asegura que la península habría tenido un total de 14.000.000 habitantes, el 40% de la censada en el siglo XX, 4.000.000 de los cuales serían esclavos y extranjeros. Según él, las mujeres y los niños eran incluidos en listas subsidiarias, de igual forma que los esclavos también pudieron formar parte de una contabilidad separada e incluida entre las propiedades de los declarantes (Frank 1924, 340).
Pero para postular estas teorías, algunos de ellos han estimado oportuno realizar un cálculo similar en un período anterior. Tomando como referencia el texto de Polibio405,
Lo Cascio interpreta, a partir de esta contabilidad efectuada en el 225 a.C., que en Italia residirían un total de 475.000 hombres adultos en posesión de la ciudadanía romana (Lo Cascio 1999, 168 s.), lo que equivale a asumir, teniendo en cuenta la cifra total registrada
404 Frank 1924; Wiseman 1969; Lo Cascio 1994; Kron 2005, Launaro 2011. 405 Cf. supra n. 20.
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en el censo del 234 a.C., que únicamente un 55% de la población fue censada406. Algo
similar habría sucedido cien años después, cuando los censores recogieron un total de 395.000 cives Romani en el 125-124 a.C. de un total de 730.000, con aproximadamente el 44% de la población evadiendo el registro. Esto es básicamente lo que, para esta corriente, impide tomar los datos relativos al censo como documentación fiable a la hora de llevar a cabo una reconstrucción demográfica de la Italia republicana, dado que el número de incensi habría sido muy elevado407.
Desde el punto de vista de la demografía provincial, la sobrepoblación de Italia, según los cálculos realizados por Lo Cascio, haría factible que se produjera una emigración mayor a las provinciae y que, por tanto, los índices de cives Romani residentes en ellas fueran más elevados408. Esto permite encuadrar en un contexto lógico el
establecimiento de cerca de 100.000 cives Romani residentes en Italia en las coloniae establecidas en el ámbito provincial durante las últimas décadas de la República (De Ligt 2012, 192). Para los partidarios del ‘low count’, esta emigración carecería de sentido, debido a que la península itálica habría estado escasamente poblada como para que los
cives residentes en ella no sintieran la necesidad de trasladarse a las provinciae409.
406 Teniendo en cuenta que en este período solo los hombres adultos eran contabilizados en el total, los
270.713 incluidos en el censo del 234 a.C. (Liv., Per., 20) nos permite establecer este porcentaje aproximado, que simbolizaría así el margen de error de los registros.
407 Al contrario de lo que estimó Rathbone (1981, 16 ss.) en relación a los censos republicanos del siglo
II a.C., considerando que los censores llegaron a registrar entre un 75 y un 90% de la población total.
408 A la hora de tratar diversos aspectos relacionados con la población urbana y rural, Hopkins (1978,
68 s.) señala que la ciudad de Roma habría albergado cerca de 0,9 millones de habitantes, así como que los distintos núcleos urbanos de Italia habrían rondado el millón de habitantes en torno al 28 a.C. Respecto a la densidad demográfica de los distintos núcleos poblacionales de Italia en torno a estas fechas, el tejido urbano habría sido más elevado que el determinado por los partidarios del ‘low count’, no solo en cantidad de asentamientos, sino en la superficie de los mismos, cf. Lo Cascio 1999, 165, donde el autor observa cómo
multitud de asentamientos superan las 60 hectáreas. Para justificar su postura, se basa en los numerosos testimonios epigráficos que nos informan sobre las distribuciones de alimentos a los habitantes de varias de estas ciudades. Kron (2005a, 474 s.), quien apoya las teorías expuestas por el investigador italiano, se detiene en analizar este fenómeno en Gallia Cisalpina, llegando a la conclusión de que el elevado número de asentamientos documentados en época imperial evidencia un alto índice poblacional. En relación a esta tendencia, De Ligt (2012, 193-246) ha sabido demostrar, mediante un detallado estudio del tejido urbano de Italia durante la primera etapa imperial, que la densidad de población no pudo ser tal si atendemos a la documentación arqueológica. Las superficies totales de los distintos núcleos urbanos no permiten considerar un grado de urbanización tan consistente como el que los partidarios del ‘high count’ han tendido a interpretar. En este sentido, una vez más los testimonios arqueológicos no muestran una densidad poblacional tan elevada como la planteada por los adscritos a la corriente. No solo proponen un escenario improbable en relación a la densidad de población de los centros urbanos, sino que sus afirmaciones implican establecer un desarrollo urbano demasiado elevado.
409 En una línea similar, para quienes apoyan el ‘low count’ es más sencillo justificar las corrientes
migratorias de esclavos en el ámbito rural. Las reformas de los Graco, enfocadas a paliar el declive de la población rural, no hubieran tenido sentido si, como afirman quienes optan por establecer una índices
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Lo Cascio (1994, 38 s.) pone de manifiesto una de las mayores debilidades del modelo establecido por Hopkins en 1978. Este autor consideró que entre el 225 y el 28 a.C. la población libre instalada en el ámbito rural de Italia descendió de aproximadamente de 4,1 a 2,9 millones, mientras que la urbana creció desde los 400.000 hasta los 1,1 millones. Según el investigador italiano, la incompatibilidad de esta teoría radica en que, tal y como han demostrado otros autores, los crecimientos demográficos a nivel urbano son totalmente incompatibles con un declive de la población rural en las sociedades preindustriales. Ello implica que para esta época únicamente podríamos hablar de un crecimiento demográfico urbano si este se hubiera visto acompañado por una tendencia similar en el ámbito rural.
Frank (1924, 340), quien consideró que en tiempos de Augusto la expresión
civium capita siguió empleándose para hacer referencia exclusivamente a los hombres
adultos, asume un crecimiento del 1,5% al año desde en el lapso de tiempo entre el 90 y el 28 a.C., una tasa que concuerda con la que podemos percibir a partir de las cifras de los censos realizados entre el 28 a.C. y el 14 d.C. Sin embargo, puede no ser del todo acertado atribuir una tasa de crecimiento similar en dos períodos marcados por una diferencia considerable, dado que la tasa de mortalidad de la última etapa republicana, condicionada por los numerosos conflictos que tuvieron lugar en esta época, tuvo que ser