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PRIMERA PARTE – OBJETIVOS Y MARCO TEÓRICO-METODOLÓGICO

2.1.3) L A TOPONIMIA EN LA CIUDAD , UN ENFOQUE GEOGRÁFICO

Los topónimos o nombres geográficos son los nombres propios de los lugares, que el ser humano emplea para designar todo lo que le rodea. El ser humano como ser social y territorial tiene en los nombres geográficos su herramienta básica de referencia espacial. Además, con frecuencia los topónimos se asocian a un contenido descriptivo sobre el lugar, proporcionando información acerca de las características de la entidad geográfica a la que designan (ej. Montaña de los Pinos). También, todos los nombres van asociados a una marca o huella social (a un sentir del lugar), asociada a su significado en el paisaje que se encuentra imbricado con el imaginario individual y colectivo y que los hace indisociables del lugar al que designan. En este sentido, los topónimos son una importante fuente de información sobre los lugares a los que se refieren, así como el hilo conductor del discurso territorial de los ciudadanos al hablar de ellos.

En las ciudades, los elementos que las referencian y las significan -como son, en esta investigación, los topónimos- adquieren un papel protagonista en la construcción de la imagen del espacio urbano por parte de los propios ciudadanos. Se trata de ámbitos donde los propios nombres, los paisajes urbanos y las percepciones ciudadanas confluyen en la interpretación de la realidad de los lugares, a dos niveles.

9 Teniendo en cuenta que, además de en la descripción del paisaje, las percepciones de los ciudadanos

Por un lado, como se indicaba, la toponimia juega un papel esencial como referente básico del discurso territorial10. La toponimia es parte del origen y de la historia que construye el paisaje (Afonso, 1988), por lo que no solo localiza, sino que también

contextualiza11. El análisis de los nombres geográficos conduce a una reflexión sobre

los paisajes a los que dan nombre (Martínez de Pisón, 2010). Por este motivo, la toponimia ejerce de hilo conductor en la lectura del territorio, facilitando su entendimiento.

Por otro lado, la toponimia ejerce un papel esencial en la legibilidad de los territorios. Estébanez ya planteó las implicaciones de la legibilidad de los lugares en los imaginarios de los ciudadanos (Estébanez, 1979). Un lugar legible facilita una relación emocional estable entre él y sus usuarios. Es conveniente, por tanto, preservar los signos históricos y los hitos y, en los nuevos vecindarios, establecer y diferenciar con contundencia sendas, nodos y estructuras. La uniformidad en la ciudad afecta de manera notable la capacidad de respuesta del individuo, debilitándola. Perceptivamente, el hombre tiene menor capacidad de generar imágenes en paisajes urbanos uniformes. En el caso de los topónimos, en la medida en que constituyen hitos referenciales esenciales para el ciudadano, sucedería lo mismo. Por ejemplo, una toponimia uniforme y no jerarquizada, como un elemento más del territorio, podría, en una cierta medida, debilitar la capacidad de respuesta del individuo.

A modo de ejemplo, algo tan aparentemente irrelevante como la creación de familias de topónimos, puede influir en la legibilidad de los lugares. En la imagen (fig. 5), la jerarquización toponímica (región-capital-provincias) facilita el desplazamiento por el

10 Se hablaría, generalmente, de tres funciones básicas de los nombres geográficos (Rodríguez y Vázquez

2012) per se, independientemente de las condiciones que cumplen en el diálogo territorial: 1) el uso de nombres normalizados es imprescindible para identificar de forma inequívoca un lugar (función del nombre como identificador geográfico básico de referencia espacial), 2) los nombres geográficos resultan esenciales como medio común de acceso al conjunto de datos fundamental de las Infraestructuras de Datos Espaciales (IPGH 2004) y 3) la toponimia constituye en cierta medida un instrumento de ordenación mental (Arroyo, 2010), ya que incluye referencias de descripción o interpretación del fenómeno geográfico al que designa, constituyendo un patrimonio cultural inmaterial de enorme valor porque, además de reflejar sus patrones de ocupación y su diversidad lingüística (de Carvalho, 2006), caracterizan cómo percibe el territorio la población local.

11 Algunos autores incluso señalan que la toponimia se puede leer, en este sentido, como un texto que

representa una teoría del lugar, contada desde la vida y el trabajo de sus pobladores (Riesco Chueca 2010).

territorio y estimula la capacidad de respuesta del individuo. También estimula la base cultural y favorece la afectividad hacia el territorio, sería un buen ejemplo de buena praxis toponímica. La modificación de uno solo de los nombres reduciría el valor añadido de este conjunto de nombres como identificadores geográficos, que forman parte de la estructura de la ciudad. Los topónimos, en este caso, interactúan entre sí de manera muy significativa12.

Figura 5. Cartografía del Polígono de Asegra en Peligros (Granada). Un buen ejemplo deacción-reacciónenrelaciónalauniformidaddelatoponimiaenelPolígonode Asegra en Peligros (Granada). En este caso, la Avenida de Andalucía es paralela a la Avenida de Sevilla (capital de la región) y perpendicular a las otras siete provincias andaluzas. Todos los nombres forman parte de un entramado de identificadores dotado de coherencia y cohesión interna (incluso la referencia Sierra Nevada, situada entre las referencias Jaén y Granada facilita su localización). Fuente: Google Maps (1:25.000).

La toponimia, por tanto, ejerce un papel primordial en la construcción e interpretación de los lugares. La propuesta que se concreta en este documento es la evaluación y la

12 Se podría hacer una lectura mucho más profunda de este patrón toponímico, pero para ello sería

necesario abordar la relación hombre-topónimo a través de los paisajes y los imaginarios (en este caso, sobre todo, los imaginarios). Los nombres, como elementos necesariamente parciales del territorio, estarían imbuidos de un cierto valor simbólico, por mínimo que fuera.

puesta en valor del papel de los nombres geográficos en el entendimiento de la realidad territorial de los espacios urbanos, dejando patente su función como hilo conductor en la lectura del territorio en la medida en que relacionan la realidad de los lugares (paisaje) con cómo son percibidos por los ciudadanos (imaginarios).

La conexión entre toponimia, paisajes e imaginarios es amplia e intensa. La toponimia explica y expresa lo que contiene el paisaje, y se inserta en los imaginarios a modo de etiquetas emocionales (Jordan, 2009), penetrando en la memoria colectiva y dando soporte a las identidades locales. Paisajes e imaginarios recogen las realidades físicas, sociales y culturales de los lugares, que se designan e identifican en el discurso territorial a través de la toponimia. El paisaje, la toponimia y el imaginario confluyen en un diálogo integrado y completo en el que se alimentan recíprocamente (fig. 6).

Figura 6. Representación conceptual de la relación existente entre toponimia, paisajes e imaginarios sobre el territorio. Los paisajes constituyen visiones del territorio que emanan de la interpretación de la realidad objetiva de los lugares. Los imaginarios urbanos son las percepciones de los usuarios de los territorios que, tras un proceso de objetivación y depuración, proporcionan información sobre la sociedad y su relación con el territorio. La toponimia, que funciona, en este modelo, como un elemento más del territorio, interactúa con paisajes e imaginarios y su análisis puede proporcionar una información significativamente útil de cara al análisis territorial. Elaboración propia.

El ser humano, desde su posición de participante de la realidad territorial, con sus antecedentes y su experiencia, toma parte en dicho diálogo. El ciudadano (tanto de forma individual como en colectivo) interpreta y usa topónimos, paisajes e imaginarios para comprender y expresar su entorno. En síntesis, en este contexto, la toponimia cumple un rol esencial en el espacio geográfico, como elemento del territorio participante en el diálogo territorial, donde confluye con paisajes e imaginarios, a la hora de interpretar la ciudad y transmitir información sobre ella.

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