PRIMERA PARTE – OBJETIVOS Y MARCO TEÓRICO-METODOLÓGICO
2.2.1) E L PAPEL DE LA TOPONIMIA COMO HERRAMIENTA EN EL ANÁLISIS URBANO
Los topónimos surgen a partir de la necesidad de nombrar lo que existe en la superficie de la Tierra. A este respecto, cabe diferenciar entre las dos conceptualizaciones básicas de la misma esencia existencial del topónimo, que emanan del dualismo filosófico medieval (Vázquez y Rodríguez, 2012) entre las posiciones del realismo, que considera que las realidades existen y el hombre sencillamente las nombra y el nominalismo, que considera que el ser humano, al crear nombres, es el que permite crear la referencia de una entidad. Bajo ambos puntos de vista, en todo caso, los nombres geográficos constituyen un lenguaje mayoritariamente no arbitrario, que está sesgado por su intencionalidad y por su pertenencia al colectivo que los idea y los populariza.
En relación con la intencionalidad, cuando se elige un topónimo para designar un lugar, aunque los mecanismos que lo conforman sean espontáneos -según criterios populares-, el nombre escogido funciona como expresión del sentir y el parecer de las
gentes (Arroyo, 2009). Por ejemplo, en un topónimo como Monte Miseria, con el
término genérico Monte se está describiendo la entidad geográfica y se le está imprimiendo un significado y una identidad generada por los propios ciudadanos - es, por ejemplo, un monte y no un cerro (Fouberg et al., 2010). Por otro lado, con la referencia Miseria, el monte adquiere un significativo valor como etiqueta evocadora, denota un significado, en este caso desconocido, que enriquece el valor informativo del topónimo23. El nombre, de forma sutil e inextricable, describe el lugar y participa en él.
Con relación a la pertenencia, los nombres geográficos tienen su origen en un colectivo que los genera y los populariza24. Según Durán “el nombre es una transacción en que el
23 Tort (2001) habla acerca de la dimensión significativa del topónimo. “Sin perder de vista en ningún
momento el planteamiento geográfico que nos es propio, nos preguntamos sobre el posible “alcance de la significación” del nombre de lugar. ¿Tiene un topónimo significado? ¿Tiene, un topónimo, valor “denotativo” pero no “connotativo”? ¿Cómo se puede llegar hasta el “contenido semántico” de un topónimo?.
24 Dorion (1984) plantea, en este sentido, que el nombre pertenece a alguien y a nadie a la vez. Cada
primer nominador ejerce un derecho de señalamiento, una imposición de voluntad. Si el nombre es aceptado, se convierte en hábito, en costumbre natural. Pero la resistencia al uso puede ser duradera, y el nombre se alterna o convive con otras denominaciones”(Durán, 1998). En este sentido, los topónimos dependen de la sociedad que los crea y, por ello, también albergan información sobre ella.
En este contexto, los topónimos, independientemente de si los lugares existen antes de ser nombrados o, por el contrario, los lugares son ideados por los ciudadanos, conllevan en todo caso la intención de generar una identidad para el lugar (conceptualizándolo) y expresar su pertenencia a un colectivo. Por este motivo, los topónimos contienen y transmiten una cierta información sobre el lugar y la sociedad que requiere una profunda reflexión y puede ser de gran utilidad en el análisis territorial. En las ciudades, donde se requieren más topónimos que en el mundo rural y, sobre todo, donde la densidad de población es mayor y, por tanto, el uso de la toponimia es significativamente más recurrente, la toponimia puede constituir una herramienta de análisis urbano de primer orden.
El estudio del valor de los topónimos como herramienta para el análisis urbano requiere comprender el alcance de la información que pueden contener. Los topónimos participan en el proceso de comunicación del ciudadano con el lugar25. Los
nombres permiten expresar determinadas ideas de los lugares que sus usuarios tienen en mente. Así, las ideas que el ciudadano construye en torno al nombre pueden transformarse, adaptarse a partir de nueva información que recibe, consolidarse o desaparecer. Los nombres geográficos pueden, incluso, evocar ideas que no tienen nada que ver con el lugar al que designan, son totalmente maleables en el imaginario ciudadano individual y colectivo y, como referencias en permanente evolución, pueden adquirir un significado ilimitado.
decidir sobre él: decidir sobre un nombre es cuestión de equilibrio y sopesado de opiniones, pero debido a que las distintas opciones de topónimo tienen una explicación social (y, por lo tanto, un contenido patrimonial), se deben preservar, de forma escrupulosa, todos y cada uno de los “elementos de la memoria toponímica”.
Desde una perspectiva geográfica, los topónimos se imbrican de un significado en el marco del lenguaje. Al hablar de un lugar, se está otorgando al nombre un determinado significado, del mismo modo que se puede imprimir al discurso un significado concreto según el nombre que se emplee para designar un determinado lugar.
Así, cada topónimo cuenta con su propio significado unívoco26 y retiene una
información específica e irrepetible, de ahí que muchos autores incidan en la necesidad de estudiar topónimo por topónimo para llegar a comprender la información que hay dentro de cada nombre27.
El topónimo Mar del Japón, por ejemplo, revela que se trata de un mar donde Japón ejerce un cierto dominio. El topónimo constituye un ingrediente de apropiación28 de un espacio que también, a cierto nivel, reivindican Corea y China, que propugnan la
prevalencia del topónimo Mar del Este, con un significado social y cultural tan
complejo (y reivindicativo) como Mar del Japón. Hoy día, ambos topónimos
constituyen el centro de un intenso debate29, y llevan consigo un complejo significado
polisémico.
Sirva este caso como ejemplo para ilustrar la necesidad de descodificar la toponimia para identificar toda la información que contiene y transmite un topónimo. La información geográfica que contienen los topónimos queda registrada y, de alguna manera, codificada u oculta en la forma en que cada nombre aparece, se consolida o se debilita en el imaginario colectivo, el modo en que se difunde y la manera en que se transmite. Dicha información se puede extraer, por tanto, a partir del análisis del
26 Unívoco pero no necesariamente idéntico para sus distintos usuarios.
27 Martínez de Pisón reflexiona: “¿Qué es, en suma, lo más adecuado? (…) Dar vueltas a los nombres de
las cosas, intentar ver qué encierran dentro. (…) Hay, pues, que pensar los topónimos, no dejar ni uno sin criba. (…) Esto ya es bastante por ahora: reabrir una puerta más, bien tradicional y significativa, ocasionalmente olvidada, al paisaje de los geógrafos.” (Martínez de Pisón, 2010: 25)
28 La toponimia es, de hecho, una forma de apropiación simbólica del espacio y tiene mucho que ver con
la organización social del espacio (Prada, 2015). Puede servir de herramienta de reivindicación de la pertenencia de un lugar a un determinado colectivo (Rose-Redwood, 2016).
29 La disputa por el nombre de este mar constituye un verdadero conflicto geopolítico, ampliamente
nacimiento de cada nombre, su evolución y los mecanismos mediante los que se transmite.
El verdadero reto de esta investigación es desarrollar conceptos y técnicas que permitan extraer o descodificar toda la información de los topónimos, presentándolos
como herramientas informativas en la lectura e interpretación de territorios30
poniendo de relieve, además, que por ese motivo constituyen patrimonio cultural inmaterial31.