2. El estado de la cuestión: los lugares, las culturas y los medios digitales
2.2 Las estrategias transdisciplinares frente al problema de los lugares
2.2.4 La aporía de lo global y la intermedialidad
Además de estas tres estrategias conscientes y bien articuladas con el engranaje más tradicional de la práctica académica, se observa un esfuerzo considerable por incluir dentro de la expansión conceptual, metodológica y disciplinaria un cuarto elemento en la producción teórica: la intermedialidad. A través de esta cuarta tendencia no explícita de las estrategias transdisciplinares para encarar el problema del lugar de la cultura y de la cultura como lugar, se tiende a la ampliación de los materiales de estudio. La extensión del corpus antropológico, por continuar con el elegido, incluye las narraciones literarias, poéticas y cinematográficas, las prácticas artísticas más variadas, los programas de televisión, el cómic, la prensa escrita, etc. etc. Muchas veces a modo de recursos de apoyo que presentan dificultades diversas al ser tratados como fuentes de investigación científica en un área concreta. Se justifica la intermedialidad de la teoría como una vía que permite utilizar para beneficio propio los modos de enunciación no académica. Ejemplos dispersos de estos verdaderos ejercicios de equilibrista se encuentran en algunos de los autores más relevantes del debate actual. Para Homi Bhabha la literatura constituye un modo de recuperar las voces del subalterno soterradas en los archivos de poder:
“Esas formas de existencia social y psíquica pueden ser representadas de modo
inmejorable en la tenue supervivencia del lenguaje literario mismo, que le permite
modo en que las culturas se reconocen a través de sus proyecciones en la ‘otredad’”
(Bhabha, 2007: 28-29).
Arjun Appadurai, en cambio, debe justificar su recurso a la literatura para poder insertarlo en el espacio teórico de redacción:
“Debido a que es mucho lo que se tomó en préstamo de los modelos y las metáforas
literarias por parte de la antropología reciente, aunque existe tan poca antropología
de la literatura, quizá sea necesario dar alguna explicación previa acerca de la
utilización de este tipo de ejemplo. (…). El relato de ficción constituye la provincia
ejemplar de la imaginación posrenacentista y, en este sentido, ocupa un lugar central
en el plano más general de una etnografía de la imaginación” (Appadurai, 2001: 73).
Esta participación de la intermedialidad y la intertextualidad en el proceso de elaboración teórica se vincula con un cierto grado de experimentación en la escritura. En Culturas híbridas. Estrategias para entrar y salir de la modernidad, Néstor García Canclini lo expone en estos términos: “Para tratar estas cuestiones es inapropiada la forma del libro que progresa desde un principio hasta un final. Prefiero la ductibilidad del ensayo, que permite moverse en varios niveles” (1990: 23). En Itinerarios transculturales, James Clifford testimonia la encrucijada formal a partir de la cual construye el texto:
“La cultura parecía una bendición profundamente ambigua. Me esforcé por hacer
menos rígida su constelación de sentidos comunes, concentrándome en los procesos
de representación etnográfica. Mis instrumentos para revisar la idea de cultura fueron
los conceptos abarcadores de escritura y collage; la primera, vista como interactiva,
con final abierto y con carácter de proceso; el segundo, como un modo de abrir
simplemente estéticas. (…) A lo largo del libro, he buscado un método para marcar y
cruzar fronteras (en este caso, aquellas vinculadas con la expresión académica). Mi
intención ha sido mostrar que los dominios discursivos, tanto como las culturas, se
constituyen en sus márgenes controlados y trasgredidos (en cursivas en el original)”
(Clifford, 1999: 13: 24).
Los experimentos para renovar el estilo de la escritura antropológica son muchos y no requieren una exposición más detallada. Baste señalar que el modo en el cual se ha construido este tipo de narrativa académica ha sido centro de las más variadas polémicas dentro de la disciplina (Clifford & Marcus, 1986). Un caso muy distinto es el que compete al propio formato del libro o la revista científica. En este sentido, no existen muchos ejemplos a los que poder recurrir, al menos todavía. La interdisciplinariedad por ahora no comulga demasiado con la intermedialidad, fuera del rango de la escritura y las citas indirectas. La frontera medial de la producción académica no es cuestionada al mismo nivel que los objetos, las metodologías o el corpus de una disciplina que desde sus inicios ha tenido un fuerte componente gráfico, y que cuenta incluso con una rama específica: la antropología visual. Desde luego se habla generalizando y se quiere con ello resaltar que el debate no se ha generalizado. Existen ejemplos elocuentes que dan cuenta de la vivacidad de estas inquietudes, pero son más la excepción que la norma. Bruno Latour se ha aventurado a recorrer la senda de la intermedialidad contemporánea en uno de sus últimos trabajos, Paris: ciudad invisible (2006), disponible en dos formatos electrónicos: una presentación multimedia en línea3 y un documento en formato pdf4 que se puede descargar desde su
3
Latour, Bruno, 2006, París: ciudad invisible:
página web* de modo gratuito5. Néstor García Canclini realizó también un tímido ingreso en las prácticas no ortodoxas de representación, de la mano de la videoasta mexicana Sarah Minter. El resultado es una hermosa videoinstalación en tres canales titulada Viajes de un día y una noche en la Ciudad de México (1996). Uno de los trabajos más arriesgados e interesantes ha sido el Interactive Birth Multimedia Project6 de Nadine Wanono7, discípula del afamado cineasta y antropólogo Jean Rouch. Junto a Marcos Novak, George Legrady, Andreas Schlegel y Ayoub Sarouphim, durante el año 2003 y 2004, investigó sobre la traducción de los datos de su trabajo antropológico a otros tipos de representaciones audiovisuales, esta vez digitales, mucho más maleables. Se trataba de explorar la práctica de la traducción intermedial dentro de espacios virtuales en tres dimensiones, y no sólo hacia la escritura como viene siendo habitual. Como se ve las excepciones importan y la disciplina de la antropología mantiene una relación ambigua con las prácticas mediales desde sus inicios. En contrapartida, las prácticas artísticas hoy se nutren y apropian de los objetos y las metodologías de las más diversas disciplinas, diríase de todas ellas, investigando nuevas estrategias de representación intermedial de los procesos cognoscitivos. La famosa definición que Hal Foster (2001) realizara del artista como etnógrafo ha implosionado de forma espectacular hasta desaparecer entre artistas- biólogos, artistas-físicos, artistas-informáticos, artistas-sociólogos, artistas-periodistas…
4
La definición de las siglas “pdf” puede consultarse en el “Glosario de términos técnicos”. No obstante, a partir de ahora todo término cuya definición se encuentre disponible en este breve glosario será señalada como sigue: pdf*.
5
http://www.bruno-latour.fr/virtual/PARIS-INVISIBLE-GB.pdf [12/12/08]
6
Interactive Birth Multimedia Project:
http://wanono.org/en/research.html [20/04/09]
7
Nadine Wanono:
Quizá por este motivo un buen número de teóricos, para explicar fenómenos y conceptos, recurre en sus textos a estos trabajos polifacéticos donde la rigidez académica tradicional se abandona y desplaza en nuevas prácticas enunciativas. Pero en el contexto de la convergencia digital de las tecnologías de la información y de la comunicación, la intermedialidad no puede continuar siendo soslayada. Al contrario, es necesario favorecer el debate y la experimentación acerca de las condiciones mediales de la producción y el trabajo de las ciencias sociales y las humanidades contemporáneas. Todo lo cual se ve reforzado si se atiende además al modo en que las nuevas tecnologías digitales están modificando el espacio cultural.