3. Objetivos, preguntas e hipótesis: la perspectiva espacial y los medios digitales
3.1 Objetivos: aplicando la geografía cultural al territorio digital
3.1.3 La perspectiva y los itinerarios
Los lugares de la cultura que recorren -transportados por los medios, los bienes, los mensajes y las personas- el territorio físico global no constituyen entidades cerradas. Los lugares de la cultura se entienden mejor como nodos abiertos donde se intersectan diversos procesos socioculturales y socioecológicos, que pueden ser espacial y/o temporalmente delimitados pero sobre los cuales resulta difícil, incluso poco adecuado, intentar mantener una sola dirección de sentido que establezca un fin o un principio únicos. Estos nodos pueden ser analizados en tanto estructuras sincrónicas o procesos diacrónicos en continuo movimiento, puesto que los lugares se conectan entre sí mediante itinerarios concretos. Estos itinerarios dibujan conjuntos relacionales de nodos, conformando redes que articulan y delimitan distintas formaciones territoriales dentro del espacio global. Los nodos y los itinerarios que en ellos se cruzan conforman tejidos no sólo
de sentido sino también de acción, articulados en formas específicas. En este contexto, las intersecciones entre distintos fenómenos socioculturales y socioecológicos no son exclusivamente dependientes del poder de un sólo nodo o de una única red. La producción occidental del espacio/tiempo no determina la totalidad de las interdependencias.
De ahí la breve crítica a las reflexiones de James Clifford y a la configuración actual de la llamada Geoweb. Desde la perspectiva adoptada, los múltiples desplazamientos de los lugares de la cultura sobre el territorio físico y su contraparte digital, sus particulares configuraciones territoriales, no son sólo “(…) situaciones cruciales para una modernidad que aún no ha terminado de configurarse” (Clifford, 1999: 12). Esta lectura presupone asumir la perspectiva de una única topografía, descuidando aquellos itinerarios que fueron trazados antes de la modernidad y que después de ella continúan activos, dentro y fuera de Occidente. Pero además otorga un estatuto distinto a los vínculos entre los lugares de la cultura que comprende esta entelequia occidental, como si a partir de ellos sí pudiéramos establecer el origen de la totalidad de los fenómenos contemporáneos que se desplazan sobre el espacio globalizado. No se trata de obviar los procesos y las estructuras que establecen las relaciones de poder entre los lugares y los itinerarios, sino de ampliarlos para dar una mayor consistencia a los enunciados y las acciones. Las continuas entradas y salidas de la modernidad han mostrado que no existe un origen único desde el cual reconstruir la perdida linealidad de la historia cuando además los lugares de enunciación se han multiplicado sobre un territorio bifronte.
Es aquí donde se desvela con claridad la importancia de la transformación de los lugares de la cultura en nodos digitales sobre los cuales es factible intentar reconstruir los itinerarios y visualizar las redes que delimitan cada configuración territorial concreta en un momento específico. El alto grado de complejidad de estas articulaciones, y el enorme riesgo político que supone un tipo de interpretación tendente a la teleología única, remite al nuevo régimen de representación digital de los fenómenos en el territorio actual de la imagen donde ha acaecido esta transformación crucial. Recordemos que en él «todo lo que puede ser enlazado debe ser enlazado». La estructura hipertextual que adquieren los datos socioculturales y socioecológicos en la Red, facilita el seguimiento no lineal de los distintos itinerarios que tejen las relaciones entre los lugares de la cultura, dentro y fuera de la pantalla. Imaginemos por un momento que realmente contamos con la gran parte de la producción cultural, presente y pasada, disponible en línea. Supongamos que contamos desde ahora con un gran volumen de las representaciones de los fenómenos socioculturales y socioecológicos que han atravesado y atraviesan la matriz catalogados, digitalizados, e incluso, culturalmente georreferenciados en la Web. Imaginemos también que, paralelamente, el acceso a las infraestructuras telemáticas se ha extendido notablemente, aumentando el número de ‘lectores’ que tienen acceso a los archivos ¿Podríamos sostener junto a James Clifford (1999) que seguimos viajando por Occidente? Si pensamos en el proceso y en la estructura eminentemente más occidental de la economía capitalista: ¿qué posición ocuparía la China actual en tanto configuración nodal o territorio?, ¿creemos verdaderamente que China, India o Brasil están hoy viajando únicamente por Occidente?, ¿Occidente en este contexto es sinónimo de Europa?, ¿o es
sinónimo de las empresas transnacionales con obreros y capitales y productos igualmente trans? La cuestión no es olvidar las relaciones de poder, de subalternidad y de hegemonía, sino materializar al máximo sus articulaciones concretas deshojando una por una las diferentes capas, no sólo de este particular concepto, Occidente, sino de la totalidad de las configuraciones nodales, es decir, de las formaciones territoriales específicas y los itinerarios que las atraviesan, desvelando así lo que se oculta al abarcar la totalidad con generalizaciones, aunque la totalidad resulte inabarcable en cualquier caso y funcione únicamente como horizonte intelectivo. La enormidad de esta empresa no debería paralizar sino impulsar la búsqueda y experimentación de nuevas estrategias de trabajo a través del territorio digital de la imagen.
En la medida en que las relaciones espacio/temporales son construidas socialmente, los nodos, los itinerarios, y las redes de los desplazamientos del lugar a través de medios, bienes, mensajes y personas sobre el territorio físico, describen topografías específicas a lo largo del tiempo y del espacio que son susceptibles de representación en el territorio digital. La ventaja comparativa reside en que mientras sobre el territorio físico los nodos, los itinerarios y las redes se multiplican y polarizan, en el nuevo territorio de la imagen se reterritorializan en un único soporte de alcance transnacional no homogéneo conformado por la Red de redes, Internet, que funciona en tiempo real. Los tres se convierten en archivos navegables sobre el espacio físico digitalizado, capaces de reconstruir sus itinerarios sobre las distintas capas de los fenómenos socioculturales y socioecológicos representados que habitan y habitaron el terreno. El hipertexto digital en línea facilita la
integración de diferentes itinerarios reticulares que permanecían dispersos e inconexos sobre el territorio físico. Pensemos en los itinerarios interdiscursivos que conforman los diferentes grupos ecologistas a nivel internacional. Cada uno de estos grupos trabaja con redes de mensajes similares, adaptándolos a su contexto específico y estableciendo en él distintos desplazamientos que conforman redes locales de producción, distribución y recepción. Cada grupo actúa fundamentalmente de forma local y son pocas las ONGs ecologistas de alcance mundial. Sin embargo, situadas en línea, estas redes conforman una estructura nodal sobre el territorio físico global cuyos diferentes lugares, itinerarios y redes pueden potencialmente ser visualizados no sólo a lo largo del espacio sino también a través del tiempo. Cambiando la escala pensemos en el individuo y en cómo éste recorre itinerarios transparentes sobre el territorio físico. Traslademos estos recorridos biográficos al nuevo territorio de la imagen y tendremos una representación concreta y almacenable de sus trayectorias específicas que denotan sus inclinaciones personales, describen sus lugares favoritos, con qué personas se relaciona, qué tipo de medios, bienes y mensajes consume, almacena, produce o distribuye, etc. Estas trayectorias pueden estar sujetas a vigilancia extrema desde el momento en que la convergencia de los múltiples itinerarios en los archivos digitales propicia una ruptura entre los límites habituales de lo privado y lo público. Cada itinerario en línea deja huellas, al igual que cada recorrido físico surca el terreno haciendo una impresión, más o menos duradera, de cada desplazamiento. Tomemos un libro cualquiera de la estantería de cualquier biblioteca y tendremos en nuestras manos un objeto mudo. Ingresemos sus contenidos en la Red y este particular objeto se convertirá en nodo, dibujará diferentes trayectorias en tanto texto y producto, y
establecerá un conjunto de redes de ideas, de redes sociales y de redes tecnológicas de distribución/producción/recepción en proceso. La cadena de ejemplos podría continuar siguiendo los pasos de un bien de consumo pero el argumento no necesita más por ahora. Conviene simplemente entender que los itinerarios, al vincular diferentes nodos, establecen relaciones territoriales concretas. Estos itinerarios son el antecedente inmediato del mapa y la cartografía.
No obstante, la imagen de los itinerarios en flujo debe ser confrontada con la imagen opuesta de las fronteras. Todo recorrido encuentra obstáculos a su trayectoria que dividen las formaciones territoriales entre sí, organizan los diferentes lugares y otorgan características propias a sus desplazamientos. Al igual que el uso metafórico del concepto geográfico de territorio, utilizar la idea de frontera como metáfora, antes de ser especificada en sus determinaciones conceptuales, mejora la comprensión del territorio dual y global. No existe territorio, lugar o itinerario sin límites. Es precisamente en el límite donde emerge la práctica cartográfica y el mapa. A las tensiones entre el territorio y el lugar se añaden así las fuerzas opuestas del itinerario y la frontera que atraviesan la aporía y sus estrategias transdisciplinares.