3. Objetivos, preguntas e hipótesis: la perspectiva espacial y los medios digitales
3.1 Objetivos: aplicando la geografía cultural al territorio digital
3.1.2 La perspectiva y el lugar
Partir del enfoque de la geografía cultural obliga a reconsiderar seriamente la cuestión del lugar sin disolver su grado de polisemia. En este sentido, se observa con nitidez cómo al hablar de ‘la desterritorialización de la cultura’ se produce en torno a estas cuestiones un desplazamiento similar al mencionado en caso del ‘ciberespacio’. Más que denotar un proceso de verdadera ‘desterritorialización’, se oculta la complejidad de las múltiples localizaciones de los fenómenos socioculturales y socioecológicos contemporáneos. Para evitar este tipo de espejismo discursivo es posible plantear otros términos con una mayor capacidad evocativa, porque en el fondo la cuestión no versa sobre la pérdida de un suelo común, sino sobre el problema de hiperterritorialización de los lugares de la cultura: “El lugar, en el mapa de vida de una persona, posee latitud y longitud. Es temporal y espacial, personal y político. Un lugar es tan extenso como profundo, repleto de sustratos que almacenan historias y memorias humanas. Un lugar versa sobre las conexiones que lo rodean, que lo conforman, que nos hablan de lo que ocurrió allí y de lo que podrá ocurrir” (Lippard, 1997: 7).
Se trata de entender los lugares de la cultura, en parte, tal y como Arjun Appadurai comprende “lo local como algo primariamente relacional y contextual, (…), como una cualidad fenomenológica compleja, constituida por una serie de relaciones entre un sentido de la inmediatez social, las tecnologías de la interacción social y la relatividad de los contextos” (Appadurai, 2001: 187), pero definiendo su escala espacio/temporal sobre el territorio dual. Efectivamente, “no hay [y diríamos que nunca ha habido] nada que sea meramente local” (Appadurai, 2001: 34). Sin embargo, eso no implica que se deba prescindir de las referencias espacio/temporales. Esta definición de lugar se corresponde bien con el concepto sociológico de nodo: “Espacio real o abstracto en el que confluyen parte de las conexiones de otros espacios reales o abstractos que comparten sus mismas características y que a su vez también son nodos. Todos estos nodos se interrelacionan entre sí de una manera no jerárquica y conforman lo que en términos sociológicos o matemáticos se llama red” (Wikipedia: 23/11/09). De este modo, los lugares de la cultura se convierten en nodos situados sobre el territorio físico cuyas redes se extienden al territorio digital. Este último, también puede visualizarse como un conjunto de nodos articulados. De entre estos nodos destacan especialmente los terminales de la Red, es decir, aquellos dispositivos móviles o estacionarios a través de los cuales se ingresa al territorio digital y mediante los cuales se almacenan, se distribuyen e incluso se producen los datos que son puestos en circulación:
“Todos sabemos que Internet es una red, y las redes se estudian en una disciplina
llamada topología (que es, de hecho, una parte de la matemática). Pues bien: de ella
trata del nodo. El nodo es un punto terminal de una red, o cualquiera de sus
intersecciones. Su origen está en la raíz indoeuropea ned, que en latín produjo nodus,
origen del español nodo y nudo (y que, por cierto, dio origen a la propia net en inglés)
(en cursivas en el original)” (Millán, 2005).
No obstante, la idea de nodo* en informática adquiere otras extensiones que refieren, en estructuras de datos dinámicas como el hipertexto*, a una unidad textual conectada a otra mediante un enlace*. De ahí que “nodo funciona también, aunque de forma restringida, como sinónimo de ‘sitio web’” (ídem).
Esta dicotomía del territorio y del lugar, constituye una herramienta enormemente productiva cuando trasladamos los lugares de la cultura hacia el territorio de las redes telemáticas donde son susceptibles de ingresar en un nuevo régimen de representación, convertidos en información digital. Dentro del territorio digital, las representaciones y las imágenes de los lugares y los territorio físicos se transforman en archivos que pueden estar disponibles en línea, de manera que se amplía así el rango de visibilidad de sus interacciones nodales: interculturales, interdisciplinares e intermediales; y la capacidad que éstas tienen de ser traducidas. La ampliación de su rango de visibilidad permite avanzar hacia el grado de complejidad que estas mismas interacciones muestran sobre el territorio físico, aunque nuestra propia localización no varíe. En línea, el concepto multifacético de lugar17 se transforma en algo más que un simple tag o etiqueta*, se
17
Desde mayo del año 2002 hasta mayo del año 2006, Bruce B. Janz, profesor asociado de humanidades en el Departamento de Filosofía de la Universidad de Florida en Orlando, se dedicó a indexar en línea un buen número de entradas bibliográficas que desde diferentes disciplinas se habían ocupado del concepto de lugar.
convierte en un espacio de tránsito capaz de contener diferentes capas espacio/temporales que se vinculan a través de él. Se trata de explorar las posibilidades de cruce cuando ambos, el lugar físico y su contraparte digital, son entendidos como nodos de un espacio cultural ampliado. Trabajar desde la perspectiva de la geografía cultural con los archivos del lugar de la cultura y de la cultura como lugar, supone atender al nuevo estatuto digital de sus múltiples representaciones, y buscar comprender cómo el palimpsesto socioecológico y sociocultural del territorio físico global se articula en los entornos hipermedia del nuevo territorio de la imagen, gracias al cual es posible viajar desde cualquier lugar hacia cualquier otro sin necesidad de desplazarse, necesariamente.
Para ello se debe acotar el nodo pero no su alcance relacional. Tanto los bienes cuanto los medios, las personas y los mensajes constituyen lugares de la cultura. La matriz cohesiva del ámbito actual implica que la escala espacio/temporal del concepto plural de lugar importa y mucho, puesto que se enfrenta un problema de hiperterritorialización de lo cultural, lo político y lo económico, en donde lo local no se ha exactamente deslocalizado sino extendido sus filiaciones a través del espacio y del tiempo. Recuperar desde el nuevo territorio de la imagen los itinerarios transnacionales, interculturales e intermediales de los medios, los bienes, los mensajes y las personas es un trabajo de archivo. Los nodos en los cuales se fije el análisis, y los itinerarios que se puedan recorrer apoyados en ellos, dependen tanto de la capacidad conjunta para manejar los contenidos digitales en línea,
Éste índice, a pesar de no estar actualizado, constituye una excelente fuente de información para comprender y rastrear la complejidad y riqueza del concepto de lugar. Research on Place & Space: http://pegasus.cc.ucf.edu/~janzb/place/ [10/05/09].
cuanto de la capacidad para surcar el espacio cultural físico. En este sentido, el concepto de lugar adquiere una nueva dimensión y una nueva problemática en tanto archivo sujeto a un nuevo régimen de representación, circulación y uso, cuya naturaleza será no tanto explicada y agotada sino explorada en estas páginas. Todo ello supone más un proyecto de ingeniería que un armazón ya disponible en el estado actual de la producción cultural, de las nuevas tecnologías, de las estructuras de investigación y del entramado normativo que rige estas esferas.
Trabajar con los datos provenientes del territorio físico convertidos en contenidos digitales es una actividad tan antigua como la propia Red. En este contexto, se están poniendo en práctica nuevas arqueologías que amplían su cometido usual en la búsqueda, la localización, la recuperación y la digitalización de los datos socioculturales y socioecológicos dispersos sobre el territorio digital; añadiéndose a estas prácticas una ardua labor de indexación continua y permanente de los datos recavados para posibilitar y optimizar su recuperación. Los archivos que alimentan desde el territorio físico al territorio digital de la imagen conforman una ingente base de datos móvil y dinámica que crece día a día, en sincronía y/o en diacronía con los fenómenos socioculturales y socioecológicos, sin cerrarse jamás. El propio dinamismo de los nodos sujetos al territorio físico es reubicado, en modos y maneras que se intentarán ir esclareciendo a lo largo de la investigación, en los nodos informacionales del territorio digital. Para ello se requiere el análisis y la utilización de diversas herramientas de hardware* y de software*, como el propio ordenador o los motores de búsqueda*.
Un ejemplo destacable de cómo las relaciones espacio/temporales que circundan los nodos en el territorio físico están siendo desplazadas al territorio digital, se encuentra en la información georreferenciada. Este fenómeno, aunque la expresión de su alcance diste mucho de ser total, se conoce como la Web Geoespacial* o Geoweb*, y traslada las herramientas que tradicionalmente ha utilizado la cartografía científica para la representación del territorio como, por ejemplo, los sistemas de información geográfica*, hacia la producción cultural, pero la somete a un solo modelo espacio/temporal que no responde, en muchos casos, a las diferentes construcciones sociales del espacio/tiempo presentes en los contenidos.