4 " THE WINNER TAKES IT ALL "
4.2. La Competencia Política
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En este orden de ideas, debemos notar que para asegurar la calidad de un producto, en todo mercado, debe asegurarse también un adecuado sistema de libre competencia. En tal sentido, la competencia en el mercado resulta similar a la que genera el político durante las elecciones. En una democracia, las presiones a las que se ven sometidos los políticos para sobrevivir son similares a las del empresario privado. Los políticos compiten entre sí para obtener el apoyo del electorado de la misma forma como el empresario compite con otros para obtener clientes.
Sin embargo, la competencia del político se centra únicamente al momento de las elecciones. Lo indicado es precisamente la principal diferencia entre la competencia a la que se ve sometido el político y la de un empresario común y corriente, no obstante las múltiples similitudes existentes56. La competencia en el mercado es continua. En contraposición, la competencia política es intermitente: Una decisión resulta vinculante por un tiempo determinado. En el mercado patrimonial más bien coexisten competidores que sobreviven. Uno de los principales problemas de los regímenes políticos rígidos y en particular en el Presidencialismo, es que la competencia, en general, destruye al competidor. La competencia política es jugar al todo o nada. La captura del mercado da el mercado entero a un solo oferente57
55 En los sistemas presidenciales, en cambio, el líder de la oposición, dado que en general postula a la presidencia en representación de su partido, no pertenece al Parlamento, hecho que complica la posibilidad de obtención de consensos así como el uso de mecanismos de control.
56 BARTOLINI, Stefano – “Partidos y Sistemas de Partidos”. En: Manual de Ciencia Política. Madrid: Alianza Editorial, 1998, p. 230.
57 Al respecto: LINZ, Juan - "Los Peligros del Presidencialismo", Op. cit., loc. cit. Asimismo: BUCHANAN Y WAGNER - "La Economía Keynesiana en la Política Democrática" En:
Deficit del Sector Público y Democracia. Madrid: Ediciones Rialp S.A., 1983.
Ello se nota claramente en la proporción entre el resultado a obtener y el porcentaje de votación en términos electorales. En este orden de ideas, es necesario tener en cuenta que las elecciones presidenciales carecen de proporcionalidad de manera natural. El partido que gana la presidencia obtiene todos los escaños – es decir, el único existente – y los partidos perdedores no ganan ninguno. El grado de desproporcionalidad en las elecciones presidenciales es siempre sustancialmente más elevado que en las elecciones legislativas58
A ello debemos agregar el hecho de que en los sistemas presidenciales las elecciones del presidente tienden a ser consideradas más importantes que las parlamentarias, sea por el electorado, sea por los partidos políticos. Cuando las elecciones del Congreso y del Presidente son concurrentes existe una alta posibilidad que la campaña presidencial domine los mensajes en los medios de comunicación y en la opinión pública en general
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Los norteamericanos han podido paliar las serias dificultades generadas por este efecto denominado "el ganador se lo lleva todo" o "todo o nada", en cuanto a la representación parlamentaria, creando un sistema de elecciones cada dos años. Ahora bien, justo es reconocer que en lo concerniente al Gobierno no existe mecanismo alguno que asegure la competencia a la que hemos hecho referencia en el párrafo precedente. Lo antes expresado se nota por ejemplo en el hecho de que en general, salvo algunas excepciones, los presidentes norteamericanos que vuelven a postular son reelegidos en forma inmediata
. Consideramos que esta es una deficiencia adicional que genera el fenómeno que venimos describiendo.
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58 LIJPHART, Arend – Op. cit., p. 155.
59 COLOMER, Joseph y NEGRETTO, Gabriel – Op. cit., p. 15.
60 Esto explica, por ejemplo, el hecho que el presidente Franklin D, Roosevelt haya sido elegido cuatro veces, y como resultado de ello, que la XXII Enmienda a la Constitución Norteamericana limitara la posibilidad de reelección a únicamente un período de gobierno adicional. Al respecto: DUVERGER, Maurice – Op. cit., p. 347; BISCARETTI DI RUFIA, Paolo – Op. cit., p. 177.
Las paradojas del Voto
En el presidencialismo, cualquiera sea la etiología del mismo, se generan las paradojas del voto que han sido estudiadas por Condorcet, Duncan Black o Keneth Arrow y a las que hemos hecho referencia en el capítulo anterior61
Conforme al denominado Teorema de la Imposibilidad de Arrow, no es posible establecer un mecanismo de elección que asegure la elección del candidato idóneo, en todos los casos
. De hecho, ocurre en muchas oportunidades que el candidato elegido finalmente no responde a las preferencias del electorado y posee, en consecuencia, un apoyo minoritario que luego se expresa en la falta de aceptación popular de la mayoría de los presidentes en los sistemas presidenciales una vez transcurrido cierto período en el poder.
62. Ello se agrava en el contexto del
sistema de segunda vuelta propio de la mayor parte de los sistemas presidenciales, en los cuales puede ocurrir que quien obtenga el poder no sea necesariamente aquel que fuera preferido por la mayoría.
La razón de ello es muy clara. La ausencia de transitividad en las preferencias del electorado permite que en determinados supuestos pase a segunda vuelta un candidato por la cual una gran mayoría no votaría, pero que sin embargo obtuvo suficiente votación como para asegurar su participación en la misma. Este es el caso, en el Perú, de la segunda vuelta entre Alejandro Toledo y el ex presidente Alan García. Un caso similar pudo observarse en las recientes elecciones argentinas. En muchos de estos casos, dado que el candidato que obtiene el triunfo no resulta ser necesariamente el más idóneo, el mismo rápidamente pierde representatividad, como lo hemos señalado anteriormente.
61 ARROW, Keneth – Social Choice and Individual Values. New York: Cowles Foundation. 1966, p. 59.
Incluso, si existe un amplio sector de la población que tampoco votaría por el candidato que posee mayoría relativa, resulta probable que el candidato que obtuvo la menor mayoría relativa triunfe en la segunda vuelta. Ello incluso puede generar serios inconvenientes en el ámbito de la eficiencia del régimen, puesto que el mismo carecería de mayoría, incluso relativa, en el Parlamento. Un caso patente de lo que venimos describiendo es el de las elecciones de 1990 en el Perú, donde más bien el candidato minoritario en la segunda vuelta es que se alza con el triunfo, con los resultados que todos conocemos63
No obstante, los efectos perniciosos de estas paradojas no pueden ser eliminados por completo, considerando además que el resultado depende demasiado del mecanismo electoral que se emplee. El hecho de preferir, por ejemplo, la elección directa a la elección indirecta en el caso norteamericano modifica sustancialmente el resultado, en especial cuando las diferencias de apoyo popular entre los candidatos no son muy grandes. Por otro lado, el hecho de recurrir a sistemas de segunda vuelta puede dar el triunfo a un candidato más bien minoritario, efecto que es distinto al que se generaría si es que la elección en segunda vuelta fuera determinada por el Congreso o si más bien bastara con la elección en primera vuelta
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63 En primera vuelta, FREDEMO obtiene el 27.6 % de los votos mientras que Cambio 90 obtiene el 24.6 % de los mismos. En segunda vuelta, el FREDEMO obtiene el 33.9 % de los votos mientras que Cambio 90 obtiene el 56.5 %, que le otorgan el triunfo. Es interesante notar, además, que dicho porcentaje se obtuvo además mediante el endose de votos efectuado por el APRA, que había alcanzado un porcentaje de 19.2 % en primera vuelta.
64 Esta situación empeora si es que el mecanismo de elección de la representación congresal es proporcional, puesto que es perfectamente posible que quien gobierne no tenga siquiera mayoría relativa, mucho menos absoluta. Ello genera la figura del gobierno dividido, cuya utilidad es también materia de discusión en este capítulo.
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Debemos señalar finalmente que los citados efectos de las paradojas de voto que se han notado pueden ser menguados de manera plausible en sistemas en los cuales el poder presidencial se encuentra controlado o morigerado por mecanismos intraorgánicos o intergánicos de control, que en el sistema presidencial se encuentran seriamente limitados. A ello haremos referencia más adelante.