¿ES ENTONCES EL PARLAMENTARISMO UN REGIMEN DE GOBIERNO SOCIALMENTE EFICIENTE?
2. TEORIA DE LAS LEGITIMIDADES PARCIALES.
3.2. La eficiencia social de los sistemas unicamerales.
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En general, cuando varias personas llegan a un acuerdo, todas ellas se favorecen, pues su situación es mejor que la que tenían antes en términos, repetimos, de la eficiencia paretiana. Ahora bien, el ponerse de acuerdo evidentemente genera un costo, que es en buena cuenta el costo de la toma de decisión. Este costo genera que dichas situaciones eficientes no puedan
, concepto que hemos esgrimido en la introducción del presente trabajo. Según esta concepción, existen situaciones eficientes – y evidentemente, bienestar social – cuando se da una situación en la cual por lo menos alguien mejora sin que nadie se perjudique.
92 GUZMAN NAPURI, Christian -“Unicameralidad o bicameralidad del parlamento peruano. Un análisis preliminar” Op. cit, p. VII.
93 Sobre la eficiencia paretiana: KAFKA, Folke – Teoría Económica. Lima: Universidad del Pacífico, 1994, p. 730 y ss. Sobre la eficiencia paretiana aplicable al funcionamiento político: BUCHANAN, James y TULLOCK, Gordon – Op. cit., p. 225 y ss.
darse. El resultado inmediato es el desperdicio de recursos, no necesariamente patrimoniales, sino de toda otra índole.
En este orden de ideas, es necesario señalar que las dificultades en la toma de decisiones elevan los costos de las mismas, entendiendo costos como el gasto en tiempo, dinero y esfuerzo que realizan los representantes a fin de llegar a dichas decisiones, máxime en circunstancias de polarización y multipartidismo, propias de muchos países del Mundo.
Los Costos a tomar en cuenta.
Vamos a suponer, por un momento, y para simplificar, que nos encontramos ante un organismo corporativo cualquiera, conformado por una asamblea que debe tomar decisiones entre un conjunto de posibilidades y que esas decisiones, en todos los casos, se toman por mayoría simple. Los costos de la toma de decisiones son relativamente pequeños, y no generan la necesidad de una excesiva regulación. La Asamblea puede, inclusive, regular su propio funcionamiento94
Ahora bien, si bien es cierto, las situaciones enumeradas en el párrafo anterior no elevan sustancialmente los costos en circunstancias determinadas, debemos tener claro que al combinarse varias de ellas las complicaciones
.
En este orden de ideas, la generación de mecanismos de votación calificada no necesariamente aumenta demasiado los costos de la toma de decisiones, si es que una regulación eficiente del funcionamiento de ésta única asamblea facilita la toma de acuerdos por consenso. Por otro lado, un aumento en el número de miembros de la asamblea no llegaría a complicar las cosas si los grupos de votación que se forman en su interior mantienen coherencia y/o homogeneidad.
94 Un interesante desarrollo del tema se puede encontrar en: BUCHANAN, James y TULLOCK, Gordon – Op. cit., p. 270 y ss.
generarían demoras indebidas, en especial si la toma de decisiones es prioritaria. Mientras más polarizada esté una asamblea, mientras mayor sea el número de miembros de la misma y mientras más decisiones requieran mayorías calificadas, mayores dificultades encontraremos para llegar a acuerdos.
Si bien es cierto, esos costos pueden no resultar prohibitivos, es evidente que la creación de un sistema de dos asambleas que deben decidir en forma combinada, prima facie, eleva sustancialmente los costos de toma de decisiones. En principio, podríamos suponer que se da tan solo una duplicación de costos derivada de la doble asamblea. Sin embargo, la existencia de una segunda asamblea agrega un elemento adicional de incertidumbre. En un sistema de asamblea única, podríamos prever cual podría ser el resultado de una votación si pertenecemos a la misma. En un sistema doble, podemos prever el resultado de la asamblea a la que pertenecemos, pero no el que se dará en la asamblea en la que no participamos.95
Si trasladamos este análisis a un Parlamento, nos damos cuenta de inmediato que los costos que hemos reseñado aumentan sustancialmente. En primer término, los parlamentos requieren un gran número de personas para asegurar representatividad. Asimismo, no siempre existe homegeneidad dentro de los grupos políticos. Además, ciertas decisiones requieren mayorías calificadas. Cuando existe una clara mayoría parlamentaria, estos costos parecen reducirse. Sin embargo, en vez de reducirse, el costo se traslada y se
Ello incluso empeoraría cuando la correlación de grupos de votación es distinta en una asamblea y otra. Esta incertidumbre aumenta los costos en forma plausible, pues limita la acción de cualquiera de los miembros de cualquiera de las asambleas.
95 Estamos asumiendo de antemano que los miembros de una asamblea nunca podrían ser parte de la otra. Asimismo, el razonamiento que estamos empleando explica, por ejemplo, porque entidades corporativas privadas (sociedades, asociaciones civiles), o entes gubernativos de menor alcance territorial relativo (estados federados, gobiernos regionales, municipalidades) poseen sistemas de toma de decisión colectiva formadas por una sola asamblea.
coloca sobre la oposición parlamentaria96
En contraposición, cuando las bases de representación son distintas (por ejemplo, en los Estados Federales), resulta más eficiente el sistema bicameral
. En este orden de ideas, la existencia de una segunda cámara aumenta los costos de toma de decisiones, costos que pueden implicar desperdicio de recursos estatales. El factor incertidumbre, por otro lado, afecta la producción legislativa pues genera inseguridad respecto al resultado del proceso de producción de la ley, sin importar quien inició éste. Ello, máxime si la ley proviene de sectores opositores. El comportamiento racional del parlamentario – que lo hace especialmente sensible al riesgo, puesto que siempre está previendo las posibilidades de reelección - lo llevará a la reducción de su producción legislativa, y peor aun, a la disminución de su interés en el tema a debatir. Si a esto le agregamos períodos fijos de gobierno, el incentivo resulta poco menos que nulo a este nivel.
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96 Puede señalarse favor de la segunda cámara que la misma puede evitar la existencia de mayorías adictas al Gobierno, puesto que podría existir mayoría en una cámara y no en otra. Este argumento es falaz, toda vez que, en general, la composición partidaria de las dos cámaras de un Parlamento Bicameral tiende a ser similar, máxime si la elección parlamentaria se enfoca en la figura del líder de los partidos respectivos, quien normalmente es el que postula a la Presidencia, en el caso de los sistemas presidenciales. En consecuencia, la composición del parlamento tiende a seguir la correlación de la votación presidencial.
97 BUCHANAN, J. y TULLOCK, G. – Op. cit., pp. 272-273.
. La razón es muy sencilla: Las distintas bases de representación implican cierta autonomía de las entidades representadas en la cámara corporativa (es el caso del Senado Norteamericano). El peso específico de las entidades antes mencionadas – sean estados, provincias, regiones o comunidades – y la existencia de mecanismos de toma de decisiones en su interior reduce los costos de la toma de decisiones en el Congreso de la Nación. Esta reducción de costos operativos justifica plenamente la utilización de la doble cámara para conjurar los costos que generaría la falta de representación corporativa. En los estados unitarios evidentemente no se dan las circunstancias que estamos reseñando.