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La condena de la literatura de entretenimiento.

No es nada de extrañar que la literatura de entretenimiento acabe en el blanco de los moralistas: junto a la Celestina, “madre de maldades” según la definición de Vives, los libros de caballerías y la lírica amorosa se convierten pronto en su diana preferida, siendo etiquetados alternativamente, según los censores y las obras, como lecturas vanas,

9 Alarcón (1547) en Custodio Vega (1959: 87-89). 10 Alarcón (1547) en Custodio Vega (1959: 88-89).

lascivas o mentirosas11. Unos lazos profundos unen estos dos géneros literarios por ser ambos fundados sobre ficciones engañosas y despertar pensamientos voluptuosos, además de hacer perder un tiempo valioso, del que Dios algún día pedirá cuenta. En 1524 Juan Luis Vives reprobaba que en su época ya no se leyeran otros libros sino vulgares, que todos trataban de armas y amores, y además los enaltecían con palabras indecorosas:

Esso mesmo se devría mandar por público edicto y mandamiento: que nadie ose cantar por las cibdades o lugares metro ni copla ni otra cosa desonesta; que ya ¡mal pecado! somos venidos a tanto, que no paresce poderse cantar cosa que no sea llena de fealdad y tal que ningún bueno la pueda oír sin vergüença, ni ningún sabio sin asco, en tanto grado que parescen los que componen y los que cantan las tales canciones no entender en otro, sino cómo podrán corromper las costumbres de la cibdad, haziendo como los que enficionan las fuentes públicas de que los pueblos se sostienen. ¿Qué usança es ésta, que ya no es tenida por canción la que caresce de desonestidad? Todo esto devrían curar las leyes y fueros, si quieren los administradores de las tierras que las conciencias estén sanas. Lo mesmo devrían hazer destos otros libros vanos, como son en España Amadís, Florisando [sic], Tirante, Tristán de Leonís, Celestina alcahueta, madre de maldades. En Francia Lançaloto del Lago, París y Viana, Ponto y Sidonia, Pedro Proençal y Magalona, Melusina. Y en Flandes, Flores y Blancaflor, Leonela y Canamor, Curias y Floreta, Píramo y Tisbe. Hotros ay, sacados de latín en romançe, como son las infacetíssimas facecias y gracias desgraciadas, de Pogio Florentín. Los quales libros todos fueron escritos por hombres ociosos y desocupados, sin letras, llenos de vicios y suziedad, en los quales yo me maravillo cómo puede haver cosa que deleite a nadie, si nuestros vicios no nos truxessen tan al retortero: porque cosa de dotrina ni de virtud ¿cómo la darán los que jamás la vieron de sus ojos? Quando se ponen a contar algo, ¿qué placer, o qué gusto puede haver adonde tan abiertamente, tan loca y tan descarada mienten? [...] ¡Qué locura es tomar plazer destas vanidades! Junto a esto, ¿qué cosa ay de ingenio ni buen sentido, si no son algunas palabras sacadas de los más baxos escondrijos de Venus? las quales guardan dezillas a su tiempo para mover de quicios a la que ellos dizen que sirven, si por ventura es dura de derribar12.

Los cantares deshonestos y los libros de caballerías, entre otros, son

vanidades repletas de vicios que reflejan la inmoralidad de sus creadores,

hombres ociosos e ignorantes, con mucho papel a su alcance, y que

mienten descaradamente. Puesto que el ser humano de por sí no nace ni

11 Sobre los tópoi de censura de los libros de caballerías véase el estudio de Sarmati (1996).

12 Vives (1524) en la traducción de Justiniano (1528: .vij.v–.viij.r). Hemos preferido acudir a la princeps de la versión de Juan Justiniano, prescindiendo de la edición moderna a cargo de Teresa

bueno ni malo, y sin embargo está más inclinado al mal –observa Vives en el De officio mariti–, debe de estar en guardia ante la que el valenciano llama “una especie de conspiración de pecadores” que le empujan hacia el camino del pecado:

En primer lugar los poetas, que son como la voz del pueblo, pues las obras que componen son gratas al espíritu y por ello se las acepta, se las tararea, y sin advertirlo se les da entrada en el alma de tal modo que sientes que han prendido en ti antes de percibir que se acercaban13.

Los poetas son de los más peligrosos y traidores porque sus agradables componimientos penetran fácilmente en el alma de quien los escucha y canturrea. Diego de Cabranes en su Ábito y armadura espiritual deplora la pérdida del tiempo malgastado en “leturas profanas de istorias y razones metrificadas en coplas, que provocan a hechos impudicos de hechos de cavallerías y amores, los quales son rejalgar del ánima y solimán de la virginidad”14. “Tizones para el infierno” llama fray Héctor Pinto las obras “de amores obscenos y de historias fingidas, llenas de mentiras y de delicias y deshonestidades y de despertadores para pecar”15; corruptores de las buenas costumbres son para Pedro Malón de Chaide los textos lascivos y profanos entre los que cuenta “los libros de amores y las Dianas y Boscanes y Garcilasos, y los mostruosos libros y silvas de fabulosos cuentos y mentiras de los Amadises, Floriseles y Don

Beleanís, y una flota de semejantes portentos, como hay escritos”16. El fraile franciscano Ortiz Lucio en la carta dedicatoria de su Jardín de

amores santos contrapone lo provechoso que es la materia que él trata

“por ser flores de la Sacra Escriptura y doctores santos, cuya lección y meditación descubre muchas marañas y hechizos del demonio y es escudo fuerte contra sus tentaciones” a la inútil lectura de “las Celestinas,

Dianas, Boscanes, Amadises, Esplandianes y otros libros llenos de

portentosas mentiras”17.

13 Vives (1528) en Bernal (1994: 135). 14 Cabranes (1994: 242r).

15 Pinto (1577: 115r).

16 Malón de Chaide (1588) en García (19593: I, 24). 17 Ortiz (1589: 3r).

Todo buen cristiano debería huir de leer, a juicio de fray Juan de la Cerda –de la misma orden religiosa– los autores inmorales, especialmente los que hablan de amores profanos, ya que

los fabulosos argumentos e invenciones o historias profanas que tratan de amores, le desassossiegan y engríen y encienden. La cosa que por más ligera se tiene y menos importante, y es la que más obra, son las sucias y carnales palabras, porque como se pronuncian por la boca, llevan consigo el affecto del coraçón del que las dize, y penetran el alma de el que las oye, y por esso tocó en ellas más que en otra cosa depravativa de la virtud el Apóstol san Pablo, diziendo que las malas y deshonestas palabras corrompen las buenas costumbres18.

Se retoman, como se ve, los argumentos de Vives previniendo a los que leen esta literatura mundana contra las insidias que esconden sus palabras lujuriosas: pronunciadas por la boca se insinúan en los ánimos corrumpiéndolos sin remedio, tal como advertía San Pablo. Libros de caballerías, motes de amores, canciones lascivas, donaires y gracias, según el jesuita Gaspar de Astete, engañan y estragan el gusto de los incautos lectores, a los que el acíbar amargo que beben les parece azúcar delicioso, porque “las fábulas y patrañas que los libros semejantes cuentan, son dulces quando se leen, mas después amargan y corrompen las almas”19.