3 “QUID PUELLAE CUM ARMIS?”
2. Margaret Tyler y la introducción de los libros de caballerías en Inglaterra.
Data del 4 de agosto de 1578 la licencia de impresión concedida a Thomas East para publicar la traducción inglesa de la primera parte del
Espejo de príncipes y caballeros, que, con toda probabilidad vio la luz en
Londres aquel mismo año o poco después. Trátase de un texto de extraordinario interés, y no sólo por ser el primer libro de caballerías aparecido en Inglaterra39, y además vertido directamente del español40, como se lee en la portada de la princeps de The Mirrour of Princely
Deedes and Knighthood: “Now newly translated out of Spanish into our
vulgar English tongue, by M.T.”.
Indiscutiblemente, la característica más llamativa de esta versión es su autoría femenina, apenas velada por las iniciales “M.T.” del frontispicio, para ser luego aclarada plenamente en la dedicatoria “to the right honourable the Lord Thomas Haward”, firmada por Margaret Tyler. En su larga advertencia al lector Tyler quiso despejar cualquier duda acerca de la creación de la novela:
37 Finazzi-Agrò (1978: 70).
38 Tomamos la cita de Finazzi-Agrò (1978: 70).
39 Quedó manuscrita e incompleta la traducción del Amadís de Gaula que “su Excelencia, la honorable
señora de Lennox” encargó a su hijo, M. Charles Stewart. Según indicó sir Henry Thomas en la British Library se conserva la parte inicial de esta versión de 1571 (Lands. 766), que “se trunca de manera abrupta a poco más de la mitad del segundo capítulo”. Thomas (1952: 191, n. 17).
40 Los demás fueron traducidos del francés o del italiano. Para un cuadro completo de las novelas de
The invention, disposition, trimming, and what els in this story, is wholy an other man’s, my part none therein but the translation, as it were onely in giving entertainment to a stranger, before this time unacquainted with our country guise41.
Tampoco fue suya la elección de la obra, puesto que la tarea de traducir el Espejo le fue encargada por otros: “the first motion to this kinde of labour came not from my selfe, so was these peece of worke put upon me by others”42, y aceptó llevarla a cabo sólo por la insistencia de sus amigos: “the earnestnesse of my friends perswaded me that it was convenient to lay forth my talent for encrease, or to sette my candle on a candlesticke”43. La causa de tantas precisiones no quedó en el tintero de Margaret Tyler, quien, al pedir indulgencia por su labor (“seldom is the tale carried cleane from an others mouth”), se vio obligada a justificar el haberla emprendido, precisamente por ser mujer:
Such delivery as I have made, I hope thou will friendly accept, rather for that it is a woman’s work, though in a story prophane, and a matter more manlike than becometh my sexe. But as for the manlinesse of the matter, thou knowell that it is not necessary for every trumpettour or drumslate in the warre to be a good fighter. They take wage onely to incite others though themselves have privy maimes and are thereby curelesse. So, gentle reader, if my travaile in englishing this author may bring thee to a liking of the vertues heerein commended, and by example therof in thy princes and countries quarrel to hazard thy person and purchase good name, as for hope of well deserving myselfe that way, I nether bend myselfe therts nor yet feare the speach of people if I be found backward44.
Nuestra traductora reconoce que la materia de The Mirrour of
Princely Deedes and Knighthood es más adecuada para hombres que
para mujeres, por ser el tema profano y tratar de hazañas guerreras, sin embargo se escuda en el propósito de encender en sus lectores el deseo de imitar a los valerosos protagonistas de la novela: la gloria que ellos conquisten siguiendo el ejemplo de esos héroes caballerescos, la amparará de toda censura, porque como los cornetas y tambores de un
41 Tyler (1578 ca.: s.f.). 42 Tyler (1578 ca.: s.f.). 43 Tyler (1578 ca.: s.f.). 44 Tyler (1578 ca.: s.f.).
ejército, imposibilitados a combatir por sus mutilaciones, ella también cumple su labor incitando a los demás desde la retaguardia45.
Margaret Tyler continúa defendiéndose de las previsibles críticas con otro argumento, al observar que, así como es lícito desear que se labre la tierra sin empuñar el arado, o hablar de Robin Hood sin haber disparado su arco, de la misma manera incluso las damas pueden contar aventuras militares, aunque no se atrevan a entretenerse en las armas como hicieron las antiguas amazonas, o algunas heroínas de libros de caballerías. Al fin y al cabo, también las mujeres comparten los beneficios de las victorias de los guerreros: “to report of armes is not so odious but it may be borne withal, not onely in you men which your selves are fighters, but in us women, to whom the benefit in equal part apperteineth of your victories”46. Bien es verdad que ella hubiera podido rechazar la propuesta de verter al inglés el Espejo de príncipe y caballeros (“the refusall was in my power”), pero no lo hizo, y al explicar sus razones reivindica con fuerza el derecho de las mujeres a leer las obras que se les dedican47, e incluso a traducirlas, puesto que no se les podrán negar sus capacidades por lo menos en esta tarea, que requiere más bien esmero que profundidad de invención o una refinada sabiduría:
My defence is by example of the best, amongst which many have dedicated their labours, some stories, some of warre, some phisick, some laws, some as concerning government, some divine matters, unto divers ladies and gentlewomen. And if men may do bestow such of their travailes upon gentlewomen, then may we women read such of their works as they dedicate unto us, and if we may read them, why not farther wade in them to the serch of a truth? And then much more why not deale by translation in such arguments, especially this kinde of exercise being a matter of more heede then of deep invention or exquisite learning?48
45 La parte de gloria que Margaret Tyler tenía esperanza de merecer no le faltó en realidad, como
demuestra el gran éxito que consiguió su traducción, del que dan fe las palabras del impresor de la segunda parte de The Mirrour (vertida al inglés por Robert Parry) y las dos reediciones que conoció el texto de Tyler. Cf. Thomas (1952: 187-188).
46 Tyler (1578 ca.: s.f.).
47 En España fueron destinatarias de libros de caballerías la marquesa de Astorga, doña María
Pimentel, a quien, juntamente con su esposo, Pedro Álvarez Osorio, fue dirigido el Platir; la reina María de Austria, mujer de Maximiliano, a la que Feliciano de Silva dedicó la cuarta parte del Florisel
de Niquea; doña Mencía de Mendoza, marquesa del Zenete que Dionís Climent eligió como protectora
de su Valerián de Hungría; doña Mencía Fajardo y Zúñiga, marquesa de los Vélez, cuyo favor impetró Esteban de Corbera, autor de Febo el Troyano. Tampoco hay que olvidar a las damas innominadas que “reciben la dedicatoria del Florando de Inglaterra o la Quinta parte del Espejo de príncipes y
caballeros, ‘dedicado a las damas que lo leyeren’”; Marín Pina (1991b: 142).
Casi al final de su extensa advertencia, escrita para librarse de las injustas sospechas que su avanzada edad y su atrevimiento podrían despertar en los lectores (“understanding of my name and yeares, thou mightest be carried into a wrong suspect of my holdnesse and rashnesse, from which I would glady free my selfe by this plaine excuse”), Margaret Tyler llega a la más firme reclamación del derecho a franquear la barrera de la creación literaria. Sus tajantes afirmaciones ya no se apoyan en la autoridad de ilustres ejemplos; lo que explica sin reservas ni temores son sus convicciones personales, por heterodoxas que puedan parecer:
[...] the truth is, whether that women may not at al discourse in learning, for men lay in their claim to be sole possessioners of knowledge, or whether they may in some maner that is by limitation or appointment in some kinde of learning, my persuasion hath bene thus that it is all one for a woman to pen a story as for a man to addresse his story to a woman. But amongst al my il willers, some I hope are not so strainght that they would enforce me necessarily either not to write or to write of divinitie49.
Las dudas y perplejidades manifestadas en la dedicatoria de The
Mirrour of Princely Deedes and Knighthood50 quedan definitivamente
atrás: la voz de Margaret Tyler se levanta ahora clara y decidida para recordar a los hombres que no pueden considerarse los únicos depositarios de la sabiduría, permitiendo al sexo débil ocuparse sólo de temas religiosos. Reivindicando para las mujeres un lugar en el mundo de las letras, Margaret Tyler muestra desconocer que más de treinta años antes una dama vallisoletana ya había conseguido hacerse un hueco en ese mundo, componiendo un libro de caballerías sin colaboración alguna, y logrando que saliera en letras de molde en una época en la que “si para la mujer la construcción de la conciencia como escritor autorizado es problemática y encuentra numerosas dificultades [...] más lo es aún la publicación de la obra, porque representa el paso de una difusión manuscrita siempre minoritaria, ajena a factores económicos y a
49 Tyler (1578 ca.: s.f.).
50 “[...] the consideration of my insufficiency drove me to think it better for my ease, eyther quite to
bury my talent [...] or rather to put my candle clean out, then that it should bewray every unswept corner in my house”. Tyler (1578 ca.: s.f.).
sujeciones legales, al impreso, sobre el que inciden todos estos factores y cuyo destinatario último es un público amplio”51.