Puesto que los malos libros envenenan el alma inadvertidamente como una dulce ponzoña, los que mayores riesgos corren de convertirse en sus víctimas son los lectores más indefensos, los que carecen de recursos intelectuales para sortear esos lazos diabólicos, es decir mujeres y niños. Son espíritus no cultivados, y por eso mismo predispuestos a la corrupción; sus ánimos son “de cera dócil” en palabras de Juan Luis Vives20.
Si los libros profanos son una “suave serena que mata con su dulce canto los marineros, que son los buenos pensamientos y virtudes que nos
18 Cerda (1599: 42v).
19 Astete (1597: 176). Aquí como en la bibliografía final indicamos la fecha de edición que aparece en
el colofón del Tratado del gobierno de la familia y estado de las viudas y donzellas; la que campea en la portada es de 1604.
guían para la patria por este mar del mundo”21, las tiernas doncellas no podrán resistir a su tentación fatal, y por eso Diego de Cabranes las insta a leer más bien textos sagrados y devotos. Mozos y doncellas peligran especialmente, según Juan de Arce de Otálora, autor de los apasionantes
Coloquios de Palatino y Pinciano, por ser los que menos saben y
entienden, y los más aficionados a las lecturas deshonestas, en las cuales, si por dicha “se halla algo bueno, está tan envuelto en aquella vanidad que es dificultoso aprovecharse de lo bueno sin participar de lo malo, y llevar el cebo sin quedar en el anzuelo”22. Fray Luis de León lamenta que muchas personas simples y puras se pierdan tras libros vanos y desconcertados: “sin saber de dónde o de qué, se hallan emponzoñadas y quiebran, simple y lastimosamente en esta roca encubierta. Porque muchos de estos malos escritos ordinariamente andan en las manos de mujeres doncellas y mozas”23. El padre Francisco de Ribera, de la Compañía de Jesús, ataca violentemente a los que escriben “Arcadias et
Dianas, et id genus vanissimos libros” que embaucan a muchachos y
honestas mujeres: “quos adolescentuli tenera aetate imbibant et virgines atque honestae feminae in sinu gestent ut fiant inhonestae”24.
El sexo femenino y la juventud son frágiles, débiles y fácilmente maleables: en los textos de los moralistas se multiplican las metáforas para representar su índole dúctil e influenciable. Fray Pedro Malón de Chaide, convencido de que la peligrosidad de estos libros perversos en manos tan tiernas equivale nada menos que a la de un “cuchillo en poder de un hombre furioso”25, adopta la doble alegoría del navío que se estrella contra las rocas de los lecturas lascivas –que ya hemos encontrado en fray Luis de León– y del vaso nuevo –reminiscencia horaciana–26, que se impregna de forma casi indeleble del primer licor que se le eche:
como si nuestra gastada naturaleza, que de suyo corre desapoderada al mal, tuviera necesidad de espuela y de incentivos para despertar el gusto del pecado, así la ceban
21 Cabranes (1994: 242r).
22 Arce de Otálora (1550 ca.) en Ocasar (1995: I, 456). 23 Luis de León (1583) en García (19574: 406-407). 24 Ribera (1587: 526).
25 Malón de Chaide (1588) en García (19593: I, 24). 26 Horacio, Epist. I, 2, 69-70.
con libros lascivos y profanos, a donde y en cuyas rocas se rompen los frágiles navíos de los mal avisados mozos, y las buenas costumbres (si algunas aprendieron de sus maestros) padecen naufragios y van a fondo y se pierden y malogran. [...]¿Qué ha de hacer la doncellita que apenas sabe andar, y ya trae una Diana en la faldriquera? Si, como dijo el otro poeta, el vaso nuevo se empapa y conserva mucho tiempo el sabor del primer licor que en él se echare, siendo un niño y una niña los vasos nuevos y echando en ellos vino tan venenoso, ¿no es cosa clara que guardarán aquel sabor largo tiempo?27
Para fray Ortiz Lucio los libros diabólicos alimentan los apetitos lujuriosos de doncellas y mancebos, y avivan a modo de tizones el fuego de la liviandad que acabará por devorarlos, incitándolos a experimentar lo que leen:
Y del abuso que Satanás con estos libros ha introducido, no se grangea cosa, sino que la tierna donzella y mancebo hagan de tal lección un tizón y fuego y soplo incentivo de torpeza, donde enciendan sus deseos y apetitos de liviandad, y estos se vayan cevando poco a poco, hasta experimentar por obra lo que por palabra leen. ¡O sancto Dios! ¿Quién pudiera desterrar del mundo tales lecciones y lançarlas en la última caverna de Lucífer? Porque desta verdad estoy cierto, que destos libros gusta la carne y de los sagrados el espíritu, y siempre andan en campo el espíritu y la carne28.
Fray Juan de la Cerda se pregunta con el mismo tono de indignación (y casi las mismas palabras...) de Juan Luis Vives qué tienen que ver las armas y los cuentos de amores deshonestos con tiernas doncellas y mozos ingenuos: “¿Qué seguridad pueden tener, entre los cuentos de amores, la flaca y desarmada castidad, con los quales poco a poco y sin sentir se inficiona el coraçón tierno de la donzella o del mancebo, y toma la muerte por sus propias manos?”29. Él no duda de que la educación de las hijas deba forjarse en su tierna edad, así como el barro hay que trabajarlo cuando todavía está fresco y el hierro batirlo cuando está encendido, porque de lo contrario “la doncella criada en prisiones de vicios y malas costumbres no acierta después a caminar por el camino de la virtud”30:
por esso desde niñas se han de ocupar en exercicios onestos, y leer libros devotos, que las muevan a santos exercicios, y la razón d’esto es de Horacio, el qual dize que el
27 Malón de Chaide (1588) en García (19593: I, 24-26). 28 Ortiz Lucio (1589: 3v).
29 Cerda (1599: 41v). 30 Cerda (1599: 14r).
barro quando está fresco se deve labrar, y no dexar holgar a la rueda, para que salga bueno el vasso. Y el yerro quando está caliente, en saliendo de la fragua deve ser batido, porque después de helado será martillar en yerro frío31.
La extremada vulnerabilidad de los mozos tiene dos explicaciones para Pedro López de Montoya: su predisposición a las pasiones fuertes y su facilidad para recordar durante mucho tiempo lo que ha impresionado la imaginación. Por eso los entretenimientos deshonestos
en ninguna parte hazen tanto estrago como en la juventud, assí por estar en esta edad las passiones tan esforçadas y vigorosas que qualquiera ocasión basta para despertarlas y encenderlas, y también porque los sentidos tienen en ella mucho poder y eficacia, y lo que por ellos se imprime queda fixo en la memoria para representarse al ánimo en otras edades32.
Por último, los autores lascivos son, en la opinión de Gaspar de Astete, “perdición de las almas, lazo de los mancebos, muerte de las donzellas y ruina de la virtud”33; abrasan con el fuego de la sensualidad y engendran malos pensamientos que causan la muerte en las almas.