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La Guerra de Holanda (Agosto de 1673 – Septiembre de 1678)

Capítulo 1. Los conflictos bélicos del último tercio del Siglo XVII

1.2 Las guerras entre Carlos II y Luis XIV

1.2.2 La Guerra de Holanda (Agosto de 1673 – Septiembre de 1678)

A diferencia de la guerra anterior, en ésta, el papel principal no corresponde a España. Ni se declara, como aquella, súbitamente, con sorpresa para todos. Aquisgrán no había resuelto las tensiones, sino que abría un paréntesis de preparación para el siguiente conflicto.

90 CONTRERAS, J., Carlos II el Hechizado..., pp. 103 y 104. 91 GOUBERT, P., Louis XIV et vingt millions..., p. 128.

El objetivo principal de Francia era ahora la pequeña, pero rica y poderosa, confederación de las Provincias Unidas. Los comentarios de Colbert, el ministro plenipotenciario de Luis XIV, no dejaban lugar a dudas: Del mismo modo que hemos aplastado a España por tierra debemos aplastar a Holanda por mar. Los holandeses no tienen derecho a usurpar todo el comercio (…) sabiendo como sabemos que mientras sean los dueños del comercio, sus fuerzas navales continuarán aumentando y les harán tan poderosos que podrán asumir el papel de árbitros de la guerra en Europa y poner límites a los planes del rey92.

Una “guerra comercial” comenzó entre los dos países93. Las elevaciones de tarifas por parte de Francia encontraban respuesta inmediata en las del adversario. Así, en paralelo a la tradicional ofensiva diplomática, en este caso tendente al aislamiento holandés, se desarrollaban los nuevos métodos de conflicto, más sofisticados94, pero no de menor eficacia.

Tras la preparación entre bastidores, el primer paso estrictamente militar fue una completa prueba de éxito para el monarca francés. La ocupación de Lorena, sin respuesta del resto de los estados europeos, indicaba que podía comenzar el plan previsto contra la República.

La declaración de guerra a las Provincias Unidas por parte de Inglaterra, en Marzo de 1672, con la excusa de un incidente naval, daba pie a su aliada, Francia, para hacer lo propio. En Abril, y aprovechando el corredor de Lieja -para no atravesar los Países Bajos españoles, en ese momento neutrales- las tropas francesas ocupaban el sur de la República. Sin apenas poder ofrecer resistencia, el gobierno holandés se vió obligado a adoptar la terrible y heroica estrategia de abrir los diques e inundar la tierra, deteniendo así la invasión.

92 HERRERO SÁNCHEZ, M., El Acercamiento Hispano-Neerlandés, CSIC, Madrid, 2000, p. 21.

USUNÁRIZ, J. M., España y sus Tratados Internacionales..., p. 428.

93 HERRERO SÁNCHEZ, M., El Acercamiento Hispano..., p. 26.

La posición de España, de no beligerancia hasta el momento, había sido el objeto de los movimientos diplomáticos de ambos contendientes: Luis XIV intentaba seducir a la Monarquía hispánica para que se mantuviera neutral, mientras que la República deseaba intensamente una alianza militar. Fue ésta la opción que prevaleció, y España firmó una alianza ofensiva y defensiva con la que había sido su enemigo más encarnizado desde hacía más de un siglo95. Como consecuencia de ésta, cuando Francia atacó Charleroi y Maastricht, las tropas españolas acudieron en apoyo de las holandesas. Inmediatamente, en el otoño de 1672, el embajador francés denunció la violación del tratado de los Pirineos, y declaró la guerra. Afortunadamente, el recién llegado invierno detuvo las operaciones militares. Pero, en la primavera de 1673, los franceses atacaron Flandes, al tiempo que se apoderaban de Maastricht, importante punto de apoyo para la campaña. A partir de entonces, el esfuerzo bélico francés se volcó contra la aliada de Holanda, España que perdió, en Febrero de 1674, el Franco Condado, ocupado casi sin esfuerzo. El territorio patrimonial de Carlos I y la Casa de Borgoña volvía a manos del rey de Francia, definitivamente, tras tres siglos de independencia y casi dos de vinculación a España.

La guerra se expande por todo el continente: las flotas hispano-holandesa y anglo- francesa se encuentran en el Canal de la Mancha y en el Mediterráneo, cerca de Sicilia. Y Mesina se subleva contra la autoridad española, apoyada por Francia. En esta sucesión de golpes y contragolpes, Cataluña vio invadido de nuevo su territorio96. Varias derrotas parciales culminaron en un hecho que tuvo gran repercusión psicológica en España, y en especial en Valencia: la toma de Puigcerdá. Ya no eran los lejanos países de Flandes o Sicilia los que caían en manos enemigas: el francés había ocupado territorio propiamente español. La alarma, como confirman los textos contemporáneos, fue generalizada, provocándose tumultos y agitaciones difíciles de controlar.

Tras cinco años de guerra, sin que ninguno de los contendientes consiguiera una ventaja definitiva, se llegó a un nuevo tratado. La ciudad de Nimega vio como, en Septiembre

95 HERRERO SÁNCHEZ, M., El Acercamiento Hispano…, p. 18. 96 ESPINO LÓPEZ, A., Guerra, Fisco y Fueros..., p. 42.

de 1678, un plenipotenciario español, con muy limitado margen de maniobra, firmaba un acuerdo que permitía recuperar parte de lo ocupado durante la guerra. Pero que amputaba otro trozo de Flandes y, especialmente, el Franco Condado. El “camino español” quedaba definitivamente cortado y los territorios europeos de la Monarquía incomunicados; el nuevo dueño del Rhin medio era ahora el rey de Francia97.

Alivió algo la derrota española la red de alianzas que comenzaron a tejer sus diplomáticos, y que sería fundamental en las futuras guerras, y, así mismo, el nuevo proyecto de Luis XIV para unir en matrimonio a María Luisa de Orleans con el monarca español, que le hizo más comedido frente al que podía llegar a ser el país en que reinara su sobrina98.