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Capítulo 2. La presencia francesa en el Reino de Valencia

2.4 Presencia francesa en el reinado de Carlos II

2.4.4 Tipología de inmigración francesa

Esta presencia francesa estaba insertada en todos los tejidos sociales; tantos años de emigración a España habían establecido vínculos y, en algunos casos, los inmigrantes habían echado raíces profundas en suelo valenciano. Muchos llevaban años viviendo en el Reino, pero el estigma de francés era difícil de borrar de la memoria colectiva; bastantes lo consiguieron a lo largo de los siglos, pues sus apellidos se castellanizaron o valencianizaron; pero queda la duda de si ese recuerdo de sus ancestros se mantuvo vivo en sus descendientes, o también procuraron éstos que fuera olvidado, para darles una mayor seguridad de raigambre y pertenencia a la sociedad valenciana.

También estaban los que llegaban para hacer "las Españas" y retornar luego a su país con un buen caudal; y con el éxito del triunfador que, habiendo salido pobre, volvía con las alforjas llenas. Atraídos por el oro de América y las costumbres clasistas de los españoles, en las que todo oficio manual o mecánico era considerado como un trabajo vil, estos inmigrantes eran capaces de desempeñar con eficacia todo tipo de labores. Recordemos que el propio Felipe IV decidió nombrar caballero a Velázquez; y para dejar constancia de ello, mandó pintar, una vez fallecido éste, la cruz de Santiago en el pecho del autorretrato del pintor que aparece en el cuadro de Las Meninas. Tuvo que realizar este gesto con uno de los más grandes genios de la pintura universal para que no fuera considerado en la Corte como poco más que un bufón.

La legislación nunca trataba a todos los naturales de Francia por igual; cada decreto se aplicaba a un tipo de inmigrante con condiciones específicas. Así, la Ley fue distinguiendo varios grupos de franceses quienes, por sus características, debían de ser reflejo de diferentes actitudes en el proceso migratorio:

a) Naturalizados y avecindados. Aquellos que, legal y oficialmente, han adquirido la condición de vecinos o naturales y, por ende, se les considera súbditos de la Monarquía hispánica. Se han desarraigado completamente de sus lugares de origen e inician en el Reino una vida nueva sin lazos con Francia.

b) Asentados casados, o viudos con hijos. Aquellos que tienen su familia en el Reino. Aún en los peores momentos (1691), se les respeta y no se les expulsa, obligándoles

sólo a contribuir económicamente184. En varios memoriales se les describe como útiles e importantes para la economía del Reino185. En el concepto de la época, el hecho de ser un hombre con familia le distancia mucho de otros inmigrantes con menos arraigo y que, con toda probabilidad, pueden mantener lealtad al rey de su país de origen.

c) Asentados solteros o viudos sin hijos. Aunque residan habitualmente, y tengan trabajos fijos o incluso negocios, nunca pierden el estigma de ser franceses. Al no tener familia, no les abandona la sombra de la sospecha de que su intención final sea volver a la tierra de sus orígenes.

d) Transeúntes. Aquellos que no tienen una residencia definitiva en la Ciudad o Reino; simplemente realizan un trabajo y acumulan los ahorros producidos. Se trata de inmigrantes con la cabeza puesta en el retorno, mucho más probable que los de los anteriores. Aunque en casos extremos, como el de 1691, se les llega a expulsar, su trabajo sigue siendo considerado como útil para la economía del Reino (permitir los que se emplean en oficios mecánicos y serviles186).

e) Vagabundos. No tienen un oficio claramente identificado. Son el objetivo inmediato de cualquier decreto de expulsión, en caso de hallarse algunos vagamundos, los recojan, y envíen a presidio, como se practica con los naturales mal entretenidos187. ¿Cuántos inmigrantes forman cada uno de estos grupos, y en qué proporción? Es difícil saberlo, pero los propios documentos dejan pistas que permiten aventurar hipótesis. Ejemplos del primer grupo, el de los avecindados, son los comerciantes localizados a partir de los documentos de las represalias. Una fuente fundamental para el conocimiento de este tipo de franceses hubieran sido los libros de Avecindamientos, pero lamentablemente, como ya se ha indicado, no se dispone de ellos.

184 ACA, CA, Secretaría de Valencia, leg. 842, doc. 1/2. 185 ACA, CA, Secretaría de Valencia, leg. 842, docs. 1/6 y 1/8. 186 ACA, CA, Secretaría de Valencia, leg. 842, doc. 1/19. 187 ACA, CA, Secretaría de Valencia, leg. 842, doc. 1/19.

Los inmigrantes que ingresan en el Hospital pertenecen, en su mayoría, a los escalones medios y bajos de la sociedad, como se verá en el capítulo de la caracterización socioprofesional; la prueba es que no se ha encontrado entre ellos a casi ninguno de los considerados en la época como persona de calidad, es decir, comerciantes o mercaderes de gran calado. Aunque siempre se cuenta con alguna excepción, pues están aquellos a quienes sobreviene la enfermedad no teniendo hogar en Valencia o parientes que los puedan acoger; éstos suelen ingresar en el Hospital con todo su dinero en metálico, que a veces no es poco. Un ejemplo es el del carnicero Juan Minchela188 originario de Lourdes, que deja en depósito 23 reales que llevaba encima y, cuando le dan el alta, los recoge. ¿Estaba quizás de paso en la ciudad, realizando alguna compra? También está el caso de Joan Pibán, cuyo oficio es labrador y su procedencia del Bearne; éste debe de ser transeúnte también, y es posible que lleve poco tiempo en Valencia, pues tanto el apellido de su mujer (María de Lagornês) como la ropa que lleva, así parecen indicarlo: viste chipo y saraguells de berri à la francesa, y un capot cordellat pardo, tot vell. Te en deposit 30 reales189. Otro ejemplo de alguien que puede estar de tránsito en la ciudad y realizando algún tipo de trato es Beltrán Camalê, cuyo trabajo es menador. Este oficio, según el diccionario de Alcover, puede referirse a un conductor de vehículos o de animales o a alguien que se dedica a la cordelería. Dada la considerable suma que lleva en metálico, se podría pensar que dicho oficio corresponde con la primera definición: tê en deposit 248 reales de plata castellana, y mes 56 reales y medio de plata valenciana190.

También hay otros casos, como el de Domingo Milâ, cuyo oficio es el de cochero, quien cuenta con unos 24 años en el momento de su ingreso hospitalario, es originario de Ausû, en la provincia de Gascuña, y fallece a las tres semanas. En depósito tiene 72 reales que son devueltos, junto con la ropa, el 25/09/1670, al albacea que él mismo había nombrado en el testamento que realizó, y que fue recibido por el notario Antonio

188 ADV, Los libros del ingresos..., I-1 114. 189 ADV, Los libros de ingresos…, I-1 115. 190 ADV, Los libros de ingresos…, I-1 116.

de Herrera el 11 de Julio de 1670191. Este caso puede indicar que a pesar de llevar tanto dinero encima, contaba con algún apoyo en la ciudad; pues, sintiéndose morir, le da tiempo a testar, nombrando albacea de sus bienes a algún familiar o amigo que está en Valencia, quien retira el depósito a los dos meses de su muerte. Cuando alguno de los enfermos fallecía, tanto la ropa como el dinero dejado en consigna, eran devueltos a sus familiares o a algún amigo que los reclamase.

Algunos de los enfermos dejaban bastante caudal en depósito, lo que induciría a pensar que no eran pobres; pero, en la mayoría casos, el tipo de indumentaria que llevaban era descuidada, muy vieja o constituida por harapos (pentols). Es éste el caso del inmigrante procedente de la Auvernia, en el Macizo Central, Joan del Hort, cuyo oficio es vidriero, tiene 25 años y viste capa de cordellat, unguerina de estamenya tot pardo, y saraguells fets trosos; sin embargo, deja en depósito 62 reales y 6 dineros192. Es realmente llamativo que el aspecto de alguien que transporta esa cantidad de dinero sea tan miserable. Quizás el uso de ropa descuidada esté relacionado con el carácter avaricioso con que se solía describir a los franceses en la época; así, gastando lo menos posible en cosas personales, podían ahorrar al máximo para volver a su tierra triunfadores, aunque aquí hubieran pasado mil y una penurias. Pero también puede estar relacionado con otras motivaciones.

Numerosos ejemplos de este tipo inducen a plantearse varias cuestiones. Lo primero que se puede pensar -haciendo una comparación con el presente- es que, cuando una persona ingresa en el hospital, no lleva consigo todo su dinero, pues lo guarda en casa o en el banco. Por lo tanto, el que estos franceses lleven los ahorros encima, ¿es indicativo de que no tienen a nadie en la ciudad a quien confiar su dinero? Es curioso observar que la institución, además de contar con un registro pormenorizado de la ropa que visten los enfermos a la hora de su ingreso -para su posterior devolución-, se comporta como una suerte de "banco" seguro en el que se puede dejar el dinero, ya que después es restituido íntegramente. No sólo los franceses, sino cualquier otra persona, contaba con la

191 ADV, Los libros de ingresos…, I-1 119. 192 ADV, Los libros de ingresos…, I-1 121.

seguridad y plena honradez de la institución hospitalaria de Valencia; por lo que depositar su dinero en ella era más seguro que dejárselo a un amigo, que podría tener la tentación de quedárselo. En este caso, podemos plantearnos que los inmigrantes que dejan su dinero en depósito pertenecen al grupo de transeúntes; en los ejemplos mostrados, todos son solteros a excepción de uno quien, por su indumentaria francesa, parece haber llegado a Valencia recientemente.

En efecto, se ha observado que la mayoría de los que llevan bastante dinero encima son solteros, de edades comprendidas entre los 20 y los 40 años. Puesto que sus ropas son viejas o andrajosas, ¿puede ser ésta una manera de no llamar la atención de los "aficionados a lo ajeno"? ¿Pretenden parecer pobres y pordioseros para desplazarse con más seguridad, evitando ser asaltados? Por ejemplo, el sillero Pedro Bernejo, de 34 años y soltero, procedente del lugar de Betrenos de Cornach, en la provincia de Quercy, en el Macizo Central, deja en depósito 24 reales y 18 sueldos; pero lo describen vistiendo andrajos, no correspondiendo la cantidad de dinero portada con la poca o ninguna calidad de la vestimenta193. También viste con ropas muy viejas Pere Garnelios, cuyo oficio es el de cochero, tiene 24 años, procede también del Quercy, y lleva encima 10 reales y 20 dineros194. Otro inmigrante, labrador de profesión, llamado Francés del Pi, procede de la ciudad de Turena en la provincia del Quercy, tiene 45 años, dice que es soltero, y porta también ropas andrajosas; y sin embargo deja en depósito 20 reales195. El Hospital acoge también a viajeros de paso o marinos cuyas naves están en el Grao de Valencia, a quienes la enfermedad ha llamado a la puerta de manera imprevista y cruel; como son los casos de Geroni Ortullan que lleva 12 reales de a ocho y procede de un lugar llamado Casis en el término de Marsella, y Guillermo Gasquet, de 20 años, natural también de Marsella y que lleva 8 reales de a ocho. Los dos marineros ingresan juntos el

193 ADV, Los libros de ingresos…, I-1 119. 194 ADV, Los libros de ingresos…, I-1 120. 195 ADV, Los libros de ingresos…, I-1 120.

mismo día, falleciendo uno tres semanas después que el otro196. Meses más tarde, el 4 de Febrero de 1672, alguien recoge la ropa y el dinero que llevaban cuando ingresaron. Por lo observado en los libros de ingreso al Hospital, cuando las personas fallecían, se solía hacer la entrega de sus ropas y depósitos dos veces al año, en Septiembre y en Febrero; siendo las pertenencias recogidas por familiares o amigos. Pero, si las ropas estaban en muy mal estado, o la persona había fallecido de alguna enfermedad contagiosa, las quemaban, escribiéndose en el margen del registro de la persona: roba al corral.

Entre estos casos, que son numerosos, también hay muchos que tan sólo llevan unos pocos sous y dines en sus bolsas. ¿Quiere esto decir que su nivel de pobreza es mayor que el de los que más dinero llevan? ¿O que tienen el dinero guardado a buen recaudo, y apenas llevan metálico para salir del paso? ¿O que lo poco que llevan encima es todo con lo que cuentan para su subsistencia? Son conjeturas que se pueden hacer, y es posible que alguna tenga algo de cierto.

La mayor parte de los ingresados no deja nada de dinero en depósito junto a sus ropas. Entre ellos puede que haya vagabundos y pobres abandonados de la fortuna que ni siquiera disponen de unas pocas monedas; y que acuden al Hospital en busca de un poco de comida y cobijo. Tal puede ser el caso de Frances Berdillet, de oficio serrador, que es viudo, y del que llama poderosísimamente la atención la edad que dice tener: 102 años; y la memoria que muestra pues muchos, al ser preguntados por los nombres de sus padres o esposas, dicen no recordarlos, mientras que él dice claramente que su padre se llamaba Guillem Berdillet, y su madre, Ali de Carrie. Si es así, ha nacido hacia 1583. ¿Había venido de joven a ganarse la vida? ¿Se casó en Francia -pues el nombre de su mujer era Madalena Carriu, cuyo apellido parece francés-, enviudó y vino a España? ¿Tiene familia en Valencia, y por eso no deja nada en depósito? ¿O simplemente necesitaba un jergón donde dormir y algo de comida caliente que echar al estómago? Lo

cierto es que se le da el alta, y sus días no los acaba en el Hospital197. Contamos con el ejemplo de otro viudo, éste de 80 años, llamado Leonardo Pinyon, que tampoco deja nada en depósito, pero el apellido de su esposa sí que parece español, Sibestra Ximenez. Así mismo recibe el alta, siendo posible que tenga familia a la que recurrir198.

También están quienes viven en Valencia o su contribución con sus familias; estos no son pobres, y pertenecen a lo que podríamos denominar clase media, desempeñando oficios que les permiten sacar adelante su vida y la de los suyos. Tal es el caso de Joan Batiste Bompar, cuyo oficio es el de guadamacilero y cuenta con 37 años cuando ingresa, el 30 de Septiembre de 1681. Permanece hospitalizado tan sólo un par de días, pero este ingreso ha ayudado a reconstruir a la familia Bompar, cuya primera pista aparece en la represalia de 1674: su padre, Antoni Bompar, es obligado a pagar una libra de talla para obtener la licencia que le permita seguir viviendo en Valencia. Este Antoni Bompar ha traído desde Marsella a su familia, y trabaja para el gobierno municipal, como se desprende de los encargos que le hace éste, registrados en los Manuals de Consells. En ningún momento se dice en estos libros que, tanto Antoni como su otro hijo Tomás -que hereda el oficio de guadamacilero "municipal"- sean franceses; pero sí se expresa en el manifiesto de 1674, aunque no se informe en él de qué parte de Francia son originarios. Es gracias a los libros de ingresos del Hospital que se conocido su origen marsellés. Joan Batiste Bompar no deja nada de dinero en depósito, pues lógicamente tiene a toda su familia en la ciudad; y se le describe vistiendo de manera normal, sin llamar la atención sobre el estado de su ropa: porta capa de barraga de la terra, y onguerina de drap musco, y saraguells199.

No se ha localizado como ingresados en el Hospital a ninguno de los grandes comerciantes, cuyos nombres conocemos por las represalias, y que viven en la ciudad con sus familias ejerciendo su actividad profesional. Es fácil pensar que, cuando la enfermedad llegaba al hogar, se avisaba al médico que los visitaba en el propio

197 ADV, Los libros de ingresos…, I-1 133. 198 ADV, Los libros de ingresos…, I-1 134. 199 ADV, Los libros de ingresos…, I-1 130.

domicilio; ya que contaban con recursos suficientes para pagar las atenciones recibidas y los medicamentos necesarios.

Se conoce el estado civil de casi todos los inmigrantes localizados en el Hospital. En el caso de los casados o viudos, también se sabe el nombre de la mayoría de las mujeres y viudas. Llama la atención que muchos de sus apellidos no parecen propios de Valencia, ¿quizás sus esposas estén en Francia al cuidado de sus hijos, como ha ocurrido en épocas recientes, cuando muchas familias de emigrantes se quedaban en España hasta que el padre reunía el suficiente dinero para regresar o llevarlos consigo al lugar donde había emigrado?

Datos como el del apellido de la mujer o el hecho de llevar una elevada suma de dinero pueden ayudar a identificar qué emigrantes pertenecen a cada uno de los grupos definidos anteriormente. Por ejemplo, el apellido francés de la esposa indica, con mucha probabilidad, que el inmigrante es transeúnte no asentado, y que espera el momento de volver al hogar en su lugar de origen; con la salvedad de que, si no se acuerda del nombre de su mujer (existen algunos casos), es muy probable que su intención no sea la de abandonar el lugar de acogida para retornar a su patria.

En el quinto capítulo se detallarán características socioprofesionales que permitirán profundizar en este análisis del tipo de inmigración en la ciudad y Reino. Se verá cómo los grandes comerciantes tienden a establecerse definitivamente, manteniendo con el lugar de origen sólo los contactos comerciales, o cómo ciertas profesiones obligan a una permanencia prolongada (tenderos, atuneros, bodegueros) mientras que otras son más propias de inmigrantes no asentados, como caldereros, aserradores o canteros.