Capítulo 3. Lugares de origen
3.3 Los caminos de la emigración
3.3.1 Las rutas
Dadas las circunstancias técnicas del siglo XVII, bastante diferentes a las actuales, los caminos de llegada de los franceses a España, y más específicamente al Reino de Valencia, son únicamente de dos tipos: uno de ellos, la vía terrestre, que cruza obligadamente los Pirineos, bien en sus pasos centrales, bien en sus extremos costeros, menos elevados; el otro, la vía marítima, habida cuenta de la larga fachada mediterránea del país emisor (Francia) y del Reino receptor (Valencia).
Aunque apenas se posee información sobre el acceso por mar, la vía marítima, principalmente las rutas Marsella-Valencia y Marsella-Alicante, parece haber sido mucho menos utilizada que la terrestre; hecho, por otra parte, previsible dado el mayor coste del pasaje marítimo con respecto al terrestre. Además, teniendo en cuenta que los principales centros de emigración no son costeros sino interiores, es natural que el viaje se planifique únicamente en modo terrestre, a través de rutas y caminos ancestrales relativamente cómodos, salvo los duros pasos pirenaicos.
La vía marítima parece quedar restringida a personas de “calidad” y comerciantes273. Esto último se antoja razonable, pues las principales fortunas proceden de Marsella y Lión, con lo que el mar es la vía natural para el acceso a Valencia. Esta característica refleja una vez más la confluencia de diferentes corrientes migratorias que sólo tienen en común los lugares de origen y de destino.
Parece que, con mucho, la principal vía de acceso desde Francia ha sido la terrestre. Para la mayoría, el camino se recorría en dos o cuatro largas semanas de caminar diario, siempre a pie, siempre en grupos, llevando al hombro el saquito de tela que encierra toda su ropa, y apretando bien sobre su pecho, incluso contra la piel, para evitar ser
273 ACA, Consejo de Aragón, Secretaría de Valencia, leg. 586, doc. 45/3. En Gandía, en el buque llamado
Saint-Jacques embarcan los siguientes pasajeros franceses: Onorato Morell, Onorato Dallan, Thomas Privio y Thomás Ainan.
desvalijado en ruta, las contadas piezas de oro que representan todas sus economías de la campaña274.
Las salidas de los núcleos habitados estaban marcadas por cruces que no sólo orientaban a los caminantes, sino que sacralizaban el camino, ofreciendo bendiciones a quien se aventuraban a un viaje en el que se podían encontrar con bandoleros o salteadores. Los viajeros solían ir armados con un palo o lanza que les podía servir de apoyo al caminar, de pértiga para cruzar un arroyo o de defensa contra fieras y asaltantes. Los ríos se vadeaban o se pasaban por puentes, constituidos por barcas o de madera; es significativa la pervivencia que tuvo el de Tortosa sobre el río Ebro en los confines del Reino275. Las precauciones que se debían adoptar durante el viaje y que citan los textos no eran en absoluto exageradas. La falta de medios de policía que, por una parte permitía a los emigrantes desplazarse con total libertad, por otra, hacía que los bandoleros y salteadores encontraran facilidades para despojar a los caminantes, especialmente si estos emprendían su aventura en solitario o grupos pequeños. El bandolerismo, mal endémico en el interior de España para el siglo, se acentuaba todavía más en los Pirineos, donde los restos de las banderías religiosas encontraban su subsistencia mediante el asalto y la extorsión: Los gascones y otros franceses son de ordinario los que cometen las violencias y robos en los caminos276.
No sólo los bandidos sino, en ocasiones, los propios compañeros de viaje eran el peligro que amenazaba a los portadores del tentador oro; como sucedió a la infortunada víctima del truculento hecho de Alcublas. En él, tras aparecer con el vientre abierto un emigrante que volvía a Francia, y realizadas las investigaciones, se detuvo y castigó a otros dos franceses que se le habían unido en la travesía; sintiéndose amenazado por
274 MERLIER, A., "Types d’Émigration limousine…", p. 223. En décembre, plutôt quand le froid
rigoureux amène la fermeture des chantiers, les émigrant prennent le chemin du retour, toujours à pied, toujours par bandes, portant sur l’épaule le petit sac de toile qui renferme tout leur linge, et serrant bien sur leur poitrine, à même la peau pour éviter d’être dépouillés en route, les quelques pièces d’or qui représentent leurs économies de la campagne.
275 ARCINIEGA GARCÍA, L., El saber encaminado. Caminos y viajeros por tierras valencianas de la
Edad Media y Moderna, ed. Generalitat Valenciana, Valencia, 2009, pp. 229, 230 y 234.
276 DOMÍNGUEZ, A., Los extranjeros en la vida española durante el siglo XVII y otros artículos,
éstos, tragó las monedas para protegerlas del robo, lo que no impidió que acabaran consiguiendo el metal precioso que había alojado en su estómago. La terrible evidencia fueron las manchas de sangre que aún conservaban los doblones hallados en manos de los asesinos277.
Además de los bandoleros, o de los compatriotas desalmados, las enfermedades y el cansancio amenazaban la vida del viajero: Antoine de Brunel, en su viaje a España en 1655, pudo constatar que numerosos peregrinos franceses morían en el camino por fatiga o enfermedad278. La mejor salud podía verse resentida gravemente, pues la falta de higiene se añadía al esfuerzo diario de la caminata.
Y no sólo esto, sino que el paso de estas “bandadas” de hombres extraños, de aspecto miserable y escasos de medios, generaba el recelo, rechazo, y aun agresión, en las poblaciones y lugares en los que entraban: La presencia de muchas gentes invadiendo los caminos, atenazadas algunas por la miseria, convertidas otras en sujetos activos de frecuentes robos en huertos y corrales, generaron suspicacias y rechazos279.
Esta inseguridad de los caminos y también, a veces, el desconocimiento de los lugares a recorrer impulsó a los emigrantes a viajar en grupo. Existen varios estudios que describen cómo estos grupos se organizaban ordenadamente en origen y cómo se ponían bajo la dirección de una persona experimentada en la ruta, conocedor de los caminos, las etapas y el lugar de destino. Para el largo viaje, el papel desempeñado por el jefe del
277ACA, Consejo de Aragón, Secretaría de Valencia, leg. 846, docs. 25/1, 2 y 3. La semana pasada, en
el camino que va de la villa de Liria al lugar de las Alcublas, se halló un cadáver que reconocido, se averiguó ser de un francés, que vivía en Liria; y al parecer pasava a otro Reyno; llevando consigo algunos doblones; y para mayor seguridad, se les havía tragado, pues se halló abierta la barriga, y lacerado el cadáver. Con esta noticia que me dio el Justicia de Liria, y la de que tenía un francés presso, compañero del muerto, en cuyo poder, se havían hallado diez y siete doblones senzillos, con vestigios de sangre; embié luego persona, que recibiesse información, y quien buscasse a otro compañero, que dezían se havía también hallado en el delito, el qual se prendió en Castellón de Xátiva; y se continuarán las diligencias jurídicas, contra estos dos reos, para que tan enorme delito, no quede sin el devido castigo. Vuestra merced lo pondrá en la noticia del Consejo. Dios guarde... Real de Valencia Abril a 6 de 1694.
278 POITRINEAU, A., Les espagnols de l’Auvergne..., p. 19.
279 VILALTA, M. J., "Franceses en la Lleida moderna: posibilidades para trabajar, dificultades de
inversión", en M. B. Villar, P. Pezzi ( ed), Los extranjeros en la España Moderna, vol. 1, Málaga, 2003, p. 702.
grupo, el guía profesional, era crucial, no sólo por la organización, sino por su conocimiento de las señales que marcaban la ruta: mojones de piedra con escudos de armas grabados servían de señales indicadoras; y algunos cruces eran especialmente importantes, ofreciendo marcas características: cerca de Mat Saint-Paul, una roca y un olmo señalaban el punto donde coincidían cuatro provincias: las de Auvernia, el Borbonesado, Limousin y Berry280. El guía disponía también de información sobre los albergues en los que descansar, alimentarse y coger fuerzas. En la Provenza y el Lenguadoc, las posadas son descritas como agradables y no demasiado caras para aquellos que viajaban con suficiente holgura económica, cosa totalmente diferente en España, donde, aun disponiendo de dinero, había que prever el desabastecimiento de los lugares de etapa: (En la Provenza y Lenguadoc), por una libra y media te atendían espléndidamente, te daban una buena habitación con una buena cama y cobraban menos por tus criados. En lo concerniente a España... era esencial comprar provisiones por anticipado, pues uno no podía confiar en hallar comida en las posadas o ventas. A lo largo de la carretera se podían comprar conejos, liebres y perdices281.
Los trayectos se realizaban de día y en grupo, para prevenir posibles ataques de bandidos y ser recibidos en los lugares de alojamiento: cualquiera que rondase de noche era sospechoso, y difícilmente encontraba sitio para dormir bajo techo. El peligro en los caminos existía tanto para Francia como para España, y era fácil ser atacado a plena luz del día. Como ejemplo de esta inseguridad, un gentilhombre francés, el Barón de la Roche, fue asaltado por sus propios compatriotas en el camino de Alicante a Valencia, y desvalijado de todo lo que llevaba. Los asaltantes eran dos franceses, uno barbero, conocido como La Violeta, y el otro, llamado Nicolás Bassilie, que fabricaba peines en casa de Gulielmo Brun, en Valencia. El caballero se quejó a la reina, aportando los datos de los ladrones, y denunciando que habían sido amparados por el comisionado de la nación; agregando incluso que éste había tenido parte en el hurto y que en sus manos se habían quedado los documentos personales del barón: una obligación de 10.000 reales de a ocho, otra de 50, la patente de gentilhombre de la cámara, y las
280 MACZAK, A., Viajes y viajeros en la Europa Moderna, ed. Omega, Barcelona, 1996, p. 163. 281 MACZAK, A., Viajes y viajeros..., p. 44.
zertificaciones de sus serviçios, y otras cosas de valor de 25 doblones. Suplica a Vuestra Magestad mande se prendan los dichos dos y a dicho comisionadocomo el que todo en sus manos queda, el que espera da la mano poderosa de Vuestra Magestad282. El barón se había quejado al cónsul francés, pero éste no le había hecho justicia, por lo que había elevado la súplica a la reina. Desde la Corte se escribe al virrey de Valencia, el 28 de Abril de 1667, para que castigue a los delincuentes de manera que sirva de ejemplo y escarmiento a otros283.
La frontera de los Pirineos debía causar gran impresión en el ánimo de los inmigrantes, al suponer que debía estar férreamente controlada, dadas las hostiles relaciones entre Francia y España. Pero, esto no debía ser así, pues, al año y medio de haber sucedido el bombardeo de Alicante y emitido el bando de expulsión, los franceses seguían pasando a España prácticamente sin control. Habiendo entendido que este año han entrado en estos Reynos mucho número de franceses a causa de la gran esterilidad que se padece en aquél284. Es interesante la descripción de un viajero anónimo francés que, en 1612, atravesó la frontera entre el Lenguadoc y el Rosellón (que en aquél entonces pertenecía a España), y sólo observó, como elemento fronterizo, un castillo español de época medieval, con torres redondas y una mazmorra. Allí cobraban un impuesto de un sueldo (sou) por caballo, y no había más control que aquél285.
La ruta a pie, la más utilizada por la emigración, tiene dos características que la diferencian de la ruta a caballo, o en vehículo. Por una parte, es más flexible: no depende tanto de la calidad del firme del camino, ni de las pendientes en los puertos; puede acometer atajos que serían impensables para una carreta o una cabalgadura. En contrapartida, al ser más gravosa para las piernas y las energías del caminante, tiene que buscar imperativamente los tramos más cortos, aunque los ascensos sean fatigosos, o la calidad del camino haga a éste francamente incómodo.
282 ACA, Consejo de Aragón, Secretaría de Valencia, leg. 768, doc. 13. 283 AHN, Consejo de Aragón, Curia Valentiae, lib. 2432, fs. 261v y 262. 284 ACA, Consejo de Aragón, Curia Valentiae, lib. 842, doc. 1/19. 285 MACZAK, Viajes y viajeros…, p. 170.
Además, las rutas debían pasar por zonas que contaran con una infraestructura de albergues o lugares de descanso y alimentación. También era conveniente que fueran estables y conocidas, pues esto permitía el “enganche” de nuevos integrantes al grupo, que no tenían más que acercarse a las hospederías o alojamientos habituales, y esperar hasta encontrar allí compañeros con los que emprender el camino.