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La importancia de la conciencia

In document Psicologia (página 67-70)

Problemática inicial: Fundamente la siguiente afirmación: “Sin diálogo no hay conciencia”. Sócrates.

El nacimiento de la conciencia, como “órgano” de percepción de la realidad interna y externa comienza a temprana edad. La conciencia se relaciona con la toma de conciencia de la realidad material (de los objetos) y los vínculos humanos. Esta realidad humana abarca la “realidad psíquica” fundada en la fantasía, la imaginación y el pensamiento, lo que desemboca en una realidad humana estructurada como “ficción”, es decir, un mundo poblado de imágenes y palabras que le dan sentido o significación a nuestra conducta. Además, hablamos de una “realidad compartida” u “objetiva”, en la medida en que se funda en el lazo social, la palabra y la comunicación que lleva a los desacuerdos y acuerdos, y a la conformación de normas, valores y costumbres sociales. En ésta realidad compartida, gracias al discurso, la realidad psíquica y subjetiva es retraducida en función de los deseos y necesidades de los demás. La realidad compartida se erige como punto de íntercepción entre un conjunto A y otro B, donde lo “común” conforma las creencias y pensamientos humanos compartidos.

La conciencia evoluciona con el desarrollo de la socialización, caracterizada por la aceptación progresiva del “principio de realidad” con sus dósis de frustración y como resultante de la modificación del “principio del placer” (deseos y necesidades individuales) por efecto de las exigencias

morales de la familia y la sociedad. La toma de conciencia de las exigencias familiares y sociales evita el conflicto con la realidad compartida.

¿Cuál es la función de la conciencia?. Su función radica en captar la realidad compartida- “toma de conciencia-, lo que se denomina criterio de realidad. Esto posibilita la existencia de los demás, como sujetos de obligaciones, deberes y derechos mutuos. En la infancia, predomina el principio del placer, lo que va dando paso al principio de realidad en la consideración progresiva de las necesidades y deseos del semejante y del diferente. Esta función de toma de conciencia surge ante la represión de los deseos prohibidos o censurados con fines adaptativas. Gracias a la percepción regulada por el Yo consciente, quédan disminuidas las distorsiones debidas a la actividad de la fantasía y el pensamiento egocéntrico El pensamiento egocéntrico imposibilita la descentración o replanteo del propio punto de vista, que es tomada como realidad. En las interacciones, tales deseos egoístas se ratifican o se rectifican en la conversación. No obstante, perduran siempre, grados de distorsión aperceptiva, en que se reviste al otro con los propios pensamientos y fantasías imaginarias.

La contribución del pensamiento radica en posponer las exigencias internas, la capacidad para planificar las respuestas, la consideración de los medios y dificultades, etc., que permiten diferenciar lo propio de lo ajeno en cierta medida. Es lo que permite la diferenciación de la propia identidad. Este proceso, nunca se da en forma cabal.

La contribución de la inteligencia en éste proceso de toma de conciencia, consiste en la capacidad para asimilar datos externos a la realidad psíquica y la acomodación de los propios pensamientos y deseos a la nueva realidad, junto a la reestructuración psíquica resultante. Se suma el proceso de aprendizaje como incorporación instrumental de la realidad para modificarla. La adaptación a la realidad compartida (del grupo, la institución o la sociedad) se logra gracias a la toma de conciencia respecto de la pertenencia a esa realidad y al internalizar la conciencia de la realidad de parte de los demás.

En otras palabras, la toma de conciencia consiste en la responsabilidad respecto de los deseos y necesidades propios, el descubrimiento de los fines y medios para satisfacerla y en el logro del sentimiento de realidad a través de la confirmación de los propios proyectos existenciales(laborales, familiares, etc.). Es una forma de ajuste a la realidad, la resolución de las dificultades y conflictos, y la realización de las posibilidades.

La dificultad para la toma de conciencia proviene de los deseos inconscientes(libidinales y agresivos) que pasan a la conciencia en forma disfrazada, y que se racionalizan (justificación irreal), niegan o proyectan sobre los demás. En el caso de un yo mal constituido y débil, hay dificultad para emplear el pensamiento, lo que lleva al predominio de las exigencias del medio o de las emociones y deseos inconscientes. La dificultad mayor para la toma de conciencia se deben a las interferencias de los deseos y fantasías provenientes de lo inconsciente, lo que lleva a distorsiones y a la dificultad para diferenciar entre fantasía y realidad compartida.

Es claro que en el niño pequeño la conciencia es precaria y se reduce a la diferenciación entre lo bueno y lo malo, entre lo que gratifica y frustra. Esto comienza hacia el sexto mes aproximadamente.

Los representantes de la realidad, y los límites para el niño, son los padres. Los niños necesitan de límites o controles adecuados para poder controlar sus impulsos y fantasías que van desde el amor infinito a la rabia destructiva. La conciencia nace gracias a los vínculos positivos, firmes, sólidos y con cuidados paternos adecuados. La actitud firme y protectora, ajenas a los castigos autoritarios o la permisividad total, darán lugar al desarrollo de la conciencia y la identidad personal. El “castigo” operativo no consiste en la agresión verbal o física, porque se logra a través de actividades productivas que permitan la reparación de las transgresiones a la norma familiar. Los castigos excesivos conducen a la rebelión y a alteraciones de la personalidad (inhibiciones, timidez, narcisismo, impulsividad, posesividad, neurósis y psicósis) En general, el comportamiento del niño requiere de un control externo explícito de parte de los padres o sustitutos.

De los 3 a 5 años aproximadamente, se consolida una instancia psíquica crucial y que contribuye al autocontrol, la autoobservación y la observación de los mandatos paternos y la moralidad: es el superyo. Es el momento en que las prohibiciones parentales operan como “padres internalizados” que controlan el comportamiento y la toma de conciencia en cierta medida. El superyo posibilita el paso del principio del placer al principio de realidad. Como representante de la ley, la moral y las normas de la sociedad, funda otro principio psicológico: el principio de moralidad o conciencia moral. Desde ahora, ser consciente es asumir las reglas morales y actuar en consonancia con ellas. La transgresión de las normas morales o costumbres genera culpa. Es lo que obliga a la responsabilidad por las propias acciones e incluso de los malos pensamientos y fantasías que provocan culpa o remordimiento.

Desde una visión panorámica, la toma de conciencia progresa siguiendo cierto orden. Desde los 2 años a 7/8 años aproximadamente, el criterio de realidad, los límites éticos (pudor, vergüenza, culpa, etc) y la responsabilidad por la propia acción, dependen del control explícito de los padres. La toma de conciencia se da por el temor al castigo de los padres. Es básicamente una conciencia dependiente porque los contornos de la realidad es definida por el adulto. La instauración de los límites éticos del superyo requieren aún de un control externo de parte de los adultos.

De los 7 a 12 años aproximadamente, la dependencia de los padres disminuyen, aunque la toma de conciencia es promovida por los adultos. Es una conciencia conformista porque toma como referencia fundamental los mandatos adultos. La diferenciación entre lo bueno y lo malo surge al diferenciar entre lo verdadero y lo falso. Ser consciente significa ser responsable según las expectativas de los adultos. Mayor aumento en la diferenciación entre fantasía y realidad compartida.

Durante la adolescencia, la conciencia se torna crítica y reflexiva. Esto permite el replanteo de los propios pensamientos y de las verdades consagradas de los adultos. Se supera la dependencia conformista del adulto y se somete a severas crítica toda verdad consagrada. En éste momento, ser consciente significa progresos en la responsabilidad respecto de sí mismo y los demás y la posibilidad para replantear las normas morales, buscando un bienestar común, aunque sin olvidar el bienestar individual.

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