4.2 ¿Descriptiva vs normativa?
4.5. La interpretación y el análisis de la argumentación
Como venimos diciendo, la Teoría de la Argumentación trataría de dar cuenta de la argumentación real, tal como aparece en las conversaciones cotidianas, los periódicos, las conferencias, los libros, etc. En su presentación cotidiana, la argumentación característicamente carece de una forma estándar que garantice interpretaciones inequívocas. Es por ello que los teóricos de la argumentación han prestado especial atención a las propuestas respecto al modo en que debemos interpretar y analizar tales fenómenos. De hecho, el interés por producir estándares y criterios para su interpretación y análisis ha ido en aumento y muchas de las principales propuestas han incorporado modelos y técnicas de interpretación y análisis capaces de hacer frente a las demandas de sus propios planteamientos normativos.
Algunos textos de introducción a la Lógica clásicos, y también otros más recientes, han tratado de presentar a la Lógica Formal como un instrumento para el análisis y evaluación de la argumentación en lenguaje natural. Pero lo cierto es que hasta la publicación de la obra de Richard J. Fogelin’s (1978) Understanding Argument, se asumía que la interpretación de la argumentación no pertenecía al ámbito de la Lógica, sino al de la Lingüística o al de la Filosofía del Lenguaje. El trabajo de Fogelin fue el primero en mostrar a la Lógica como concernida con la interpretación de la argumentación y por esa razón, suele reconocérsele como un teórico de la argumentación pionero. Hoy en día el desarrollo de directrices para la interpretación de la argumentación y su análisis constituye una importante y fructífera parte de la Teoría de la Argumentación.
En la práctica, interpretación y análisis están estrechamente conectados. Pero es posible y conveniente distinguir conceptualmente estas actividades relacionadas, puesto que lo cierto es que involucran tareas bien distintas.
El objetivo específico de la interpretación de la argumentación es entender el significado. Los discursos y los intercambios argumentativos, tal como aparecen de ordinario, están llenos de elipses y presuposiciones. Pero la necesidad de interpretar no es sólo una cuestión de la típica elusividad o imprecisión de la comunicación oral. En realidad, no tenemos nunca acceso, vía lo literal, al significado y la fuerza pragmática de cada movimiento argumentativo, pues cualquiera de ellos está pragmáticamente determinado en tanto que contribución a un objetivo comunicativo o argumentativo
dado. El más meticuloso y explícito texto argumentativo permite interpretaciones variadas según entendamos el asunto al que se remite y los supuestos que asume. Por esa razón, para interpretar la argumentación normalmente tendremos que determinar el sentido de las afirmaciones en tanto que intentos de cumplir objetivos no sólo comunicativos, sino específicamente argumentativos.
El modo en que debemos interpretar el discurso argumentativo resulta una cuestión fundamental para la Teoría de la Argumentación. Un buen tratamiento de la interpretación de la argumentación requiere dar cuenta de los principios que determinan la reconstrucción del discurso argumentativo: cuestiones como el llamado “Principio de Caridad”, el tratamiento de los entimemas y de la argumentación incompleta o, en general, los límites de la reconstrucción serán parte de una propuesta adecuada sobre interpretación de la argumentación. Así, por ejemplo, respecto de estas cuestiones, la literatura actual exhibe una contraposición entre lo que Johnson (1996: 67-68) ha llamado un enfoque liberal vs. un enfoque conservador de la interpretación, caracterizados por la oposición entre un intento de maximizar la eficiencia vs. un intento de ser fieles a las intenciones comunicativas del hablante, respectivamente. En los capítulos IV y V, tendremos ocasión de tratar con estos asuntos con más detalle.
Por su parte, el análisis de la argumentación se ocupa más bien de la organización y diagrama de la argumentación, una vez interpretada. Como hemos visto, la argumentación es una forma peculiar de comunicación porque involucra dos tipos de condiciones: por un lado, condiciones constitutivas que determinan el tipo de acto que un acto argumentativo es, y por el otro lado, condiciones regulativas que determinan, entre otras cosas, cuándo cierto acto argumentativo es bueno. Además, como veremos en su momento, estas condiciones pueden ser de dos tipos: pragmáticas y semánticas. Por esa razón, el análisis de cualquier acto de habla argumentativo se desdobla en los siguientes tipos de estructuras:
Por un lado, la llamada macroestructura de la argumentación, que tiene que ver con las prácticas argumentativas en tanto que comunicativas. Tal estructura se compone de diferentes tipos de movimientos argumentativos, como afirmar, apoyar una afirmación, preguntar, responder, poner en duda, etc. Al exponer la macroestructura de la argumentación tratamos con movimientos comunicativos, esto es, con componentes pragmáticos más que semánticos. De ese modo, la macroestructura de un discurso representaría sus propiedades pragmáticas en tanto que discurso argumentativo. Como
veremos en su momento, este nivel está sancionado por sus propias reglas, de las cuales, algunas son constitutivas del significado y fuerza de cada movimiento argumentativo y otras son regulativas de la racionalidad argumentativa.
Por otro lado, la microestructura se ocuparía de la argumentación como red de relaciones semánticas. La microestructura se compondría de las unidades lógicas de la argumentación, esto es, de argumentos en tanto que representaciones de las inferencias que sobrevienen en los actos de argumentar. La exposición de la microestructura de la argumentación requiere pues de la identificación de todos aquellos elementos que son constitutivos de cualquier inferencia. Como veremos, en nuestra propuesta estos elementos determinan las propiedades semánticas del discurso argumentativo y, en ese sentido, hacen posible diseñar métodos para su evaluación lógica. Tal concepción de la microestructura de la argumentación estaría presente, por ejemplo, en los trabajos de Toulmin, Rieke y Janik (1979) o Freeman (1991).
Para dar un ejemplo, el modelo de cuatro estadios de la Pragma-dialéctica representaría un marco teórico general (y de uso muy extendido) para dar cuenta del nivel macroestructural de la argumentación. La Pragma-dialéctica concibe la argumentación como un proceso de discusión crítica cuyo fin es la resolución de una diferencia de opinión. Esta concepción constituye una idealización que proporciona tanto criterios para su evaluación, en forma de reglas para la discusión crítica, como un marco para el análisis macroestructural del discurso argumentativo. Sin embargo, una de esas reglas para la discusión crítica requiere de cierta forma de validez lógica respecto del modo en que los hablantes pueden hacer inferencias. Las relaciones de implicación dentro de un discurso argumentativo o de una discusión crítica constituirían, entonces, su microestructura.
En mi opinión, es una cuestión fundamental para una teoría integral de la argumentación dar una explicación del modo en que la microestructura y la macroestructura de la argumentación se relacionan entre sí