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La teología moral en la historia II: De la Edad Media hasta la actualidad

3. La teología moral en los siglos XX y

3.4. La teología moral en el debate posconciliar

Ha escrito Luis Vereecke que «la evolución de la teología moral después del CVII no forma aún parte del campo de la historia; estamos todavía en lo vivo de los diversos problemas aparecidos»123

. De todos modos no podemos dejar de tener en cuenta el gran esfuerzo que los moralistas han hecho durante todos estos años para responder a la llamada del Concilio señalando algunos de los aspectos más relevantes, también como reconocimiento del trabajo de aquellos que han sido nuestros maestros más o menos directos, aunque seamos conscientes de las dificultades para realizar una valoración

adecuada de los logros conseguidos hasta el día de hoy y de la imposibilidad de poder mencionarlos a todos124

.

Lo primero que hay que decir es que el CVII significó un gran impulso para la renovación de la teología en su conjunto y para la moral en particular. No en vano enseguida se crearon asociaciones de moralistas en muchos lugares del mundo, a veces de carácter interconfesional, y en el marco de las cuales se realizaron numerosos congresos y jornadas de reflexión sobre distintos aspectos de la teología moral125

. A este respecto hay que reconocer la labor realizada en España por los profesores de la Universidad Pontificia Comillas y la del Instituto Superior de Ciencias Morales, que se convirtieron en auténticos referentes de la reflexión teológico-moral, lo mismo que ocurrió en Italia con la Academia Alfonsiana y la Universidad Gregoriana.

Al mismo tiempo se consolidan algunas de las revistas surgidas con anterioridad al Concilio y se crean otras nuevas, algunas de ellas dedicadas exclusivamente a la teología moral en sus diferentes vertientes, las cuales no han dejado de sufrir transformaciones durante todo este tiempo126. En el fondo, los moralistas eran conscientes de la necesidad

formulada en las palabras del teólogo belga Philippe Delhaye: «si la causa de la renovación moral ha ganado la “guerra de los treinta años”, las tareas nuevas son demasiado urgentes como para dormirse en los laureles»127. De hecho, él mismo fue

durante un tiempo uno de los representantes más destacados de la Subcomisión de Moral de la CTI, que ha dedicado al estudio de las normas morales o al problema de la especificidad y el pluralismo algunas de sus sesiones y documentos contando para ello con autores como Hans Urs von Balthasar, Heinrich Schürmann o Joseph Ratzinger.

En poco tiempo empiezan a surgir nuevas obras y manuales recogiendo las orientaciones del CVII128. Ya en 1966 Bruno Schüller publica su Gesetz und Freiheit: eine moraltheologische Untersuchung129

. Entre 1968 y 1969 Anselm Günthör publica la

Theologia moralis, como fruto de sus cursos en el Pontificio Ateneo san Anselmo de

Roma y que constituirá la base de su obra de 1974 en tres tomos titulada Chiamata e

risposta: una nuova teologia morale130

. Casi al mismo tiempo se publica en la Universidad Gregoriana la Theologia moralis generalis131

, a partir de los apuntes del profesor jesuita Josef Fuchs, del cual casi se podría decir que ha sido para la teología moral lo que Karl Rahner para la dogmática, un auténtico renovador que ha abierto muchas ventanas para la reflexión posterior y que al igual que ocurre con Rahner la mayor parte de su producción está en forma de artículos. En 1971 Alfons Auer publica su obra principal Autonome Moral und Christlicher Glaube132

, con la cual se da nombre a la corriente posteriormente denominada de la moral autónoma. En 1976 Jean-Marie Aubert, que ya en 1964 había publicado su obra de referencia Loi de Dieu, lois des

hommes133

, publica el primero de sus dos volúmenes de la obra Vivre en Chrétien au XXe

siècle134

, dedicado a la moral fundamental. En 1977 Karl H. Peschke publica el primer tomo de Christian Ethics135

y Franz Böckle su Fundamentalmoral136

. Un año más tarde Timothy. E. O’Connel publica en Estados Unidos los Principles for a Catholic

Morality137

, justo el mismo año en el que Bernhard Häring publica también en inglés el primer volumen de su nuevo manual Libertad y fidelidad en Cristo ya mencionado con anterioridad. De Estados Unidos destaca la producción teológica de Richard McCormick, en especial su obra The Critical Calling138

, así como en los años sucesivos las publicaciones de los autores vinculados al Boston College como James F. Keenan, David Hollenbach o Lisa Sowle Cahill, entre otros. También en 1979 Enrico Chiavacci presenta en Italia la moral general de su obra Teologia morale139

. Más breve, aunque también significativa ha sido la obra de Klaus Demmer en 1989 Einführung in die

Moraltheologie140, además de otras sobre diversos aspectos de la fundamentación de la

teología moral. Al lado de todos ellos hay que mencionar a Sergio Bastianel, Paul Valadier o Antonio Autiero, así como a moralistas que van tomando el relevo en la principales facultades como Miguel Yáñez y Diego Alonso, en la Gregoriana, o Alain Tomasset, en el centro Sèvres, por citar a tres profesores que conocemos bien141

.

Aunque de signo distinto no se pueden dejar de mencionar las publicaciones de otros autores como el ya citado Philippe Delhaye, que se ha dedicado a estudiar tanto la moral bíblica como algunos de los autores de la tradición cristiana y que ya en 1963 publica su obra La Conscience morale du chrétien142

, que ha sido reeditada en varias ocasiones. También de interés, sobre todo por la fundamentación filosófica que ofrece, es la obra de Martin Rhonheimer titulada Ley natural y razón práctica143. Hay que hacer

referencia igualmente a la fundación en 1981 del Pontificio Istituto Giovanni Paolo II en Roma, desde donde diversos autores han publicado obras significativas como el caso de Livio Melina, Eduardo Noriega y Juan José Pérez-Soba. La plenitud del obrar

cristiano144

, Una luz para el obrar145

o Caminar a la luz del amor146

son algunas de las obras que los tres tienen en común. Asimismo merece un reconocimiento especial el moralista dominico Servais Ph. Pinckaers, especialmente por su obra Les sources de la

morale chretienne de 1985147

.

Pero, además de los numerosos autores que han tratado temas concretos en diversos países, no podemos dejar de mencionar en lengua castellana las obras de estilo manualístico de algunos autores que también han realizado una labor importante en todos estos años. El primero es Antonio Hortelano, que ya en 1979 empieza la publicación de su obra en cuatro volúmenes titulada Problemas actuales de moral148. El segundo es

Aurelio Fernández y su manual en tres partes Teología moral149

. El tercero es el profesor de la Universidad Pontifica de Salamanca José-Román Flecha y su obra ya citada y editada por vez primera en 1994 titulada Teología moral fundamental, pero que se ha visto completada por tres volúmenes más dedicados a la moral de la persona, a la bioética y a la moral social150

. El cuarto es el profesor de la Facultad de Teología de Granada Eduardo López Azpitarte, entre cuyas obras destacan Fundamentación de la

ética cristiana151

y Hacia una nueva visión de la ética cristiana152

, además de aquellas dedicadas a problemas de la sexualidad y la bioética. El quinto es el moralista de origen maltés Tony Mifsud y su Moral del discernimiento en cuatro tomos y que también es una síntesis de toda la teología moral y abierta a las orientaciones procedentes de la

teología de la liberación153

. Al lado de todos ellos habría que mencionar a muchos otros que también han ejercido la docencia de la teología moral y que han publicado trabajos de interés, sobre todo desde la Universidad Pontificia Comillas, desde la de Deusto, Granada, Cataluña154

, san Dámaso o desde la Universidad de Navarra155

, además de la labor realizada en el Instituto Superior de Ciencias Morales, que a pesar de no tener ya actividad académica sigue organizando jornadas y publicando la revista Moralia íntegramente dedicada a la moral. También hay que tener presente la publicación tanto dentro como fuera de España de numerosas obras colectivas y diccionarios de teología moral, que han contribuido también a la presentación renovada de la moral cristiana156.

Pero quizá entre todos ellos y otros que podrían mencionarse en todo el proceso renovador de la teología moral, entre los de lengua española, destaca el redentorista Marciano Vidal, que durante muchos años ha sido profesor en la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia Comillas de Madrid y que tiene en su haber una enorme cantidad de publicaciones sobre prácticamente todas las cuestiones de la teología moral. Sin duda alguna su obra de referencia ha sido el manual en cuatro extensos volúmenes con el título Moral de actitudes157

, y que ha sido traducido al italiano y al portugués brasileño y que además ha tenido hasta ocho ediciones convirtiéndose durante muchos años en la obra utilizada para la formación de cientos de estudiantes de teología moral, especialmente en España y América latina. Sin entrar en los contenidos concretos que de hecho han sido objeto de fervientes discusiones, aquí nos interesa señalar algunos elementos que hicieron de esta obra un referente en el proceso renovador de la teología moral cristiana. El primero de ellos es que se trata de un manual completo. El segundo es la división interna de la obra en las tres partes en las cuales se ha estandarizado la teología moral en los centros de formación, aunque no se pueda decir que sea algo del todo original porque ya estaba anticipada con más o menos claridad en manuales anteriores: moral fundamental, moral personal (sexualidad y bioética) y moral social. Y el tercero, de no menor relevancia, es el título, dado que refleja de alguna manera una concepción de la teología moral que deja de centrarse en normas, leyes y obligaciones y pasa a tener como referencias la autonomía, la actitud, la conciencia personal o la opción fundamental. Como complemento de esta obra Marciano Vidal publicaría también en el año 2000 la Nueva moral fundamental, en la cual ha pretendido reforzar el fundamento teológico de la ética cristiana y abrirla a la espiritualidad. Por último, en lo que respecta a la historia de la teología moral es digno de mención el trabajo que viene realizando durante estos últimos años con el objetivo de elaborar una historia completa de la teología moral en la que no falten las referencias artísticas, literarias o espirituales, y de la cual lleva ya publicados varios volúmenes con el título general de Historia de la teología

moral y que seguramente se convertirá en un referente por su carácter tan completo, algo

que hasta el momento presente no existe en ningún otro idioma.

Con todo, no se puede decir que todo este recorrido desde el CVII haya sido uniforme ni fácil, tal y como se puede ver en las discrepancias entre muchos de los autores mencionados en temas concretos como la autonomía moral, el papel de la

conciencia y de la autoridad, la especificidad de la moral cristiana, o la relación entre libertad y verdad, que es el problema de fondo de muchas de las discusiones generadas en todo este tiempo, a pesar de que en todas las concepciones la teología moral pretende tener un carácter cristocéntrico y en donde las virtudes han ido adquiriendo una relevancia cada vez mayor158

. Pero además es obvio que si la concepción global de la identidad de la moral cristiana es diferente en cada uno de los autores, esto se vislumbra con total claridad en el tratamiento de problemas concretos, especialmente en el ámbito de la sexualidad y de la bioética, lo que no ha dejado de generar controversias teológicas en las décadas posteriores al Concilio.

De hecho, los problemas empezaron ya durante el pontificado de Pablo VI, que fue quien verdaderamente tuvo que llevar con maestría las riendas del Concilio tras la muerte de Juan XXIII. Este había creado en 1963 una pequeña comisión para el estudio de las cuestiones matrimoniales y en 1964 el Papa Montini la restaura con la incorporación de nuevos miembros, entre los que estaban Häring, Martelet, Visser o Zalba, entre otros. No se puede olvidar que era el momento de la revolución sexual, en donde tuvieron un papel destacado la comercialización de la píldora anticonceptiva, el auge de nuevas formas de convivencia e incluso la aparición de movimientos de carácter neomalthusiano. En cualquier caso la comisión trabajó durante un tiempo sin conseguir un acuerdo unánime para la elaboración de un documento, de manera que finalmente presentaron al papa dos textos conocidos como el de la minoría y el de la mayoría. El primero de ellos, aunque asumía las orientaciones que el CVII daba sobre el amor y el matrimonio, especialmente los números 50 y 51, reafirmaba la postura tradicional sobre la anticoncepción, rechazando así la posibilidad de cambiar la doctrina. Por su parte el texto de la mayoría era favorable a la introducción de algunos cambios en los que primara la conciencia personal de los cónyuges, aunque tampoco se puede decir que fuera un documento totalmente reformista.

En cualquier caso Pablo VI decide asumir las orientaciones del texto de la minoría, que quedan plasmadas en líneas generales en la encíclica HV de 1968. Hay que decir que en ella se asumen, como decíamos, las orientaciones fundamentales de GS sobre la concepción del amor y del matrimonio. Incluso se introduce en la doctrina moral el concepto de responsabilidad que caracteriza gran parte de las éticas del siglo XX, pero aun así la doctrina sobre la anticoncepción, concretamente el recurso a los medios artificiales, no cambia de lo que había sido ya doctrina tradicional de la Iglesia. De esta manera HV tuvo una reacción como quizá ninguna otra encíclica haya tenido nunca, tanto en su defensa como en su crítica, algo que también se plasmó en la teología moral posterior. De alguna manera se puede decir que a partir de entonces se dibujan dos líneas bastante diferenciadas y que nunca han dejado de provocar controversias, también porque las intervenciones del Magisterio empiezan a ser muy frecuentes en este terreno. Basta mencionar la Declaración Persona humana sobre la ética sexual publicada por la CDF en 1975, y que tampoco dejó indiferente a los moralistas. Además en 1971 se consolida una nueva disciplina conocida con el neologismo de Bioética y cuyos

problemas no han dejado de aumentar en los años siguientes159

, aunque la Iglesia católica ya trataba buen parte de sus temas como moral de la vida humana. En este sentido merece la pena señalar la Instrucción Donum Vitae de 1987 (CDF), la encíclica

Evangelium Vitae de 1995 (Juan Pablo II) o la Declaración Dignitas personae de 2008

(CDF).

Hay que señalar la importancia que en el desarrollo de la bioética ha tenido el Kennedy Institute fundado en Georgetown University en 1971 o el Hastings Center de 1969, en donde la Compañía de Jesús ha tenido un papel esencial. De hecho, en Europa destacan los nombres de los jesuitas ya fallecidos Francesc Abel, que fundó el Institut Borja de Bioètica en Barcelona, y en el campo de la bioética teológica, sobre todo, Javier Gafo160

, con sus numerosos artículos y libros sobre estas temáticas y con la creación de la Cátedra de Bioética de la Universidad Pontificia Comillas en 1987161.

En las cuestiones de la bioética se perciben claramente los puntos de fricción que han estado presentes en toda la teología moral posconciliar y que fueron muy visibles en dos Congresos de moral celebrados en Roma en 1988, uno organizado por la Academia Alfonsiana con el peso de Bernhard Häring y otro por el Instituto Juan Pablo II con la representación de Carlo Caffarra y el propio papa Wojtyla, que en su discurso a los participantes reafirmó la doctrina magisterial alertando contra posibles excesos de algunas líneas teológico-morales. La tensión se muestra asimismo en algunas declaraciones de teólogos en diversos lugares del mundo, entre las cuales destaca la Declaración de

Colonia de 1989 suscrita por más de doscientos teólogos entre los cuales se encontraba

también Häring, que ya entre 1975 y 1979 había sido objeto de un proceso doctrinal debido a algunas de sus afirmaciones en ética médica, sexual e incluso a determinados puntos de su metodología teológica, aunque eso no derivó en una condena formal. En este sentido sí se puede decir que la teología moral ha sido uno de los ámbitos en los cuales el Magisterio de la Iglesia ha tenido una mayor presencia doctrinal y disciplinar, tal y como queda reflejado en los procesos de la CDF a Charles Curran (1986), Marciano Vidal (2001) o Margaret Farley (2012).

Pero si entre todos los textos señalados del Magisterio, y a los cuales habría que añadir el Catecismo de 1992, hay uno que destaca es la encíclica VS publicada por Juan Pablo II en 1993 sobre la moral fundamental, en la cual se afrontan los diversos problemas surgidos en esta área después del Concilio y en donde todas las líneas y autores son bastante fáciles de identificar, en especial la crítica a aquellos que se sitúan dentro de la corriente de la moral autónoma162. Georges Cottier, uno de los redactores de

la encíclica al lado de otros como Ratzinger, Styczen, Tettamanzi o Pinckaers, afirmó que se trataba de la única encíclica doctrinal después de la Humani generis de Pío XII, hasta el punto de que algunos autores sostienen que VS es a la teología moral lo que HG a la teología dogmática163

. En el fondo, la importancia de la VS, en cuyo contenido no podemos entrar aquí pero que sí está muy presente a lo largo de los capítulos de este libro, se deriva del hecho de ir directamente a los problemas más nucleares de la moral cristiana como la opción fundamental, la autonomía moral, la conciencia, los actos o, en

último término, la relación entre verdad y libertad, y de ahí también las numerosas reacciones que ha tenido en todo este tiempo164

.

Por último, también hay que señalar que si se ha producido un enorme trabajo de renovación en el ámbito de la moral fundamental y personal, el esfuerzo no ha sido menor en el ámbito de la moral social, en el cual el propio Magisterio de la Iglesia ha publicado numerosos documentos cuyas aportaciones en general han sido muy bien acogidas. En este sentido destacan la encíclica PP (1968) y la carta apostólica OA (1971) de Pablo VI, LE (1981), SRS (1987) y CA (1991) de Juan Pablo II, y la CV (2009) de Benedicto XVI, además de numerosos discursos y mensajes sobre diferentes aspectos de la moral social y en los que están presentes no solo las preocupaciones de cada momento histórico como el desarrollo, la paz, el trabajo o la crisis económica, sino también muchas de las orientaciones procedentes de formas distintas de teología como la de la liberación y también el contexto globalizado y pluralista que caracteriza el mundo actual. Aunque todavía no tenga encíclicas sobre estas temáticas, no dejan de ser relevantes los ya numerosos pronunciamientos del papa Francisco sobre problemas sociales como la pobreza, la inmigración, la paz, etc.

En este sentido muchos moralistas han dedicado algunas de sus obras a la parte social e incluso otros se han dedicado expresamente a ella en todas sus producciones dando lugar a contribuciones muy significativas, entre las cuales destaca, al menos en España, la obra del profesor Luis González-Carvajal165, Ildefonso Camacho166, Ángel

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