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Modelos de utilización de la Escritura en la teología moral

La epistemología teológico-moral

5. La Escritura en la teología moral

5.1. Modelos de utilización de la Escritura en la teología moral

La Escritura ha pasado de ser la autoridad suprema de todas las obras de moral durante los primeros quince siglos de historia del cristianismo, a estar prácticamente desaparecida desde el siglo XVI, para volver a convertirse en la raíz de toda la moral cristiana durante el siglo XX, de manera especial tras el CVII. Al mismo tiempo, también su utilización ha ido variando a lo largo de la tradición cristiana, hasta el punto de que incluso hoy se pueden distinguir diversas maneras en que los moralistas la utilizan en sus obras y en sus concepciones de la teología moral. De una forma sistemática distinguimos con William C. Spohn seis modelos diferentes y no siempre excluyentes entre sí. Son los siguientes18

:

a) La Escritura como testimonio real de los mandamientos morales de Dios

Se trata de un modelo en donde a la pregunta por el qué se debe hacer se responde con los mandamientos de Dios tal y como constan en las Escrituras, dado que en ellos se contiene de forma expresa la voluntad de Dios sobre los individuos, de manera que se trata de normas paradigmáticas de toda interacción moral y válidas siempre. En este modelo no se tendrían en cuenta los métodos de análisis bíblico ni el conjunto de la hermenéutica, dado que las palabras presentes en la Biblia se toman en su versión directa y literal. Las dificultades estriban en la comprensión de la imagen de Dios para la teología moral, en la significación de los mandamientos dentro de contextos muy diversos y, en no menor medida, en un gran riesgo de fundamentalismo bíblico.

b) La Escritura como confirmación de la moral humana racional

Se trata de un modelo que representa especialmente a aquellos autores defensores de una determinada idea de la ley natural. Aquí la pregunta por el «deber» se responde con la afirmación de la realización de lo humano en su sentido más radical, desde el presupuesto de que también Dios mismo asumió la humanidad en el misterio de la encarnación. Con todo, en este modelo hay varios elementos que es importante destacar. El primero de ellos es la afirmación de que la Escritura presupone la ley natural y la capacidad de la razón humana para conocer lo que es bueno y malo, pues las intenciones divinas están ya impresas en la propia naturaleza, en los impulsos hacia el crecimiento y

en la inteligencia que los rige. El segundo, basándose en Tomás de Aquino, es que la ley nueva de Cristo es primeramente el don del Espíritu, pero a continuación también la letra escrita de esa ley. Ahora bien, Jesús aportaría una nueva dimensión a la vida moral, pero esta no consistiría en nuevas informaciones sobre lo humano o los contenidos morales, sino en el don del Espíritu que transforma las motivaciones para vivir la moral de un modo nuevo espontánea y gozosamente. Y, en tercer lugar, sostiene que todos los mandamientos presuntamente distintivos de la ética cristiana forman parte de la moralidad humana en su nivel más profundo.

c) La Escritura como respuesta moral a la Revelación

Se trata de un modelo que ya no se pregunta tanto por el qué debo hacer cuanto por el qué hace Dios en mi vida. La cuestión del deber sería así algo secundario, con lo cual el imperativo básico es responder a Dios en todo aquello que a uno le ocurre, en las situaciones de la historia y de la cultura, y en el conjunto de los sucesos de la vida personal, porque, en el fondo, es Dios mismo quien actúa a través del ser humano, es Él quien juzga, redime y crea en la historia de un modo complejo.

En esta línea, el teólogo norteamericano Richard Niebuhr se preguntaba en plena II Guerra Mundial: «¿qué tiene que ver Dios con esta situación?» Y para responder acudió a la Biblia en busca de perspectivas que le permitieran descubrir la acción de Dios en la tragedia bélica. Símbolos como el juicio o la crucifixión fueron las respuestas para interpretar el sufrimiento de los inocentes, dado que, en último término, Dios no deja de actuar incluso en medio del dolor. De este modo, la Escritura proporciona recursos para discernir la acción continua de Dios y determinar las respuestas más adecuadas. Curiosamente muchos temas bíblicos han sido usados en diversas situaciones históricas; es lo que vemos, por ejemplo, en la llamada religión civil norteamericana desde tiempos de Lincoln, según la cual Egipto era Europa, EEUU la tierra prometida y la luz de las naciones, la Revolución era el éxodo, G. Washington Moisés, la Guerra Civil la prueba, la muerte de Lincoln el sacrificio más noble desde Jesús…

d) La Escritura como llamada a vivir como discípulos

En este modelo las cuestiones morales se responden refiriéndolas a la historia de Jesús en el NT, de manera que para ser discípulos los cristianos deben encarnar la forma de vida propia del maestro, algo reflejado especialmente en sus parábolas y narraciones. El peso no recae tanto en los problemas de la acción concreta y las normas cuanto en el carácter, mediante la comunidad, la identidad, el estilo de vida, etc., gracias al poder de configuración con Cristo que posee la Sagrada Escritura. Lo esencial de la aportación bíblica estaría así en su fuerza de conformación del carácter de la persona que le convierte en discípulo. Esto supone dejar que Jesús sea el modelo para la vida moral, lo que implica el conflicto con muchas de las características que conforman la cultura secular para poder vivir radicalmente en y por la comunidad cristiana.

Se trata de un modelo de utilización de la Escritura que ha sido muy utilizado por la teología de la liberación latinoamericana y que posteriormente se ha extendido también a otros movimientos de liberación en diversos lugares del mundo (Civil Rights Movements,

Anti-apartheid…). En ellos prima la llamada a los cristianos para comprometerse en la

lucha por la liberación de los oprimidos, por los preferidos de Dios. En este modelo se combinan diversos elementos del modelo de respuesta a la Revelación y de la llamada a ser discípulos a partir de un análisis histórico y económico de las situaciones de injusticia social, y en donde las imágenes del Éxodo o incluso toda la literatura profética son recursos muy utilizados. El propio Jesús y su mensaje vendría a confirmar la liberación operada por Dios, en donde el anuncio del Reino constituye un desafío a las estructuras de injusticia y opresión. Desde aquí se puede decir que los imperativos morales se interpretan a la luz de la lucha por la justicia y de la liberación de la esclavitud del pecado. El amor a los enemigos supone combatir a los poderes opresores de los pueblos.

f) La Escritura como respuesta de amor: el Espíritu en la vida de Jesús

En este modelo se recogen de alguna manera muchos de los elementos de los anteriores, pero centralizándolo en el mandato del amor presente en Jn 15, 12 («amaos unos a otros como yo os he amado») o en la afirmación de la 1Jn 4, 8 («podemos amar porque Dios nos amó primero»). Es el intento de ir hacia lo esencial del mensaje de Jesús que reside en la transformación del corazón, en las disposiciones y emociones más profundas de los seres humanos. Lo genuino de ese amor que precede y nos hace capaces de amar es su capacidad de iluminar toda la existencia humana. Nada puede tener ese mismo efecto por mucho que busquemos. Desde luego la fe cristiana sabe que un amor así no puede provenir de uno mismo; ha de venir de una fuente más primordial, tiene que venir, en definitiva, de Dios. La Biblia es aquí el testimonio de la presencia del Espíritu dentro de cada persona y en el seno de la comunidad de los creyentes que crea la apertura hacia los demás, hacia el prójimo, que nos convierte en servidores, porque es desde el amor desde donde derivan todas las demás virtudes que deben configurar la vida cristiana.

Estos son tan solo algunos de los modelos de utilización de la Biblia para la teología moral que, en conjunto y con más o menos acierto, reflejan diferentes aspectos que conviene tener presentes, de modo que no siempre son excluyentes y con frecuencia se muestras como complementarios. En cualquier caso lo más importante es que la Escritura en su conjunto nos muestra la imagen de Dios, la comprensión que de él nos hacemos los seres humanos y la voluntad que tiene sobre nosotros, para lo cual es indispensable no olvidar la centralidad de Jesús de Nazaret, porque el cristianismo no es tan solo una religión basada en un libro, sino en una persona que nos revela la verdad sobre Dios y la verdad sobre los seres humanos. Por eso mismo, para que la Escritura siga siendo significativa, conviene tener en cuenta algunas de las aportaciones de la hermenéutica bíblica.

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