• No se han encontrado resultados

LAS POSIBILIDADES DEL ENTENDIMIENTO EN LAS

NATURALES

Dilthey nos hace ver que el entendimiento en las ciencias naturales —al contrario de lo que comúnmente se piensa— ―es sólo una expresión figurativa‖ (Dilthey, 1976, p. 248, la traducción es mía). Cualquier intento de búsqueda de aquel contenido interno no sensible en el mundo natural o físico es, realmente, una búsqueda en nuestro interior mental —no en el interior del mundo físico. Por el contrario, en el caso de las acciones humanas, el proceso mediante el cual reconocemos un contenido interno a partir de los signos sensibles, es un proceso de transferencia de lo que, en cada caso, es mi propio interior sobre el interior de otros como yo. En palabras de Dilthey,

Nos damos cuenta de la vida interna de los otros a partir del impacto que tienen sus gestos, sonidos y actos sobre nuestros sentidos.

Tenemos que reconstruir la fuente interna de esos signos que afectan nuestros sentidos. Todo lo concerniente a esta reconstrucción—el material de que está hecha, su estructura y, aun las características más individuales—tienen que derivarse de la transferencia que hacemos de nuestra propia vida. (Dilthey, 1976, pp. 247-248, el subrayado y la traducción son míos).

Esta transferencia —que denominaremos en adelante empatía— se realiza, según Dilthey, desde un interior humano a otro interior humano. En el caso de las ciencias naturales, la transferencia se realiza desde un interior humano hacia un supuesto interior de lo natural; interior, este último, inexistente en lo natural. El acto de empatía propio del entendimiento del actuar humano consiste en la proyección de nuestra subjetividad sobre las acciones de los otros. Proyección que se fundamenta en el conocimiento del sentido subjetivo de nuestras propias acciones. En otras palabras, y de manera tal vez un tanto trivial: cuando veo una cierta acción ejecutada por otra persona, puedo imaginar qué sentido tendría para mí el que yo realizase esa misma acción. Este sentido es proyectado sobre la acción del otro para así entenderla.

Es sobre esta idea de la proyección de sentido sobre la acción del otro que Max Weber edifica su concepto del objeto de las ciencias sociales:

La sociología es la ciencia encargada del entendimiento interpretativo de la acción social y, por tanto de la explicación causal de su curso y consecuencias. Hablaremos de ‗acción‘ sólo si el actor le adjudica un sentido subjetivo a su comportamiento (...). La acción es „social‟ sólo

en la medida en que su sentido subjetivo tome en cuenta el comportamiento de otros y sea, en consecuencia, orientada por su curso. (Weber, 1978, p. 4, la traducción y las cursivas son mías).

Concentremos nuestra atención en la última parte de la cita, donde se define la acción social.

Cuando iniciamos la exploración de la noción del entendimiento cotidiano de la acción humana nos referíamos al entendimiento que un individuo humano puede lograr de la acción de otro individuo humano. No obstante, nuestro interés fundamental se centra en la acción social, no simplemente en la acción individual. Más particularmente, se centra en la acción organizacional o institucional. La acción organizacional es una especie particular de acción social, cuyo sentido se da en referencia, implícita o explícita, a un cierto sentido global de la organización en cuestión. Así, si parafraseamos la anterior definición weberiana de acción social, para adaptarla al caso de acción organizacional, podemos decir que: la ―acción es organizacional en la medida en que su sentido subjetivo tome en cuenta el comportamiento de otros actores de la organización, sea orientada por su curso, y se constituya en referencia a un sentido social de la organización‖. Pero ya vimos que, dentro de una concepción interpretativa de organizaciones, el sentido de la organización está sujeto a una variedad interpretativa. Ello implica que, ante una cierta acción organizacional, se ofrece la posibilidad de una pluralidad de sentidos-construidos. Cada uno de tales sentidos se da en referencia a una de las posibles interpretaciones del sentido social de la organización. De este modo, encontramos que el entendimiento científico de la acción organizacional tiene ante sí la tarea de

múltiples procesos de entendimiento para cada acción organizacional.

Puesto que el entendimiento científico está signado por el afán de expresar un sentido-construido mediante una explicación, cada uno de los múltiples procesos de entendimiento busca ser representado mediante una explicación. Obtenemos así una variedad de explicaciones referentes a un cierto fenómeno organizacional. Tales explicaciones son construcciones teóricas que dan cuenta, cada una desde su punto de mira interpretativo, del actuar organizacional. Volvamos ahora al contraste que veníamos estableciendo con las ciencias naturales, con el propósito de lograr una mayor comprensión del sentido de esta pluralidad explicativa.

Al igual que en las ciencias naturales, esas construcciones teóricas explicativas, a las que nos referíamos en el párrafo anterior, no son explícita y sistemáticamente inducidas a partir de tal acontecer. Ni la teoría atómica, ni la teoría de la relatividad, ni la mecánica newtoniana fueron explícita y metódicamente inducidas a partir de los hechos que pretenden explicar. Las hipótesis y la teoría surgen, sin duda, a partir de la experiencia cotidiana. Sin embargo, la expresión del producto científico no da cuenta de tal surgimiento. El trabajo explícito y metódico se realiza en lo referente a la ―prueba‖ de que los hechos se ajustan a la teoría. No obstante, como ya se expresó antes, al contrario de lo que es la práctica normal dentro de las ciencias naturales, nuestra teoría sistémico-interpretativa no puede reducir su explicación a una sola teoría. Requiere, por el

contrario, de una pluralidad de construcciones teóricas explicativas para cada objeto de estudio. Expliquemos:

Si observamos el desarrollo de las ciencias naturales dentro de un contexto histórico, notamos que el proceso de entendimiento se caracteriza por la construcción de una teoría y por la demostración de que los hechos pertinentes se ajustan a la misma. Tal como se puede observar en la obra de Kuhn sobre el proceso de cambio en las teorías científicas (Kuhn, 1962), en un momento dado la actividad científica teórica se concentra en la construcción de una sola teoría. Por el contrario, en el enfoque sistémico-interpretativo que nos ocupa, se construyen, para cada investigación específica, varias (dos o más) explicaciones teóricas. La razón de tal pluralidad radica en el tipo de entendimiento propio de las ciencias sociales. Detengámonos un poco más en la diferencia entre el objeto de estudio de las ciencias naturales y el de las ciencias sociales, cuando estas últimas parten de una noción weberiana de acción social. De esta manera podremos ganar mayor comprensión sobre la razón de ser de la pluralidad interpretativa en nuestro enfoque.

Un interlocutor positivista imaginario nos podría decir que la frase ―acción social‖, tal como fue definida antes, carece de sentido. Nos diría que la acción humana, tal como se ofrece a nuestros sentidos (en calidad de fenómeno), es siempre acción de un individuo. Estrictamente hablando —diría— aun en el caso de una multitud de personas en la que todos los individuos realizan simultáneamente la misma acción (por ejemplo

una marcha de protesta); o en el caso en el que varias tareas realizadas por diferentes individuos contribuyan de manera corporativa a un fin común (la situación formal en una organización); en ambos casos, la acción sensible es individual. Pero —le respondemos a nuestro interlocutor positivista— ¿es que acaso esa acción individual podría tener sentido si la desconectamos de su contexto social? Cuando realizamos el más mínimo esfuerzo por entender la acción de un individuo en una marcha de protesta o en una orquesta ejecutando una sinfonía, no podemos prescindir del contexto social en el que tiene sentido la acción individual. En ambos casos, el sentido subjetivo que cada actor le adjudica a su acción ―toma en cuenta el comportamiento de otros‖ y, más importante aún, es ―orientada por el curso‖ de la acción de los otros.

Si examinamos más a fondo el asunto, nuestro interlocutor positivista tendría que aceptar que su expresión ―estrictamente hablando‖ quiere decir ―irreal y reduccionistamente hablando‖. Veamos por qué:

Cuando se dice, ―estrictamente hablando‖, que la acción que se presenta a nuestros sentidos es individual, se está realizando una separación artificial a posteriori entre lo que se supone como la apariencia sensorial de la acción (o de cualquier hecho) y la percepción final de la misma. Cuando veo que un automóvil atropella a una señora que cruzaba la calle llevando un coche de niño, mi percepción está cargada, irremisiblemente y desde antes del hecho, de un sentido dado que, al someterlo a un análisis reflexivo, lo encontramos preñado de valores.

Cuando, por el contrario, siguiendo la pretensión de nuestro crítico positivista —y de buena parte de lo que hoy se conoce con el nombre de ciencia social— intento reducir este complejo sentido perceptivo al llamado acto de ―sensación‖, dicho sentido perceptivo se fragmenta artificialmente en un conjunto disperso de estímulos sensitivos que realmente nunca tienen lugar en el acto de percepción tal como éste se da (recuérdese nuestra discusión sobre el asunto del entendimiento cotidiano). Cuando, en nuestro ejemplo, reduzco el sentido perceptivo del hecho a la ―sensación‖ y supongo que lo que ―realmente‖ veo es un móvil definido por ciertas ―propiedades físicas‖ (color, textura, peso, forma, velocidad, etc.) que choca con otros móviles, identificados luego como un ser humano — probablemente del sexo femenino— que empuja un objeto provisto de ruedas; cuando —repito— hago esta despiadada y hasta ridícula reducción, lo único que estoy haciendo es un acto de imaginación reduccionista, a posteriori del hecho. Acto que no está presente en la percepción real. El lector puede leer una fundamentación más completa sobre este asunto en Fuenmayor, 1985, pp. 104 - 227.

Las ciencias naturales parten del supuesto de que los hechos o fenómenos que se pretende explicar son, en su calidad de fenómenos, vistos de igual manera por cualquier ser humano —o, por lo menos, por cualquier miembro de la comunidad científica. Vale decir, se supone que la caída de esta pluma fuente al piso —junto con las características ―físicas‖ que le son propias al

fenómeno en cuestión: tiempo de caída, velocidad final, etc.— es perceptible de igual manera por cualquier observador. Claro está, la caída de mi pluma al piso, especialmente si cae de punta, puede tener un desagradable sentido para mí. Sentido que, muy probablemente, sería diferente para un ―observador neutral‖ y ―desprejuiciado‖. La Física, por su parte, no está interesada en ese tipo de sentidos ―subjetivos‖ que trascienden las propiedades físicas del fenómeno. La Física me forzaría a aceptar que, aunque se trate de mi tan preciada pluma y su desdichada suerte, el tiempo de caída y la velocidad final serán igual para mí o para el ―observador neutral‖. Es decir, la Física me obliga a ―des-subjetivizarme‖, a convertirme en ―observador neutral‖, para poder seguir su juego32

. Asimismo, la Física me forzaría a aceptar que las cualidades físicas presentes en el arrollamiento de la señora y su niño mencionado antes —vale decir, aquellas cualidades referentes al impacto de dos móviles— son ajenas al terreno de los valores (pueden ser vistas de igual manera por cualquier observador neutral). Pero, ¿qué sentido tiene para las ciencias sociales estudiar, en el lamentable accidente de la señora y su niño, lo mismo que estudiamos en el impacto de bolas de billar? Obviamente las ciencias sociales no pueden partir de la reducción a lo

32

Nótese que la "neutralidad", en términos de la Física, implica no tomar en cuenta ninguna apreciación axiológica del fenómeno. De este modo, la posibilidad de neutralidad está fundada en la creencia realista de la prioridad objetiva de "las cosas" y "los hechos" sobre las variaciones subjetivas.

físico como lo hacen las ciencias naturales. Hacer tal cosa significaría eliminar su objeto de estudio. Pero, ¿cómo pueden las ciencias sociales lidiar con un objeto de estudio tan complejo, sin producir reducciones apriorísticas que faciliten su trabajo? Tal vez las ciencias sociales podrían pre-definir, a la manera de la reina de las ciencias, ciertas ―propiedades sociales‖ de carácter netamente objetivo, observables de igual manera por diferentes observadores neutrales. A continuación mostraremos que este tampoco puede ser el caso.

La Física estudia lo físico. La sonrisa que esta aparente perogrullada despierta se transforma en grave mueca cuando descubrimos la terrible reducción ―irrealizante‖ que en ella va implícita. La Física —y en general las ciencias naturales— descarnan al fenómeno de una buena porción de su posible sentido para proyectar en su escuálido esqueleto ―natural‖ una serie de conceptos físicos: velocidad, tiempo, fuerza, aceleración, etc...33 La Física —decíamos— estudia lo físico; y lo físico, en su campo fenoménico, es supuestamente visto de igual manera por cualquier observador. No obstante, la acción social estudiada por una teoría de organizaciones no es —no puede ser— vista de igual manera por cualquier observador. No puede ser porque estamos interesados, precisamente, en el sentido subjetivo de dicha acción, en la sustancia que la física descarnaría. Es por ello que, como veremos a

33

Este asunto ha sido tratado más a fondo en el capítulo titulado "El proyecto matemático de la ciencia dualista-analítica" de Fuenmayor, 1985, pp.93-103.

continuación, nuestro objeto de estudio está necesariamente sujeto a variada interpretación.

En la Física, la construcción teórica explica lo físico; explica lo que ya, de antemano, por reducción definitoria, es ―objetivo‖ (no-subjetivo). La explicación teórica física toca, de este modo, tierra firme, invariable, ―des-subjetivizada‖. La explicación teórica socio- organizacional se hunde, por el contrario, en la fangosa variedad de las interpretaciones de lo social. Los ―hechos‖ (acciones sociales) que la teoría socio- organizacional pretende explicar ya son, por definición, subjetivos. El panorama se oscurece y la nefasta pregunta sale al paso: ¿Puede hacerse ciencia de lo que, por definición, es subjetivo? ¿No es acaso la objetividad la marca de clase, el atributo fundamental, de la Ciencia? ¿Puede haber ―objetividad de lo subjetivo‖? ¿Es posible lograr un entendimiento científico de la acción social si tomamos como punto de partida las definiciones de Dilthey y Weber sobre ―entendimiento‖ y sobre ―acción social‖? Nuestra respuesta es afirmativa. Sí puede hacerse ciencia de lo subjetivo; sí puede haber —aunque resulte a primera vista contradictorio— objetividad de lo subjetivo; sí tiene sentido, finalmente, hablar de ciencia social bajo un enfoque interpretativo. Para poder fundamentar lo que para muchos resultaría como tan desconcertante y absurda respuesta, necesitamos revisar el concepto de objetividad y, por tanto, de lo objetivo.