INTERPRETANDO
ORGANIZACIONES...
Introducción a una
Teoría Sistémico-Interpretativa de Organizaciones
A mis colegas y alumnos de sistemología interpretativa...
Título de la Obra: Interpretando Organizaciones Autor: Ramsés Fuenmayor
Diseño de Portada: Miguel Rodríguez
Coeditado por:
Consejo de Estudios de Postgrado Consejo de Publicaciones Universidad de Los Andes. Av. Andrés Bello, Antiguo CALA. La Parroquia. Mérida. Estado Mérida.
Venezuela. Telfs: 0274 - 2711955, 24012408, 2402409. Telf.- Fax: 0274 - 2711955. e-mail: [email protected] Colección: Serie: 1ª Edición 2001
Reservados todos los derechos.
© Ramsés Fuenmayor. Mérida, Venezuela. 2001 HECHO EL DEPÓSITO DE LEY.
Depósito Legal: ISBN:
ÍNDICE
ÍNDICE ... 4 INTRODUCCIÓN ... 6 PARTE I ... 8 EL ASPECTO ÓNTICO ... 8 DE LA TEORÍA ... 8 Capítulo I ... 9¿QUE ES UNA ORGANIZACIÓN? ... 9
1.1 EL SER DE UNA ORGANIZACIÓN ... 9
1.2 MODELO BÁSICO DE UNA ORGANIZACIÓN ... 20
1.2.1 Definiciones iniciales (pseudo-axiomas) 20 1.2.2 Modelo básico de una organización 22 1.3 LAS CONCEPCIONES MECANICISTA E INTERPRETATIVA SOBRE ORGANIZACIONES ... 24
1.3.1 Concepción Mecanicista de las Organizaciones 25 1.3.2 Concepción Interpretativa de las Organizaciones 26 Capítulo 2 ... 33
LA VARIEDAD INTERPRETATIVA ... 33
Y lA LUCHA POR PODER ... 33
EN LAS oRGANIZACIONES ... 33
2.1 CONFLICTO Y PODER EN LAS ORGANIZACIONES ... 36
2.2 DIALÉCTICA ENTRE LA RESULTANTE DEL CONFLICTO INTERNO Y EL SECTOR SOCIAL RECEPTOR ... 43
2.3 LA DIVERSIDAD EN EL SECTOR SOCIAL RECEPTOR ... 56
PARTE II ... 69 EL ASPECTO EPISTÉMICO ... 69 DE LA TEORÍA ... 69 Capítulo 3 ... 72 EL ENTENDIMIENTO COTIDIANO... 72 3.1 LAS ESCENAS ... 72
3.2 PRIMERA REFLEXIÓN: SOBRE ASOMBRO Y EXPECTATIVA ... 74
3.4 TERCERA REFLEXIÓN: SOBRE EL CARÁCTER HOLÍSTICO
DEL SENTIDO Y SU RELACIÓN CON EL ENTENDIMIENTO ... 81
3.5 CUARTA REFLEXIÓN: EL ENTENDIMIENTO COMO CONSTRUCCIÓN DE SENTIDO ... 85
Capítulo 4 ... 90
EL ENTENDIMIENTO CIENTÍFICO DE ... 90
LA ACCION SOCIAL ... 90
4.1 LAS POSIBILIDADES DEL ENTENDIMIENTO EN LAS CIENCIAS SOCIALES Y EN LAS NATURALES ... 92
4.2 LO OBJETIVO Y LO SUBJETIVO EN LA CIENCIA ... 101
Capítulo 5 ... 110
LOS SISTEMAS CONTEXTUALES INTERPRETATIVOS .. 110
Capítulo 6 ... 118
LINEAMIENTOS METODOLÓGICOS PARA LA CONSTRUCCIÓN DE UNA PLATAFORMA COGNOSCITIVA INTERPRETATIVA DE UNA ORGANIZACIÓN ... 118
6.1 DISEÑO DE UN MODELO FORMAL ORGANIZACIONAL Y PROCESO DE FAMILIARIZACIÓN ... 119
6.2 ELABORACIÓN DE UNA PRIMERA APARIENCIA ... 121
6.3 CONSTRUCCIÓN DE NUEVOS MODELOS ORGANIZACIONALES DE CARÁCTER TÍPICO-IDEAL ... 122
6.4 CONSTRUCCIÓN DE MODELOS DEL SISTEMA ACTUAL DE ACTIVIDADES ... 123
6.5 INTERPRETACIÓN TEMÁTICA ... 124
EPÍLOGO ... 126
E.1 UN DISCURSO CÓMPLICE DE LAS TESIS LIBERALES RADICALES SOBRE LA CONDICIÓN HUMANA ... 128
E.2. DEL ―INTERPRETIVISMO NATURAL‖ A LA ―HERMENÉUTICA FENOMENOLÓGICA‖ ... 136
E.3 LA PERSPECTIVA DE PERSPECTIVAS ... 138
INTRODUCCIÓN
Ante todo es conveniente indicar, sin pretender aún definir a cabalidad, lo que en esta obra denominamos ―organizaciones‖. Nos referimos con este término a ―organizaciones de actividades humanas‖ que fueron inicialmente diseñadas consciente e intencionalmente para lograr un cierto fin predefinido. Las empresas productivas de bienes o servicios, instituciones tales como universidades, hospitales, fundaciones, etc., son ejemplos de lo que en este opúsculo denominamos ―organizaciones‖. No nos referimos con este término a otro tipo de ―organizaciones‖ como por ejemplo los sistemas biológicos o ecológicos. Tampoco nos referimos con el término a otro tipo de sistemas humanos como la familia, u otras comunidades que no han sido diseñadas por medio de un acto racional-propositivo.
Es importante, además, aclarar que no aludimos a una forma social universal y a-histórica; nos referimos a las organizaciones surgidas como producto de ese proceso histórico llamado modernidad; tanto las aparecidas en esas sociedades donde la modernidad se gestó, como en aquellas que se han limitado a imitar ese proceso.
Más adelante continuaremos tratando sobre lo que es una organización; pero por ahora vamos a referirnos muy brevemente a lo que, en primera instancia,
queremos decir cuando hablamos de una ―teoría de organizaciones‖.
Una ―teoría de organizaciones‖ es un tratado (un discurso que pretende explicar de manera coherente) sobre lo que es —o pudiera ser— una organización, y sobre cómo este ser o poder ser condiciona y es condicionado por la posibilidad de su conocimiento científico1. El ―aspecto óntico‖ de una teoría de organizaciones da cuenta del ser o poder ser de una organización. El ―aspecto epistémico‖ da cuenta de la posibilidad y modalidad de lograr conocimiento científico sobre una organización cualquiera.
En el siguiente capítulo presentamos una introducción al aspecto óntico de la teoría sistémico-interpretativa de organizaciones.
1
Por ahora, por ―conocimiento científico‖ simplemente nos referimos a aquel que pretende ser verdadero y es buscado de manera consciente y bajo un cierto plan.
PARTE I
EL ASPECTO ÓNTICO
DE LA TEORÍA
Capítulo I
¿QUE ES UNA ORGANIZACIÓN?
1.1 EL SER DE UNA ORGANIZACIÓN
―¿Qué es una organización (de actividades humanas)?‖ es la pregunta central del aspecto óntico de una teoría de organizaciones. Comencemos por tratar esta pregunta.
Cuando pronunciamos u oímos frases tales como ―Universidad de Los Andes‖, ―Hospital Vargas‖, ―PDVSA‖, ―General Motors‖, ―Sony‖, nos referimos, en cada caso, a una unidad o a un ―algo‖ (que llamaremos ―noción‖) que, de algún modo, cobija una variedad. Tal noción está siendo indicada con cada una de esas frases o palabras.
Por otra parte, cuando pronunciamos u oímos la palabra ―organización‖ (usada en el sentido de organización de actividades humanas mencionado al comienzo), nos referimos a una unidad nocional que presenta una referencia común a todas aquellas nociones (correspondientes a organizaciones específicas) mencionadas en el párrafo anterior.
La relación lógica entre la noción ―organización‖ y las nociones correspondientes a organizaciones particulares (Universidad de Los Andes, General Motors,
Sony, etc.) es, aparentemente, la de ―especie‖ (o término genérico) a ―individuo‖. ―Silla‖ es la especie a la cual pertenece esta silla individual en la cual estoy sentado. Sin embargo, hay una considerable diferencia entre el caso de las ―organizaciones‖ y, por ejemplo, el de las ―sillas‖.
Cuando digo ―esta silla individual en la que ahora estoy sentado‖, me refiero a un objeto sensible que puedo ubicar en un espacio y tiempo específicos. Es esto lo que generalmente se denomina un ―objeto físico‖ específico. La frase ―esta silla individual en la que estoy sentado‖ indica ese objeto físico específico; así como podría indicarlo apuntándolo con el dedo. La indicación con el dedo o con la frase apunta a una ubicación espacio-temporal específica compartida por todos (seres humanos ―normales‖ pertenecientes a un mismo grupo étnico), y, por tanto, ―objetiva‖. Tal ―objetividad‖, no obstante, varía un tanto de acuerdo con el grado de ―cercanía‖ entre la comunicación y el objeto de la indicación: Si usted ha visto esa silla particular de la que le hablo, sabe exactamente2 a qué me refiero. Si usted no la ha visto nunca, la frase ―esta silla en la que ahora estoy sentado‖ es suficiente para que usted pueda imaginar una silla. Por supuesto, en este segundo caso, la silla imaginada por usted es mucho más vaga, más imprecisa, más ubicua, que (mi noción de) ésta, mi silla particular.
La situación se torna un tanto más compleja
2
O, por lo menos, así lo cree, sin que en la situación cotidiana de comunicación con "el otro" surjan dudas al respecto.
cuando, en lugar de referirnos a un objeto tal como esta silla, nos referimos a una organización particular. Cuando pretendo usar las frases ―Universidad de Los Andes‖ o ―Compañía General Motors‖ como indicación de un ―objeto‖ específico, no logro el grado de precisión, de determinación y de ubicación que alcanzo en el caso de la silla particular. ―La Universidad de Los Andes‖ es, ciertamente, un caso individual al que apunta mi pretensión de indicación. El objeto indicado, no obstante, carece de una ubicación espacio-temporal tan precisa como la de ―esta silla individual en la que ahora estoy sentado‖. Veamos con mayor detenimiento este asunto.
Cuando converso con otra persona y formulo un juicio acerca de una silla individual, pretendo producir una indicación objetiva. Es decir, pretendo que el objeto de mi indicación sea idéntico al objeto de la proyección de mi indicación en la otra persona. Si, como decía antes, usted conoce mi silla, mi pretensión de indicación objetiva logra su máxima identidad (o grado de objetividad) con su noción de mi silla. Si usted no conoce mi silla, no logro tanta precisión con mi acto de proyección; sin embargo, sé que puedo proyectar un objeto más genérico, más vago, que bien puede servir para los propósitos de mi comunicación.
De la misma manera, cuando formulo un juicio acerca de una organización individual, pretendo producir una indicación objetiva. Por lo general ni en el caso de la silla ni en él de la organización, dudo del éxito de mi pretensión de indicación objetiva. Sin embargo, si reflexionamos un momento, descubrimos que mi
pretensión de indicación objetiva de una organización individual no goza de la misma probabilidad de éxito que la de una silla individual. Tengo mayor seguridad de lograr una indicación objetiva exitosa en el caso de la silla que en él de la universidad. La razón es simple: en el caso de la silla, hay un correlato sensible que puedo indicar (con un dedo) físicamente. Puedo indicar con un dedo uno de los edificios de la Universidad de Los Andes (repartidos en varios lugares de las ciudades andinas venezolanas) o una fábrica de la General Motors (repartidas en muchos lugares del planeta). Pero, ni ese edificio ni esa fábrica son cada una de las organizaciones correspondientes. Una organización no es ni el conjunto de sus edificios ni el de sus empleados ni el de los recursos usados para realizar sus actividades. Tampoco es una organización el conjunto de todos esos posibles conjuntos. Para aceptar esta negación basta con imaginarse esos conjuntos colocados allí, inactivos, en un espacio cualquiera; o realizando actividades totalmente diferentes a las que suponemos propias de dicha organización. ¿Qué es entonces esa noción que pretendo indicar con la frase ―Universidad de Los Andes‖? ¿Qué grado de validez tiene mi pretensión de indicación objetiva? ¿Cómo puedo medir, o por lo menos pensar, tal grado de validez? Si usted nunca ha visto mi silla, siempre tengo abierta la posibilidad de invitarlo a mi cubículo y mostrársela. Pero, ¿cómo le muestro ese ―objeto‖ de mi indicación que es la Universidad de Los Andes? ¿Cómo lo apunto con el dedo, aun en el caso en que usted sea mi colega y compañero de cubículo en esta
institución?
Una organización carece de esa ubicación espacio-temporal requerida por los objetos de la física. Sin embargo, sé que tanto usted como yo, en ese momento en que oímos la frase ―Universidad de Los Andes‖, estamos en presencia de una unidad nocional. Pero, ¿en qué consiste esa unidad en cada caso? La reflexión iniciada sobre lo que no es una organización podría brindarnos una primera y provisional respuesta positiva ante esta última pregunta:
Considere una organización particular, por ejemplo, la Universidad de Los Andes. Imagine ahora el conjunto de recursos (edificios, muebles, utensilios, materia prima, etc.) usados normalmente para el funcionamiento de tal organización. Suponga que todos esos recursos simplemente están allí de manera totalmente inactiva. Como ya dijimos, ese conjunto de recursos inactivos no constituyen la organización que usted pensó. Imagine ahora esos recursos usados en actividades totalmente diferentes a las de su organización particular; por ejemplo, suponga que los recursos de la Universidad de Los Andes se usasen sólo para brindar alojamiento a personas con trastornos psíquicos severos. Esto tampoco es la organización originalmente considerada. Parece que lo propio de una organización son sus actividades específicas. Pero no simplemente un conjunto de actividades inconexas, sino un sistema de actividades que, dentro de un cierto orden (organización), pretenden realizar una función, o más genéricamente, cumplir un fin.
La anterior reflexión parece entonces indicar que una organización es un sistema de actividades humanas diseñadas bajo un cierto orden (“organización”) para cumplir un fin. Las nociones fundamentales sobre las que descansa tal definición son la de un telos, fin o propósito, y la de orden u organización. El telos le brinda sentido holístico a la variedad ordenada, de modo que, bajo esta perspectiva, la noción de organización se nos presenta como la de un ―sistema teleológico de actividades‖. Obviamente, si una organización es un sistema ordenado de actividades (o es el orden de ese sistema), no se trata de un ente con ubicación espacio-temporal al modo de los objetos de la física. Una organización es, según esto, una estructura abstracta, un ―constructo‖. Pero, ¿es sólo esto: una estructura abstracta a la que nos referimos con un nombre?3 ¿Acaso podríamos creer que cuando oímos o pronunciamos el nombre de una organización particular (e.g. ―Universidad de Los Andes‖) la noción indicada es simplemente un sistema de actividades que conducen a un cierto fin?
Una organización particular como la General Motors, no es simplemente un sistema de actividades humanas; es una referencia para un lugar de trabajo, para un sueño de tener un automóvil, para un cliente de una consultoría, para un sentimiento de opresión, etc. Una organización particular representa para cada persona una
3
No se trata, claramente, de un ente ficticio como, por ejemplo, un pegaso. Una organización es un objeto ―real‖. Pero, ¿cuál es el tipo de realidad que le es propio?
referencia subjetiva diferente. Referencia que, además, varía en cada persona, según la situación vivencial particular en la que aparece la indicación. La indicación de una organización particular parece apuntar, pues, a una vaga y compleja multiplicidad de nociones, sentimientos y valores de carácter subjetivo. Pero, ¿acaso no hay una unidad nocional a la cual referir esta multiplicidad? Por otra parte, ¿qué relación existe entre esta multiplicidad subjetiva y aquella noción de ―sistema teleológico de actividades‖ a la que arribamos mediante nuestra reflexión anterior? ¿Puede acaso una organización particular, en un momento dado, ofrecérsenos simultáneamente como una de esas referencias subjetivas circunstanciales y como un sistema teleológico de actividades? Nuestro ejemplo anterior de la silla, en la que en este momento estoy sentado escribiendo, nos puede ayudar a resolver el problema que tales preguntas plantean:
El ejemplo de la silla me sirvió para ilustrar el caso de una indicación cuya objetividad estaba garantizada por su correlato físico. Cuando nombraba la silla, con una clara intención de indicación objetivante (compartir la indicación con usted), substraía de ésta, mi silla, una serie de aspectos o ―lados‖ que le son propios, pero que no le pueden pertenecer a la intención objetivante con la que fue traída a nuestro común escenario. Así, por ejemplo, en mi indicación no estaba presente el que esta silla representa el último regalo de cumpleaños de una muy querida tía antes de su desafortunada muerte. Asimismo substraje de mi indicación objetivante ese
carácter que Heidegger llama de ―útil a la mano‖ en el que se me ofrece la silla, cuando, sin pensar en ella, cuento con ella para poder hacer lo que estoy haciendo. En este caso, la silla no es un objeto que usted y yo podamos compartir. Es un ―con lo que se cuenta para‖, de carácter silente, incomunicable, totalmente des-objetivado. Por otra parte, para poder producir mi indicación objetivante, debo ―empobrecer‖ esa riqueza multifacética de mi silla para que, por decirlo así, se convierta en un objeto que medie entre usted y yo. Y para mediar entre usted y yo es necesario que la cara que el objeto me ofrece sea (intencionalmente) lo más parecida posible a la que le ofrece a usted. Mi indicación objetivante borra entonces de mi silla aquellos rasgos que impiden que esas dos caras —la que le ofrece a usted y la que me ofrece a mí— sean (pretendidamente) la misma. Una indicación objetivante no es otra cosa que la producción de un objeto. Y un objeto es lo que ofrece caras iguales a aquél que en cada caso es usted y a aquél que en cada caso soy yo.
Si todo lo anterior se cumple para una silla particular que tan tangible y concreta nos parece, con mucha más razón debe cumplirse para ese complejo e intangible constructo que es, en cada caso, una organización particular. Ciertamente esa organización de la que usted y yo hablamos en un momento dado (por ejemplo, la Universidad de Los Andes), nos ofrece a cada uno de nosotros una variedad de caras que tienden a ocultarse cuando queremos hablar de ella. Pareciera que esa variedad se oculta ante una suerte de síntesis
reductora, para sólo dejar sobre el tapete de nuestra conversación ese objeto que nos ofrece, a usted y a mí, la misma cara —una ―cara objetivada‖ que, según vimos, parece ser la de un sistema teleológico de actividades. Obviamente, la fuerza de esta síntesis reductora es mayor en la medida que el discurso que nombra la organización pretenda ser menos circunstancial que el de una conversación entre dos personas. Por ejemplo, es mayor cuando, como en nuestro caso, se pretende esbozar una teoría de organizaciones. Sin embargo, ¿es esto una justificación suficiente para olvidar esa consistencia multifacética de las organizaciones? Pareciera que el lenguaje alberga en el desarrollo de su juego una fuerza objetivante reductora; pero, ¿realmente logra esta fuerza ocultar aquella variedad? ¿No albergará también el juego del lenguaje una fuerza contraria a la anterior que permita mantener la condición multifacética de las organizaciones en el seno de nuestro hablar y pensar? Más adelante argumentaremos en favor de una respuesta afirmativa para esta pregunta.
Aparte de este asunto de la condición multifacética de las organizaciones, hay otro, vinculado al anterior, que también atenta contra nuestra definición de organización como un sistema teleológico de actividades. Para ponerlo de manifiesto permítaseme comenzar por comparar una organización de actividades humanas con un juego (como el juego de ajedrez o el juego de fútbol). En efecto, también podríamos definir un juego como ―un sistema de actividades humanas diseñadas bajo un cierto orden para cumplir un fin”. Las reglas de juego definen
su sistema de actividades.
Como bien lo ha hecho notar Wittgenstein en su libro ―Investigaciones Filosóficas‖ (1978), hay una gran diferencia entre un juego, cuando sin estar jugando, lo describimos mediante sus reglas, y la práctica de jugar un juego. Una vez que aprendemos a jugar el juego y estamos jugando, el sistema de reglas no está presente ante nosotros como un código que consultamos cada vez que vamos a jugar. Si sabemos jugar y lo hacemos bien, ante la mirada de un observador externo, estamos jugando de acuerdo con las reglas; sin embargo, nosotros simplemente estamos involucrados en una práctica que se realiza mediante nuestro actuar. En este caso, las reglas no son una guía explícita y externa que el jugador consulta antes de jugar para realizar la jugada. La regla es una abstracción que alguien realiza a partir de las jugadas del jugador. Es como si las jugadas del jugador fuesen representaciones de las reglas sin que él se lo proponga de este modo. En este sentido, ni cada regla ni la totalidad del juego es externa al jugador. El jugador es parte del juego, sin que él, mientras juega, aprecie su totalidad. ¿Pero qué quiere decir apreciar la totalidad del juego? ¿Acaso describir su sistema de reglas? Imagine una persona que no sabe jugar ajedrez pero que puede recitar su sistema de reglas. ¿Puede tal persona ―apreciar‖ mejor el juego de ajedrez que un experimentado jugador mientras lo juega? Intuitivamente estaríamos tentados a decir que no. Sin embargo, si ―apreciar la totalidad‖ quiere decir distanciarse para ver una forma, la respuesta parece ser afirmativa. Y es
precisamente este ―distanciamiento‖ lo que ocurre cuando el jugador quiere explicar en qué consiste su juego; o cuando debe apelar a las reglas para discutir la legalidad de una jugada. En general, hablar o pensar sobre el juego requiere este distanciamiento. Pero el juego, como práctica que se está realizando en un momento y lugar dados, parece ser algo más que su sistema de reglas.
Algo similar, pero en un grado mucho más profundo y complejo, ocurre con las prácticas que tienen lugar en las organizaciones. Somos parte de las organizaciones; vivimos parte de nuestra vida en organizaciones sin que sus sistemas de actividades estén presentes como un libro abierto ante nosotros. En este mismo sentido, y desde el punto de mira de las prácticas organizacionales, nuestra definición de organización como sistema teleológico de actividades es muy pobre. Sin embargo, para comenzar a pensar, hablar y discutir sobre una organización —y modificarla racionalmente si este es el caso— pareciera necesario ese ―distanciamiento‖ —ese distanciamiento que nos ofrece una imagen empobrecida de la organización: la imagen de un ―sistema de actividades‖.
Puesto en los términos que usamos al comienzo: El hecho de que la indicación objetivante sea necesaria para cualquier intento de comunicación sugiere que este escrito, que pretende ser una teoría de organizaciones, debe partir de una tal indicación objetivante, para, luego sí, ir esculpiendo sobre ella parte de la riqueza que debimos substraerle originalmente. Digo ―parte de la
riqueza‖, porque la intención científica del escrito proscribe de antemano y para siempre lo incomunicable, lo más íntimo, aquello que sólo la poesía se atreve a insinuar, a sugerir.
Vamos a adoptar la idea de sistema teleológico de actividades como un ―pseudo-axioma‖. Tal definición nos permitirá iniciar nuestra construcción teórica. Luego, esa construcción podrá ser usada para volver la mirada sobre el pseudo-axioma y cuestionarlo (de allí el carácter de ―pseudo‖). Tal cuestionamiento nos debería servir, a su vez, para cuestionar nuestra construcción. Este sería un posible camino para ir construyendo de manera recursiva una teoría de organizaciones. A continuación intentaremos una primera etapa de ese proceso.
1.2 MODELO BÁSICO DE UNA ORGANIZACIÓN 1.2.1 Definiciones iniciales (pseudo-axiomas)
Organización: Un sistema de actividades humanas (realizadas con o sin instrumentos) diseñadas y formalmente realizadas con el propósito de cumplir con un fin prefijado y explícitamente predefinido.
Organizacional: Referente a la organización.
Eficiencia: Medida de economía en recursos y tiempo para lograr fines prefijados.
organizacional dirigida a cumplir fines prefijados.
Formal: Referente al fin prefijado y explícitamente predefinido.
Actividades: Conjunto de acciones entendidas como proceso cuyo sentido está fundado en el propósito de transformar un estado de cosas en otro. Formalmente se entiende que cada actividad organizacional contribuye con la realización del fin prefijado mencionado en la definición de ―organización‖.
Objetivo: Definición de un fin.
Recursos: Bienes materiales requeridos para realizar actividades.
Actores: Personas que realizan actividades en la organización.
Entorno socio-organizacional: Micro-sociedad emergente de las relaciones (formales y no formales) sostenidas entre los actores de una cierta organización.
Sector social receptor: Sector de la sociedad que recibe el producto (bien o servicio) de la organización.
Las anteriores definiciones nos permiten esbozar, mediante una serie de comentarios referentes a las mismas, un modelo formal básico que podrá ser enriquecido y criticado a lo largo del desarrollo teórico que iniciamos en la sección 1.3 con la discusión de dos concepciones organizacionales opuestas.
1.2.2 Modelo básico de una organización
1) Tal como lo indica la definición y como lo ilustra la figura 1.2.2, la organización está definida como un sistema de actividades expresamente ordenado (―organizado‖) de acuerdo con un fin que ha sido definido de antemano. Se trata, pues, de un ―sistema de actividades orientado por un propósito‖. Las actividades, aunque estén sujetas a un alto grado de automatización, requieren, en última instancia, del concurso de (son responsabilidad de) un grupo de personas que denominamos ―actores‖. Por otra parte, la realización de dichas actividades requiere de un conjunto de recursos materiales cuya distribución y uso pretenden ser, en principio, lo más económico posible, de modo tal que el objetivo pueda cumplirse al menor costo (ver figura 1.2.2)
Esquema de un concepto de "
Organización
Figura 1.2.2
2) Las diferentes maneras de organizar las actividades y la función de los actores involucrados en las mismas, así como los distintos modos de distribuir y usar los recursos, definirán diferentes modos organizativos que podrán cumplir mejor o peor un cierto objetivo con un mayor o menor costo.
3) El manejo o gerencia de la organización descansa en el conocimiento de una variedad de modos organizativos y sus consecuencias organizacionales. La actividad gerencial consiste en la toma de decisiones
orientada por objetivos y guiada por aquel conocimiento sobre las posibilidades en materia de modos organizativos.
4) Es importante notar que tanto el objetivo como el sistema de actividades que define una organización pueden sufrir cambios después de su primer diseño. No obstante, en cualquier instante específico existe un objetivo y un sistema de actividades formales (que no necesariamente se cumplen) definidos con anterioridad a ese instante. Esta existencia formal a priori implica, a su vez, la existencia de un sistema de normas o reglas en las que, tomando como norte el objetivo de la organización, se establecen disposiciones relacionadas con la organización de las actividades, las funciones y responsabilidades de los actores, y el uso y distribución de recursos. Debido a la distribución jerarquizada del trabajo en la organización moderna occidental, la normativa referente a los actores —sus funciones y responsabilidades— establece restricciones y prerrogativas que son diferentes para diferentes niveles jerárquicos y diferentes grupos laborales.
1.3 LAS CONCEPCIONES MECANICISTA E INTERPRETATIVA SOBRE ORGANIZACIONES
A continuación usaremos el modelo formal básico descrito muy brevemente en la sección anterior como materia prima para ser interpretada a la luz de dos ―concepciones‖ sobre las organizaciones. Concepciones
que, a su vez, constituirán ejes de coordenadas en los cuales situar el espacio de nuestro discurso.
1.3.1 Concepción Mecanicista de las Organizaciones Está fundada en un acendrado realismo que supone la existencia independiente y absoluta de los fines de la organización. Los objetivos se consideran como ―dados‖ (―datos‖), invariables en el tiempo e interpretables de igual manera por cualquier observador o actor de la organización. Este absolutismo teleológico tiene como consecuencia la existencia de un juicio absoluto en relación con el modo de organizar los medios en la organización. Vale decir, el juicio sobre el sistema de actividades y la distribución de recursos que le es propia está enmarcado a lo largo de un solo eje de racionalidad y un solo eje de eficiencia. Tales ejes están definidos, en sus extremos, por máxima racionalidad y eficiencia por una parte, y máxima irracionalidad e ineficiencia por la otra4.
4
La idea de absolutismo teleológico —y su consecuente juicio absoluto en torno a los medios— se comprenderá mejor después de leer la concepción interpretativa. máxima racionalidad máxima irracionalidad máxima eficiencia máxima ineficiencia
Así, por ejemplo, dentro de esta concepción mecanicista una decisión se podrá calificar de racional, poco racional o irracional. Una distribución de recursos será más o menos eficiente.
El mecanicismo organizacional considera a los seres humanos que laboran en la organización como ―recursos‖ o piezas de la maquinaria organizacional. Al igual que las máquinas, los seres humanos simplemente funcionan eficientemente o no. Nótese que esto no implica que esta concepción no tome en cuenta lo voluble, impredecible, sentimental, etc., del ser humano.
El problema fundamental de las organizaciones, al observarlas desde un punto de vista mecanicista, se reduce a buscar el modo de organización de medios más eficiente para cumplir el objetivo formal. La toma de decisiones se basa en el conocimiento de los medios y su organización.
1.3.2 Concepción Interpretativa de las Organizaciones
Esta concepción supone que los fines de la organización sólo existen como interpretaciones humanas, cuyo basamento descansa en el terreno axiológico. Por tal razón tales interpretaciones no tienen por qué ser únicas ni absolutas. Puede existir, de este modo, toda una variada gama de disímiles interpretaciones teleológicas sobre una organización específica, aun entre los actores que laboran en la misma. Los objetivos formales pueden ser entendidos de modo diferente por diferentes personas. Pueden, además,
―existir‖ otros fines que no sean interpretaciones del objetivo formal, pero que hagan inteligibles ciertas acciones organizacionales. Este relativismo teleológico trae como consecuencia la existencia de tantas posibilidades de racionalidad/eficiencia como fines pueda haber.
Para facilitar la explicación de esta relatividad en materia de racionalidad y eficiencia, permítaseme representar lo anterior en símbolos del siguiente modo: Sea O el objetivo formal de la organización. Sean F1, F2,
F3, ... Fn interpretaciones posibles del objetivo formal
O; vale decir, interpretaciones que pretenden tener su fundamento en O. Sean f1, f2, f3,....fm otros fines5 que no
pueden ser posibles interpretaciones de O, y que pueden ser plasmados en objetivos (no formales) O1, O2, O3, ....
Om. Aquellas personas que interpretan a O de la manera
Fj, concebirán como irracionales e ineficientes (de
acuerdo con la definición) todas aquellas acciones o actividades que no puedan ser racionalmente justificadas en términos de Fj. Vale decir que cualquier acción
justificable en términos de, por ejemplo, fk, podría
considerarse como irracional desde el punto de mira de la interpretación Fj.
5
Nótese que dentro de la concepción interpretativa un fin siempre es una interpretación. Vale decir, no hay tal cosa como un "fin absoluto" y otras "interpretaciones desviadas" del mismo. Por ello, decir "interpretación del fin de la organización" tiene, dentro de la concepción que nos ocupa, exactamente el mismo significado que decir "fin de la organización".
El lector debe notar que los conceptos de racionalidad y eficiencia no desaparecen en la concepción interpretativa, sino que adquieren un carácter relativo. En el enfoque mecanicista una acción o actividad se califica simplemente como racional o eficiente sin apelar al fin al que tal juicio sirve. En la concepción interpretativa la acción es racional o eficiente en términos de un cierto fin Fp.
Hemos descrito, hasta ahora, el problema interpretativo de los fines en una organización. El sistema de actividades también está sujeto a una variedad interpretativa que se deduce directamente de la definición de organización. Cuando se define la organización como ―un sistema de actividades humanas diseñadas y ....‖, la mentalidad mecanicista entiende que la definición está indicando un conjunto de objetos del mundo material (edificaciones, escritorios, máquinas, etc.), un conjunto de personas, un conjunto de ―hechos atómicos‖ (hechos referentes a las relaciones espacio-temporales que se establecen entre las cosas del mundo material); todos ellos asociados con las actividades referidas. Entiende esta mentalidad que la noción de ―organización‖ alude a estos seres y hechos atómicos tal como la palabra ―escritorio‖ alude a este mueble sobre el que escribo, o la palabra ―Juan‖ alude a la persona que está aquí junto a mí, o la frase ―se cayó el lápiz al piso‖ alude a un hecho atómico. La concepción interpretativa argumenta, con marcado énfasis, que tal definición de organización, aunque se entendiese dentro de una concepción dualista-eleática del mundo (Fuenmayor,
1985, pp. 67-174), está indicando un objeto mucho más abstracto que el supuesto por el mecanicismo. Se trata de una abstracción que no tiene un correlato inmediato, sino mediato, con el mundo de las cosas materiales y de los hechos atómicos que entre ellas se suscitan. El observador desprovisto de un esquema conceptual que le permita identificar una cierta organización como tal, aunque observe las cosas y hechos atómicos asociados a las actividades, no puede descubrir el ―sistema de actividades‖ que define a la organización. La organización es, por tanto, una interpretación ―subjetiva‖ que puede fácilmente ser vista de manera diferente por distintas personas.6
A esta altura de nuestro desarrollo discursivo debe resultar claro que la variedad interpretativa, tanto de fines como de medios, no resulta aparente ante la mirada desprovista de instrumentos cognoscitivos necesarios para disecar tal variedad. Puesto que cada actor u observador no está necesariamente consciente de sus propias interpretaciones, aún menos consciente estará de las interpretaciones de los otros actores. Cada persona tiende a suponer que los demás deben ver y valorar las
6
No obstante, el discurso cotidiano no permite ser totalmente coherente con esta aclaratoria. Cuando decimos, por ejemplo, los actores ―miembros de la organización‖, deberíamos decir ―los actores adscritos, o al servicio de la organización‖, pues, estrictamente hablando, los actores no pertenecen al sistema de actividades que define a la organización, las realizan o son responsables de ellas. Cuando decimos ―conflicto en la organización‖, queremos decir, con mayor rigurosidad, ―conflicto en el ambiente social responsable de la organización‖.
cosas del mismo modo que él lo hace. Cuando el comportamiento de los otros contradice esta suposición se tiende a suponer que los otros están equivocados o actúan mal. De este modo, en un comienzo del estudio organizacional comprendido dentro de la concepción que nos ocupa, la variedad interpretativa se le presenta al estudioso como una indistinta y confusa maraña.
Ya el lector se debe imaginar, especialmente a partir de la lectura del párrafo anterior, que la variedad interpretativa no existe, dentro del entorno socio-organizacional7, como un conjunto de apartados estancos. Por el contrario, cada posibilidad interpretativa afecta y es afectada por las demás. Cada interpretación no existe, sino co-existe en el entorno socio-organizacional. Tal co-existencia, que es viva interacción, es el motor fundamental de la dinámica cultural referente a la organización. En este orden de ideas, usaremos la expresión ―sistema interpretativo‖ para resaltar la conectividad e interactividad en la que se da la variedad interpretativa.
Desde un punto de vista interpretativo, el problema fundamental del estudio de organizaciones consiste en dilucidar, desenmarañar, distinguir posibilidades dentro de la variedad interpretativa y situar tales posibilidades dentro de un sistema interpretativo. Para ello se requiere de la construcción de una ―plataforma cognoscitiva interpretativa‖ en la que se puedan discutir la variedad
7
El entorno socio-organizacional es la micro-sociedad sostenida entre los miembros de la organización.
de fines y el sistema de actividades que mejor realice cada posibilidad teleológica.8 Dicha plataforma contiene una o más concepciones teleológicas de la organización. Cada concepción teleológica se condensa en un ―objetivo ideal‖. Para cada ―objetivo ideal‖ se deduce, a su vez, un modelo de actividades que lo realice. Asimismo, la plataforma cognoscitiva interpretativa está provista de un diagnóstico del conjunto actual de actividades. De dicho diagnóstico se inducen una o varias hipótesis sobre el ―objetivo real‖ que cumplen tales actividades. Nótese que este ―objetivo real‖ no tiene por qué coincidir ni con el objetivo formal ni con los otros objetivos ideales. Se trata de una hipótesis sobre lo que realmente está haciendo la organización como producto de las actividades que en ella se realizan, y, por tanto, como producto de la dialéctica sostenida entre sus diversas fuerzas interpretativas. En la Parte II se explicará más ampliamente la estructura de la plataforma cognoscitiva interpretativa por medio de ciertos aspectos metodológicos referentes a su construcción.
Tal como se explicó al final de la sección 1.3.1, desde el punto de vista de la concepción mecanicista, el problema cognoscitivo fundamental envuelto en la toma de decisiones es el conocimiento de los diferentes modos organizativos posibles y sus costos asociados. Vale decir, se requiere construir una especie de plataforma
8
La idea general de esta ―plataforma cognoscitiva interpretativa‖ se inspira en la metodología para sistemas blandos (―Soft Systems Methodology‖) del Profesor P.B. Checkland (1981).
cognoscitiva que involucre variadas posibilidades respecto a los medios necesarios para cumplir con el fin prefijado. En cambio, dentro de la concepción interpretativa, el conocimiento de las variadas posibilidades referentes a uno de los fines considerados es sólo un aspecto parcial y relativo a toda la plataforma cognoscitiva interpretativa, en la que se discuten varios fines. En este orden de ideas, la plataforma cognoscitiva mecanicista puede ser vista como un momento de la plataforma cognoscitiva interpretativa.
Capítulo 2
LA VARIEDAD INTERPRETATIVA
Y LA LUCHA POR PODER
EN LAS ORGANIZACIONES
Tal como ya se enunció en la sección 1.3.2, la concepción interpretativa de las organizaciones descansa en el supuesto de que diferentes actores —o, mejor aún, grupos de actores— actúan de acuerdo con diferentes interpretaciones sobre la organización y sobre las relaciones sociales que se establecen entre ellos. La frase ―diferentes interpretaciones sobre la organización‖ se refiere no sólo a diferentes interpretaciones respecto a los fines de la organización, sino, también, a diferentes interpretaciones sobre el sentido de las actividades organizacionales y sobre el papel que cada actor cree que desempeña en relación con el que cree que desempeñan los demás actores. Claro está, los tres aspectos están íntimamente vinculados entre sí. Algunas de estas interpretaciones sobre la organización pueden chocar, por una parte, con los objetivos formales y la normativa asociada a los mismos, y, por la otra, con las interpretaciones de otros actores o de otros miembros del sector social receptor del producto organizacional.
que sus miembros mantienen una relación constante en torno a una cierta actividad, se ve sometido a una especie de fuerza cultural unificadora. Los miembros del grupo son forzados, a través de diversos medios, a concertar una visión similar de la organización y a desplegar un actuar homogéneo que se corresponda con dicha visión. Los nuevos miembros se ven sometidos a un proceso educativo que se ha dado en llamar ―segunda socialización‖9
. Ante esta fuerza homogeneizadora, ¿cómo es posible que pueda existir una variedad interpretativa dentro de la organización?
Un primer intento de respuesta podría ser el siguiente: Normalmente los actores de una organización son personas adultas que ya tienen formada una visión del mundo que no es fácilmente alterable en sus aspectos básicos. Por otra parte, salvo los casos de lo que Goffman (1961) denomina ―organizaciones totales‖ (―total organizations‖) en las que los individuos viven todo su tiempo dentro de la organización, los actores llevan una vida paralela fuera de la organización que sigue actuando sobre ellos y re-haciendo sus visiones del mundo. De esta manera, tanto la historia anterior de cada individuo como su vida externa, explicarían la permanencia de la diversidad interpretativa en la organización. Esta es una posible respuesta a nuestra pregunta sobre el fundamento de la diversidad interpretativa. Sin embargo, no es suficientemente
9
Para una discusión extensa sobre este asunto véase Berger and Luckmann (1968).
convincente. Veamos por qué:
Aunque es cierto que un individuo adulto cambia menos que un niño, su visión del mundo está también sometida a un proceso de ajuste continuo (Fuenmayor, 1985, pp. 298- 299). La fuerza homogeneizadora que la micro-cultura organizacional impone sobre el individuo (cuya actividad vital gira en torno a dicha organización), es suficientemente poderosa como para ajustar la visión del mundo del actor adulto o, en caso contrario, crearle una situación social lo suficientemente difícil como para que se retire de la organización. Esto resulta mucho más claro si recordamos que no nos estamos refiriendo directamente a la totalidad de la visión del mundo del individuo; sólo estamos interesados en esa porción de la misma conectada directamente con su interpretación sobre una serie de aspectos de la organización. Si bien es cierto que la totalidad de la visión del mundo de un individuo actúa, de un modo u otro, sobre cada una de sus interpretaciones, también hay que aceptar que, en la mayor parte de los casos, la persona que va a ingresar al grupo de actores de una organización sólo tiene una idea muy vaga e imprecisa sobre la misma. Por tanto, tal idea puede, sin mucha dificultad, ser enriquecida y precisada (o aun cambiada) en diferentes sentidos, lo cual depende del desarrollo de su nuevo proceso de socialización.
Como se puede ver, el argumento ofrecido hasta ahora para fundamentar la diversidad interpretativa en la organización es insuficiente. Para que esta variedad se pueda mantener es necesario que exista, dentro del entorno socio-organizacional, una “fuente de
diversidad” que le permita al individuo desarrollar su marco interpretativo en torno a una de las posibilidades de esta diversidad y, a la vez, mantenerse asido a la misma. Discutamos a continuación una explicación de esa ―fuente de diversidad interpretativa‖ emparentada, hasta cierto punto, con la teoría organizacional de Michel Crozier (1963, 1967).
2.1 CONFLICTO Y PODER EN LAS
ORGANIZACIONES
En el ―Modelo formal básico de una organización‖ (1.2), se había explicado cómo la normativa organizacional y la división jerarquizada del trabajo propia de la organización moderna imponen restricciones y prerrogativas sobre los actores. Tales diferencias los ubican en diversos grupos laborales jerarquizados. La diversidad de grupos conlleva una diversidad de intereses, asociada, con frecuencia, a una diversidad en condiciones socio-económicas. Tal variedad de intereses implica, a su vez, una variedad interpretativa dentro del entorno socio-organizacional. De esta manera, las diferencias socio-económicas y las diferentes visiones del mundo presentes en los actores antes de iniciar sus servicios en la organización, se canalizan, de algún modo, dentro del entorno socio-organizacional para aferrarse a las diferencias entre los grupos laborales jerárquicos. Lo anterior resume la respuesta a la pregunta que interroga por el fundamento de la
diversidad interpretativa en las organizaciones. Sin embargo, debemos examinar con mayor detenimiento el asunto para lograr una mejor comprensión del proceso que origina y mantiene la diversidad interpretativa.
De acuerdo con Crozier, la variedad que la normativa impone entre los grupos laborales es fuente potencial de conflicto —que se da en términos de ―lucha por poder‖10— y motor interno del dinamismo propio de una organización. Pero —le preguntamos al sociólogo francés— ¿por qué esta variedad implica conflicto? ¿Por qué lucha por poder? ¿Es que acaso todos los actores quieren tener la máxima posición directiva en la organización? La simpleza de la última pregunta se aclara de inmediato al mostrar la definición de poder que Crozier ha adoptado. Se trata de una noción más amplia que la referente al mero poder formal definido por la estructura jerárquica de la organización. La definición de poder que Crozier toma de Robert Dahl es la siguiente:
10
La frase "lucha por poder" resulta un tanto extraña en español. No obstante, la usamos de este modo para evitar equívocos en el significado que le queremos dar. Como se verá a continuación, el concepto de poder que estamos usando (en el contexto de las organizaciones) es más amplio que la idea de poder relacionada con el desempeño de una alta función gerencial en la jerarquía organizacional. La frase más usual es "lucha por el poder". Sin embargo tal frase lleva implícita la idea de un poder previamente definido por un sistema de reglas; lleva implícita la idea de lo que denominaremos poder formal. Por el contrario, el concepto de poder aquí usado no alude solamente al poder único definido por la normativa oficial; antes bien, implica una gran variedad que oscila entre el poder casual que en un momento dado un actor pueda tener sobre otro, hasta el poder formal antes mencionado. Este rango incluye el poder que ciertos grupos ejercen sobre otros de manera informal, pero fundamental en la dinámica de la organización.
El poder de una persona A sobre una persona B es la capacidad que A tiene para lograr que B haga algo que no hubiera hecho sin la intervención de A. (Burrell and Morgan, 1979, p. 214. La traducción es mía), (Crozier, 1963, p. 30)
Con esta definición en mente podemos resumir una respuesta de tipo crozeriano a la pregunta sobre el origen del conflicto y la lucha por poder:
La vida social humana está signada por la incertidumbre ante las acciones del otro. La respuesta individual ante esta incertidumbre es la búsqueda de poder sobre los otros. Para entender este asunto vale la pena revisar muy brevemente su fundamento socio-filosófico, enraizado, a nuestro modo de ver, en una cierta perspectiva de la sociología fenomenológica.
La vida humana, lo que en cada caso es mi vida, apoyada sobre el sedimento de lo que ha sido, se halla siempre tendida, arrojada, en incierta proyección, hacia lo que viene11 (Fuenmayor, 1985, pp. 142-170). El presente, mera ilusión proveniente de una distorsión simplista del tiempo real, es sólo el rastro continuo y efímero de esa dialéctica tendida entre pasado y futuro. Rastro cuyo olor es esencia de incertidumbre hacia lo desconocido, hacia lo amenazador, que es el porvenir.
Ahora bien, la vida de cada cual —digo vida
11
Con esto no quiero decir algo tan específico como "planificación", en el sentido ordinario de la palabra, ni ―previsión a largo plazo‖. Éstas son, más bien, características propias de ciertos individuos y sectores dentro de las sociedades occidentales.
humana— se halla inextricable y genéticamente ligada a otras vidas humanas; a otros que me miran y adivinan mi interior como yo los veo y adivino su interior; a otros sobre los que puedo actuar, ejercer poder, así como ellos pueden actuar y ejercer poder sobre mí. Ortega y Gasset, en la investigación que realiza sobre la esencia de lo social en su obra ―El hombre y la gente‖ (1972), nos dice que después de una larga búsqueda,
...resultó que sólo hallamos algo a quien conviniera el sentido puramente verbal de la relación social (...) cuando el viviente que cada uno de nosotros es se encontraba con el Otro a quien desde luego reconoce como un semejante y llamábamos el otro Hombre. El atributo característico y primario de eso que llamo el otro Hombre es que responde, de hecho o en capacidad, a mi acción sobre él, lo cual obliga a mi acción a contar por anticipado con su reacción, reacción del otro en que, a su vez, se ha contado con mi acción. (Ortega y Gasset, 1972, p. 118).
Los otros están, pues, en un primer plano de ese espacio incierto del porvenir. La necesidad de asegurar el porvenir, de disminuir la incertidumbre, hace que el individuo busque acumular poder sobre los demás, de manera tal que las posibles acciones de los otros puedan ser contrarrestadas en términos de ese poder.
Nos permitimos citar a continuación uno de los ―nudos‖ descritos por R.D. Laing, en donde el asunto se caricaturiza de manera tal que no hacen falta más explicaciones:
Jack le teme a Jill Jill le teme a Jack Jack le teme más a Jill Jill le teme más a Jack
si Jack piensa si Jill piensa que Jill piensa que Jack piensa
que Jack le teme a Jill. que Jill le teme a Jack. Puesto que Jack teme Puesto que Jill teme que Jill piense que que Jack piense que Jack le teme, que Jill le teme, Jack pretende Jill pretende no temerle a Jill no temerle a Jack de manera que Jill de manera que Jack le tema más a Jack le tema más a Jill.
Así
Jack intenta atemorizar a Jill mostrando que no le teme a Jill y Jill trata de atemorizar a Jack mostrando que no le teme a Jack ...
Laing (1970, mi traducción)12.
Aunque actualmente con frecuencia se considera esta situación como una condición humana básica propia de todas las culturas y de todos los tiempos, creemos que, por el contrario, se trata de una condición histórica particular que se ha ido enraizando en las prácticas organizacionales de los países desarrollados y de aquellos que los imitan. En la Conclusión de este opúsculo discutiremos cómo la pretensión de
12
Obviamente la relación con el otro descrita de este modo obedece a una forma de ―Recursividad esencial‖ descrita por Fuenmayor (1985, pp. 119-135).
universalidad de tales condiciones culturales particulares ha sido un factor importante en su diseminación.
Después de esta breve explicación sobre el asunto de la incertidumbre en relación con los otros, estamos en posición de volver a tomar el hilo del argumento (de inspiración crozeriana) referente a la lucha por poder en el entorno socio-organizacional.
El nuevo actor ingresa en un cierto grupo laboral jerarquizado. A través de su nueva socialización va aprendiendo la interpretación organizacional de aquellos que, junto con él, están sometidos a situaciones similares de incertidumbre (situaciones signadas por amenazas y expectativas similares). El iniciado se asocia, de esta manera, no sólo con un grupo, sino con una interpretación organizacional. Se trata, en ambos casos, de una asociación de resguardo cuyo sentido se da en términos del enfrentamiento con un ―enemigo‖ común. El enemigo, a veces, puede ser identificado como otro u otros grupos con situaciones de incertidumbre diferentes; otras veces el ―enemigo‖ es difuso, es algo así como el resto del entorno socio-organizacional.
Como ya se expresó, cuando el individuo comienza a prestar sus servicios a la organización, su interpretación organizacional es suficientemente vaga y superficial como para permitir, sin gran resistencia, un enriquecimiento gradual de la misma. Este enriquecimiento es, principalmente, un producto directo de su nueva socialización en torno a la lucha por poder. Así, la dinámica conflictiva que se desarrolla a partir de su asociación con un cierto grupo es un factor decisivo
en ese proceso de darle forma —como se le da forma a una figura a partir del barro— a su interpretación organizacional. Surge así una especie de lo que, parafraseando a Marx, pudiera llamarse ―conciencia de grupo‖ en la que, en un proceso de nunca acabar, se va afinando su interpretación organizacional. De este modo se explica y fundamenta la diversidad interpretativa en la organización.
Ahora bien, un aspecto de esa interpretación que el actor desarrolla sobre su organización —que ha sido condicionada por la lucha por poder— es la misma lucha por poder. Vale decir, la lucha por poder y el conflicto de intereses que subyace en el entorno socio-organizacional no es —como podría pensarse por lo dicho hasta ahora y como parece traslucirse en la obra de Crozier— una especie de ―substrato‖ o ―infraestructura‖ objetiva, que explica el surgimiento y el desarrollo de la variedad interpretativa de carácter subjetivo. No, no se trata de un substrato objetivo que el investigador simplemente tiene que ―encontrar en la realidad‖ para así poder entender la variedad interpretativa. La lucha por poder y el conjunto de intereses en pugna son también un ―constructo‖ social que forma parte de la variedad interpretativa y que condiciona de manera variada el comportamiento de los actores. Así, diferentes actores pueden tener diferentes nociones de la lucha por poder y de los intereses que la motorizan. El entorno socio-organizacional puede albergar diferentes nociones de lo que es poder en dicho ambiente. El tipo de poder que un cierto actor anhela y trata de conseguir con todas sus
fuerzas, puede ser insignificante y despreciable para otro actor.
La explicación de corte crozeriano que hemos desarrollado hasta este punto podría causar la impresión de que la dinámica interpretativa está sujeta solamente al conflicto por poder que se desarrolla en el interior del entorno socio-organizacional.13 De ser esto así, el fin de la organización se vería sujeto solamente al equilibrio de ese conflicto interno; lo que implicaría que sólo la lucha de intereses de los actores definiría el rumbo y quehacer de la organización. Este no es el caso en la organización típica occidental. Veamos por qué:
2.2 DIALÉCTICA ENTRE LA RESULTANTE DEL CONFLICTO INTERNO Y EL SECTOR SOCIAL RECEPTOR
Los fines de una organización trascienden, en principio, a los de los actores que en ella laboran. La organización cumple un papel para la sociedad, o, más específicamente, para el sector social receptor del bien o servicio producido por la organización en cuestión (lo llamaremos en adelante ―sector social receptor‖). Así, por ejemplo, una universidad produce conocimientos y forma profesionales para un sector social receptor; un hospital intenta mantener la salud de los miembros de un
13
Crozier, efectivamente, parece sesgar un tanto su examen dialéctico en ese sentido.
sector social receptor; una fábrica de zapatos vende sus productos a un sector social receptor. Antes de continuar vale la pena realizar algunas aclaraciones en relación con este concepto de ―sector social receptor‖:
1) Los sectores sociales receptores de dos organizaciones diferentes cuyos edificios estén ubicados en la misma localidad pueden ser totalmente diferentes. Por ejemplo, una fábrica de automóviles de lujo y una institución destinada a proveer albergue, comida y educación a niños abandonados poseen sectores sociales receptores diferentes. Sin embargo, supondremos que si ambas organizaciones prestan sus servicios en una misma sociedad, sus sectores sociales receptores guardarán alguna relación entre sí.
2) El sector social receptor de una cierta organización puede incluir personas con muy variadas condiciones económicas, sociales y culturales. Ello implica que dentro de un mismo sector social receptor puede existir tanto una gran variedad interpretativa como una variada gama de relaciones de poder. Por ahora, sin embargo, no nos ocuparemos de tal variedad propia del sector social receptor. Así, cuando en los párrafos siguientes nos refiramos a la influencia del sector social receptor sobre su organización, aludimos al efecto resultante de las relaciones entre los diferentes grupos o subsectores que constituyen dicho sector. Más adelante examinaremos con mayor detalle las características particulares de sectores sociales heterogéneos.
3) En cada país, el Estado mantiene diferentes vínculos con las organizaciones y sus sectores sociales
receptores. Tales vínculos varían de acuerdo con el modo de definir el papel general del Estado en cada sociedad y con la condición de la organización (pública, privada, cooperativa, organizaciones comunitarias no gubernamentales, etc.). De este modo, la intermediación por parte del Estado entre una organización y su sector social receptor podrá ser total (e.g. en instituciones públicas efectivamente controladas por el Estado) o, en el otro extremo, inexistente (e.g. organizaciones privadas presentes en formas estatales débiles o anárquicas).
4) El objetivo formal de la organización es, en principio, la producción de ese bien o servicio bajo ciertas condiciones de cantidad y calidad requeridas por el sector social receptor. En lo que sigue usaremos la frase ―estado del producto‖ para referirnos a esas condiciones cualitativas y cuantitativas del producto (bien o servicio) de la organización. Cuando hablamos de un estado del producto ―requerido‖ por un sector social receptor no nos referimos sólo al caso típico del mercado en el que un cliente toma la decisión individual de comprar un bien o servicio. También con este término de ―requerimiento del sector social receptor‖ nos referimos a requerimientos definidos por el Estado o por los responsables de ciertas organizaciones para un cierto sector social receptor (por ejemplo, en el caso de un organización destinada a la atención de la infancia abandonada), cuyos miembros no tomaron la decisión individual de adquirir tales bienes o servicios.
Cuando la organización comienza su actividad, con su sistema formal recién creado, tanto la constitución
de los grupos laborales jerarquizados, como la variedad interpretativa en el entorno socio-organizacional están íntimamente vinculados con el sistema formal. Luego, mediante el despliegue del conflicto interno y de las relaciones que se establecen con el sector social receptor (bajo la mayor o menor intermediación del Estado), se van creando nuevas vinculaciones, actividades, costumbres, restricciones y prerrogativas informales (que pueden, eventualmente, ser formalizadas) que, a su vez, actúan sobre la re-definición de los grupos, sus interpretaciones y su conflicto. Se trata de un proceso expansivo que, en su intento de ampliar el ―espacio‖ originalmente definido por el sistema formal, ejerce presión sobre las fronteras que este último establece. En efecto, la lucha interna por poder y otros factores provenientes de las relaciones que se establecen con el sector social receptor constituyen una ―fuerza expansiva‖, la cual, buscando minimizar el conflicto, intenta alejar la organización actual de la formal — intenta, pensándolo gráficamente, transformar el ―espacio‖ definido por el sistema formal predefinido (ver figura 2.2-1). Surge así una tensión dialéctica entre esa fuerza expansiva y la necesidad de mantener el sistema formal predefinido. Esta tensión dialéctica puede ser ilustrada por medio de una analogía pictórica representada en la figura 2.2-1.
Figura 2.2-1
Pero, ¿por qué esa necesidad de mantener el sistema formal pre-establecido? ¿Cuál es su fundamento? ¿Se trata sólo de cumplir con la ―obligación‖ originalmente impuesta? ¿De dónde obtiene tal necesidad su fuerza de lucha para poder competir con la fuerza expansiva resultante del conflicto y de las relaciones con el sector social receptor?
La subsistencia de una organización depende, entre otros factores, del estado del ―producto‖ (bien o servicio) que ésta le brinda a la sociedad. Si el producto no cumple con las condiciones esperadas, se tiende a producir14 un
14
conflicto entre el sector social receptor del mismo (con mayor o menor intermediación por parte del Estado) y el entorno socio-organizacional de la organización productora. Por ejemplo, en un sistema capitalista de libre competencia, si los zapatos producidos por la fábrica no gustan o son muy caros, no se venden y la organización puede perecer. Si en un hospital público no se curan las enfermedades del modo esperado, existirá una presión sobre los responsables del mismo (en este último caso el papel intermediador del Estado tenderá a ser más notorio).
Lo que llamamos ―conflicto‖ entre el sector social receptor y el entorno socio-organizacional puede consistir en un mero descontento no claramente manifiesto por parte de miembros del sector social receptor; o, en el otro extremo, puede convertirse en la acción necesaria para intervenir la organización y hacerla desaparecer. En todo caso, el sector social receptor ejerce, de un modo u otro, una ―presión‖ social sobre el entorno socio-organizacional.15 En este orden de ideas, llamaremos ―presión crítica‖ aquella cuyo resultado inmediato es la acción destructora de la organización. En esta situación de presión crítica diremos que el estado del producto organizacional se encuentra en su ―límite crítico inferior‖.16 Llamaremos ―diferencia crítica‖ a la
15
Vale la pena hacer notar que el entorno socio-organizacional también ejerce una cierta presión sobre el sector social receptor. Tal presión la ejerce, generalmente, por medio del Estado y de los medios de comunicación masiva.
16
Obsérvese que estos conceptos analógicos de "presión", "presión crítica", estado "límite crítico inferior" del producto, y otros del mismo tipo, no son
diferencia que existe entre el estado actual del producto y su límite crítico inferior.
Conviene insistir en que, ni el estado actual del producto ni su límite crítico inferior (ni la diferencia crítica) dependen solamente de una evaluación ―objetiva‖ de ciertas características técnicas del producto. Así, por ejemplo, el estado del producto universitario percibido por los miembros del sector social receptor no sólo depende de patrones de medida académicos, tales como el número y calidad de publicaciones; o, la calidad del servicio hospitalario percibida por los miembros del sector social receptor no sólo depende del número de camas, morbilidad por número de habitantes, etc. El juicio que los miembros del sector social receptor puedan formular sobre el estado del producto de una organización depende de una intrincada variedad de factores —algunos del dominio público, otros dependientes de experiencias casuales privadas y subjetivas— que trascienden con mucho la mera evaluación técnica y objetiva del producto. El grado de conciencia crítica del sector social receptor, el grado de apertura democrática (en el sentido auténtico del término) de la sociedad, el sistema de competencia entre diferentes organizaciones productoras del mismo producto, lo tangible del producto, el tamaño del sector social receptor, son, entre otros, factores que influyen en la interpretación pública del estado del producto. Así, por