2. Referentes Teóricos
2.1 Lectura desde la perspectiva interactiva
Esta investigación sitúa la lectura desde la perspectiva interactiva; sin embargo, para poder orientarla desde ese enfoque se debe tener en cuenta que inicialmente la lectura es un proceso cognitivo, en el cual se activa el pensamiento para darle sentido al texto leído. Por tanto, es importante aclarar en qué consiste el planteamiento psicolingüístico de la lectura para luego saber qué es la lectura interactiva y finalmente ver cuál es el papel que juega el lector dentro de esta perspectiva.
2.1.1 La naturaleza de la lectura
La lectura desde un enfoque psicolingüístico consiste en un proceso en el cual “el pensamiento y el lenguaje están involucrados en continuas transacciones cuando el lector trata de obtener sentido a partir del texto impreso” (Goodman 1967 citado por Ferreiro & Gómez,2002, p. 13). Hoy se podría decir que dicho proceso no se lleva a cabo exclusivamente en el texto impreso, sino que es propio de la lectura en cualquier formato. Por otra parte, Smith (1997, p.122) desde la psicolingüística, destaca la relación interactiva que hay entre los conocimientos que ya tiene el lector, los cuales le permiten hacer predicciones e inferencias y procesar la información nueva que brinda el texto reconfigurando sus esquemas con aprendizajes nuevos.
Smith (1997) postula que, hacemos predicciones acerca de lo que nos disponemos a leer para comprender, y formulamos hipótesis acerca de lo que pueden significar probablemente una palabra o un párrafo, ello con el fin de aprender. Por tanto, cuando
el lector puede establecer relaciones entre aquello que ya conoce y la información nueva que le ofrece un texto es cuando construye el significado que le ofrece el texto.
2.1.2. Lectura interactiva
A partir de los aportes de psicolingüistas como Goodman (1967) y Smith (1997) aparece la perspectiva interactiva, la cual fue enriquecida, según explica Dubois (1991), por los psicólogos constructivistas quienes agregaron al proceso cognitivo realizado en la lectura la experiencia previa del lector, de tal forma que "la interacción entre pensamiento y lenguaje sostenida por los psicolingüistas, pasa a ser, para los psicólogos constructivistas la interacción entre la información aportada por el texto y los esquemas que posee el lector" (p. 12).
En este sentido, se plantea que dicha perspectiva de la lectura surge de la integración de dos modelos anteriores. El modelo ascendente y el modelo descendente. Solé (1996) explica que en el modelo ascendente se da gran importancia a los procesos de descodificación y se considera que los procesos de comprensión se logran dar en tanto el lector pueda descodificar un texto en su totalidad; por tanto, este modelo está centrado en el texto. Por otra parte, en el modelo descendente el lector llega a la comprensión a partir de los conocimientos previos y los esquemas cognitivos desarrollados de tal manera que puede realizar anticipaciones sobre el contenido del texto formulando hipótesis que verificará durante la lectura; por consiguiente, entre más información tenga el lector en relación con el contenido del texto más fácilmente construirá una interpretación de este. Desde este modelo se da prioridad al papel del lector y a la lectura global de palabras.
Dubois (1991) establece que el enfoque interactivo de la lectura se compone de cuatro aspectos fundamentales que encierran lo anteriormente dicho; en primer lugar, la lectura es un proceso global e indivisible, además el sentido del mensaje está en la mente del autor y el lector y no en el texto; el lector construye el sentido del texto a través de la interacción con este y por último la experiencia previa del lector tiene un papel crucial en la construcción del sentido del texto.
Por último, Goodman (1967) plantea que “toda lectura es interpretación y lo que el lector es capaz de comprender y de aprender a través de la lectura depende fuertemente de lo que el lector conoce y cree antes de la lectura” (citado en Ferreiro & Gómez, 2002,
p. 18). A partir de lo anterior, en la lectura se origina un proceso de interacción entre los conocimientos previos del lector, el texto y el contexto, el cual posibilita llegar a la interpretación y comprensión de todo el contenido del texto. Igualmente, Pinzas (2001) afirma que la lectura es interactiva:
…porque la información ofrecida por el texto y el conocimiento o información previos del lector se relacionan (se integran) para producir un significado particular. El razonamiento sobre el material escrito –la construcción – entonces, no se da, no es posible que se dé, en el vacío” (p. 17).
Finalmente, se puede decir que la teoría aquí presentada permite orientar la investigación, como lo afirma Solé (s.f.), hacía una perspectiva que establezca la lectura como “uno de los medios más importantes para la consecución de nuevos aprendizajes” (p. 31); pero también, como instrumento cultural desarrollado a través de intercambios e interacciones. De esta manera, el estudiante tendría como tarea extraer el contenido del texto para ser comprendido, interpretado y darle sentido. Dicho sentido, “no está en las palabras u oraciones que componen el mensaje escrito, sino en la mente del autor y en la del lector cuando reconstruye el texto de forma significativa para él” (Dubois, 1991, p. 11).
2.1.3 El lector desde la perspectiva interactiva
Desde esta perspectiva es importante entender que para que el lector logre llegar a la comprensión de cualquier texto se requiere hacer una interrelación entre los significados que este expone y los presaberes que tiene el lector, y así poder construir un sentido global de la información leída. Puesto que, “el conocimiento que el sujeto trae es fundamental para que pueda hacer algo con el texto” (López & Arciniégas, 2004, p. 24). Como lo explican las mismas autoras, dicha interacción es la que permite que el lector establezca hipótesis y relaciones, elabore inferencias y pueda hacer comprobaciones de dichos procesos. De esta manera, según Pinzas (2001) se constituye un buen lector, quien logra fundamentalmente la integración de la información. A partir de ello, los lectores:
…saben elegir qué información de la que ya poseen es relevante y saben combinarla con las novedades que trae el texto. Se trata de un proceso de interacción entre un lector mentalmente muy activo y un texto escrito que permite y facilita este proceso. (Pinzas, 2001, p. 17).
Según López & Arciniégas (2004), todo lo anterior permite entender que en la comprensión de lectura el lector tiene un papel preponderante, aún más que el mismo texto, dado que el significado no se encuentra en el mismo; sino, que es construido por el lector y sus esquemas cognitivos previos. De tal manera, el lector se centra como agente activo, ya que “el sentido de la lectura es el producto de su actividad mental que busca los conocimientos archivados en su memoria y los proyecta sobre la página impresa” (Dubois, 1991, p. 14). Para así, comprometerse con el texto, por lo cual debe contar con herramientas que le permitan procesar, interpretar y comprender lo que lee.
Por tanto, desde la perspectiva interactiva se concibe un lector “activo que se involucre con el texto, en un contexto específico, para procesarlo, interpretarlo y poder elaborar una representación mental coherente de sus contenidos…” (López & Arciniégas, 2004, p. 9), asumiendo la regulación y control de su propio proceso de lectura. En este mismo sentido, Solé (1996) señala que la lectura, desde esta perspectiva, perfila un lector que manipula y domina de distintas maneras el contenido que presenta un texto, para lo cual necesita hacer uso de sus conocimientos previos, establecer hipótesis, ser capaz de inferir y construir los posibles sentidos del texto teniendo en cuenta el contexto.
Adicionalmente, dicho lector “permanece activo a lo largo del proceso, enfrentando obstáculos y superándolos de diversas formas, construyendo una interpretación para lo que lee y que es capaz de recapitular, resumir y ampliar la información que mediante la lectura ha obtenido” (Solé, 1996, p. 2). Lo anterior, implica que la presente investigación busque que los estudiantes logren formarse como unos lectores autónomos e independientes para no solo enfrentarse a un texto, sino también para generar y modificar sus propios aprendizajes e involucrarse de manera consciente en sus procesos de lectura.