Artículo 13. Libertad de Pensamiento y de Expresión
IV.2. Terminología Interpretación.
IV.2.3. Análisis conceptual comunicacional
IV.2.3.3. La libertad de prensa en la teoría del Estado representativo liberal
190 Soria, Carlos “Más allá del capitalismo informativo”. Lección inaugural del Curso 1987-1988 de la
Luego de la Revolución inglesa de 1688, la monarquía parlamentaria, el Estado representativo, expresará el fundamento teórico de su legitimidad en John Locke, para quien el estado de naturaleza en que se encuentran los hombres es de completa igualdad y libertad para ordenar sus actos y disponer sus propiedades y de sus personas como mejor les parezca, dentro de los límites de la ley natural.
La ley natural coincide con la razón y enseña que, siendo iguales e independientes, nadie debe dar a otro en su vida, libertad o posesiones, y para evitarlo es preciso castigar a los transgresores de manera tal que impida su violación. Para ello y dadas las deficiencias e inconvenientes que experimentan viviendo aisladamente, los hombres superan el estado de naturaleza a través de un pacto por el cual todos acuerdan formar una sola comunidad y un solo cuerpo político. Así, la sociedad es producto de un contrato entre individuos que tienen voluntad y conciencia para ingresar en él y se da sólo por consentimiento de sus miembros.
Ese orden social que se constituye a través de un pacto es un “orden jurídico”, en tanto la sociedad civil se manifiesta y concreta en las leyes o normas. Para ello, como acto primero, la sociedad debe constituir un poder legislativo, porque con ello provee a la permanencia de su unidad bajo la dirección de ciertas personas que harán los lazos de las leyes hechas por mandato expreso del pueblo. Al mismo tiempo, la sociedad política o civil sólo estará constituida cuando un cierto número de hombres se una renunciando al poder de ejecutar la ley natural. De esta manera, el Estado tiene el poder de hacer las leyes y con ellas la facultad de castigar las transgresiones cometidas por los miembros de esa sociedad o por alguien ajeno a ella –el poder de la paz y de la guerra- origen del poder ejecutivo191.
La soberanía radica en el pueblo, que tiene el derecho supremo de apartar o cambiar a los legisladores; en consecuencia los poderes legislativo y el ejecutivo, están subordinados a la comunidad política. La forma de gobierno del Estado dependerá de la manera como se otorgue el poder de hacer las leyes, y para que ese contrato se siga reproduciendo es necesario que los individuos interioricen las normas, pautas o valores y
las transmitan a los nuevos miembros que se incorporan a la sociedad por el proceso biológico del hombre. La educación cívica es aquí esencial, dado que sólo se es “ciudadano” cuando se está preparado o maduro para participar en el pacto.
El pensamiento de Locke constituirá la matriz del liberalismo jurídico-político, asentado en la teoría del contrato social y la división de los poderes, posteriormente desarrolladas y profundizadas por Montesquie o Stuart Mill, entre otros.
Una de las claves de la matriz del liberalismo jurídico-político era la pretensión de conseguir la emancipación del individuo192, tanto en el plano humano como en el político. Este objetivo se expresaba, de un lado, en la idea de autodeterminación individual, y de otro, en la idea de democracia política, pero a su vez este postulado se propugna para servir los intereses de un individuo independiente y autónomo. Así, el liberalismo asume el trasfondo individualista de la democracia: enarbola la participación de ciudadanos libres en la gestión del Estado (soberanía popular) al servicio del hombre (autodeterminación individual).
Los liberales veían en el Estado el mayor peligro para la autodeterminación individual, por ello trataron de limitar su actuación, en la creencia de que el juego de las libertades individuales, limitándose mutuamente, produciría la satisfacción de los intereses de todos. La participación política debía tender a neutralizar el Estado y a potenciar al máximo la sociedad civil. La esfera pública estaba subordinada a la maximalización de la esfera privada.
Esta concepción liberal de la democracia ha sido, como se sabe, muchas veces criticada. Pero no se trata aquí de asumir ni de rechazar la doctrina liberal e individualista de la democracia, sino de mostrar sus fundamentos legitimadores y analizar en su marco a nuestro objeto de estudio.
192 Saavedra López, Modesto. “La libertad de expresión en el estado de derecho. Entre la utopía y la realidad”.
Ariel Derecho, Barcelona, 1987. Cap. II. “Visión normativa de los medios de comunicación de masas. La teoría democrático-liberal de la libertad de prensa”. Págs. 57 y ss.
Como contrapartida al Antiguo Régimen de prensa y como elemento esencial del nuevo modelo, surge el entendimiento de la información como una libertad, o en otros términos, el entendimiento liberal de la información. De esta forma, la libertad de expresión y la libertad de prensa tendrán como sentido objetivo el de producir publicidad política. También se las consideraba en función de necesidades meramente humanas, en tanto eran vehículo de expresión del individuo y cauce para su enriquecimiento espiritual. Pero sobre todo son propugnadas “para resolver problemas políticos y sociales. La prensa libre tiene una importante tarea que cumplir en la democracia política: crear un espacio público de reflexión y discusión para hacer posible una formación racional de la opinión y de la voluntad, capaces de mantener bajo control a los que ejercen el poder mediante la aprobación y la crítica. Está al servicio del ciudadano como plataforma política para controlar la gestión del Estado”193.