• No se han encontrado resultados

PARIS

¡AH SI, PARIS!

¿Entonces no recibiste mi última carta? —preguntó a Theo a la mañana siguiente mientras se desayunaban.

—Creo que no —repuso Vincent—. ¿Que me decías en ella? —Te anunciaba mi ascenso en lo de Goupil.

—¡Oh Theo! !Qué magnifico! ¿Por qué no me lo dijiste ayer?

—Estabas demasiado excitado para escucharme... Me han puesto al frente de la galería del Boulevard Montmartre.

—¡Magnífico! —volvió a repetir el joven—. ¡Entonces tendrás una galería propial —Tanto como propia no lo será... Deberé seguir la política de los Goupil... No obstante obtuve que me dejaran exponer a los Impresionistas en el Entresuelo...

—¿Y a quiénes expones?

—A Monet, Degas, Pissarro y Manet. —Nunca los oí nombrar.

—Pues conviene que me acompañes a la galería y que observes sin pérdida de tiempo el trabajo de esos artistas... ¿Quieres mis café, Vincent?

—Sírveme media taza más... Gracias... Ah, Theo, cuán feliz me sient0 de estar aquí contigo.

—Hace mucho tiempo que te esperaba... Sabía que tarde o temprano vendrías a París. Tal vez hubiera sido preferible que aguardaras hasta junio fecha en que me mudaré a

la Rue Lepic Allí tendremos tres amplias habitaciones, mientras que aquí no podras hacer gran cosa por falta de espacio.

Vincent echó una mirada circular a su alrededor. El departamento de Theo se componía de una habitación, una cocinita y un gabinete. La habitación estaba amueblada con auténticos muebles estilo Luis Felipe.

—Para poner un caballete aquí habría que quitar parte del moblaje —dijo Vincent sonriendo.

—Tienes razón, Vincent, los muebles están demasiado amontonados pero los fui comprando a medida que se me presentaba la ocasión y son exactamente los que necesito para el nuevo departamento. Pero, vamos, Vincent, te llevaré caminando hasta el boulevard para que comiences a conocer a París. Es a la mañana temprano cuando realmente se "siente" a la ciudad.

El joven se colocó su pesado y elegante abrigo negro, tomó su sombrero, sus guantes y su bastón y se dirigió hacia ia puerta.

—¿Estás listo? —inquirió volviéndose hacia su hermano, y al verlo exclamó: — ¡Santo Dios, qué facha! En cualquier otro lado que no fuese París te harías arrestar con semejante traje!

—¿Qué tiene? —preguntó el joven mirándose extrañado—. Hace casi dos años que lo llevo y nunca nadie me ha dicho nada...

Theo se rió alegremente.

—Bah, no importa, los parisienses están acostumbrados a la gente como tú. Esta noche, después que se haya cerrado la galería, iremos a comprarte ropa.

Bajaron las escaleras y después de pasar frente a la portería se encontraron en la Rue Laval. Era una calle bastante ancha y de aspecto próspero, con lindos negocios.

—Fíjate en las tres bellezas que tenemos en el tercer piso de nuestra casa —dijo Theo sonriendo.

Su hermano miró hacia arriba y vio tres bustos esculpidos que coronaban el edificio; bajo el primero de ellos se leía la palabra "Escultura", bajo el segundo "Arquitectura" y bajo el tercero "Pintura".

—¿Por qué habrán hecho a la Pintura tan fea? —observó Vincent. —No lo sé, pero sea como sea, has venido a la casa adecuada.

Los dos jóvenes pasaron frente al negocio de antigüedades donde Theo había comprado su hermoso moblaje Luis Felipe, y poco después se encontraron en la Rue Montmartre que subía graciosamente enlazándose con la Avenue Clichy hasta la Butte de Montmartre, bajando luego hacia el centro de la ciudad. La calle estaba inundada por el sol matutino y los habitantes de París comenzaban a despertar. Los cafés estaban repletos de gente que tomaba su café con leche con media lunas, y los comerciantes empezaban a abrir las puertas de sus negocios para las actividades del día.

Vincent suspiró profundamente.

—¡Parísl ¡Por fin estoy en París después de todos estos años I

—Sí, en París, en la Capital de Europa, especialmente para un artista...

Vincent observaba todo con gran interés; las mujeres que salían de las panaderías con grandes panes sin envolver bajo el brazo, los carritos de vendedores ambulantes, las mucamas coquetonas, los hombres de negocios que se dirigían apresuradamente hacia sus oficinas. Después de pasar frente a innumerables negocios y pequeños cafés, la Rue Montmartre doblaba hasta llegar a la Place Chateaudun donde convergían seis calles. Pasaron delante de la pequeña Iglesia de Notre Dame de Lorette en cuyo frontal de piedra oscura veíanse tres ángeles flotando idílicamente en el cielo empíreo.

Vincent se fijó en la inscripción que había sobre la puerta y observó: —¿Serán sinceros con su lema Liberté, Egalité, Fraternité?

— Creo que sí —repuso su hermano—. La Tercera República probablemente será permanente. Los realistas están muertos y los socialistas comienzan a apoderarse del poder. Emile Zola me decía la otra noche que la próxima revolución será contra el capitalismo en lugar de ser contra la realeza.

—¡Zola! ¿Conoces a Zola, Theo?

—Sí, Paul Cézanne me presentó a él. Nos reunimos todos una vez por semana en el Café Batignolles. Te llevaré conmigo a la próxima reunión.

Después de la Place Chateaulun, la Rue Montmartre perdía su aspecto burgués tornándose más aristocrática. Los negocios eran más importantes, los cafés más imponentes y el público más elegante, viéndose en la calle coches en lugar de carros.

—Ya que no puedes trabajar en casa —dijo Theo a su hermano—. Te propongo que vayas al estudio de Corman.

—¿Quién es Corman?

—Es un pintor "académico", como la mayoría de los maestros, pero si no deseas su crítica, te dejará tranquilo.

—¿Y es caro?

El joven se detuvo un instante y mirándolo de frente le dijo:

—¿No acabo de comunicarte mi ascenso? ¡Estoy en camino de convertirme en uno de esos plutócratas que Zola piensa arrasar en su próxima revolución!

Siguieron caminando hasta que la Rue Montmartre se ensanchó en el Boulevard Montmartre, con sus lujosos negocios y edificios. Luego llegaron al Boulevard des Italiens que conducía a la Place de l'Opera. A pesar que las Avenidas estaban casi desiertas a esa temprana hora, ya se veían a los empleados atareados en levantar las cortinas y preparar sus negocios para las actividades del día.