Las narrativas y la historia
7. Los evangelios
Los evangelios son un tipo específico de narrativa, pero en vez de tratarlos como narrativa solamente, debemos hacer algunas observaciones especiales al respecto. Los evangelios encajan con el formato de antiguas biografías. (Algunos eruditos de principio del siglo XX difirieron en esta premisa, pero la academia más reciente ha retomado de manera creciente el punto de vista histórico de que los evangelios son antiguas biografías).
Los biógrafos antiguos, a la hora de escribir, seguían algunas convenciones bastantes estándares, pero algunas de ellas difieren de las formas en que hoy escribimos las biografías. Por ejemplo, las biografías antiguas comenzaban con la etapa adulta del personaje
(como en Marcos o Juan) y a veces organizaban sus historias en orden temático más que cronológico (de esta manera, por ejemplo, Mateo informa acerca de las enseñanzas de Jesús; es por eso que los sucesos no están siempre en el mismo orden de un evangelio a otro).
No obstante, los biógrafos no tenían la libertad de inventar historias acerca de sus héroes; ellos podían escoger cuáles historias incluirían con sus propias palabras. Otros escritores criticaban a aquellos que inventaban historias. Además, no es necesario citar palabra por palabra lo que la gente dice, aunque sí se tiene que verificar el sentido de lo que quisieron decir. Al conocer estos detalles acerca de los distintos tipos de narrativa antigua, nos ayudan a ser aún más precisos a la hora de aprender principios para interpretar las narrativas. (También podemos identificar en la Biblia otros tipos de narrativas de maneras más específicas de lo que lo hemos hecho; por ejemplo, el Libro de los Hechos es un tipo especial de libro de historia que era común en el primer siglo).
Aquí ofrecemos algunos comentarios acerca de la confiabilidad de los evangelios como antiguas biografías. Usaremos Lucas 1:1- 4 como un bosquejo sencillo. Sabemos por Lucas 1:1 que por el tiempo en que Lucas escribió, ya se encontraban en circulación muchas fuentes escritas (otros evangelios). (La mayoría de esos evangelios ya no existen. Aparte de los evangelios del Nuevo Testamento, todos los evangelios del primer siglo se han perdido. Los tal llamados “Evangelios perdidos”, de los cuales algunos hablan son falsificaciones, novelas o colecciones de dichos de eras posteriores). El mismo Lucas escribe en el tiempo en que algunos apóstoles todavía vivían, y que ¡ya muchos otros habían escrito antes que él! Las personas estaban escribiendo evangelios cuando otros todavía recordaban las enseñanzas de Jesús de manera muy precisa.
Además, había muchos relatos orales acerca de Jesús que se pasaban de persona a persona y llegaban a los oídos de los testigos oculares (Lc. 1:2). Muchas sociedades africanas tienen miembros de la tribu quienes pueden recordar siglos de información que encajan bien con los registros escritos de viajeros europeos. Los antiguos mediterráneos tenían una memoria excelente. Los niños
en las escuelas aprendían las cosas por medio de la memorización, enfocándose en dichos de maestros famosos. Los oradores a menudo memorizaban los discursos que a veces tenían horas de duración. Los maestros esperaban de sus alumnos, de sus discípulos, que memorizaran y propagaran sus enseñanzas —esa era el deber principal de sus discípulos.
Los estudiantes a menudo tomaban notas, y los maestros antiguos dan fe de que los estudiantes le repetían sus enseñanzas exactamente como el maestro las daba (para más documentación al respecto, vea la introducción de Mateo, de Craig Keener [Intervarsity, 1996], o el volumen más detallado que escribí para Eerdmans). Es algo ingenuo desde el punto de vista histórico dudar que los discípulos de Jesús pasaran sus enseñanzas de manera precisa; ¡para eso eran exactamente los antiguos discípulos!
Además, podemos confiar en el testimonio de estos testigos oculares. Los apóstoles permanecieron en posiciones de liderazgo en la iglesia primitiva; tanto los Hechos como Pablo mencionan al hermano de Jesús y a los principales apóstoles en Jerusalén. (Nadie tenía razón alguna para inventar la existencia de esas personas y que la expansión del Cristianismo comenzara por otro lugar; además, diversas fuentes dan fe de su existencia.
Por lo tanto, virtualmente nadie niega su existencia hoy en día). Debido a su liderazgo, nadie podía inventar historias acerca de Jesús que contradijeran su testimonio verídico acerca de Él. Además, nadie los puede acusar de mentir con respecto a Jesús. Estaban tan convencidos de que decían la verdad acerca de Él, que estaban preparados para morir por lo que decían. Más aún, no estaban muriendo simplemente por lo que creían, estaban muriendo por lo que habían visto y oído cuando estaban con Él.
En tercer lugar, Lucas tuvo la oportunidad de investigar sus alegaciones (Lc. 1:3, según el griego y la mayoría de las traducciones). En aquel entonces, cuando todavía era posible hacerlo, Lucas verificó sus fuentes entrevistando a los testigos cuando fue posible. Algunas secciones de Los Hechos dicen “nosotros” porque Lucas estaba viajando con Pablo en esos precisos momentos, y esas secciones incluyen su viaje a Jerusalén y a Palestina, en donde permanecieron
dos años (Hechos 21:15-17; 24:27; 27:1). Eso le dio la oportunidad de entrevistar a Santiago, el hermano menor de Jesús, entre otros (Hechos 21:18).
Finalmente, el mismo Lucas no podría haber inventado tales historias. Él le está confirmando relatos a Teófilo, y no presentándole nuevos (Lc. 1:4). Es decir, mientras que algunos testigos estaban todavía vivos, las historias que Lucas registra ya eran conocidas por Teófilo. Esto nos confirma más aún que, aunque sobre bases netamente históricas, los evangelios son confiables. (De la misma manera, Pablo puede recordar a sus lectores acerca de los milagros que ellos mismos presenciaron, a veces por medio de su propio ministerio, o mencionar que otros testigos del Cristo resucitado todavía viven y que, por lo tanto, pueden ser consultados: 1 Co. 15:6; 2 Co. 12:12; Gá. 3:5).