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Pablo adapta antiguas reglas de familia en Efesios 5:21-6:

4 ¿Por qué Sara usó el vientre de Agar y luego la expulsó?

15. Pablo adapta antiguas reglas de familia en Efesios 5:21-6:

Algunas personas usaron el pasaje de Efesios 6:5-9 juntamente con argumentos griegos, romanos y árabes acerca de la esclavitud para apoyar esta práctica en las Américas, pero un simple conocimiento de la esclavitud a la que Pablo se refiere habría desaprobado la interpretación que tenían de esta porción de la Palabra de Dios. Otros, inclusive en casos más recientes, han usado Ef. 5:22-33 para tratar a las esposas de manera irrespetuosa y denigrante, lo cual también va en contra todo el sentido del pasaje.

Este pasaje se refiere a un antiguo tipo de escrito llamado “códigos de familia”, por medio de los cuales los lectores de Pablo podían tratar de convencer a sus posibles detractores de que, después de todo, no eran subversivos. En los días de Pablo, muchos romanos estaban preocupados por la propagación de las “religiones del Oriente” (tales como la adoración egipcia de Isis, el Judaísmo y el Cristianismo), las cuales ellos pensaban socavarían los valores tradicionales de la familia romana. Los miembros de estas religiones opositoras a veces trataban de mostrar apoyo para esos valores usando esquemas de exhortación desarrollados por los filósofos desde Aristóteles en adelante.

Desde el tiempo de Aristóteles, esas exhortaciones instruían al varón cabeza de familia sobre cómo tratar a los miembros de la misma, especialmente sobre cómo debía gobernar a su esposa, hijos y

esclavos. Pablo toma esta forma de discusión directamente de los esquemas morales grecorromanos escritos, llegando incluso a seguir su secuencia. Pero a diferencia de la mayoría de los antiguos escritores, Pablo cambia la premisa básica de esos códigos: la autoridad absoluta del varón cabeza de familia.

Es significativo que Pablo presente los códigos de familia con un mandamiento de mutua sujeción (5:21). En su tiempo era una costumbre exigirle a las esposas, hijos y esclavos que se sometieran de diferentes maneras, pero exigirles a todos los miembros de un grupo (incluyendo al pater familias, el varón cabeza de la familia) a que se sometieran unos a otros era algo inaudito.

La mayoría de los escritores antiguos esperaban que las esposas obedecieran a sus esposos, deseando en ellas una conducta mansa y apacible. A veces hasta en los contratos matrimoniales se plasmaba el requisito de absoluta obediencia. Esto era algo que entendían especialmente los pensadores griegos, quienes no podían concebir a las esposas como iguales. En la cultura griega, las diferencias de edad contribuían a esta disparidad: los esposos eran normal y sustancialmente mucho mayores que sus esposas, en muchas ocasiones por más de una década (los hombres frecuentemente se casaban en sus treinta, y las mujeres, en la adolescencia, a veces en la adolescencia temprana).

En este pasaje, sin embargo, Pablo adapta el código tradicional en diferentes maneras. Primero, la sujeción de la esposa está arraigada en la sujeción cristiana en general (en griego, el 5:22 hasta toma el verbo “someter” del 5:21); la sujeción es una virtud cristiana, ¡pero no sólo para las esposas! Segundo, Pablo se dirige no tan solo a los esposos, sino también a las esposas, a las cuales no tenían en cuenta la mayoría de los códigos de familia. En tercer lugar, entre tanto que los códigos de familia le decían a los esposos cómo hacer que sus esposas obedecieran, Pablo simplemente le dice a los esposos cómo amar a sus esposas. Finalmente, lo más cercano a lo que Pablo define como sujeción en este texto es “respeto” (5:33). Al mismo tiempo que relaciona el Cristianismo a las normas de su cultura, en realidad lo que hace es transformar los valores de su cultura ¡yendo más allá de ellos! Pablo se refería a la cultura

grecorromana, pero no pocas culturas en la actualidad brindan precisamente la misma expresión de sujeción que había en su cultura. Hoy, los cristianos aplican los principios de Pablo de diferentes maneras para diferentes culturas, pero estos principios todavía contradicen muchas prácticas que se emplean en muchas culturas (como es el caso de golpear a la esposa).

Nadie habría discrepado con Pablo en su premisa presentada en el 6:1-4: los escritores judíos y grecorromanos concordaban de manera unánime en que los hijos debían honrar a sus padres y que, por lo menos hasta se hicieran adultos, debían obedecerles también. Al mismo tiempo, los padres y maestros griegos y romanos solían instruir a los niños con palizas. Pablo se encuentra entre los muy escasos escritores de la antigüedad que parecían oponerse al hecho de ser demasiado duro en la disciplina (6:4).

La sociedades griega y romana llegaban a ser más severas hasta con los recién nacidos, pues un bebé podía ser aceptado como una persona legalmente solamente cuando el padre lo reconociera oficialmente, y, por lo tanto, podía ser abandonado, y si tenía alguna malformación, podían hasta matarle. Los primeros cristianos y los judíos a la vez se oponían tanto al aborto como al abandono. Sin embargo, este texto trata la disciplina de los menores en la familia como en los códigos de familia.

La desobediencia podía ser permitida bajo ciertas circunstancias excepcionales (ej. 1 Samuel 20:32), pero Pablo no trata el punto de vista romano acerca de los menores, como lo hace con el caso de las esposas y los esclavos, puesto que el Antiguo Testamento también ordenaba la sujeción de los hijos (Dt. 21: 18-21).

Finalmente, Pablo trata las relaciones entre los esclavos y sus dueños. La esclavitud romana, a diferencia de la posterior esclavitud europea y mucha de la árabe (aunque no toda), no tenía en cuenta las razas. Los romanos se contentaban en esclavizar a cualquiera que estuviera disponible. Existían diferentes formas de esclavitud en los tiempos de Pablo. El destierro como esclavo en las minas o como gladiador era virtualmente una sentencia de muerte.

circunstancias. Los esclavos que trabajaban el campo podían ser golpeados, pero no se diferenciaban mucho de los campesinos libres quienes también eran duramente oprimidos y casi nunca podían avanzar en su posición social, aunque ellos conformaban el grueso de la población del imperio. Sin embargo, los esclavos que servían a las familias en sus casas vivían en mejores condiciones que las de los campesinos libres. Ellos podían ganar dinero extra y a veces llegaban a comprar su libertad.

Una vez ya libres, podían ser promovidos socialmente, y su antiguo dueño tenía obligaciones de ayudarles a tener éxito en la sociedad. Muchos libertos llegaron a ser más pudientes que muchos aristócratas. Algunos esclavos que pertenecían a familias acaudaladas podían ejercer más poder que muchos aristócratas libres. Algunos nobles, por ejemplo, se casaban con esclavos de la casa del César, ¡para de esta manera mejorar su posición económica y social! Los códigos de familia hacían referencia a los esclavos domésticos, y Pablo escribe a congregaciones urbanas, así que al tipo de esclavitud a la que está haciendo referencia es claramente a la esclavitud doméstica.

Los dueños a veces se quejaban de que sus esclavos eran holgazanes, especialmente cuando nadie los estaba mirando. Pablo alienta a que se trabaje con esmero, pero le da a los esclavos una nueva esperanza y un nuevo motivo para desempañar su labor (6:5- 8). (En general, Pablo cree que debemos someternos a aquellos que están en autoridad, siempre que sea posible, para mantener la paz —cf. Ro. 12:18; 13:1-7; pero eso no quiere decir que él cree que debamos esforzarnos para mantener tales estructuras de autoridad; cf. 1 Co. 7:20-23).

Pablo dice que los esclavos, al igual que las esposas, deben someterse al cabeza de familia como al Señor (6:5), pero una vez más deja claro que esta debe ser un deber recíproco; los esclavos y sus amos, ambos poseen un mismo amo celestial. Cuando Aristóteles se quejó de que algunos filósofos pensaban que la esclavitud era algo malo, los filósofos que mencionó no plantearon el asunto tal abiertamente como lo hizo Pablo. Tan solo una pequeña minoría de los escritores del mundo antiguo (muchos de estos estoicos) sugerían que los esclavos eran en teoría iguales a sus amos, pero Pablo va más allá,

hasta el extremo de sugerir que, en la práctica, los amos trataran igual a sus esclavos, y así mismo, éstos también debían hacer por sus amos (6:9a). (Los judíos esenios se oponían a la esclavitud, pero eso era porque también se oponían a la propiedad privada).

Algunos se quejan de que Pablo debió oponerse a la esclavitud de una manera más prominente. Pero en los pocos versículos en que Pablo habla de los esclavos, él trata solamente el asunto práctico de cómo los esclavos pueden lidiar con su situación, no con la institución legal de la esclavitud —de la misma forma que un ministro o consejero pudiera hoy en día ayudar a alguien a salirse de una adicción, sin tener una razón para discutir los asuntos legales relacionados con esa adicción. Antes del tiempo de Pablo, los únicos intentos de liberar a todos los esclavos del imperio romano fueron tres guerras masivas de esclavos, todas las cuales habían terminado en un gran derramamiento de sangre y sin la liberación de los mismos.

Los cristianos hasta este momento eran tan solo una pequeña secta minoritaria perseguida, cuya única manera de abolir la esclavitud sería persuadiendo a más personas acerca de su causa y trasformando los valores del imperio (la forma en que se esparció el movimiento abolicionista en los siglos XVIII y XIX en Gran Bretaña). Más aún, si esta carta específica hubiera sido escrita como una crítica a la injusticia social (el cual no es el propósito de esta carta en particular, aunque ese tema sale a relucir en otros pasajes bíblicos), no hubiera comenzado con la crítica a la situación de los esclavos domésticos, sino con los de las minas, y luego con la de los campesinos libres y los esclavos que trabajaban la agricultura.

Ni siquiera una revolución violenta hubiese acabado con la esclavitud en el imperio romano. De todas formas, lo que Pablo sí comenta no deja duda alguna acerca de cuál hubiese sido su posición si le hubiéramos propuesto la cuestión teórica de la abolición de la esclavitud: todas las personas son iguales delante de Dios (6:9), y por lo tanto, la esclavitud va en contra de la voluntad de Dios.

16. Jesús reprende a los autosuficientes arrogantes en