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CAPÍTULO I. LOS EVENTOS DEPORTIVOS

5. Los eventos deportivos como producto turístico

El turismo de eventos deportivos está en constante crecimiento y muchos destinos utilizan los acontecimientos deportivos para promocionarse con el fin de atraer visitantes y participantes. La combinación de turismo y deporte es ampliamente reconocida como un importante factor que puede contribuir a incrementar e impulsar el desarrollo económico de una determinada región. Por lo tanto, los mercados de destino de los productos turísticos del deporte tienen que ser definidos en términos de sus patrones de compra, así como por el poder de compra ya que los turistas deportivos son personas que visitan un destino con el propósito primordial de participar en actividades deportivas o viendo deporte (Turco, Riley y Swart, 2002).

5.1. Conceptualización del turismo deportivo “sport tourism”

Existen diversas definiciones sobre el concepto de sport tourism. La primera aportación realizada en este sentido es la realizada por Hall (1992b), quien define la relación entre el turismo y el deporte en dos categorías: primero, como un viaje para participar y observar el deporte y, segundo, hace referencia a todas las formas de participación activa y pasiva en las actividades deportivas, tanto casual como organizada por razones no comerciales, que requieren viajar lejos de la residencia y localidad de trabajo habitual. Sin embargo, una de las que más se ha mencionado es la aportada por Standeven y De Knop (1999, p. 12) que lo define como:

Todas las formas activas o pasivas de la actividad deportiva, participando casualmente o de forma organizada, bien sea por razones comerciales o de negocios o no, pero que necesariamente implique un viaje fuera del lugar habitual de residencia o trabajo.

El turismo deportivo o sport tourism supone viajar para participar de forma pasiva (por ejemplo, asistiendo a eventos deportivos o visitando museos o instalaciones deportivas emblemáticas) o activa (participando de forma competitiva o recreativa en actividades deportivas) en unas vacaciones deportivas, en los que el deporte o el turismo pueden ser el motivo principal del viaje (Ritchie y Adair, 2004). En esta línea, el turismo de eventos deportivos comprende todos los eventos en los que el propósito principal del viaje es la participación o visualización del deporte (Turco et al., 2002).

Según Latiesa y Paniza (2006) existen dos concepciones o modelos opuestos de entender el turismo deportivo. Por un lado, el modelo más restrictivo defendido por Deery, Jago y Fredline (2004) en el que el turista deportivo es aquella persona cuya razón principal para realizar el viaje tiene que ser la práctica deportiva competitiva, ya sea para asistir como espectador a un evento o como participante activo en el acontecimiento. Por otro lado, destacan una concepción más amplia, en la que se entiende al turismo deportivo como aquellas actividades que se realizan fuera de la residencia habitual, no sólo con un fin competitivo sino también por motivos recreacionales, pero vinculadas de alguna forma con el deporte (en instalaciones artificiales o en el medio natural). Dentro de este modelo se incluirían diversas categorías de turismo deportivo, que señala Kurtzman (2000), destacando entre ellas el

turismo de eventos deportivos. Gibson (2002), reduciría a tres las categorías, diferenciando entre turismo deportivo activo, turismo de eventos deportivos y turismo deportivo “nostálgico” (nostalgia sport tourism).

No obstante, Latiesa y Paniza (2006) proponen una concepción intermedia entre las dos expuestas, en la que el turista deportivo tendría una actividad o evento deportivo como motivación inicial para efectuar sus desplazamientos recreacionales o competitivos. Estos autores se refieren a la definición de turista deportivo de Gammon y Robinson (2003, p. 23), que daría sentido a este modelo intermedio, “aquel individuo o grupo de individuos que se desplaza a un lugar distinto al de su residencia habitual para participar (activa o pasivamente) en un deporte competitivo o recreacional. El deporte es la principal motivación del viaje”.

Por otro lado, Weed (2005) señala que la definición de turismo deportivo de Standeven y De Knop (1999) sólo identifica la actividad turística que implica el deporte y se limita a combinar definiciones ampliamente aceptadas de turismo y deporte. Así, este autor revisa otras aportaciones realizadas por diversos autores (e.g. Gammon y Robinson, 2003; Sofield, 2003; Robinson y Gammon, 2004) que han intentado separar “sports

tourists” (para los que el deporte es el objetivo principal del viaje) y “tourism sportists''

(para los que el turismo es el principal objetivo). Aunque señala que estas aportaciones establecen un papel subordinado del deporte o el turismo en la comprensión del área. De este modo, Weed (2005) nos dice que los límites conceptuales entre deporte, turismo y turismo deportivo son confusos y no existe una necesidad clara de establecer las fronteras entre estos conceptos, aunque sí de comprender el fenómeno del turismo deportivo.

Siguiendo a Weed (2005), el deporte puede entenderse como la participación en algún tipo de actividad, formal o informal, competitiva o recreativa y activa o pasiva, que involucra a otras personas, como competidores y/o co-participantes. De forma similar, el turismo es una actividad que implica a otras personas, ya sea como compañeros de los viajeros y/o como anfitriones, incluso el turismo solitario implica pasar por las zonas que han sido construidos por otras personas u otras comunidades siendo difícil que un turista complete un viaje sin encontrarse con otros viajeros (Weed, 2005). Así, este autor destaca que teniendo en cuenta las relaciones entre estas características del deporte

y el turismo, podemos conceptualizar el turismo deportivo a partir de Weed y Bull (2004, p. 37) como “un fenómeno social, cultural y económico resultante de la interacción única de la actividad, la gente y el lugar”. Este autor concluye destacando el carácter sinérgico de esta definición del turismo deportivo como fenómeno, sin ubicarlo en un lugar concreto del mercado turístico ni en un subgrupo de la gestión deportiva. También, Weed (2005), indica que en muchas ocasiones los aspectos sociales y culturales del turismo deportivo se pasan por alto en favor de un análisis económico, aunque estos se derivan de las interacciones sociales y culturales. De este modo, señala la importancia de analizar con profundidad a los participantes en el turismo deportivo ya que puede mejorar la comprensión de los impactos derivados de la participación y proporcionar información para tomar decisiones políticas.

5.2. Tipología de eventos desde una perspectiva turística

Desde un punto de vista turístico, la competición deportiva puede ser o no ser la atracción principal de un evento deportivo (Hinch y Higham, 2004). Por ejemplo, eventos deportivos como Wimbledon pueden atraer a los visitantes por su valor patrimonial y tradicional, la Copa del América en la que pueden predominar aspectos como la exclusividad o la moda, o la Superbowl con propósitos comerciales y de negocios. De este modo, los grandes eventos deportivos pueden atraer turistas para los que la asistencia al acontecimiento deportivo es una coincidencia o una opción secundaria.

Así pues, desde la perspectiva del turismo de eventos deportivos podemos diferenciar entre eventos deportivos con un carácter o participación más elitista, en los que encontramos una gran asistencia de público y participación reducida de deportistas de élite en comparación con el número de espectadores. Este es el caso de los Juegos Olímpicos, los Mundiales de Fútbol o Rugby o, en menor medida, los Grandes Premios de Fórmula 1. En el extremo opuesto, Hinch y Higham (2004) destacarían dentro del turismo de eventos deportivos los acontecimientos deportivos no elitistas, en los que el número de competidores puede ser elevado y el número de espectadores reducido o inexistente. No obstante, estos autores señalan la consideración de Carmichael y Murphy (1996) sobre las excepciones dentro de esta categoría de eventos deportivos, referidos aquellos acontecimientos que atraen un elevado número tanto de espectadores

como de familiares y amigos de los participantes. En algunos casos encontramos eventos deportivos en los que participan tanto deportistas de élite como amateurs, permitiendo de este modo la captación de diversos tipos de asistentes como son los atletas de élite, espectadores y deportistas populares. Por ejemplo, encontramos la Maratón de Londres, Nueva York, Boston o la Maratón de Valencia.

Las relaciones que se pueden dar entre la participación y los espectadores en los eventos deportivos son importantes tanto desde el punto de vista del turismo de eventos deportivos, como a la hora de comprender como perciben los residentes de la ciudad el evento deportivo objeto de análisis. En este sentido, en función del tipo de evento encontraremos una mayor asistencia y participación de los residentes de la ciudad en la que se organiza, siendo necesario, recordar la importancia de que los eventos sean consistentes con las necesidades de la comunidad local. De acuerdo con esto, Fredline (2005) señala dos razones por las que es imprescindible que los gobiernos controlen los impactos del turismo deportivo en la comunidad de acogida. Por un lado, hay una obligación moral para la administración de asegurar la sostenibilidad de cualquier actividad que promuevan y apoyen, evitando que esta actividad tenga consecuencias negativas para la calidad de vida de los residentes locales. En segundo lugar, los residentes locales a menudo juegan un papel importante en el turismo deportivo y, en muchos casos, pueden influir en el éxito comercial del producto. Este apoyo se desvanecerá si los residentes perciben que los impactos negativos superan a los positivos.