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4. La cultura popular

5.2. Los movimientos serranos

En estos movimientos no existieron, como elementos centrales, problemas agrarios. Tales movimientos se ubicaron en las regiones fronterizas del norte del país, donde la sociedad gozaba de libertad relativa de movimiento; tenía de tiempo atrás, cierto grado de familiaridad con la violencia; ofrecía mayor resistencia al control político centralizado y poseía una cultura política más urbana. Muchas de estas características de las sociedades serranas tienen su origen y consolidación en los esfuerzos de colonización que en épocas anteriores se habían desarrollado en las regiones norteñas del país, que mantuvieron en una guerra permanente a los colonos con los indómitos apaches. También pueden ubicarse movimientos serranos en las sierras de Puebla, Oaxaca y el Istmo de Tehuantepec donde la penetración de los representantes del gobierno central era menor, entre otras causas, por las dificultades de acceso y comunicación.

Las revueltas en contra de la dominación política y a favor de una autonomía comunal son frecuentes en la historia de México. Reflejan la marcha hacia adelante del Estado (colonial o independiente); una marcha que, a pesar de sus frecuentes interrupciones, desvíos y retrocesos, ha logrado gradualmente ampliar sus fronteras políticas hasta alcanzar nuevos grupos de la población y obtener una autoridad centralizada más completa que se finca en la ciudad de México y en las numerosas ciudades provincianas. Bajo el gobierno de Díaz, esta marcha se aceleró.56

Cabe destacar, que las regiones serranas también fueron objeto de expropiaciones agrarias durante el Porfiriato, pero en ellas, esas expropiaciones fueron “sólo una parte del asalto general a la independencia local (un grado de independencia que hacía mucho tiempo habían perdido las comunidades del centro de México)”. Se tiene así, por ejemplo, que en Chihuahua, el caciquismo local fue más severo que en otras regiones del país, pues allí, la hegemonía política y económica se combinaron y alcanzaron niveles insospechados. Por tanto, los serranos de Chihuahua eran particularmente sensibles “a la imposición de nuevas responsabilidades y contaban con gran capacidad para oponer resistencia”. Entre las características principales de las rebeliones serranas se incluyen: a) se trata de una rebelión en contra de una entidad política externa y tenía la capacidad de movilizar tanto a ricos como a pobres para rechazar las imposiciones; b) Con frecuencia, a los movimientos serranos se sumaban muchos bandidos, lo cual es un indicador del amplio potencial de alianzas que tenían estos movimientos, pues aglutinaban a terratenientes, campesinos, arrieros y bandoleros, todos ellos en defensa de su autonomía local.

También, tradicionalmente el norte del país se había distinguido por su federalismo, liberalismo y anticlericalismo, que lo había llevado incluso, a enfrentarse al propio gobierno central.

Los movimientos agrarios y serranos fueron poderosos motores que impulsaron la caída del régimen porfirista y la instauración del breve gobierno maderista en 1911, truncado por la traición huertista al año siguiente. Alan Knight ve a Carranza como una persona convencida de que el fracaso de Madero se debió a la falta

56 Alan Knight, La Revolución Mexicana. Del porfiriato al nuevo régimen constitucional, 2 vols. Vol. I, Porfiristas, liberales y campesinos, México, Ed. Grijalbo, 1996, p. 145.

de medidas firmes que satisfaciera a las masas (reforma agraria) y al hecho de que no se hubiese neutralizado el poder de los porfiristas, a través del mantenimiento de fuerzas militares leales a Madero.

6. El caciquismo

La ausencia de partidos políticos y de instituciones formales que organizara y orientara la actividad política, hacía que los liderazgos tradicionales como los ejercidos por caciques y caudillos que venían funcionando desde la época prehispánica, mantuvieran su vigencia y fueran la esencia de la organización política en las regiones y localidades de México.

Cacique es un término que proviene de la lengua arahuaca, hablada por los indígenas que habitaban las Antillas Mayores a la llegada de los españoles y era usado por dichos indígenas para denotar al “jefe que cuida la casa”. Los españoles, ya en el México colonial, adaptaron el término para denominar con él a los gobernantes indígenas que hacían las veces de intermediarios entre la administración colonial y sus propias comunidades. En el siglo XIX, el término cacique se empleaba para denotar al jefe político que se mantenía en la interfase entre las comunidades tradicionales y las modernas instituciones del Estado nacional. 57

El término cacique, ya despojado de su significado indígena original, se utiliza para denominar a una forma de jefe, mediador o agente político. Describe a personajes principales en las regiones o localidades que son conocidos, respetados, temidos o aborrecidos por los habitantes de sus respectivas áreas de influencia. El pueblo ha reconocido y entendido las razones de los caciques, así como los gobernantes han tenido que calcular y trabajar a través de intermediarios caciquiles garantizar el control y la gobernabilidad en las regiones.

Entre las características del caciquismo está su capacidad de mutación para adaptarse a los cambios de las circunstancias económicas, sociales y políticas.

57 Alan Knight, “Caciquismo in Twentieth-century Mexico” en Alan Knight and Wil Pansters,

Caciquismo in Twentieth-century Mexico, London, Institute for the Study of the Americas, 2005, p. 10.

Por su parte, el término caudillo es comúnmente utilizado para denominar a los líderes que surgieron en el siglo XIX, principalmente la guerra de independencia (por lo tanto, no existe tradición de caudillos coloniales). El concepto de caudillo generalmente está asociado a la violencia organizada o a la defensa de una causa.