La cartografía temática aporta una información básica en la gestión de espacios naturales pero su elaboración y posteriores actualizaciones frecuentemente resultan comprometidas por sus costes de producción, sobre todo en grandes áreas geográficas. Un mapa de ruido, en cierto modo, se puede considerar la representación de la antropofonía de un territorio, una representación parcial de su paisaje sonoro en función de las fuentes acústicas que sean consideradas. La intensidad de los niveles sonoros que se representan y el conocimiento del resto de fuentes antropogénicas, o de su biofonía y geofonía, permitiría evaluar las interacciones entre ellos y el grado de afección de
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actividades humanas ruidosas sobre los recursos naturales (Iglesias Merchany Diaz- Balteiro, 2013). Podría caracterizarse como cualquier variable ambiental a escala de paisaje, desde una perspectiva regional, que no sólo se restringe a determinaciones acústicas sino también a otros parámetros de evaluación (Barber et al., 2011; Szeremeta y Zannin, 2009).
Por otro lado, la cartografía de ruido en diferentes situaciones temporales permite llevar a cabo el estudio de estos sistemas dinámicos, puesto que es posible modelizar escenarios pasados, presentes y futuros (Brüel & Kjaer, 2010), cuya interpretación dependerá drásticamente de la resolución espacial con que se realicen los cálculos para elaborar el mapa (Licitra, 2012). Por todo ello comparte muchas similitudes en cuestiones sobre escala y resolución de trabajo, ya discutidas desde hace bastantes años en el ámbito de disciplinas consolidadas como la ecología del paisaje y la teledetección (Saura, 2002; Wu et al., 2003; Wu, 2004; Buyantuyev y Wu, 2007; Rutchey y Godin, 2009). Sin embargo, no existe justificación para mantener en campo abierto o en relieves suaves una densidad de puntos de la rejilla de cálculo tan elevada como la requerida con carácter general para las aglomeraciones humanas (Licitra, 2012). Quizás tampoco al estudiar las alteraciones de los paisajes sonoros, o potenciales afecciones a nivel de hábitats faunísticos o sobre los ecosistemas naturales pero, evidentemente, no se conocen trabajos de referencia en este sentido.
La producción de mapas de ruido a nivel europeo es una tarea de enormes dimensiones para la que la Comisión estimó un coste promedio de 0,84 € por habitante (COM, 2011). Un dato preocupante como muestra un informe reciente del grupo de trabajo sobre ruido de la Conferencia Europea de Directores Generales de Carreteras, donde se sugiere la posibilidad de limitar el ámbito de estudio de estos mapas a 900 m de distancia a cada lado de las carreteras (CEDR, 2013). Las distintas etapas en las que se pueden dividir las tareas de elaboración de los mapas de ruido son (Iglesias y Díaz- Balteiro, 2013):
(1) la obtención o producción de cartografía de base (y otros datos necesarios), (2) la elaboración de los modelos de ruido,
(3) el proceso de cálculo de la computadora y
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Inicialmente, la etapa (1) ha sido identificada como la más difícil por la Comisión. Las etapas (2) y (4) dependen en gran medida de la formación, el grado destreza y las habilidades de los técnicos implicados en la creación de los modelos de cálculo. Pero la etapa (3) está directamente con el tamaño del modelo digital y la densidad de puntos de la cuadrícula de cálculo en la que se basan estos mapas, lo que también suele denominarse la resolución de malla o resolución espacial.
La producción sistemática de mapas estratégicos de ruido a nivel de la Unión Europea se basa en una serie de recomendaciones que determinan un nivel de resolución espacial definido para estimar los niveles medios de exposición de la población europea a la contaminación por ruido ambiental. Durante casi diez años, los Estados miembros y el grupo de trabajo de la Comisión Europea sobre la evaluación de la exposición al ruido (European Commission Working Group on Assessment of Exposure to Noise, WG-AEN) han publicado periódicamente guías y directrices de buenas prácticas para la elaboración de estos mapas. Entre los múltiples parámetros a tener en cuenta en las modelizaciones, en sus documentos de referencia, se recomienda una resolución espacial de 10 m (o incluso de menor distancia) para definir la densidad de puntos de la cuadrícula de cálculo. No obstante, se admite que este valor podría aumentarse a 25 o 30 m en el caso de grandes extensiones de superficie en campo abierto (WG-AEN, 2006). Excepcionalmente, en el caso del ruido de aviones que por lo general sólo se verán afectados por accidentes topográficos de grandes dimensiones como montañas, se podría aceptar una resolución espacial de hasta 100 m. Con éstas y otras consideraciones se pretende mejorar la precisión de los mapas de ruido, en base a una serie de estándares en los procesos de evaluación. De hecho, los resultados pueden verse muy afectados por varios datos de entrada en los parámetros de los modelos, incluso por el modo en el que se introducen durante su elaboración (Diniz y Zannin, 2004; Pinto y Mardones, 2009; Arana et al., 2010; Ausejo et al., 2010; Guedes et al., 2011; Zannin y Sant'Ana, 2011; Lam y Ma, 2012).
Sin embargo, la influencia de la resolución espacial, en la que se localizan los puntos donde se hacen los cálculos, no se ha investigado con el mismo detalle que otros factores (Asensio et al., 2011). Por ejemplo no hay recomendaciones para determinar la resolución en función de la orografía del terreno, un aspecto tan determinante en la transmisión del sonido y en los resultados de los modelos (Arana et al., 2011). Pese a
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que una mayor densidad de curvas de nivel, propia de los terrenos más accidentados, a igualdad de escala cartográfica también se traduce en un elevado número de objetos (items) en el modelo digital. De la misma forma que el número de estos objetos aumenta con el tamaño del área de estudio. Tanto el nivel de detalle cartográfico como la resolución espacial de cálculo son dos factores muy restrictivos en términos de tiempo de cálculo (Licitra, 2012) que causan un aumento exponencial de los costes monetarios asociados a la etapa número (3) de las tareas descritas anteriormente. Otro detalle económico que tampoco conviene olvidar es que el número de combinaciones máximo entre objetos del modelo suele resultar un factor limitado por volumen de combinaciones posibles en las tarifas comerciales que se ofrecen al adquirir un software de predicción de niveles de ruido.
Por otro lado, el estudio de las perturbaciones ambientales requiere ampliar las escalas tradicionalmente consideradas para otorgar un mayor protagonismo a las interacciones espaciales, en sintonía con las necesidades de gestión en ámbitos territoriales amplios como la Red Natura 2000, los ámbitos correspondientes a planes de ordenación de los recursos naturales, etc. (Saura, 2010). La adopción de una escala que permita un enfoque sistémico, ya sea a nivel de regiones, paisajes o ecosistemas, se considera la única manera de conservar los procesos y los hábitats, sobre todo aquéllos más crípticos, aunque al mismo tiempo el trabajo a otros niveles como el de especie siga siendo esencial (Franklin, 1993). En el ámbito de la modelización de ruido, alcanzar estos logros pasa por discutir la delimitación de las zonas de estudio, las resoluciones espaciales de cálculo, etc.