UNA HISTORIA EN CUATRO ACTOS
2. Martin Noth entra en escena
1943 no estaba siendo un año demasiado bueno para Alemania. Febrero había comenzado con la capitulación del VI Ejército en Stalingrado. Meses más tarde se rendía el Afrika Korps. Seguiría el desembarco aliado en Sicilia, mientras los rusos forzaban por el este, con un gasto terrible de armamento y vidas humanas. Sin embargo, casi nadie imaginaba que aquello era el principio del fin. Martin Noth incluso tenía motivos para sentirse satisfecho. Acababan de publicarle su última obra. Una vez más, miró el título con cierto orgullo. Había sido capaz de utilizar treinta y cinco letras en sólo dos palabras: Überlieferungsgeschichtliche Studien. Sonaba a Panzer adentrándose en la estepa rusa, a U2 sumergiéndose en las frías aguas de la ciencia bíblica.
Aquellos “Estudios sobre historia de la tradición” estaban dedicados en partes iguales a las dos grandes obras históricas de la Biblia, la Deuteronomista y la Cronista. La primera parte, la que ahora nos interesa, suponía una auténtica novedad en la interpretación de los libros de Josué, Jueces, Samuel y Reyes.
Desde el siglo XIX se venían defendiendo dos posturas principales sobre la formación de estos libros:
a) Unos autores se inclinaban a pensar que cada uno de ellos había surgido independientemente de los otros. Sólo más tarde, hacia el año 622, con motivo de la reforma de Josías, fueron unidos y reelaborados por el círculo deuteronomista. A esta reelaboración debió seguir una segunda, en tiempos del exilio, con pequeños cambios y adiciones.
b) Otros Ccomo los famosos Eissfeldt y HölscherC pensaban que los libros de Josué, Jueces, Samuel y Reyes son continuación de las fuentes del Pentateuco: Yahvista (J), Elohista (E), a la que Eissfeldt añade también su fuente Laica (L). Estos documentos, que comenzaban con la creación del mundo o con Abrahán, no terminaban con la muerte de Moisés; también contaban lo ocurrido en siglos posteriores. La verdad es que no se ponían de acuerdo. Según unos, esas fuentes del Pentateuco terminan en Josué, y hablan en consecuencia de una historia en seis libros (Hexateuco: Gn Ex Lv Nm Dt Jos); otros las prolongan hasta Jueces, y hablan de siete libros (Heptateuco); los que las extienden hasta Samuel, de ocho (Octoteuco); y quienes admiten unidad desde Génesis hasta Reyes hablan de nueve libros (Eneateuco). En cualquier caso, la mayoría de estos autores piensa que las fuentes J, E (y L), después de haber sido fundidas en una sola, fueron retocadas por la escuela
literaria y teológica inspirada en el Deuteronomio.
En este contexto se advierte la novedad de la postura de Noth. Para él, antes del exilio no existían libros independientes, ni tampoco documentos al estilo de J y E que hablasen sobre el largo período que va desde los jueces a la monarquía. Sólo existían fragmentos aislados y pequeñas obras (por eso se la conoce como “hipótesis de los fragmentos”), que un autor exílico utilizó para componer su historia, la “historia deuteronomista”.
Al estudiar el bloque Josué-Reyes habría que distinguir:
a) tradiciones recogidas por el autor deuteronomista sin reelaborarlas; b) fragmentos o versos reelaborados por el dtr;
c) fragmentos originales del dtr;
d) fragmentos añadidos después de que el autor terminó su obra.
Una clasificación exacta de estos diversos materiales puede verse en el artículo de Radjawane, págs. 184-186. Para no acumular datos demasiado minuciosos nos limitaremos a los esenciales.
a) Entre las tradiciones recogidas por el dtr sin reelaborarlas se encuentran: “ gran parte del Dt (4,40-30,20);
“ relatos de la conquista (Jos 2-11);
“ narraciones sobre diversos “jueces” (Jue 3,7-12,15, exceptuando algunos versos procedentes del dtr);
“ infancia de Samuel (1 Sam 1,1-4,1a, excluyendo 2,25b.34-35); “ historia del arca (1 Sam 4,1b-7,1);
“ tradiciones de Saul y David (1 Sam 9,1-10,16; 10,27b-11,15);
“ continuación de Saul-David y tradiciones de David (1 Sam 13 hasta 2 Sam 20; 1 Re 1-2); “ historia de Salomón (1 Re 3-11, exceptuando algunos pasajes y versos);
“ tradiciones proféticas y datos sobre los reyes de Israel y Judá. Entre ellos tienen especial importancia los relatos sobre Elías y Eliseo, la revolución de Jehú (2 Re 9-10), la intervención de Isaías durante el asedio de Jerusalén por Senaquerib (2 Re 18,17-20,19), el relato del hallazgo del Libro de la Ley (2 Re 22,3-23,3).
(Hasta el momento en el que el dtr recogió este material, las diversas tradiciones habían tenido vida propia, con un enfoque e intención a veces distinto del que pretendió nuestro autor).
b) Entre los fragmentos o versos reelaborados por el dtr me limito a indicar 1 Sam 12,1-25 (dirigido actualmente contra la monarquía), 1 Re 2,2-4,27b (reelaboración de las consignas de David a Salomón en su lecho de muerte) y 1 Re 4,1-5,8 (lista de los empleados de Salomón).
c) Pero el autor dtr no se limitó a recoger antiguas tradiciones o a reelaborar algunos fragmentos. Según Noth, completó este material con datos propios. Por ejemplo, al comienzo del Dt (1,1-3,29 y diversos pasajes del c. 4), y al final del mismo libro (en los cc. 31 y 34). Diferentes capítulos o episodios en Josué (1,1-6.10-18; 12; 23), Jueces (2,6-16.18.19; 3,7-11.12-15a; 6,30-35; 10,6-16 etc.), Samuel (1 Sam 12,1--25 etc.), Reyes (1 Re 8,14-66; 11,1-13.41-43; 2 Re 17,7-33a.41; 21,2-16; 25,1-26 etc.).
Sin embargo, lo más importante no es que el dtr completase el material anterior con nuevos datos e interpretaciones. Llevó a cabo una auténtica labor de composición, engarzando coherentemente los elementos previos y dando al conjunto un sello muy personal.
d) Con su labor no quedaron terminados definitivamente los libros de Jos-Re. Más tarde se añadieron otros textos:
“ canto y bendiciones de Moisés (Dt 32 y 33); “ reparto de la tierra (Jos 13-22);
“ alianza en Siquem (Jos 24);
“ primera introducción a Jueces (Jue 1,1-2,5); “ historia de Sansón y apéndices (Jue 13,2-21,25); “ apéndices sobre David (2 Sam 21-24).
En resumen, los puntos más revolucionarios de la teoría de Noth son los siguientes: 1. La historia dtr es obra de un solo autor, no de una escuela.
2. Este autor vivió y trabajó en tiempos del exilio, redactando su obra en la provincia de Samaria, cerca de Mispá y Betel, no en Babilonia, como pensaban otros comentaristas.
3. La historia dtr representa el primer intento serio de historiografía dentro de Israel; antes del exilio no existió una producción de este carácter, sino simples intentos más o menos logrados. Esto va contra la opinión tan divulgada de que la historiografía comienza en Israel durante el apogeo político-cultural de David y, sobre todo, de Salomón (siglo X).
4. Esta obra histórica comenzaba con una gran introducción teológica, el libro del Dt, que ofrecía las claves de interpretación y valoración de la historia: fe en un solo Dios y aceptación de un solo lugar de culto. Más tarde, el Dt quedó separado de Josué-Reyes. Pero su función originaria no era la de cerrar los cuatro primeros libros de la biblia (Tetrateuco), sino la de abrir teológicamente los siguientes.
)Qué pretendió este judío del siglo VI con su enorme trabajo? La respuesta de Noth es terriblemente pesimista: “El dtr no ha escrito su obra para aliviar el tedio o satisfacer el interés por la historia nacional, sino para adoctrinar sobre el sentido genuino de la historia de Israel, desde la conquista de la tierra hasta la desaparición del antiguo estado; y este sentido se resume para él en el reconocimiento de que Dios ha actuado palpablemente en esta historia, al responder con exhortaciones y castigos a las deficiencias constantes y crecientes; y, finalmente, cuando aquellas se revelaron inútiles, con la destrucción total” (O.c., pág. 100). Desde la perspectiva del exilio, cuando Judá lo ha perdido todo (tierra, templo, rey, libertad), la palabra del dtr es escueta y tajante: todo esto es consecuencia de nuestros pecados y sólo cabe aceptar el castigo de Dios. No queda esperanza para el futuro.