UNA HISTORIA EN CUATRO ACTOS
3. Reacciones a la teoría de Noth
Es natural que la teoría de Noth no encontrase aceptación plena, ni siquiera parcial, entre todos los comentaristas. Algunos, como Jepsen, Engnell o Boecker, la aprueban y defienden con nuevos argumentos. Otros, como Hölscher, Eissfeldt y Von Rad, la rechazan. No faltan quienes aceptan ciertos puntos y rechazan otros. Sería absurdo introducirse en la maraña de argumentos en favor y en contra. Me limitaré a indicar por dónde se ha orientado la investigación con respecto a tres temas: elementos previos, unidad de la obra y finalidad. El último aspecto es el más importante.
3.1. Con respecto a los elementos previos
La idea de que los deuteronomistas utilizaron “fragmentos” previos la admiten muchos autores actuales. Gran parte de la investigación de los últimos años se ha centrado en el estudio de esos
fragmentos: historia del arca, subida de David al trono, historia de la sucesión, tradiciones de Elías y Eliseo, etc. Pero conviene advertir que algunos autores abandonan la hipótesis de los fragmentos para inclinarse por la de documentos. No se refieren a los documentos clásicos, J y E, sino a una especie de “historias predeuteronomistas” de diversa extensión y origen.
Por citar uno de los casos más recientes, Campbell18 descubre en los libros de Samuel y en los diez primeros capítulos de 1 Re un documento del siglo IX, de origen profético, centrado en el importante período que va desde los orígenes de la monarquía hasta la división del reino.
En el fondo, este hecho no modifica seriamente la teoría de Noth. El lo habría aceptado tranquilamente. Lo que no admite es que los documentos clásicos (Yahvista y Elohista) continúen en Josué.
3.2. Con respecto a la unidad de la obra
La situación actual dista mucho de ser la concebida por Noth. Este veía la “Historia deuteronomista” como una obra unitaria, compuesta por un solo autor (aun reconociendo que más tarde se añadieron bastantes capítulos). Hoy día, la idea de una sola edición y un solo autor se encuentra casi descartada19. Más bien se elige uno de los tres modelos siguientes:
a) Dos ediciones, una preexílica y otra exílica20.
El principal representante de esta teoría es Frank Moore Cross, en su artículo “Los temas del libro de los Reyes y la estructura de la historia dtr”21. Le siguen sus discípulos Nelson22 y Friedman23 y están también muy de acuerdo con él Cortese y Helga Weippert24.
Cross coincide con Noth en la existencia de fragmentos previos, pero no acepta que la redacción final de la obra la llevase a cabo un solo autor y durante el destierro. Para Cross, en la historia dtr se advierten tres hechos extraños, que requieren explicación:
1) Cuando Jerusalén cae en manos de los babilonios no encontramos una reflexión teológica a propósito de esta terrible desgracia. Resulta muy raro, sobre todo si recordamos la extensa disgresión del autor dtr después de la caída de Samaria (2 Re 17).
18. A. F. Campbell, Of Prophets and Kings. A Late Ninth-Century Document (1 Sam 1 - 2 Kings 10), CBQ Monographs Series 17. Washington 1986.
19. Entre los pocos que la defienden se encuentra H. D. Hoffmann, Reform und Reformen. Untersuchungen
zu einem Grundthema der deuteronomistischen Geschichtsschreibung, ATANT 66, Zurich 1980.
20. La idea de dos redacciones de estos libros se encuentra ya en A. Kuenen, Historisch-kritische Einleitung
in die Bücher des AT
hinsichtlich ihrer Entstehung und Sammlung. I 2: Die historischen Bücher des AT, Leipzig 1890, pág. 90; G.
Wildeboer, De Letterkonde des Ouden Verbonds, Groningen 1893, 270ss, y en otros. Pero antes de Noth no se concebía a los deuteronomistas como auténticos autores, sino como simples redactores.
21. The Themes of the Book of Kings and the Structure of the Deuteronomistic History, publicado en
Canaanite Myth and Hebrew Epic, 1973, págs. 274-289.
22. R. D. Nelson, The Double Redaction of the Deuteronomistic History, JSOT Suppl. Ser. 18, Sheffield 1981.
23. R. E. Friedman, The Exile and Biblical Narrative. The Formation of the Deuteronomistic and Priestly
Works, HSM 22, Chico 1981.
24. H. Weippert, Die "deuteronomistischen" Beurteilungen der Könige von Israel und Juda und das
2) Durante el reinado de Manasés, Dios condena a Judá totalmente por culpa de los pecados de este rey. Sin embargo, el reinado de su nieto, Josías, es visto con gran optimismo. Supone un anticlimax en esa historia que camina hacia su final.
3) Si situásemos la Historia dtr en el destierro (como pretende Noth), contrastaría poderosamente con las otras obras de esta época (el escrito Sacerdotal, Deuteroisaías, etc.), ya que le falta la profunda esperanza que se respira en estas últimas. La mejor forma Co la únicaC de explicar estos hechos es admitir dos ediciones distintas: una anterior al destierro, durante el reinado de Josías, y otra en el exilio. La primera edición se caracteriza por un marcado acento de propaganda religoso-política, invitando a la conversión a Judá, pero también a las tribus del norte, con vistas a restaurar el antiguo reino davídico. La segunda edición, de tono pesimista, se limita a justificar la catástrofe.
También Provan25 es partidario de dos ediciones, una preexílica y otra exílica. Pero, a diferencia de Cross, y para soslayar las objeciones que se le hacen, defiende que la edición preexílica, de finales del siglo VII, era simplemente una historia de la monarquía desde sus orígenes Csuprimiendo los pasajes antimonárquicosC hasta Ezequías. En la edición del exilio es cuando se añadieron los libros de Deuteronomio, Josué y Jueces.
b) Tres ediciones, todas exílicas o postexílicas.
Mientras Noth trabajaba en sus “Estudios”, Alfred Jepsen se dedicaba también a estudiar las fuentes de los libros de los Reyes26. La guerra le impidió publicar sus resultados, que no aparecieron hasta 1951. Propiamente, esta obra no puede ser interpretada como reacción al estudio de Noth, ya que desconocía sus resultados.
Jepsen concibe la formación de la obra del modo siguiente. Existían dos documentos principales: 1) una crónica que abarcaba hasta el reinado de Ezequías (finales del siglo VIII), a la que da la sigla S; 2) unos Anales sobre el templo y el culto, quizá de la época de Manasés (primera mitad del siglo VII), que denomina con la sigla A.
Estos dos documentos independientes fueron unidos hacia el año 580 por un primer redactor sacerdotal (RI), que les añade un comentario crítico sobre la historia del culto y exige un culto adecuado. Esta sería la primera edición, preexílica.
Hacia el año 550, un segundo redactor, de mentalidad profética (RII), añade a la obra numerosos capítulos (la historia de la sucesión, leyendas de Isaías, tradiciones sobre profetas, tradición benjaminita sobre la conquista y la época premonárquica). De este modo, la obra crece enormemente, hasta duplicar las dimensiones de la anterior. Pero lo más importante es que este segundo redactor da especial relieve a cuatro ideas teológicas (elección, ley, apostasía, castigo) y convierte toda su obra en un llamamiento a la conversión.
A finales del siglo VI, un tercer redactor, levita (RIII), hace pequeños añadidos para justificar las pretensiones de sus hermanos.
25. I. N. Provan, Hezekiah and the Books of Kings, BZAW 172, Berlin - New York 1988. Véase mi recensión en ATG 52 (1989) 264-65.
La teoría de tres redacciones exílicas también la defiende Rudolph Smend27. Sus ideas, simplemente esbozadas en el artículo de 1971, las han seguido y profundizado sus discípulos Dietrich28 y Veijola29.
En su artículo de 1971 advierte Smend que ciertos pasajes de los libros de Josué (1,7-9; 13,1-6; 23) y Jueces (2,17.20s.23) consideran que la conquista de la tierra todavía no está terminada. Piensa que dichos pasajes son complementos a la historia dtr, y da a este estrato el título de Nomista (DtrN), dado el interés de su autor por la ley. Sugiere que sería interesante seguir estudiando el tema. Es lo que hace su discípulo Walter Dietrich, que se aplica al estudio del libro de los Reyes desde esta perspectiva, y encuentra otro estrato dtr, al que denomina DtrP por el amor de su autor a las tradiciones proféticas. Con esto tenemos ya tres estratos, que Dietrich data entre los años 580 y 560. La idea de conjunto es como sigue:
Poco antes de la caída de Jerusalén se escribe una primera obra narrativa. Su autor (DtrH) es un historiógrafo, que termina en 2 Re 25,1-21 y pretende explicar la catástrofe de Judá y Jerusalén, ofrecer una “etiología del punto cero”. Poco después del exilio, DtrP añade las leyendas proféticas que ha ido elaborando y otros complementos. Para este autor, lo importante es interpretar los relatos anteriores como el campo de actuación de la palabra profética. Finalmente, hacia el 561 actúa DtrN, que comenta los hechos desde un punto de vista legal. Añade un nuevo final (2 Re 25,22-30), que dan a la obra un toque de esperanza.
Veijola, otro discípulo de Smend, persigue los tres estratos en los libros de Samuel. Naturalmente, los encuentra (las tesis doctorales son capaces de demostar cualquier cosa), y advierte que cada uno de ellos tiene su propia imagen de David. DtrH, partidario de la monarquía, presenta a David como un buen siervo de Dios y lo glorifica como padre de una dinastía eterna. DtrP, escéptico ante los reyes, presenta a David como un hombre pecador y culpable. DtrN intenta conciliar estas posturas opuestas. Comparte con P una actitud crítica ante los reyes, pero espera con H que la dinastía davídica dure siempre.
Smend, aprovechando los trabajos de sus discípulos, vuelve sobre el tema en 1978. Su idea actual es la siguiente:
DtrH, basándose en diversas fuentes, escribió una historia que empezaba en Dt 1,1 y terminaba en 2 Re 25,30 (en esto corrige a Dietrich, que ponía el final en 25,21). Esta obra presupone la liberación de Jeconías, y no pudo surgir antes del 550.
DtrP introdujo en los libros de Samuel y Reyes una serie de narraciones proféticas y estructuró el curso de la historia de acuerdo con el esquema de “vaticinio - cumplimiento”.
DtrN comentó ambas redacciones aplicando su criterio, inspirado en las leyes deuteronómicas. Este resultado final es el que podemos llamar “Obra histórica dtr”. Pero las huellas de DtrN se extienden hasta el Tetrateuco. Por eso, es posible que DtrN sea el que unió el Tetrateuco y la 27. R. Smend, Das Gesetz und die Völker: Ein Beitrag zur deuteronomistischen Redaktionsgeschichte, en el Homenaje a G. von Rad, 1971, págs. 494-509.
28. W. Dietrich, Prophetie und Geschichte. Eine redaktionsgeschichtliche Untersuchung zum dtr.
Geschichtswerk, FRLANT 108, Göttingen 1972.
29. T. Veijola, Die ewige Dynastie. David und die Entstehung seiner Dynastie nach der
deuteronomistischen Darstellung, AASF B/193, Helsinki 1975; Id., Das Königtum in der Beurteilung der deuteronomistischen Historiographie. Eine redaktionsgeschichtliche Untersuchung, AASF B/198, Helsinki
Historia dtr, formando una gran obra literaria. 3.3. Con respecto a la finalidad de la obra
Noth nos deja con mal sabor de boca. La historia del dtr sólo pretende demostrar el justo juicio de Dios, que castiga los continuos pecados del pueblo. No cabe esperanza para el futuro. Esta visión ha sido criticada desde distintas perspectivas. Ofrezco tres de las opiniones más interesantes.
a) Gerhard von Rad: optimismo mesiánico
Pocos años después de publicarse la obra de Noth, expresa su punto de vista en un breve pero importante artículo sobre “La teología deuteronomística de la historia en los libros de los Reyes”30. Von Rad detecta en la historiografía dtr una correspondencia entre la palabra del Señor y la historia, en el sentido de que la palabra pronunciada por Dios alcanza su meta, se cumple. Este esquema de “vaticinio - cumplimiento” se encuentra al menos once veces en los libros de los Reyes (ver págs. 180-182), generalmente castigando. Es lo que advertimos en el destino del Reino Norte (Israel), a causa de unas culpas que arrancan desde el primer rey, Jeroboán.
Pero en el Sur parece no ocurrir lo mismo. Dios se muestra muy indulgente con Judá. ¿A qué se debe esto? La respuesta es evidente: “en consideración a David” (cf. 1 Re 11,13.32.36; 15,4; 2 Re 8,19), idea que se basa en la promesa de Natán (2 Sam 7; ver también 1 Re 2,4; 8,20.25; 9,5) y que impulsa al dtr a convertir a este rey en un personaje modelo31.
De este modo, en la historia dtr la palabra de Dios actúa de dos formas: a) como ley, juzgando y aniquilando; b) como evangelio, salvando y perdonando. ¿Cuál de estas dos palabras se impuso al final? La respuesta la tenemos en la liberación de Jeconías (2 Re 25,27-30). “Este pasaje debe ser entendido por cualquier lector como una indicación de que los descendientes de David no habían llegado a un final irrevocable” (p. 189).
b) Hans Walter Wolff: llamada a la conversión
Años más tarde, en 1961, volvía sobre el tema Hans Walter Wolff, en su famoso artículo “El kerygma de la obra histórica deuteronomista”32. En contra de Noth, no cree que el autor de la historia dtr se haya tomado tanta molestia sólo para decir a sus contemporáneos que todo está terminado. Pero tampoco está de acuerdo con Von Rad en la interpretación tan optimista de los versos finales (2 Re 25,27-30) como un mensaje incondicional de salvación. Para Wolff, el dtr no pretende destruir la esperanza ni infundirla incondicionalmente, sino llamar a la conversión.
De hecho, el esquema de toda la obra es el mismo que aparece con frecuencia en el libro de los Jueces, con sus ciclos de pecado - castigo - conversión - salvación (cf. Jue 3,7-9). Aparentemente, este esquema no vuelve a utilizarse en el resto de la obra. Pero esta impresión es falsa. Toda la época 30. Publicado en 1947. Se encuentra en Estudios sobre el Antiguo Testamento, Salamanca 1975, págs. 177-89.
31. Véase 1 Re 3,3; 9,4; 11,4.6.33.38; 14,8; 15,3.5.11; 2 Re 14,3; 16,2; 18,3; 21,7; 22,2. Según von Rad, el dtr no podía basarse en la Historia de la sucesión para convertir a David en modelo, ya que ésta lo presenta de forma muy humana, con grandes fallos. El dtr recoge una tradición mesiánica que se encuentra ya en el Sal 132 y en Isaías.
32. H. W. Wolff, Das Kerygma des deuteronomistischen Geschichtswerk: ZAW 73 (1961) 171-86. También en Gesammelte Studien zum AT, 308-24.
monárquica, desde Saul hasta Sedecías, constituye el primer paso (pecado) de un nuevo ciclo; la destrucción de Jerusalén y el destierro es el segundo (castigo). El autor pretende que sus contemporáneos den ahora el tercero (conversión), para que Dios realice el cuarto (salvación). Wolff demuestra que el verbo “convertirse” aparece en pasajes decisivos como 1 Sam 7,3; 2 Re 17,13; 23,25 y, sobre todo, en el momento capital de la oración de Salomón al dedicar el templo (1 Re 8,46- 53).
c) Frank Moore Cross: doble finalidad
Quien mantenga la idea de dos ediciones de la Historia dtr, una preexílica y otra exílica, encontrará un enfoque bastante adecuado del mensaje en la teoría de Cross. Ciertamente, debían de estar marcadas por espíritus muy distintos. No es lo mismo escribir la historia del pueblo en un momento de optimismo y euforia nacional, y hacerlo cuando todas las esperanzas se han hundido.
La primera edición desarrolla dos temas principales, que podemos sintetizar en estas dos frases: a) “Este proceder llevó al pecado a la dinastía de Jeroboán y motivó su destrucción y exterminio de la tierra” (1 Re 13,14). b) “En consideración a mi siervo David y a Jerusalén, mi ciudad elegida” (1 Re 11,13).
“Por consiguiente, el historiador dtr contrasta dos temas: el pecado de Jeroboán y la fidelidad de David, que culmina en Josías. Jeroboán llevó a Israel a la idolatría y a la destrucción, como habían avisado los profetas. En Josías, que purificó el templo fundado por David y puso punto final al santuario fundado por Jeroboán, en Josías, que buscó al Señor de todo corazón, debían cumplirse las promesas hechas a David (...). Estos dos temas parecen reflejar dos principios teológicos, uno procedente de la antigua teología deuteronómica de la alianza, que considera la destrucción de la dinastía y del pueblo como consecuencia inevitable de la apostasía, y otro tomado de la ideología regia de Judá: las eternas promesas hechas a David (...). De hecho, la yuxtaposición de los dos temas, amenaza y promesa, proporcionan la plataforma para la reforma de Josías. La historia dtr, en la medida en que estos temas reflejan sus principales intereses, puede ser considerada una obra de propaganda de la reforma de Josías y un programa imperialista. El documento habla en particular al Norte, invitando a Israel a volver a Judá y a Jerusalén, único santuario legítimo de Yahvé, afirmando las pretensiones de la antigua dinastía davídica sobre todo Israel. Y habla también, con igual o más énfasis, a Judá. La restauración de la antigua grandeza depende de que la nación vuelva a la alianza con Yahvé y de que el rey se entregue de todo corazón a imitar a David, el siervo del Señor” (p. 284).
Durante el exilio, este grupo de libros fue reelaborado. La situación había cambiado mucho con respecto a la época de Josías. La esperanza de volver a los tiempos gloriosos de David se había desvanecido. El ideal de conversión y de observancia del pacto con Dios se agotó tras la batalla de Meguido (año 609). Y sobrevino la catástrofe. Un autor del exilio se sintió obligado a justificar este terrible castigo de Dios y a sacar las últimas lecciones de la historia.
Con este fin reelaboró la obra anterior. Ante todo, añadió los datos posteriores al reinado de Josías (2 Re 23,31-25,29) y la noticia de la muerte de este rey (2 Re 23,29-30).
En segundo lugar, reelaboró ciertos pasajes, sobre todo el capítulo referente a Manasés (2 Re 21). En los versos 10-15 leemos unas palabras que, indudablemente, han sido escritas desde la perspectiva del destierro: “Yo voy a traer sobre Jerusalén y Judá tal catástrofe que, al que la oiga, le retumbarán los oídos ...” También en otros momentos de la historia se introdujeron claras referencias al desastre y al exilio; por ejemplo, en Dt 4,27-31; 28,36s.63-68; 29,27; 30,1-10; Jos 23,11-13.15s; 1
Sam 12,25; 1 Re 2,4; 6,11-13; 8,25b.46-53; 9,4-9; 2 Re 17,19; 20,17s.
Se trata de retoques ligeros, pero con un importante cambio de enfoque. La segunda edición, la del exilio, carece de esperanza. Los textos que hablan de conversión (presuponiendo con ello el perdón), esos textos en los que se basa Wolff para su teoría, son prácticamente todos de la primera edición, preexílica.
Con las opiniones de estos tres autores no quedan agotadas todas las posibilidades. Hay otros muchos puntos de vista. Pero estas ideas son las más importantes y las que más pueden ayudarnos a profundizar en la Historia deuteronomista.
4. Bibliografía
4.1. Sobre la Historia deuteronomista
En castellano, como visión global, lo mejor es el capítulo de N. Lohfink, Balance después de la catástrofe. La obra histórica deuteronomista, en J. Schreiner, Palabra y mensaje del Antiguo Testamento, 269-285. Para una introducción a cada libro véase J. Briend en Introducción crítica al Antiguo Testamento, editada por H. Cazelles, 276-361 (pone al día el anterior trabajo de J. Delorme, Los libros proféticos anteriores, en Robert-Feuillet, Introducción a la Biblia, I, 369-429. También puede consultarse W. J. Harrington, Iniciación a la Biblia I, 279-304.
A los estudios indicados en las notas de este capítulo sólo añado A. D. H. Mayes, The Story of Israel between Settlement and Exile: a Redactional Study of the Deuteronomistic History, Londres 1983; J. Van Seters, In Search of History, 1983.
4.1. Historia de la investigación
E. Jenni, Zwei Jahrzente Forschung an den Büchern Josua bis Könige: ThRu 27 (1961) 1-32, 98-146; A. N. Radjawane, Das deuteronomistische Geschichtswerk. Ein Forschungsbericht: ThRu 38 (1974) 177-216; E. Cortese, Problemi attuali circa l'opera deuteronomistica: RivBibIt 26 (1978) 341-352; H. Weippert, Das deuteronomistische Geschichtswerk. Sein Ziel und Ende in der neueren Forschung: ThRu 50 (1985) 213-249; M. A. O'Brien, The Deuteronomistic History Hypothesis: A Reassessment, OBO 92, Gotinga 1989, esp. 3-23.
CAPITULO 10