LAS PRUEBAS DE LABORATORIO
Hasta aquí hemos identificado los principales tipos de respuesta cardiopulmonar y sanguínea, las adaptaciones que tienen lugar durante el en- trenamiento, y hemos indicado que resulta útil establecer unos ritmos específicos que faciliten estas adaptaciones. Durante años, los científicos han ideado distintas pruebas para valorar el índice de respuesta individual a la tolerancia del ejer- cicio. Los entrenadores y atletas lo han hecho asimismo de forma menos específica, utilizando pruebas de tiempo en una distancia concreta o si- mulacros de carrera. Es posible llevar a cabo, y de hecho está de moda, pruebas de laboratorio que satisfagan a todo el mundo: los científicos obtienen unos datos interesantes por lo que res- pecta a la respuesta fisiológica hacia el ejercicio de la persona en concreto y los atletas y entrena- dores pueden aplicar directamente los resultados al entreno. Pueden contrastarse conjuntos de da- tos procedentes de una amplia capa de población que posee una forma física parecida con resulta- dos similares en un grupo de población de la mis- ma edad pero que no ha efectuado entreno algu- no; los científicos lo denominan un estudio de
corte transversal. Los atletas y entrenadores, no
obstante, se inclinan por los estudios longitudina-
les: conjuntos de datos obtenidos en distintos
momentos de la sesión de entrenamiento y de año en año, de modo que el atleta pueda controlarse a sí mismo, es decir, que pueda identificar los cambios en variables como los umbrales de V02
máx., lactato/ventilatorio y la economía en la carrera, además de seguir unos ritmos basados en estos datos.
Los entrenadores que no están familiarizados con estos sistemas de control a partir del labora- torio a menudo se preguntan si tienen alguna va- lidez. Suelen comentar que no puede simularse una carrera y que, además, su atleta no corre ni
entrena en tapiz rodante, aparte de que existe una infinidad de detalles externos que contribuyen al resultado de una carrera. Si bien tienen cierta razón, estos entrenadores no tienen en cuenta la racionalidad que entraña el test de laboratorio. Nosotros intentamos específicamente eliminar un máximo de variables externas, como la situación atmosférica, el terreno y las tácticas, puesto que los cambios observados con más probabilidad serán producto de una adaptación fisiológica al entrenamiento. Podremos obtener información que nos será de utilidad a partir de tres puntos importantes:
1. Mejora en el entreno, pues se tiene a mano la última evaluación.
2. Pueden establecerse con más precisión las su- gerencias en cuanto a la siguiente fase de desa- rrollo.
3. Podrán apuntarse estrategias para la carrera ba- sadas en la resistencia contabilizada del atleta.
Todo ello contribuye al desarrollo del atleta y a la mejora de su tono físico. El entreno en tapiz rodante ayuda también al atleta a adquirir unos conocimientos respecto al esfuerzo o nivel de ten- sión que se le exigirá para correr a un ritmo espe- cífico, en particular por lo que se refiere al umbral de ritmo sub-lactato/ventilatorio que se exige a los corredores de maratón. Después, cuando entrenan en un terreno concreto bajo condiciones atmosféricas distintas, pueden variar el ritmo al mantener de forma instintiva el sentido del es- fuerzo. Una consecuencia importante de la utili- zación inteligente de tal información será la pre- vención de sobreentrenar bajo dichas circunstan- cias. Este entrenamiento específico cobra mucho más valor a medida que el atleta supera sus pro- pios récords y consigue un estímulo mayor para llegar a la cima.
A principios de siglo, los científicos iniciaron el estudio de las capacidades fisiológicas de los at- letas entrenados. Algunos de los más destacados - Lindhard, en Dinamarca (1915), Liljestrand y Stenstrom, en Estocolmo (1920) y Hill y Lupton, en Londres (1923)- diseñaron unos equipos y di- rectrices tan sólidos, a pesar de ser los primeros, que todavía hoy se aplican los principios esencia- les de su utilización. El equipo de que dispone- mos hoy en día para tal objetivo es complicado, si bien la informática ha simplificado enormemente la rutina de la recogida de datos y los análisis. Teniendo en cuenta la importancia del 02 en el
metabolismo y que la cantidad de 02 que puede
tomarse y utilizarse constituye un punto clave fácilmente identificable, el criterio más amplia- mente utilizado ha sido el del V02 máx. para cal-
La dinámica del corazón, los pulmones y la sangre durante el ejercicio 127
Figura 2.16: Las dos formas más corrientes para evaluar la capacidad de ejercicio de resistencia en el laboratorio:
carrera en tapiz rodante (a) y bicicleta ergométrica (b).
cular el rendimiento máximo en resistencia. Este valor cuantifica la capacidad de transporte de 02
del sistema cardiorrespiratorio a todos los tejidos activos y la capacidad de éstos para utilizarlo (Átrand, 1976).
Se han desarrollado una serie de métodos para cuantificar el V02 máx., aunque los más utilizados
son la pista rodante y la bicicleta ergométrica (Hermansen y Saltin, 1969). Las pruebas realiza- das en personas sin entrenamiento y que poseen poca experiencia en carrera o bicicleta suelen arrojar valores del V02 máx. más altos al utilizar
pista rodante que con bicicleta ergométrica. La prueba con pista rodante puede arrojar valores entre un 4% y un 23% más altos (Á>trand, 1976; Hermansen y Saltin, 1969; Kamon y Pandolf, 1972). Puesto que existe una gran masa muscular activa (las extremidades superiores y las infe- riores), el retorno de la sangre venosa al corazón es mayor. En general, el retorno venoso es igual al gasto cardíaco, una variable importante que afecta al V02 máx. (Shephard et al., 1968).
Con el entreno pueden producirse mejoras de V02 máx. que se identifican mucho mejor utili-
zando un tipo de prueba que plantee al cuerpo un reto similar al tipo de entreno (Clausen, Klau-
sen, Rasmussen y Trap-Jensen, 1973; McArdle, Magel, Delio, Toner y Chase, 1978). Así pues, los ciclistas entrenados están en una situación de desventaja al utilizar la prueba de pista rodante en comparación con la bicicleta ergométrica (Hegberg, Giese y Schneider, 1978). De forma parecida, los corredores se encuentran en des- ventaja ante una prueba en que se utiliza la bici- cleta (Pannier, Vrijens y Van Cauter, 1980). Por consiguiente, tal como demuestra en la Figura 2.16a el corredor de fondo de élite John Sinclair, utilizamos la pista rodante para las pruebas de rendimiento máximo en los corredores. No obs- tante, para determinadas pruebas especializadas, como las de desafío al aire frío para evaluar el as- ma producido por el ejercicio, como muestra en la Figura 2.16b Wendy Sly, la británica finalista olímpica en los 3.000 m en dos ocasiones, la bici- cleta es perfectamente adecuada, ya que el obje- tivo consiste más en producir una respuesta al ejercicio suave que en determinar el V02máx.
¿Hasta qué punto puede incrementarse la V02
máx. con el entrenamiento? En parte la respuesta tendrá relación con las condiciones genéticas, pero también juega un papel importante el nivel de forma física de la persona al iniciar un
128 Entrenamiento para corredores de fondo y medio fondo
programa de entrenamiento. Unos recientes es- tudios (Makrides, Heigenhauser, McCartney y Jones, 1986) han demostrado que las personas no entrenadas pertenecientes a un grupo de edad bastante amplio que abordan un programa de forma física aeróbica serio pueden aumentar sus valores de V02 máx., fruto de una vida sedentaria
en un 40% o más (por ejemplo, de 35 a 50 ml/kg/min). Entre los corredores ya consolidados de alto nivel, el porcentaje de aumento es consi- derablemente menor. A pesar de que algunos in- vestigadores afirman que entre los corredores de élite cambia mínimamente el V02 máx. a lo largo
del año, nosotros hemos hallado unas diferencias considerables, según los distintos objetivos en el entreno. Hemos observado mejoras de hasta un 18% en algunos de los corredores de fondo de élite durante el período de un año de entreno po- sitivo, como ejemplo, de 4.695 a 5.525 ml/min en un atleta durante un período de siete meses cuyo peso permaneció invariable.
Al principio del capítulo decíamos que la in- teracción entre las capacidades aeróbicas y anae- róbicas determina la capacidad de rendimiento de la persona en un esfuerzo competitivo total. ¿Acaso la potencia aeróbica por sí misma tiene relación con el rendimiento preciso en la carrera de fondo en competición? Considerando una dis- tancia en concreto, esta relación dependerá de la naturaleza de la población atlética que se estudia. Desgraciadamente, la amplia variación entre las poblaciones investigadas ha dado como resultado una amplia gama de coeficientes de correlación (de r = 0,08 a r = 0,91) relacionando el V02 máx.
con el rendimiento de la carrera (McConnell, 1988). En análisis estadísticos, se da un coeficien- te de correlación (r) de 0,91, que apunta a una re- lación más bien lineal bastante fuerte entre las dos variables comparadas. Si la población atlética es heterogénea, es decir, compuesta por personas dentro de un amplio espectro de forma aeróbica (como demuestra la amplia separación entre los valores de V02 máx. entre 35 y 85 ml/kg/min), en-
contramos una elevada correlación estadística en- tre potencia aeróbica y rendimiento competitivo. Considerados en su conjunto, estos atletas situa- dos en la cumbre de la competición mundial en pruebas de fondo y medio fondo poseen una me- dia de V02 máx. de 77 ml/kg/min, los hombres, y
66 ml/kg/min, las mujeres. Estos valores son entre un 60% y 70% más elevados que los valores de 48 y 39 ml/kg/min observados normalmente entre jó- venes no entrenados, cuyo rendimiento en prue- bas de carrera sería bastante menor que el de los atletas mundiales más resistentes.
Si el grupo de población que consideramos es homogéneo, es decir, si consideramos a las veinte
personas más veloces del mundo para una prueba de fondo, la correlación entre movimiento y V02
máx. es muy baja. Dicho de otra forma, si pudiéramos determinar la V02 máx. de todos es-
tos atletas en condiciones de laboratorio similares una semana antes de una carrera y después hacerles correr en condiciones idénticas, el orden de llegada probablemente no tendrá relación con sus correspondientes valores de V02máx. La co-
rrelación entre potencia aeróbica y rendimiento sería más bien baja.
Por consiguiente, además del V02 máx. han de
existir otros valores que contribuyan al ren- dimiento en la carrera. Al principio del capítulo apuntamos que un grupo de corredores calificado como homogéneo basándonos en su competición, puede resultar bastante heterogéneo en su capacidad de rendimiento aeróbico y anaeró-bico. Así pues, los atletas que consiguen unos resultados competitivos excepcionales proba- blemente poseen la mejor combinación de capa- cidad altamente aeróbica así como de lacta- to/ventilatorio. Los atletas con los mejores ré- cords, por ejemplo, podrían poseer un alto V02
máx. un alto umbral de lactato/ventilatorio (am- bos en valores absolutos y en porcentaje de V02
máx.), una larga prueba de duración por encima de la consecución del V02 máx., un alto V02 máx.
y tolerancia respecto a la acidez del tejido y la sangre, mientras que los que se sitúan bastante por debajo en la categoría probablemente habrán desarrollado menos cantidad de estas variables.
A la hora de intentar un aumento estable en las capacidades aeróbicas y anaeróbicas por medio del entreno se plantea un problema. Cuanto mayor sea el aumento en estos indicadores de rendimiento, como el V02 máx., el ritmo del um-
bral lactato/ventilatorio, y sean cuales fueren los indicadores utilizados para el máximo trabajo anaeróbico, mayores serán la intensidad subsi- guiente y el volumen de entreno requerido para efectuar cualquier avance. Por tanto, un alto vo- lumen de carrera aeróbica conlleva un beneficio tan exiguo que el riesgo de lesión por agotamien- to o los síntomas de sobreentreno contrarrestan las ganancias potenciales en rendimiento. Utili- zando una expresión médica, la proporción ries-
go-beneficio pasa a ser excesivamente alta. Sjo-
din y Svedenhag (1985) se cuestionaron seria- mente los beneficios de más de 115-120 km/ se- mana a un ritmo de baja intensidad aeróbica por lo que respecta a los corredores de fondo que pretenden aumentar sus valores de V02máx. Los
corredores de maratón constituyen un caso aparte, pues necesitan un alto volumen de entreno a fin de estimular unas mayores reservas de com-
La dinámica del corazón, los pulmones y la sangre durante el ejercicio 129
bustible en los músculos activos. Asimismo son conscientes de que deben conseguir una toleran- cia mayor a nivel de tejido conjuntivo frente a la tensión prolongada del impacto, aunque todos ellos reconocen que aumenta el riego de lesión con el trabajo excesivo. Tal como apuntábamos antes, en cuanto el acondicionamiento aeróbico ha proporcionado el estímulo inicial, deben se- guirle unas sesiones de entrenamiento de capaci- dad aeróbica de más alta intensidad (ritmo más acelerado, distancia más corta) para conseguir llevar el V02 máx. al límite en aquella temporada
de entreno específica.