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Argentina es el segundo mayor productor de vino de Latinoamérica, después de Chile, y el décimo mayor productor en todo el mundo, así como el noveno exportador a nivel global. La calidad del vino argentino ha crecido sin detenerse en los últimos años, ganando terreno en el mercado mundial. El vino es la bebida nacional de este país donde se llegó a consumir 29,1 litros per cápita en el 2006. Sin embargo, el consumo per cápita se redujo a 21.6 litros al 2016.

HISTORIA DEL VINO EN ARGENTINA

La historia del vino en Argentina brota en la época de la colonización, siendo inexistente el cultivo de la vid en América hasta la llegada de los españoles. Aproximadamente en 1555 las primeras plantaciones llegaron a Santiago del Estero de la mano de los jesuitas. Su cultivo no solo se vio fomentado por el catolicismo que requerían del vino para celebrar la Santa Misa, sino también por el consumo de pasas de uva como alimento calórico para los soldados. Dentro del período comprendido entre 1570 y 1590 surgieron las primeras plantaciones en Mendoza y San Juan. La expansión también llegó a provincias como Misiones y en menor medida, Córdoba y Santa Fe.

La Revolución de Mayo motivó la producción vinícola, ya que desde entonces la ciudad de Buenos Aires dejó de importar vinos españoles y comenzó a producir los propios.

Hacia 1850 el gobernador Domingo Faustino Sarmiento contrató al agrónomo francés Michel Aimé Peuget, quien tenía como objetivo replicar las primeras cepas de variedades francesas, entre ellas el Malbec que, según especialistas, se adaptó a esa zona mejor que en cualquier otra parte del mundo.

En 1855 llegaría un cambio radical como consecuencia de la fundación de la primera escuela de enología en Mendoza por Peuget y el dictado de las leyes de agua y tierra (Ley Lerdo) y la llegada del ferrocarril.

Estos acontecimientos junto con el aporte de los inmigrantes europeos, quienes tenían conocimientos de las técnicas vitivinícolas y el cultivo de las variedades aptas para vinos finos, dieron nacimiento a una época de innovaciones enológicas.

Después de la Primera Guerra Mundial, los vinos argentinos comenzaron a elevar su calidad. Las cepas traídas de países europeos como Italia, España y

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Francia daban muy buenos resultados por las ideales condiciones de suelo y clima.

Hacia 1960, las plantaciones abarcaban 242.324 hectáreas y el consumo interno era de 90 litros por persona al año pero de calidad regular. Al mismo tiempo solo un 10% de la producción estaba destinada al comercio exterior. En los 70’ surgió la moda del vino blanco entre los argentinos, dando un excedente de vino tinto que pronto se destinó a la exportación. Lentamente, los vinos argentinos comenzaron a perfeccionarse y abrirse al mundo.

Posteriormente sobrevino una crisis que motivó una fuerte reducción de los viñedos nacionales.

La vitivinicultura argentina inició su recuperación a partir de 1990, apoyada en el Malbec como cepa estrella. Los productores comenzaron a importar, con un arancel cero, acero inoxidable (en lugar de piletas de hormigón y barricadas de roble) para modernizarse y adaptar su producción al mercado internacional. El Malbec consolidó su posición como cepa emblemática de la viticultura argentina para sus vinos tintos, y lideró las exportaciones nacionales que, a partir del año 2000, iniciaron un avance progresivo y sin precedentes. El crecimiento en este periodo de veinte años (1990-2010) fue de 173%.

Hoy en día, tanto en el mercado interno como en el internacional, los vinos argentinos son de los más renombrados y tienen un espacio en los restaurantes y vinotecas de las ciudades más relevantes del mundo. A pesar de las irregularidades en la situación económica de los últimos años, el sector vinícola sigue notando un desarrollo positivo en aspectos técnicos, comerciales, productivos, de difusión y conocimiento.

IMPORTANCIA DEL VINO EN ARGENTINA

En la mesa argentina el vino representa una bebida fundamental, propia de la dieta mediterránea incorporada de las migraciones europeas. Por el arraigo a estas culturas, los argentinos son grandes consumidores de vino, siendo uno de los mayores en el mundo.

Esta bebida no solo es importante para la gastronomía argentina, sino también para el turismo enológico. Las principales provincias productoras se han visto beneficiadas por la enorme concurrencia de turistas de todo el mundo. En consecuencia, se han desarrollado tours como la ruta del vino, hoteles y posadas, con un ambiente orientado al vino. Incluso existen museos, como el de una tradicional bodega de San Juan, donde se pueden contemplar herramientas que antiguamente se utilizaban para la elaboración de este cultivo.

En la provincia de Mendoza, se celebra todos los años, desde 1936, la Fiesta Nacional de Vendimia, en donde se da homenaje a las personas que elaboran vino.

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En Julio del 2013, el vino pasa a convertirse legalmente en un símbolo argentino al aprobarse la ley que declara al vino como bebida nacional (26.870).

PRODUCCIÓN DE VINOS EN ARGENTINA

Argentina es el segundo productor y exportador vitivinícola de Sudamérica, seguido de Chile.

Dada las condiciones climáticas de algunas zonas del país, tales como la combinación de una determinada altura y baja humedad, las plantaciones argentinas están muy bien refugiadas de hongos, insectos y demás pestes que suelen afectar los viñedos en general permitiendo cultivos orgánicos con escasos uso de pesticidas. Estas cualidades le han dado a la vid argentina un gran renombre en el mundo.

En gran parte de las plantaciones se emplean distintos métodos de irrigación como el riego por goteo o las tradicionales acequias que pasan por diques. Estas últimas son canales de riego que transportan el agua dulce producto del deshielo en lo alto de las montañas. Gran parte de la producción de la región andina obtiene su indiscutible calidad como consecuencia del “estrés hídrico” natural que sufren las viñas.

La superficie de vid implantada en nuestro país ha aumentado un 11% respecto al año 2000, registrándose en el año 2016 un total de 223.944 ha. (ANEXO 4). En los registros de superficie de todo el país figuran 158 variedades, de las cuales hay 34 variedades que concentran el 96% de la superficie total.

A nivel país, en el grupo de 34 variedades más cultivadas, 28 son aptas para elaboración de vinos y/o mostos, 3 para pasas y 3 para consumo en fresco. Dentro de las 28 variedades con aptitud para elaboración hay 13 variedades para tinto, las cuales representan el 55% de la superficie cultivada de uvas para vino, 12 de vino blanco y 3 de rosado, con el 20% y 25% de la superficie total, respectivamente.

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La variedad cuya superficie ha crecido más en el país es la del Malbec, que actualmente alcanza las 40.401 hectáreas.

En argentina existen tres zonas vitivinícolas: noroeste, centro y sur.

El sur de la provincia de Salta, Catamarca, La Rioja y el noreste de Tucumán representan la zona noroeste. La región de los valles cordilleranos irrigados, cuya altitud oscila entre los 1.000 y 2.000 metros sobre el nivel del mar, es donde el cultivo de la vid manifiesta su excelencia. Predominan los cultivos de uvas tintas, a excepción de Catamarca que las viñas de variedad rosadas son mayoría, en especial las de Cereza.

En la parte centro, donde se concentra más del 90% de los viñedos del país, se identifican dos regiones muy importantes, San Juan y Mendoza, siendo esta última la responsable del 71% del total con 158.585 ha. cultivadas, según un análisis del 2016 del Instituto Nacional de Vitivinicultura. La altura de estos suelos supera los 500 metros sobre el nivel del mar.

En la provincia mendocina 156.099 ha. están destinadas a plantaciones de viñas a vinificar, mientras que 2.486 ha. son para el consumo en fresco y de pasas.

Conforme el reporte antes mencionado, el 58,6% de la superficie está representada por las variedades de uvas tintas. Algunas de estas son: Malbec que es la principal cultivada, Bonarda, Cabernet Sauvignon, Syrah, Tempranillo y Merlot.

Por otro lado, las variedades rosadas abarcan el 24,7% de los viñedos de la provincia. Entre estas podemos mencionar: Cereza, Criolla Grande y Moscatel Rosado.

Mientras que los cepajes blancos comprenden el 16,6% de las plantaciones y se destacan variedades como Pedro Giménez, Chardonnay, Torrontés Riojano, Chenin y Ugni Blanc.

Tintas 55% Blancas 20% Rosas 25%

Superficie cultivada uvas aptas