La aversión al esfuerzo
6.4. N Vicios y virtudes: Gozando de la vida
A finales de los años noventa, Robert Nozick, filósofo y profesor de la Universidad de Harvard, propuso un inquietante experimento mental. Consistía en imaginar una máquina que pudiera proporcio- nar cualquier tipo de experiencias que deseáramos. En el interior de ese aparato tendríamos las mismas sensaciones y sentimientos que experimentamos en nuestra vida diaria. Por ejemplo, podríamos sentir la misma alegría que viviríamos si la paz mundial se hubiera conseguido. O las sensaciones que experimentaríamos con la expe- riencia sexual más gratificante que pudiéramos imaginar. O el mis- mo estado mental que se adquiere después de haber tenido una idea brillante y creativa.
El “pero” consistiría en que experimentaríamos todas estas sensa- ciones solo mientras continuáramos dentro del aparato hipotético. El mundo, fuera, continuaría su camino porque ninguna de esas situa- ciones estaría ocurriendo realmente. Pero eso a nosotros no nos im-
portaría: las experimentaríamos con la misma intensidad que si fueran ciertas y, además, una vez introducidos en la máquina no recordaría- mos haber entrado en ella y jamás podríamos salir de allí...
La pregunta que Nozick proponía a sus lectores era: ¿aceptaría usted entrar allí dentro?
La inmensa mayoría de personas responden que no. Y casi todo el mundo aporta la misma razón: el diabólico invento les introduci- ría en una especie de nirvana, en una felicidad artificial sin altibajos y sin objetivos que no se corresponde con la que buscamos los seres humanos. De hecho, como hizo notar este filósofo, muchas perso- nas responden intuitivamente de una forma que les acerca al actual concepto científico de bienestar. Dicen que no se puede ser dichoso en una máquina en la que es imposible la insatisfacción. Un exceso de búsqueda de placer nos llevaría a ser incapaces de disfrutar del siguiente deleite.
Una de las investigadoras de este fenómeno es Sonja Lyubo- mirsky. Esta psicóloga publicó un artículo en la revista Scientific Ame-
rican de abril de 2007 analizando lo que ella denominaba “felicidad
permanente”. Según la autora, obtener dicha de larga duración es muy difícil. Las razones que da tienen que ver con la teoría de la anteriormente tratada “ley de asimetría hedónica”: cuando algo nos hace feliz puntualmente, volvemos rápidamente al anterior umbral de satisfacción. Extrae esa conclusión a partir de estudios hechos con ganadores de premios cuantiosos de lotería. Cuando estas personas son entrevistadas, recuerdan su alegría por el premio como algo pasajero. De hecho, un año después de haber sido agraciados por el azar, los favorecidos no se sentían más felices que los no ganadores. Habían vuelto al estado de ánimo que tenían antes. Para volver a ele- var su estado anímico necesitarían un nuevo estímulo. El problema es que, como hemos visto al hablar de las bases biológicas de la moti- vación hedónica, las endorfinas nos llevan al sosiego y a la inacción. Es difícil buscar el siguiente placer cuando estamos felices con el anterior.
Parece que la felicidad basada en el placer está inevitablemente intercalada por malos momentos que nos permiten apreciar los momentos de dicha. Esta frase sería subscrita por la última línea de
investigación que surge a partir de la persistencia de la infelicidad. Para los autores que se reúnen en torno a nociones como las de “cre- cimiento post-traumático”, el ser humano necesita momentos de crisis para poder llegar al estado de ánimo que llamamos felicidad. En esos momentos, nuestro cerebro entra en una especie de colapso que aumenta nuestro potencial de cambio.
La teoría no es nueva. Autores como Erik Erikson sostienen que el ser humano tiene que ir atravesando una serie de etapas para poder dar forma a su personalidad. Esos momentos suponen desequilibrios psicológicos inevitables porque se corresponden con elecciones que no podemos obviar. Por ejemplo: en algún momento de la infancia tenemos que empezar a tomar iniciativas con respecto a nuestros padres, aunque eso nos genere un sentimiento de culpa. Otra crisis clásica: en la adolescencia tenemos que empezar a fijar nuestra iden- tidad a pesar de que eso nos haga chocar con los demás. Estos tran- ces suponen, para este autor, que no existe una trayectoria recta sino que un paso atrás puede permitir, avanzar después, dos pasos hacia delante. Los que intentan eludir esas crisis acaban siendo mucho más infelices que aquellos que las afrontan, aunque hacerlo supon- ga vivir momentos de desasosiego.
Quizás por eso —nos recuerda este autor— sólo resulta creíble la felicidad de aquellos que han vivido adversidades. Los estudios sobre crecimiento post-traumático resumen esa idea en una frase: lo que no te mata te hace más fuerte. De hecho, casi nadie se queda trau- matizado después de una experiencia dura. La antropología nos muestra cómo en todas las culturas se prepara a los integrantes para superar las tragedias. Las personas que han sufrido guerras, enferme- dades graves o han estado presentes en crímenes violentos, al prin- cipio se sienten muy mal (ansiedad, insomnio o irritabilidad son síntomas clásicos del estrés post-traumático). Pero poco a poco se van recuperando. Según sus investigaciones, algo más del noventa por ciento de las personas superan el estrés post-traumático en los siguientes seis meses. Y el recuerdo que queda de la experiencia es que aquellos momentos duros les ayudaron a ser más felices y valo- rar más la felicidad en la actualidad.
El psicólogo Keith Campbell denomina al fenómeno del creci- miento post-traumático ego shock. Según este autor, después de una
experiencia traumática, los mecanismos normales de protección psi- cológicos se bloquean: el tiempo se paraliza, nuestra percepción de la realidad cambia, los colores parecen más vivos, los objetos cotidianos cobran una belleza repentina, etc. El fenómeno se parece mucho a lo que persigue la meditación zen o el éxtasis religioso. Los valores vita- les de la persona cambian al instante y se abre una puerta al cambio. La sensación es de pureza, de ver sólo la verdad y la esencia de las cosas. Según Campbell, la sensación cognitiva fundamental de este estado es la de ser capaz de separar las cuestiones importantes de aque- llas que no lo son pero, sin embargo, ocupan gran parte de nuestra energía en los periodos de normalidad. Esto es lo que permite el creci- miento y disfrutar con más fuerza que nunca del placer hedónico.
El gran riesgo de las personas más centradas en la búsqueda del placer es no entender esa necesidad de momentos de crisis pun- tuales. La motivación, en esas pausas de crisis, debe buscarse en otro tipo de satisfacciones que no sean la mera búsqueda de delei- te. Cualquiera de los motores vitales que analizo en los demás capí- tulos puede ser válido. Pero es necesario que exista un motor, algo diferente al puro hedonismo, que conduzca de un instante de goce vital a otro sin perderse por el camino.
Y, por supuesto, el gran inconveniente de la motivación hedóni- ca es la improductividad a que lleva la aversión al esfuerzo para el logro de objetivos. Motivar a un trabajador con alto motivo de logro es muy fácil, más bien se motiva solo. Sin embargo, conseguir “que se ponga las pilas” una persona con poca motivación de logro, orien- tada al ocio y al disfrute, requerirá “tocar otras teclas”, como la rela- ción personal, el buen ambiente con los compañeros de trabajo, la promesa de recompensas a corto plazo…
La ventaja es que será un trabajador que difícilmente se estrese por asumir demasiada carga de trabajo y una persona que creará un ambiente muy agradable y divertido para trabajar.
6.5.NEn busca de emociones positivas
De todo lo anterior se pueden deducir algunas ideas generales que nos ayudarán a estimular nuestro hedonismo.
En primer lugar, desde luego, está el autoconocimiento de aque- llos disfrutes que más estimulan nuestra liberación de endorfinas. El deleite es una cuestión individual: casi nunca entendemos el placer que se obtiene en actividades que a nosotros no nos hacen gozar. A todos nos sorprende que alguien disfrute con determinados tipos de trabajos, hobbies o prácticas sexuales. Las tendencias genéticas y las historias de aprendizaje de cada individuo les llevan a un diferente hedonismo. Por eso es tan importante que detectemos cuáles son los nuestros y no tratemos de imitar los de los demás.
Para triunfar en este primer paso (esencial por la dificultad de “etiquetar” el placer de la que hablé al principio) es importante que seamos realistas. El psicólogo Daniel Gilbert advertía acerca de las expectativas demasiado altas. El equipo del doctor Gilbert realizó un experimento en el que se pedía a un grupo de voluntarios que enu- meraran acontecimientos que los harían felices y puntuaran del uno al diez el grado de felicidad que pensaban que iban a obtener al ocu- rrir esos hechos. Tiempo después, los investigadores volvían a entre- vistarles: esta vez les pedían que puntuaran la felicidad obtenida una vez conseguidos sus objetivos. Los resultados de la investigación fue- ron contundentes: el grado de satisfacción era menor que el esperado en más del noventa y cinco por ciento de los ítems. La razón de esta frustrante diferencia entre lo que esperamos y lo que conseguimos es, según Gilbert, nuestra deficiente búsqueda de información.
Hemos notado que cuando una persona quiere algo que piensa lo va a hacer feliz, para nombrar dos ejemplos, unas vacaciones en Grecia o conquistar al chico alto y moreno que conoció en el gimnasio, suele buscar información o imaginar lo que podría ser en vez de consultarlo con personas similares que han estado en la misma situación.
Es decir, los seres humanos preferimos “inventarnos” cuál va a ser el grado de satisfacción que nos produce un acontecimiento en vez de recabar información entre aquellos que lo han vivido y elaborar hipótesis con esos datos. Por eso, según Gilbert, la única forma de ahorrarnos decepciones es preguntar a los que saben:
Si tiene un amigo, o alguien de su misma edad y de gustos simila- res que visitó Grecia, pregúntele sobre su experiencia, así irá mejor prepa-
rado y no tendrá expectativas difíciles de satisfacer. Y si conoce a alguien que ha tenido experiencias con cachas de gimnasio, pregúnteles antes de lanzarse: se ahorrará decepciones.
Por último, una vez que haya encontrado las experiencias satis- factorias (para sí mismo o para los demás), hay que intentar buscar- las activamente. Y hay que recordar que esa búsqueda tiene que ser continua. La felicidad se correlaciona con la cantidad de experien- cias positivas, más que con su intensidad. Lo fundamental para es- timular la motivación hedónica (en la vida laboral y en la personal) es experimentar frecuentemente y de forma prolongada estados de ánimo positivos y con poca frecuencia y duración tonos de ánimo negativos. Es decir: la motivación hedónica depende de la cantidad y de la duración de las sensaciones, pero no de su intensidad.
Cuando preguntamos a personas que se sienten satisfechas con su vida cuáles son las razones, no solemos encontrar emociones positivas intensas. Lo habitual no es que les haya tocado la lotería o hayan accedido al puesto de trabajo por el que llevan años luchan- do. Lo que les ocurre, más bien, es que en ese momento están lle- vando una vida en que las alegrías son más frecuentes y duran más que las tristezas. Pero esas alegrías son sencillas, nada espectaculares: una cierta satisfacción afectiva, una vida laboral continuamente motivadora, placeres básicos… De hecho, los afectos intensos, aun- que sean positivos, desestabilizan a los individuos. Por eso las per- sonas con emociones positivas intensas suelen ser, también, las que más emociones negativas intensas tienen.
Como hemos dicho, es importante buscar activamente el disfru- te y el descanso. No podemos esperar que el placer sobrevenga. Este es el error de las personas que pasan su vida en función de otras motivaciones (como la de reto) y luego, al descansar, esperan disfru- tar. La infelicidad del ejecutivo durante el fin de semana o su infeli- cidad en la jubilación es un ejemplo de esta mala táctica. También lo es lo que Boyatzis llama el “síndrome del sacrificio” en su libro Lide-
razgo resonante. En el estresante ámbito de los negocios, los líderes
encaran situaciones complejas, cambiantes e, incluso, amenazantes. Cuando el líder se entrega demasiado, con esfuerzo constante y sin descanso, se vuelve ineficaz, generando más estrés en uno mismo y
en los demás. Esto se traduce en sentimientos ocultos de que algo no va bien y en una sensación de insatisfacción e infelicidad. También conduce a la negación: la vida se vuelve mecánica, sin sentido, muy distinta de lo que alguna vez se soñó. La mente se llena de pensa- mientos negativos y se tiende a echar la culpa de todo a los demás. Pero esta situación se puede revertir emprendiendo un proceso de renovación personal, dedicando tiempo a la reflexión, preocupándo- se del desarrollo integral de su persona y reencontrando la fuente de la satisfacción personal.
6.6.NCinecoaching 6
Vamos a trabajar el hedonismo a través de dos películas. La primera,
Todas las mañanas del mundo, narraba la vida del Señor de Sainte-
Colombe, un devoto jansenista obsesionado con el recuerdo de su mujer que murió mientras él tocaba para un amigo agonizante que de- seaba irse de este mundo con buen vino y buena música. Tras quedar viudo, Sainte-Colombe abandona las pompas mundanas y se reclu- ye en su granja, entregado a descubrir los secretos de la viola de gam- ba, a la que dedica quince horas diarias de ensayos.
La segunda película que te proponemos es Mediterráneo, una pe- lícula italiana, cuenta la historia de un grupo de soldados italianos que, durante la Segunda Guerra Mundial desembarca en una isla griega con el objetivo de explorar el lugar y esperar órdenes. La sor- presa llega cuando descubren el ambiente que reina en la isla: los hombres del lugar han sido capturados y allí sólo quedan ancianos, niños y mujeres. El supuesto espíritu castrense de los soldados se va disolviendo, poco a poco, ante el hedonismo pausado y sosegante que se disfruta en la isla.
Una vez visionadas las películas, te proponemos los siguientes ejercicios de reflexión:
Acerca de Todas las mañanas del mundo:
• Cuando el Rey manda a Sainte-Colombe un emisario que le anuncia que Su Majestad desea escucharle, éste le despi- de con una frase clara y contundente: Mi Corte son los peces
y los árboles… ¿a qué motivaciones vitales está renunciando
el músico con esas palabras?
• El protagonista vive en la naturaleza porque siente que sus sonidos están llenos de música. La encuentra en el sonido del viento, en la lluvia, en el llanto de su hija... Según él, la música tiene un sentido: Próximo a morir, este músico revelará a su discípulo Marais el sentido que tiene, según él, la existencia del gusto musical. Para él, la música es la voz de los que no tienen voz, es la voz con la que hablan los muertos y los que no han nacido… ¿crees que realmente esa es la razón por la que Sainte-Colombe disfruta de la música? (Apartado 6.3 y tipos de sociedades).
• De hecho, la música no tiene una verdadera función. Los psicólogos evolucionistas, que encuentran una razón fun- cional a todos los fenómenos humanos (desde los celos hasta la religión, pasando por la guerra o la atracción sexual) caen rendidos ante el misterio de la música… ¿crees que nos sirve para algo aparte del puro hedonismo? • ¿Por qué Sainte-Colombe no puede aceptar ese placer por el
placer? Recuerda cómo murió su mujer… Relacionando este aspecto con el Apartado 6.3, ¿piensas que muchas per- sonas de tu alrededor han renunciado al hedonismo por una mala experiencia relacionada con el puro goce de los sentidos?
Acerca de Mediterráneo:
• La película habla de la capacidad de desconexión como recurso en situaciones desbordantes… ¿por qué esos solda- dos se dejan seducir tan fácilmente?, ¿por qué es tan impor- tante para ellos el recuerdo del hedonismo (relacionándolo con la ley de asimetría hedónica).
• Gastronomía, erotismo, dibujo… Cada uno de los soldados disfruta de algo distinto… ¿podrías citar más motivaciones hedónicas que aparezcan en la película?¿Cuáles crees que son el tipo de motivaciones de las que se habla en el Apar- tado 6.4?
• ¿Cuánto tiempo crees que pasan los soldados en la isla? El verdadero hedonismo detiene el tiempo, es como si se en- trara en una burbuja… ¿por qué esto es tan importante? (Apartado 6.5).