3. UNA INTRODUCCIÓN AL GÉNERO POLICÍACO
3.3. Elementos estructurales del género policíaco
3.3.1. Narrador: tipología y funciones
El narrador es un punto central del relato pues es la fuente de información por la que accedemos al mismo. Se trata de una realidad intratextual, distinta absolutamente de la del autor (quien está ausente en el discurso). Su posición con respecto a la trama es cambiante: puede adoptar formas muy diversas según su grado de implicación en la historia narrada. En tanto que organizador de la trama, el narrador se define por su grado de implicación en los hechos relatados: si conoce totalmente la realidad presentada, incluidos los pensamientos de los personajes, pero no forma parte de la historia, se trata de un narrador omnisciente heterodiegético (como ocurre en los relatos de Simenon). Si, en cambio, pertenece a la esfera del relato, su conocimiento estará restringido o mediatizado por un personaje en concreto, y entonces tenemos un narrador homodiegético, testigo directo (ya sea el propio protagonista o un mero observador). En el caso del relato policíaco ambos son habituales, aunque quizá haya una preferencia histórica por el tipo de narrador homodiegético en primera persona, ya sea éste el protagonista que narra su propia historia (el narrador autodiegético de las novelas de Chandler) o su colaborador (narrador homodiegético “confidente” como en el caso del Doctor Watson), pero ni siquiera en el caso del narrador autodiegético debemos confundir al narrador con el investigador (Colmeiro 1994: 76).
A partir de ahí, se generan una serie de subdivisiones planteadas con especial fortuna por Gérard Genette, quien introduce la categoría del modo al proponer el concepto de focalización para definir la perspectiva desde la cual conocemos los hechos. El concepto de focalización ya no es la respuesta a la pregunta ¿quién narra?, sino a la pregunta ¿quién percibe? Tal diferenciación tiene sentido al darnos cuenta de que quien narra, el narrador, es siempre una persona mientras que la perspectiva puede no coincidir con una persona, o quizá coincida con más de una, en el caso de las focalizaciones múltiples.
Genette nos proporciona tres grados de focalización. La focalización cero, por la cual no hay filtro narrativo, sino un narrador omnisciente que conoce todo lo que sucede en el universo diegético, esto es, más que los personajes.
La focalización interna, por la cual el foco se sitúa en un personaje concreto que nos aporta su punto de vista y, por lo tanto, nos permite conocer tanto como él. Éste es el tipo de focalización más utilizada en el género policial, en el cual el foco se centra sobre el investigador, un colaborador o el
propio asesino, proporcionando un efecto de inmediatez entre el suceso y la narración. Tanto en este caso como en el anterior, no sabemos si los narradores nos comunican la totalidad de los acontecimientos. Este tipo de focalización interna puede ser, además, fija o múltiple19.
La focalización externa es aquella en la que el foco no está aplicado sobre ningún personaje ni tampoco conoce toda la información, es más, el filtro narrador busca su ocultamiento para proporcionar un “relato sin narrador” que trata de ser puramente objetivo. Esto significa que no conocemos nada sobre el mundo interior de los personajes, sino únicamente lo que hacen o dicen, (de ahí que se le califique de “conductista”) como haría una cámara cinematográfica. Garrido Domínguez relaciona este tipo de focalización con el gusto norteamericano por el “modo dramático, práctica habitual entre no pocos de los grandes escritores de entreguerras, como Hemingway, DosPassos, Faulkner, Fitzgerald o Hammett. (…) Ahora bien, esta asepsia no es más que superficial, (…) toda percepción requiere un sujeto perceptor” (Garrido 1996: 146-147). Esta opinión la comparte Genette:
Lo esencial de mi [obra] Discours du récit reposa sobre el supuesto de esa instancia enunciadora que es la narración, con su narrador y su receptor, ficticios o no, representados o no, silenciosos o charlatanes, pero siempre presentes en lo que para mí es, me temo, un acto de comunicación. Por consiguiente, en mi opinión, las afirmaciones corrientes de que nadie habla en el relato (…) no sólo proceden de la práctica del tópico, sino de una asombrosa sordera textual. (Genette 1998: 69)
Este posicionamiento de Genette adquiere especial significado sobre aquellas narraciones policiales en las que se busca el efecto de la mínima intervención por parte del narrador, quien, tratando de obtener la máxima objetividad, borra sus marcas en una especie de relato que se cuenta a sí mismo.
Genette presta además especial atención a las funciones del narrador. Las funciones del narrador serán cuatro: narrativa, de control, comunicativa, testimonial e ideológica. Estas funciones son las que permiten al narrador organizar y regular el relato, factor decisivo en el género policial.
En primer lugar, el narrador narra, nos cuenta los sucesos independientemente de su pertenencia o no al universo diegético. En segundo lugar, el narrador controla la información, hasta el punto de ocultar parte de la misma al lector en beneficio del protagonista, único personaje para quien es lícito dar con la solución (es el caso del Doctor Watson, quien impide al lector contar con las claves para la resolución del enigma). En tercer lugar, el narrador se comunica con el narratario20, establece una relación al dirigirse a él, de manera más o menos implícita. En cuarto lugar, el narrador cumple una función testimonial por la cual expresa sus emociones al respecto de 19 Los ejemplos más conocidos de focalización múltiple los encontramos en novelas vanguardistas como Las olas de Virginia Woolf o El ruido y la furia de William Faulkner, en las que el sujeto perceptor salta de uno a otro personaje. 20 Unidad textual a la que va dirigido el relato. Puede aparecer de forma más o menos explícita, pero Genette acepta que éste está siempre presente en el texto.
los acontecimientos que narra. Y, por último, el narrador emite juicios de tipo ideológico, reflexivo, didáctico o moral. Observar las funciones de los narradores de relatos policiales nos servirá como herramienta de análisis del tipo de narración y de las intenciones del autor.
Tanto de la focalización (categoría de modo) como de la de función del narrador (categoría de
voz) se desprende la cuestión de la fiabilidad, esto es, la duda metódica con la que se recibe
cualquier dato en los textos pertenecientes al género policial. Así lo explica Martín Cerezo, al suscribir la teoría de W. Booth:
Nos parece muy interesante y acertada su distinción [de Booth] entre narradores de fiar y narradores de los que el lector no se puede fiar. En el caso de la narrativa policíaca mucho más importante que encuadrar tipológicamente a un narrador concreto es observar su grado de conocimiento de los hechos que cuenta y su relación con el lector, es decir, analizar lo que sabe y lo que cuenta, cuándo lo cuenta, de modo que dos narradores que tipológicamente corresponden a la misma categoría, por ejemplo el “yo como testigo”, pueden funcionar de forma completamente diferente con respecto a estos otros criterios, y dar como resultado un narrador del que uno se puede fiar o uno del que no podemos fiarnos en absoluto. (Martín Cerezo 2006: 102)