4. RODOLFO WALSH Y EL GÉNERO POLICIAL
4.1. El género policial en Argentina
4.1.2. Roberto Arlt
Roberto Arlt fue un autor contemporáneo de Borges (ambos nacieron en el umbral del siglo XX) que representa exactamente su antítesis. Su rechazo de la intelectualidad burguesa le llevó a retratar el lado más crudo de la ciudad a través de un lenguaje áspero y torpemente tratado en muchos casos: el crimen, la estafa, la locura y toda clase de marginalidad fueron sus temas predilectos. Gran admirador de Dostoievski, Arlt también exploró esa “metafísica del mal” de la que hablaba Heidegger, en la que la crueldad, la enfermedad y la maldad son el punto de partida de todo pensamiento. Su estilo se acerca más al esperpento valleinclanesco que al Modernismo de Leopoldo Lugones que marcaba las poéticas del comienzo de siglo.
En sus novelas, cuentos y obras de teatro, Arlt expresaba su interés por el crimen, el robo y el lado sórdido de la ciudad de Buenos Aires, como ocurre en sus crónicas de prensa y en su novela
Los siete locos (1929), en la que un inventor fracasado y estafador de poca monta deambula por la
ciudad para intentar recuperar el dinero perdido y evitar así la cárcel. Su abulia, su cobardía y melancolía lo relacionan con los personajes de las obras de Jean Paul Sartre y Albert Camus. Esta relación con el Existencialismo y, concretamente, con el héroe sartreano, la define la hija del autor, Mirta Arlt, en el prólogo de la novela citada en el que explica esta visión del protagonista arltiano como una mezcla de lucidez y absurdo, intuición y locura, “lo que Sartre denomina la ascesis de la abyección, es decir, una vía mística recorrida por el camino del absurdo, la realización sistemática del mal. Y todas sus capacidades están al servicio de revitalizar las posibilidades de mal que hay en él” (Arlt 1997: 2). Esto se observa claramente en los monólogos metafísicos del protagonista:
Yo soy la nada para todos. Y, sin embargo, si mañana tiro una bomba, o asesino a Barsut, me convierto en el todo, el hombre para quien infinitas generaciones de jurisconsultos prepararon castigos, cárceles y teorías. Yo, que soy la nada, de pronto pondré en movimiento ese terrible mecanismo de polizontes, secretarios, periodistas, abogados, fiscales, guardacárceles, coches celulares, y nadie verá en mí un desdichado, sino el hombre antisocial, el enemigo que hay que separar de la sociedad. Sólo el crimen puede afirmar mi existencia. (Arlt 1997: 73)
La modernidad de su obra y la peculiaridad de algunos aspectos de su vida, como su faceta de inventor35, fueron reivindicadas posteriormente por escritores como Rodolfo Walsh, Ricardo Piglia o Julio Cortázar, quien prologó la primera edición de sus obras completas. Para estos autores, Arlt había inaugurado un territorio nuevo en la literatura argentina que entroncaba con algunos autores 35 Roberto Arlt (1900-1942) pasó muchos años de su corta vida tratando de hacerse millonario con un gran invento. Llegó a patentar unas medias de mujer irrompibles, pero murió antes de conseguir su propósito.
rusos, como Dostoievski, Gogol o Chéjov, y con Kafka. En Argentina, país decididamente borgeano desde finales de los años treinta, pocos escritores compartieron en la primera mitad del siglo el interés de Arlt por la marginación social y la locura, salvo algunos autores con quienes compartía el gusto por la ironía y el juego verbal, como Juan Filloy y Macedonio Fernández36.
Para los escritores de cuentos policíacos, la influencia de Arlt fue especialmente importante, pues él mismo había practicado dicho género en los cuentos que publicó entre 1937 y 1940 como «El crimen casi perfecto» (cuento de estructura clásica locked room en el que la agudeza del investigador y la casualidad sirven para resolver el enigma), «El incendiario» (cuya resolución es sospechosamente similar a la de un relato de Walsh37) o «Un argentino entre gángsters» (relato que prefigura el hard boiled argentino por su ambientación en los círculos de la mafia en Estados Unidos).
En cuanto a la influencia que Arlt pudo ejercer sobre la escritura de Rodolfo Walsh, parece difícil hallar un rastro de ella, al menos en lo que al estilo se refiere. La literatura de Walsh siguió durante años la estela borgeana. Sin embargo, en algunos apuntes de su diario, expresó su admiración por el autor de Los siete locos y su “capacidad dramática”. Walsh veía en Arlt a un hombre que transitaba las calles, mezclándose con ellas y reflejándolas en sus escritos de una manera que resultaba inverosímil de puro realista. Esta escritura se situaba en el polo opuesto del universo mitológico de Borges, último reducto de una cultura burguesa que ya no podría volver a darse, al menos en el contexto histórico que se presentía a principios de los años setenta. Así expresaba su sentimiento hacia Arlt (Walsh 1996: 89):
¿Me gustaría escribir como Arlt? Me gustaría tener su fuerza, su resentimiento, su capacidad dramática, su decisión de enfrentar a los personajes, como quería Shaw; su inventiva, incluso; su aptitud fantástica, porque el mundo de Arlt es fantástico a fuerza de realismo; pero no me gustaría escribir una sola de sus líneas.
Walsh se interesa por el mundo arltiano, por los retratos costumbristas de sus Aguafuertes
porteños, por esos inventos rocambolescos que pueblan sus novelas, hasta el punto de escribir él
mismo un relato acerca de un invento grandioso, «La máquina del bien y del mal» (1966). Pero su estilo, depurado, sobrio y preciso, no quiere tener nada que ver con las metáforas surrealistas y el estilo popular y desorganizado de Arlt. Carlos Gamerro lo explica recordando la obra de Harold Bloom The anxiety of influence: “Si es verdad que, como señala Bloom, todo escritor se ve acosado 36 Juan Filloy (1894-2000) fue un escritor cordobés admirado por Cortázar y referido en su obra Rayuela, al que el autor mexicano Alfonso Reyes se refiere como uno de los padres de la nueva narrativa hispanoamericana debido a su prosa irreverente y su gusto por la parodia. Macedonio Fernández (1874-1952) fue un prolífico escritor de novela, cuento y poesía (además de otros textos inclasificables) que vivió en el anonimato hasta que Borges le reivindicó como su gran maestro.
37 En el cuento «Los dos montones de tierra» de Walsh, el comisario resuelve el misterio de un incendio sin origen aparente al descubrir que el pirómano utiliza el mismo recurso que el incendiario de Arlt: una lente de aumento que no deja traza de su intervención.
por sus grandes precursores, no es entonces la figura de Roberto Arlt la que se cierne sobre las páginas que Walsh escribe, sino lo que Tomás Eloy Martínez denominó con justeza la sombra
terrible de Borges” (Gamerro 2002: 3).
Sin embargo, la concepción de Arlt de la sociedad y de la ética, tan radicalmente opuesta a la de la tradición literaria argentina definida por Borges (quien, por otra parte, no apreciaba en nada la escritura de Arlt38), abre nuevos caminos para una literatura futura. Ricardo Piglia (2000a: 38), escritor de novela policíaca que ha trabajado durante años sobre la obra de Arlt, dice que ésta “puede leerse como una profecía: más que reflejar la realidad, sus libros han terminado por cifrar su forma futura”. Piglia cuenta también que Arlt se interesó siempre por las formas culturales populares y por la literatura de masas, como el folletín, las crónicas policiales, el cine y el periodismo sensacionalista debido a que en ellas encontraba el núcleo del mundo moderno. De estas manifestaciones extraía el material para sus textos, porque en ellas aparecen reflejados los conflictos que la sociedad plantea. De ahí su gusto por el género policial, género que, como afirma Piglia, “discute las relaciones entre ley y verdad, la no coincidencia entre verdad y ley, el enigma como centro secreto de la sociedad” (Piglia 2000a: 66).
Arlt escribe sobre su propio país, sobre su ciudad, y lo hace desde una perspectiva cercana a la de ciertas novelas policíacas presentando una sociedad apocalíptica en la que sólo los acontecimientos extraordinarios (asesinatos, estafas y grandes inventos) logran rescatar al ciudadano adormecido que habita en ella.