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La naturaleza y la educación en la identidad sexual

In document Varios - Sexualidad Humana (página 150-154)

Pregunta: ¿Qué determina la identidad de género? ¿Están nuestros cerebros biológica- mente programados, de forma masculina o femenina, por hormonas sexuales prenatales? ¿Es el entorno, en forma de experiencias aprendidas postnatalmente, el que perfila nues- tro autoconcepto como hombres o mujeres? ¿O la identidad sexual refleja una interrela- ción de influencias biológicas y del entorno?

La identidad sexual es casi siempre consistente con el sexo cromosómico. Sin embar- go, esa consistencia no certifica que la identidad sexual esté determinada biológicamente. De hecho, también tendemos a ser criados como hombres o mujeres de acuerdo con nues- tro sexo anatómico. Entonces, ¿cómo podemos separar los papeles de la naturaleza y de la educación, de la biología y del entorno?

Los investigadores han encontrado pistas en las experiencias de unos individuos pe- culiares, los intersexuales, que poseen las gónadas de un sexo pero tienen genitales exter- nos que son ambiguos o típicos del otro sexo (Zucker, 1999). Los intersexuales son criados algunas veces como miembros del otro sexo (identidad diferente de su sexo cromosómi- co). Los investigadores se han preguntado si la identidad sexual de estos niños refleja su sexo cromosómico y gonadal o el sexo que se les asignó en el momento del nacimiento y de acuerdo con el cual fueron criados. Antes de seguir más adelante, distingamos entre los verdaderos hermafroditas y los intersexuales.

Los errores hormonales durante el desarrollo prenatal producen varios defectos congé- nitos. Algunos individuos nacen con tejidos ováricos y testiculares. Son llamados herma- froditas, por el mito griego del hijo de Hermes y Afrodita, cuyo cuerpo quedó unido al de una ninfa mientras se bañaba. Los verdaderos hermafroditas pueden tener una gónada de cada sexo (un testículo y un ovario) o gónadas que combinan tejido testicular y ovárico.

A pesar de su sexo genético, los hermafroditas a menudo asumen la identidad de gé- nero y el papel de género del sexo que les fue asignado al nacer. La Figura 5.3 muestra una mujer, genéticamente XX, con un testículo derecho y un ovario izquierdo. Esta persona se casó y fue un padrastro con una firme identidad masculina. Sin embargo, los papeles de la biología y el entorno permanecen confusos, porque los verdaderos hermafroditas tienen tejidos gonadales de ambos sexos.

Identidad sexual

Juicio de que uno es hombre o mujer.

Asignación sexual

Etiquetado de un recién nacido como que es niño o niña. También llamado

asignación de género. Intersexual Persona

que posee gónadas de un sexo pero genitales externos que son ambiguos o típicos del otro sexo. (También llamados

pseudohermafroditas.) Hermafrodita Persona

que posee tejidos ováricos y testiculares. (De los dioses griegos Hermes y Afrodita.)

Figura 5.3.

Un hermafrodita. Esta

mujer genética (XX) tiene un testículo y un ovario y la identidad de género de un varón.

Los verdaderos hermafroditas son extremadamente raros. Más común es el inter- sexualismo, que ocurre en uno de cada mil niños. El intersexualismo ha dado a los cientí- ficos una oportunidad para examinar los papeles de la naturaleza (biología) y la educa- ción (influencias del entorno) en la formación de la identidad de género. Los intersexuales tienen testículos u ovarios, pero no ambos. A diferencia de los hermafroditas, sus gónadas (testículos u ovarios) coinciden con su sexo cromosómico. Sin embargo, por errores hor- monales prenatales, sus genitales externos, y algunas veces su anatomía reproductiva in- terna, son ambiguos o recuerdan a los del otro sexo.

La forma más común de intersexualismo femenino es la hiperplasia adrenal congé-

nita (HAC), en la cual una mujer genética (XX) tiene estructuras sexuales internas fe-

meninas (ovarios) pero genitales externos masculinizados (Berembaum & Hines, 1992; Migeon & Donohue, 1991; Zucker, 1999; Zucker et al., 1996; véase la Figura 5.4). El clí- toris ha crecido tanto que parece un pequeño pene. El síndrome ocurre como resultado de excesivos niveles de andrógenos. En algunos casos las glándulas adrenales del propio feto producen exceso de andrógenos (las glándulas adrenales normalmente producen bajos niveles de andrógenos). En otros casos, las madres pueden haber recibido andró- genos sintéticos durante sus embarazos. En las décadas de los cincuenta y los sesenta, antes de que se conocieran estos efectos secundarios, los andrógenos sintéticos se pres- cribían a veces para prevenir los abortos en mujeres que habían tenido abortos espon- táneos.

La investigadora suiza Anna Servin y sus colegas (2003) estudiaron conductas ti- pificadas por el género y sus intereses en 26 niñas, entre los dos y los diez años, que tenían HAC, y 26 niñas sin HAC, comparándolas por su edad. Las niñas con HAC mostraron más interés en juguetes de tipo masculino, como los juguetes de transpor- te, y menos interés en los de tipo femenino, como las muñecas. Las niñas con HAC tenían con mayor probabilidad niños varones como amigos y de mayores querían desempeñar trabajos típicamente masculinos. Los padres de las niñas con HAC decían que sus hijas parecían «chicazos», más que los padres de las niñas sin HAC. Los investi- gadores no encontraron evidencia de que los padres influyeran sobre el comportamien- to en el juego de sus hijas. Servin y sus colegas interpretan los resultados como la con- tribución hormonal a la explicación de las diferencias en el juego entre las niñas con y sin HAC.

Existen varios tipos de síndrome de insensibilidad androgénica, otro tipo de inter- sexualismo. Uno de ellos implica varones genéticos (XY) que, debido a un gen mutado, tienen una sensibilidad más baja de lo normal a los andrógenos (Adachi et al., 2000; Hughes, 2000). Como resultado, sus genitales no se masculinizan correctamente. En el nacimiento sus genitales externos son femeninos, incluyendo una pequeña vagina, y sus testículos no han descendido. Debido a la insensibilidad a los andrógenos, el sistema de conductos masculinos (epidídimo, conductos deferentes, vesículas seminales y conduc- tos eyaculatorios) no se desarrolla. No obstante, los testículos fetales producen sustancia inhibidora de los conductos de Müller (SIM), que impide el desarrollo de un útero o de trompas de falopio. Los varones genéticos con el síndrome de insensibilidad a los andró- genos normalmente no tienen vello púbico ni pelo bajo las axilas, porque el desarrollo del vello en estas zonas depende de los andrógenos.

Las chicas con el síndrome de insensibilidad parcial a los andrógenos (SIAP) también son intersexuales. El síndrome de insensibilidad androgénica parcial (SIAP) o el síndro- me de insensibilidad total a los andrógenos (SIAC) ocurre en una de cada 2 000 o 5 000 chicas. Ocurre en chicas con un solo cromosoma X y en chicas con cromosomas XX, uno

Hiperplasia adrenal congénita Una forma

de intersexualismo en la cual una mujer genética posee estructuras sexuales internas femeninas pero genitales externos masculinizados. Síndrome de insensibilidad androgénica Una forma de intersexualismo en la cual un varón genético es prenatalmente insensible a los andrógenos, de manera que sus genitales no son masculinizados normalmente. Figura 5.4.

Intersexualismo. En la

hiperplasia adrenal congénita, una mujer genética (XX) tiene estructuras sexuales internas femeninas (ovarios) pero genitales externos masculinizados.

de los cuales ha perdido material genético. Las chicas con SIAC desarrollan órganos geni- tales externos típicos, pero sus órganos reproductores internos no se desarrollan o no fun- cionan normalmente. Por contraste, las chicas con SIAP desarrollan genitales externos masculinizados y son a veces educadas como chicos y a veces como chicas. Un estudio rea- lizado por Melissa Hines y sus colegas (2003) comparó 22 mujeres con SIAC y un solo cromosoma X con 22 mujeres que tenían los cromosomas normales XX. No encontraron diferencias entre las mujeres con SIAC y controles en autoestima, bienestar psicológico general, identidad de género, orientación sexual, patrones de conducta de género típicos, estado marital, rasgos de personalidad o ser diestras o zurdas. Los investigadores conclu- yeron que dos cromosomas sexuales X y ovarios no son esenciales para el desarrollo de las conductas femeninas en las mujeres.

El síndrome de la República Dominicana es una forma de intersexualismo que se documentó por primera vez en un grupo de 18 chicos en dos localidades en la Repúbli- ca Dominicana (Imperato McGinley et al., 1974). El síndrome de la República Domini- cana es un desorden genético de una enzima que impide que la testosterona masculini- ce los genitales externos. Los chicos nacieron con testículos y órganos reproductores internos masculinos normales, pero sus genitales externos estaban malformados. Sus penes estaban atrofiados y parecían clítoris. Sus escrotos no estaban completamente for- mados y parecían labios femeninos. También poseían vaginas parcialmente formadas. Como los chicos parecían niñas al nacer, fueron criados como niñas. Sin embargo, en la pubertad, sus testículos empezaron a producir testosterona de manera normal, produ- ciendo asombrosos cambios: sus testículos descendieron, sus voces se hicieron graves, su musculatura se desarrolló y sus «clítoris» crecieron y se transformaron en penes. De los 18 chicos que fueron educados como niñas, 17 cambiaron a una identidad masculi- na de género. Dieciséis de los dieciocho asumieron un papel de género típicamente mas- culino. De los otros dos, uno adoptó la identidad masculina de género, pero continuó manteniendo un papel de género femenino, que incluía llevar vestidos. El otro mantu- vo una identidad femenina de género y más tarde se sometió a una intervención qui- rúrgica para «corregir» su masculinización pubertal. A pesar de ser educados como ni- ñas, casi todos estos individuos completaron la transición hacia el papel masculino sin problemas, lo que sugiere la esencial importancia de la biología en la identidad de género (Bailey, 2003b).

Muchos científicos concluyeron que la identidad de género está influida por comple- jas interacciones entre factores biológicos y psicosociales. Pero la expresión «complejas interacciones» puede ser una manera de evitar resolver la cuestión de si es más importan- te la naturaleza (factores biológicos) o la educación (factores psicológicos). Colocar el én- fasis en la naturaleza implica reducir el papel de la elección personal y, por ello, tiene con- secuencias políticas importantes. Aunque algunos dan más importancia a los factores psicosociales (Bradley et al., 1998; Money, 1994), otros enfatizan el papel de los factores biológicos (Collaer & Hines, 1995; Diamond, 1996; Legato, 2000; Servin et al., 2003). Sin embargo, la teoría de que los recién nacidos son psicológicamente neutros y que la iden- tidad de género depende principalmente de los factores del entorno ha sufrido un duro golpe en los últimos años.

Si ya has tenido suficiente con los complejos asuntos acerca de los orígenes del sexo y la identidad sexual en los seres humanos, considera el cocodrilo. Los huevos de cocodrilo no contienen cromosomas sexuales. El sexo de la descendencia viene determinado por la temperatura a la que se desarrollan los huevos (Ackerman, 1991). Si la temperatura del nido supera los 33 °C, los nacidos son machos, y si la temperatura está entre 28 °C y 31 °C, los recién nacidos serán hembras.

Síndrome de la República Dominicana Una forma de intersexualismo en la cual un desorden genético enzimático impide que la testosterona masculinice los genitales externos.

El transexualismo

En 1953, un ex oficial del ejército, que viajó a Dinamarca para una «operación de cambio de sexo», saltó a los titulares de la prensa. Después se la conoció como Christine (antes George) Jorgensen. Desde entonces, miles de transexuales se han sometido a intervencio- nes para una reasignación sexual1.

Pregunta: ¿Qué es el transexualismo? El transexualismo es una condición en la cual el in- dividuo desea poseer las características anatómicas de las personas del otro sexo y vivir como una persona del otro sexo. Muchos transexuales se someten a tratamientos hormo- nales y a cirugía para crear la apariencia de los genitales externos típicos del otro sexo. Esto obtiene mejores resultados cuando se realiza de hombre a mujer que cuando se hace de mujer a hombre. Después de la cirugía estas personas pueden mantener relaciones sexua- les e incluso alcanzar el orgasmo. Un estudio encontró que dos tercios de las «nuevas mu- jeres» alcanzaron el orgasmo durante la actividad sexual (Schroder & Carroll, 1999). Pero no pueden concebir o criar bebés.

¿Qué impulsa a los transexuales a vivir como personas del otro sexo? Según John Mo- ney (1994), los transexuales experimentan disforia de género, es decir, incongruencia en- tre su anatomía genital y su identidad sexual. Aunque tienen el sexo anatómico de un sexo, sienten que son miembros del otro. La discrepancia les motiva a deshacerse de sus propios caracteres sexuales primarios (genitales externos y órganos sexuales internos) y vivir como miembros del otro sexo. Un transexual hombre a mujer se percibe a sí mismo como una mujer que por un error del destino nació con el equipo genital equivocado. Un tran- sexual de mujer a hombre se percibe como un hombre atrapado en un cuerpo de mujer.

Ray Blanchard (1988, 1989) y J. Michael Bailey (2003a, 2003b) tienen otro punto de vista. Basándose en su larga investigación con transexuales, sostienen que los hombres que desean ser mujeres tienden a caer en otras categorías: o son hombres extremadamen- te femeninos o son hombres que se excitan sexualmente con la idea de ser una mujer. La primera categoría incluye lo que Blanchard llama «homosexuales transexuales» —hom- bres que son gays extremadamente femeninos y no se sienten totalmente satisfechos con la actividad sexual con otros hombres—. La segunda categoría se refiere a hombres que son «autoginefílicos» —deseosos de ser mujeres o amantes de lo femenino—, o que se es- timulan sexualmente con fantasías en las que son mujeres.

Aunque la frecuencia del transexualismo sigue siendo desconocida, es un fenómeno relativamente raro. Por ejemplo, el número de transexuales en Estados Unidos se estima que está por debajo de 50 000. Y menos de 20 000 se han sometido a operaciones de reasig- nación de sexo (Jones & Hill, 2002).

Los homosexuales transexuales normalmente muestran preferencias por los juegos y forma de vestir propias en su sociedad del otro sexo, incluso, con alguna frecuencia, des- de la infancia. Algunos dicen que sentían pertenecer al otro sexo desde que pueden recor- dar. Algunos transexuales de hombre a mujer recuerdan que, cuando eran niños, prefe- rían jugar con muñecas, disfrutaban llevando vestidos con volantes y les disgustaban los juegos rudos. A menudo eran considerados por sus compañeros como «mariquitas». Al- gunos transexuales de mujer a hombre dicen que cuando eran niñas les gustaba llevar pantalones y actuaban como «marimachos». Preferían los juegos de chicos y jugar con chicos. Los transexuales femeninos parecen tener una adaptación más sencilla que los

1 Esta cirugía también se llama cirugía de reasignación de género. En este libro utilizamos la palabra «sexo»

para referirnos al sexo anatómico y la palabra «género» para referirnos al estado psicológico de sentirse hom- bre o mujer. Para ser coherentes, entonces, la cirugía debería llamarse de reasignación del sexo, no del género.

Transexuales Personas

que desean ser del otro sexo y vivir como tales. En realidad creen que pertenecen al otro sexo y que su cuerpo es un error.

Disforia de género En una persona, sensación de incongruencia entre el sexo anatómico y la identidad de género. Transexuales homosexuales Hombres gay extremadamente femeninos que desean una reasignación de sexo.

Autoginefílico Se dice

de los transexuales que se estimulan sexualmente por fantasías en las que son mujeres. (De raíces que significan «auto», «mujer» y «amor» o «deseo».)

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