No es nada personal, son solo negociosnegocios
Los riesgos o asuntos clave que tienes que tener en cuenta cuando estés ante un inversor tipo 1 o si eres uno de ellos, se pueden resumir en el siguiente gráfico:
El mundo de la inversión y los amigos pueden ser un arma compleja. Así que si te identificas con este tipo de inversión extrema toma también precauciones, no bajes la guardia. En una ocasión, hablando en un foro de empresas con intención de invertir, en un lujoso hotel de Madrid, tras acabar nuestra intervención se nos acercó un empresario que iba a invertir en un negocio de su hija una cantidad muy relevante, superior a 500.000 euros. Se declaraba «empresario de negocios clásicos», no entendía bien los de Internet ni de nuevas tecnologías. Tras advertirle sobre ciertos datos e ideas como las que comentamos, nos invitó a un café y dijo que nos pagaba para evaluar el negocio de su hija. Estaba a punto de hacer la transferencia para la constitución de la sociedad y quería saber qué había detrás. ¿Dónde estaba el negocio? ¿Cómo se iba a rentabilizar ese dinero? Aceptamos. Javi también es padre y tiene niñas, y enseguida se le encoge el corazón, se ablanda y hace cosas que a veces no tienen sentido. Tras hacer un repaso bastante exhaustivo del supuesto negocio que iba a poner su hija, ella misma se dio cuenta de que tenía una idea, pero no sabía ni
quién era su cliente, si iban a pagar por eso que ofrecería, ni cómo iba a llegar a ellos. El dinero era para situarse en una lujosa oficina de Madrid, cuando eso no era lo relevante para un negocio de Internet, y para fichar a técnicos que desarrollaran lo que ella tenía en la cabeza pero que aún no había pensado ni estructurado. Todo apuntaba a que papá perdería sus 500.000 euros más pronto que tarde. En un café con Javi de más de cinco horas, ella misma dijo que tenía que pensarlo un poco más y le pidió a su padre que retrasara la transferencia. Nunca le cobramos nada a aquel hombre, pero creo que todos aprendimos en el proceso. Estas cosas pasan en pleno burbujeo y hay que tener mucho cuidado. Y que no te asusten esas cifras, porque igual para ti perder 5.000 euros puede suponer un esfuerzo tremendo.
Y, por otro lado, quien crea empresas y rápidamente acude a esta financiación tiene que pensar muy bien para qué quiere ese dinero y usarlo a cuentagotas —nos gusta la analogía de los cactus que hacía Martín en el prólogo—, cuando realmente lo necesite y duela de verdad gastarlo. ¿Por
qué? Porque reputación solo hay una y se pierde muy rápido. ¿Crees que ese señor si su hija perdiera ese dinero le volvería a dejar más para nuevos negocios? Pues eso… la respuesta es tan obvia que no se pueden perder los cartuchos de la confianza a la primera de cambio. «No es nada personal, son negocios», es una de las frases que más se repiten en El Padrino. Y resulta que los datos lo constatan. ¿Sabes que cuando inviertes «cegado» por una amistad (o porque es tu familiar) tienes más probabilidad de fallar? Los negocios y la familia pueden ser un cóctel complicado si no somos conscientes de ello.
La teoría financiera de carteras óptimas —es decir, esa cesta de huevos donde cada uno es una inversión— recomienda para protegerse contra el riesgo que las inversiones sean lo más independientes posibles entre sí. Cuanto menos «correlacionadas» (cuanto menos dependan unas de otras) estén esas inversiones, más protegido estarás frente a un riesgo que contamine a toda la cartera. Así que la recomendación siempre es tratar de elegir activos con la mayor independencia posible entre sí.
Pues lo mismo puede suceder si las personas que adoptan la decisión (una de emprender, la otra de invertir) han estudiado juntas o tienen los mismos criterios de evaluación o simplemente son amigos y anteponen el criterio personal a la lógica financiera. Digamos que cuando dos amigos coinvierten están perdiendo esa independencia de análisis y los datos muestran que eso puede reducir la rentabilidad.
A este respecto, un estudio realmente interesante realizado por tres investigadores de la Escuela de Negocios de Harvard, que ha durado seis años, ha permitido obtener una base de datos de 3.510 inversores individuales, en 12.577 compañías entre los años 1973 y 2003. El equipo investigador analizó todo tipo de datos biográficos de los inversores, incluyendo su etnia, educación o trayectoria profesional.
Lo fundamental del estudio es que cuando dos inversores coinvierten untos porque «son amigos» o tienen una gran afinidad, la rentabilidad de la inversión es inferior a cuando esa inversión se produce entre inversores «independientes», es decir, que no se conocen. Además, estos investigadores de Harvard concluyeron que cuando dos inversores eran de la misma etnia tenían una rentabilidad un 20% inferior que si pertenecían a etnias independientes. Así como que haber trabajado con anterioridad en la misma empresa y después invertir juntos reduce la rentabilidad en un 17%, frente a aquellos que han tenido trayectorias laborales diferentes.
Cuando dos inversores se graduaron en una misma escuela de negocios, por ejemplo, tienen un 34% más de probabilidades de colaborar para invertir juntos. Además, la probabilidad de coinvertir con otros miembros de tu misma etnia es casi un 40% superior que hacerlo con inversores de etnias diferentes. Pero, por ejemplo, estos dos inversores que han acudido a la misma escuela de negocios y que son más propensos a coinvertir
untos, también lo son de tener una menor rentabilidad, en concreto, un 19% menos de rentabilidad que cuando la coinversión se hace entre inversores que antes no se conocían.
Parece que hay un «coste de la amistad», y así se recoge en diversos estudios científicos. Y es que invertir va más allá de poner dinero. Implica
tener derechos políticos sobre las sociedades, abordar decisiones complejas: contratación, nueva financiación, definir miembros en consejos de administración, adoptar decisiones críticas de estrategias, despidos… búsqueda de socios potenciales, y un largo etcétera. La afinidad o la amistad, que a priori favorece la comunicación y la confianza entre inversores, también puede tener un coste: el de evitar el conflicto, posponer decisiones y, por tanto, no «pivotar» (cambiar) con la energía y la flexibilidad que se necesita en una startup. Resultado: se traduce en peores resultados de la inversión.
Con todo, la amistad, la confianza y la colaboración conjunta entre inversores es una gran vacuna para fracasar en el mundo del capital riesgo. Lo único que tenemos que tener cuidado es de no establecer unas lógicas de inversión y de toma de decisiones que se contaminen por criterios subjetivos o evitando conflictos… hay que pensar que aquello de El Padrino de «no es un tema personal, son solo negocios», parece que
funciona.