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No por tomar un atajo se está más cerca de unNo por tomar un atajo se está más cerca de un

No por tomar un atajo se está más cerca de un

unicornio

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Como hemos visto, la valoración de una empresa es un proceso complejo, no exento de manipulaciones y de trampas al solitario. Resulta especialmente difícil en sus primeras etapas de vida, más aún si su carácter novedoso plantea problemas adicionales a la hora de comprender su modelo de negocio y su potencial de futuro. Podría parecer que estas dificultades se reducen un vez que las empresas crecen, pero esto no es verdad. Es como cuando estamos esperando a que nuestros hijos crezcan pensando que todo va a ser más fácil pero, en realidad, cuando crecen

aparecen otros tipos de problemas. En los negocios no hay atajos: Cuando «vendes» algo que no tienes.

Cuando «compras» métricas, es decir, usas el dinero que tienes para comprar usuarios falsos o regalar tu producto para simular

que tienes clientes.

Cuando usas la contabilidad de forma creativa: tus activos (inversiones en tecnología y conocimiento, por ejemplo) en realidad es gasto que no vas a rentabilizar porque lo que tienes no genera ingresos y, por tanto, son pérdidas encubiertas. O cuando haces ampliaciones de capital con el propio dinero que has cobrado vía salarios. O cuando haces facturas entre empresas amigas para mejorar tus ingresos contables…

Todos estos atajos, y muchos más, cuyo objetivo es aumentar tu valoración como empresa y llamar la atención de terceros son, eso, atajos, pero no son negocios y menos sostenibles. Más pronto que tarde bajará la marea y se verán tus vergüenzas. Por eso, a pesar de la complejidad que supone, nos gusta trabajar siempre con el método de flujos de caja. Ahí las trampas al solitario son más difíciles de hacer. En realidad, buscamos siempre dónde está la caja del negocio, cómo entra, cómo sale, por qué y con qué rentabilidad. Esa es la verdadera esencia de la supervivencia a largo plazo. Todo lo demás, todos los globos de usar y tirar son otra cosa, no son empresas.

Del mismo modo, hay otro error muy común y es dejarse llevar por la ola que llega y pensar que la vas a surfear como si fueras el mejor y, resulta que no sabes casi nadar. Te quieres comparar con los mejores porque estás en el mar con esa ola, pero solo tienes en común la ola y el agua, no las capacidades para hacer surf. Lo estamos viviendo ahora mismo (2016 y 2017) con el sector del delivery, el reparto a domicilio de todo tipo de cosas. En España surgieron operaciones estrella tipo La Nevera Roja que se vendió por 80 millones de euros a la incubadora Rocket Internet. Sin embargo, ni siquiera en este caso debemos olvidar que las valoraciones las puede cargar el diablo: en 2016 Rocket Internet vendió La Nevera Roja, y otras compañías similares implantadas en mercados tan relevantes como el italiano, el mexicano y el brasileño, a Just Eat —uno de los líderes internacionales del sector—, por un total de 125 millones de euros, por lo que es muy posible que la operación fuese mucho menos exitosa para la incubadora que para los emprendedores.

¿Cómo en pocos meses algo que parecía la caña se acaba diluyendo en valor? ¿Podría haber aguantado La Nevera Roja sola si no llega a ser comprada? Dejamos esas preguntas en el aire. Del mismo modo, en 2017 se anunció el cierre de Buyvip, una empresa que Amazon compró por 80 millones y que fue el caso de éxito más utilizado en España por todo tipo de inversores, conferenciantes y amantes del mundo startup. Todo el mundo quería ser Buyvip y su gran fundador Gustavo. Sin quitar ni un ápice de mérito, ¿qué compró Amazon ahí? Una empresa que estaba en pérdidas pero que crecía fuertemente en ventas, que lo pasó terriblemente mal financieramente (al borde de la quiebra varias veces, como cuenta el propio Gustavo en su libro) y que la salvación estaba en la venta a un gigante, que fue Amazon. Pero ni siquiera Amazon logró ponerla en números positivos y acabó cerrándola.

En resumen: negocios invertibles no implica necesariamente negocios rentables. Las empresas se compran y se venden por motivos más allá del negocio y con lógicas que a veces se nos escapan a los financieros. Las valoraciones están contaminadas en muchas ocasiones. Por ejemplo,

cuando Facebook compró WhatsApp pagó una parte de los 19.000 millones en acciones de Facebook, no en caja; este es el mejor de los casos porque las acciones de Facebook son un buen activo y se pueden liquidar

en un tiempo en bolsa. Pero imagina que te compran por 80 millones y te dan acciones de otra empresa que no cotiza, que es un bluf y que tiene un valor, que no se sabe bien cómo se obtuvo, de 300 millones. Acabar pagando con papelitos (acciones) está empezando a ser una moda que no

hace más que engordar la burbuja en estas transacciones.

Otras veces la valoración es puro marketing, no es algo determinante para los inversores, ¿por qué? Por la letra pequeña de los contratos.

Cuando un inversor te dice «me da igual las acciones que obtenga por mi millón de euros invertidos (es decir, me da igual tu valoración, pero si la compañía se vende yo quiero 5 millones). Nadie antes que yo puede tener dinero de la empresa hasta que yo consiga mis 5 millones. A partir de ahí quiero el porcentaje respecto a las acciones totales». Si tienes que asegurar una rentabilidad, aquí decir que vales mucho y eres muycool y rentable como inversión es una política de marketing más. Pero también podrás comprender ahora qué pasaría si a esa empresa las cosas no le van bien, y se decide vender por 5 millones. Todo el dinero va para el inversión, y los fundadores que tenían la mayoría del capital no ven un céntimo. Esto que ha hecho el inversor es lo que se conoce como liquidation preference o preferencia en caso de liquidación.

En definitiva, bajo los cantos de sirena surgidos por la proliferación de seres mitológicos en el ámbito emprendedor subyace la necesidad de crear y aportar valor si se pretende crear un proyecto cuya valoración se corresponda con la de un gran éxito empresarial. Y aun en el caso de que estemos ante un proyecto con un elevado potencial, la cuantificación del mismo no resulta sencilla ni siquiera para los inversores más cualificados, ni por supuesto para los propios emprendedores implicados en el mismo. Las valoraciones milmillonarias, los ubicuos comentarios acerca de los éxitos más notables, y un entorno en el que los vaivenes macroeconómicos y las tecnologías disruptivas están a la orden del día dificultan aún más

hacer valoraciones que reflejen el verdadero potencial de una empresa. Pero no olvidemos que esta tarea nunca fue fácil. Solo tenemos que ser cuidadosos y analizar con lupa las cosas. No funcionemos a golpe de tuit o de titular, porque eso nos puede crear falsas expectativas. Al fin y al cabo, hubo un tiempo no tan lejano en que la valoración de empresas como Kodak o Blockbuster parecía más sencilla de lo que realmente era.

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