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Nuevas investigaciones sobre el levantamiento de peso

Las investigaciones del laboratorio de McGill llega- ron a la conclusión de que el modelo de Gracovetsky no explicaba cabalmente cómo se levantaban cargas muy pesadas. Afirmaron que el momento extensor pasivo no permitía levantar cargas pesadas porque ejercería fuerzas excesivas de tracción sobre las es- tructuras de la línea media situadas cerca del centro del movimiento; también creían que el mantenimien- to de la lordosis lumbar era crítica para obtener la máxima palanca de la musculatura extensora de la columna (60, 67, 69, 70).

Figura 1-25. La lámina superficial de la hoja posterior de la fascia dorsolumbar. El músculo dorsal ancho se diferencia en

cuatro segmentos, a saber, (1) las fibras que se insertan en el ilion, (2) las fibras que llegan a L5 y las apófisis espinosas del sacro, (3) las fibras que llegan a las apófisis espinosas de L3 y L4, y (4) las fibras que cubren el músculo erector de la columna. (Adaptado de Bogduk, N. Clinical Anatomy of the Lumbar Spine and

Sacrum. 1998, Londres: Churchill Livingstone.)

Apófisis espinosa lumbar

Cresta ilíaca

Apófisis espinosas del sacro

Músculo dorsal ancho

Dolan y otros (52) adoptaron una postura inter- media a la de Gracovetsky y McGill, porque demos- traron que el momento extensor pasivo podía ser una contribución viable en los levantamientos. Dolan y otros dividieron el momento extensor pasivo en es- tructuras profundas y otras más superficiales. Las estructuras profundas comprenden los ligamentos in- terespinosos y las cápsulas de las articulaciones inte- rapofisarias, todos ellos muy cercanos al centro de movimiento. Las estructuras más superficiales son la fascia dorsolumbar (es decir, toracolumbar), el liga- mento supraespinoso y el tejido no contráctil de los músculos erectores de la columna. Descubrieron que las estructuras profundas generaban menos del 25% del total del momento extensor pasivo, y que la gran mayoría dependía de las estructuras superficiales. Como las estructuras superficiales pueden ofrecer un elevado momento extensor pasivo sin imponer gran-

des fuerzas de tracción sobre las estructuras profun- das (p. ej., fuerzas excesivas de compresión sobre los discos), este estudio confirma el papel de estas es- tructuras pasivas en los levantamientos. Dolan y otros también dieron crédito al papel de los extensores de la cadera en el aumento del momento extensor pasi- vo, a la importancia de la PIA y a que la respuesta de flexión-relajación sólo se produce en ausencia de lordosis lumbar.

Bogduk (5) ha informado de que el efecto amplifica- dor hidráulico propuesto en su día por Gracovetsky (3) podía mejorar hasta un 30% la acción de los músculos de la espalda en las tareas de levantamien- to. Bogduk también afirmó que la tensión pasiva de los músculos dorsales de la columna podía ser el componente principal del SLP en las tareas de levan- tamiento de peso, cuando el papel del músculo erec-

Figura 1-26. La lámina profunda de las hojas posteriores de la fascia toracolumbar (dorsolumbar) se representa como

bandas de fibras; las fibras de L4 y L5 se insertan en la cresta ilíaca; las fibras de L2 y L3 acaban en el rafe lateral, y las fibras de T12 y L1 devienen membranosas sobre el músculo erector de la columna. El músculo oblicuo interno se inserta en las fibras del rafe lateral enfrente de L3; el músculo transverso del abdomen surge de la hoja media de la fascia dorsolumbar anterior y por encima del músculo oblicuo interno, y forma el ligamento lumbocostal. (Adaptado de Bogduk, N. Clinical Anatomy of the Lumbar Spine and Sacrum. 1998, Londres: Churchill Livingstone.)

Músculo erector de la columna

Ligamento lumbocostal Músculo transverso

del abdomen

Músculo oblicuo interno

Rafe lateral

Fascia dorsolumbar

tor de la columna es primordial por la respuesta de flexión-relajación. Gracovetsky y Farfan (65) han po- lemizado sobre si el SLP se componía sólo de tejido pasivo (p. ej., ligamentos y fascia); sin embargo, Mc- Gill y Norman (67) demostraron que no era factible. Si se considera la fascia de los músculos dorsales de la columna como parte del SLP, parece que las desa- venencias entre los postulados de Gracovetsky y los de McGill (y las cohortes del último) se debilitan. Bogduk sugirió que había una responsabilidad adi- cional y muy plausible, aunque importante, a cargo de los músculos abdominales laterales en las tareas de levantamiento, a saber, mantener el peso cerca de la línea media en el plano sagital para abortar movi- mientos de torsión.

Cuando Toussaint y otros (50) dirigieron un estu- dio sobre la respuesta de flexión-relajación, asumie- ron que su procedimiento de normalización EMG les permitiría detectar la actividad del erector de la columna durante la flexión completa del área lum- bar. Aunque no descubrieron actividad EMG en el área lumbar en ninguno de los sujetos, sí registraron actividad EMG en el erector de la columna dorsal. Sus datos coincidieron con la deducción de Bogduk de que las fibras dorsales del erector de la columna se insertan en las apófisis espinosas lumbares y sa- cras por medio de una aponeurosis del erector de la columna (40); también coincidieron con la opinión de McGill y Norman (7) de que las fibras dorsales pueden producir una fuerza rotatoria de extensión

Figura 1-27. Mecánica de la fascia toracolumbar. Los músculos transverso del abdomen (TA) y en menor grado el oblicuo

interno están en posición de ejercer tensión lateral contra el rafe lateral (RL). Esta tensión se transmite en sentido ascendente a través de la lámina profunda, y en sentido descendente a través de la hoja superficial; dada la oblicuidad de estas líneas de fuerza, la lámina profunda genera un vector descendente y la lámina superficial, un vector ascendente. Los vectores resultantes tienden a aproximar o aumentar la separación de las apófisis espinosas entre L2 y L4 y entre L3 y L5. (Adaptado de Bogduk, N. Clinical Anatomy of the

Lumbar Spine and Sacrum. 1998, Londres: Churchill Livingstone.)

Músculo transverso del abdomen Músculo oblicuo interno Rafe lateral Fascia dorsolumbar

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lumbar independiente de las fibras lumbares. Para que se contraigan independientemente, Toussaint y otros llegaron a la conclusión de que un «intrincado mecanismo de coordinación» distribuye la carga por la porción dorsal activa del erector de la colum- na y las estructuras lumbares pasivas (es decir, la fas- cia toracolumbar, las aponeurosis del erector de la columna). Estos hallazgos tienden a reducir la dis- tancia entre los argumentos de Gracovetsky y de McGill por lo que se refiere al papel de la fascia to- racolumbar en la ejecución de levantamientos des- de el suelo.

Más recientemente, otros científicos (41, 72) han estudiado la hoja posterior de la fascia toracolumbar. Los estudios examinados antes dieron prioridad a la importancia de las fibras superficiales del músculo dorsal ancho respecto a la fascia toracolumbar (5, 40, 63, 64); sin embargo, estos estudios pasaron por alto el papel del músculo glúteo mayor en la mecánica de la fascia toracolumbar. El punto que Vleeming y otros destacaron es que el glúteo mayor y el dorsal ancho contralateral tensan la hoja posterior de la fascia to-

racolumbar (41, 72). Además, afirmaron que esta fuerza es perpendicular a las articulaciones sacroilía- cas, y que este mecanismo es un aspecto importante de la rotación del tronco y la transferencia de cargas (fig. 1-30). Estos investigadores también creían que, cuando el erector de la columna se contrae bajo una carga, aumenta la tensión de la lámina profunda y di- lata la hoja posterior de la fascia toracolumbar. Esto también contribuiría a la protección o inmoviliza- ción del tronco.

El estudio antes mencionado de Toussaint y otros (50) demostró que las fibras lumbares del músculo erector de la columna resultaban afectadas por la res- puesta de flexión-relajación, pero no las fibras dorsa- les. Cuando se tiene en cuenta este dato junto con la exposición precedente, tal vez disminuye la polariza- ción existente sobre el papel del momento extensor pasivo. Quizá sea ésta la razón por la que Fortin (29) conjeturó que, desde un punto de vista práctico, po- día mantenerse cierto grado de lordosis (p. ej., la idea de McGill) y que podía seguir usándose el momento extensor pasivo durante el levantamiento de grandes

Figura 1-28. Las tres fases de la modalidad de peso muerto según el modelo de Gracovetsky. La principal fuerza muscular

que permite el movimiento en la posición inicial (A) hasta la segunda posición (B) corresponde al músculo glúteo mayor; como no hay lordosis, el sistema ligamentario posterior (SLP) se mantiene tenso mientras se eleva el torso. La última posición (C) depende de la contracción del músculo erector de la columna (en concreto, el transverso espinoso).

A B C

cargas (p. ej., la opinión de Gracovetsky). Debido a la formación de osteófitos y la hipertrofia interapofisaria relacionadas con el envejecimiento (36), es posible que el sistema pasivo (ligamentario) se vuelva más importante a medida que nos hacemos mayores. Par- nianpour y otros (51) no abordaron específicamente el tema de la edad, sino que se centraron en que la antropometría del halterófilo influye en el estilo de los levantamientos. Por tanto, con la reducción de la masa de tejido magro asociada con el envejecimien- to, el papel del momento extensor pasivo puede te- ner importancia creciente.