Un estudio sociológico de la adolescencia requiere comprender el lugar de los sujetos en el mundo, considerando inicialmente los marcos en que son socializados (Lahire 2006). Las primeras etapas de socialización son fundamentales en la conformación de la subjetividad, dado que marcan las primeras y futuras disposiciones mentales. 'Socializar' significa modelar a los individuos biológicos hasta transformarlos en seres sociales, puesto que no es suficiente con que el sujeto esté apto solamente para la reproducción biológica, sino también para la reproducción social (Brito 1996).
El período de socialización primario es el familiar, cuando el niño incorpora “el mundo, el único mundo existente y concebible” (Berger y Luckmann en Lahire 2006, 26). El período de socialización secundario es apoyado por la escuela, los grupos de pares, el mercado
profesional, las instituciones políticas, religiosas y culturales que se entretejen como: “una red de constricciones y de influencias más o menos armoniosas o contradictorias” (Lahire 2006, 31) que orientan sus comportamientos futuros.
De acuerdo con los resultados de las entrevistas, el 71% de las mujeres tuvo madres dedicadas exclusivamente a los quehaceres domésticos; el 57%, padres agricultores y el 21% padres con mano de obra para oficios múltiples, a más de la agricultura. Estos datos muestran la
flexibilidad laboral en estas poblaciones campesinas, tanto en hombres como en mujeres, pese a que lo rural está asociado a lo tradicional, a lo fijo. El hecho es que el no poseer tierras ni recursos propios no les permite quedarse en un solo lugar, sino que les obliga a buscar la supervivencia en distintos lugares y oficios. No existe estabilidad laboral en los padres y
39
tampoco en las mujeres de esta generación y esta es una característica que atraviesa a toda la población de mujeres entrevistadas.
No existe un proyecto de vida definido en los padres ni para las hijas de esta primera generación. Esto ejerce un alto grado de influencia sobre las mujeres, puesto que configura una serie de posibilidades de vida que son lo único que conocen en el campo. Durante la infancia se dedican a las labores domésticas (36%) y simultáneamente, a las labores
domésticas y al trabajo (43%) para ayudar a sus padres a sostener numerosas familias. En la adolescencia, que es el período en el que generalmente las personas empiezan a estructurar un proyecto de vida, a definirlo ya más conscientes de los recursos con los que cuentan para ello, estas mujeres siguen dedicándose exclusivamente al trabajo y a las labores domésticas (43%) o solamente a las labores domésticas (29%).
Esto sumado a que viven en el campo, en un territorio lejano en donde no existe presencia de instituciones públicas en áreas como la educación o la salud, está que no tienen otros
referentes16 más que sus madres, abuelas, tías o hermanas, que han reproducido el mismo modelo de feminidad y de maternidad durante generaciones y que influyen en su experiencia de maternidad cíclica, conforme a lo que consideran parte de un orden natural. Esto ratifica que el espacio influye en la experiencia social puesto que es definido y, a la vez, definidor de la práctica humana, estructurado y estructurador del sujeto (Harvey 1977).
En ese sentido, ¿qué consecuencias tiene la exposición de las personas, durante los años formativos, a ambientes en donde la segregación y la exclusión están espacialmente concentradas? ¿Cómo las condiciones materiales del espacio afectan las motivaciones y expectativas de vida de las adolescentes?, y no solo en la construcción de la personalidad, sino que traspasan la experiencia individual y se sitúan en un nivel social, al impactar sobre las trayectorias vitales de las generaciones.
De acuerdo con Castells (1974,256): “El espacio está cargado de sentido”. Así, en el marco de la Teoría de los Efectos de Barrio, la reproducción de las precarias condiciones de vida de la
16La naturalización es herencia familiar. La reacción de la familia ante la primera unión de pareja a edades
tempranas fue de normalización en un 86% y la reacción ante el primer embarazo, de normalización en un 100%. Si la mujer ya tenía su pareja, dejaba de ser responsabilidad de los padres y sobre todo, la maternidad es para ellas una función natural del cuerpo de la mujer.
40
gente está relacionada con la existencia de áreas pobres, socialmente homogéneas que también impactan en la subjetividad de las personas. Por otra parte, la Teoría de la Geografía de Oportunidades indica que la toma de decisiones aparentemente individual está influida por el contexto geográfico, que ofrece una serie de oportunidades distribuidas espacialmente. Y no solo que no existen otros referentes respecto al tipo de feminidad que se les presenta sino que se ofrecen una serie de comportamientos y costumbres como las únicas opciones posibles para estas mujeres. De ahí que el espacio juegue un papel fundamental a la hora de facilitar o no una serie de activos y relaciones que podrían contribuir o no a su movilidad social. A continuación un ejemplo de lo que significan estos primeros entornos de
socialización para las mujeres en su infancia y adolescencia:
En mi juventud, yo pensaba que el mundo era así, que todo era maltrato, que no había otro lugar más que ese. Todos por ahí en el campo donde vivíamos eran así: borrachos,
malhablados, pegaban a las mujeres, pegaban a los hijos. Yo imaginaba que todo el mundo era así porque uno en esa época es pequeño y no ve más allá de lo que los padres le muestran a uno, ¿no ve que nosotros no salíamos?, solo íbamos al río, a trabajar y a la casa (Estrella Paz, madre de la primera generación, en conversación con la autora, enero de 2018).
Existe un elemento central en la forma de vida de esta generación: la situación de clase que no les permite planear la vida a mediano y a largo plazo sino solamente vivir el día a día. En su concepción el tiempo es un tiempo lento, circular, en el que todo se repite, pero a la vez es un tiempo cuyo ciclo inicia cada día cuando nos referimos a buscar la subsistencia. De ahí que sean vistas como poblaciones subdesarrolladas, agrarias o premodernas que reproducen patrones de comportamiento, a veces tradicionalistas o conservadores, pero respecto al tiempo, lleven una vida igual de frágil e inestable que las otras generaciones.
De las 37 mujeres entrevistadas para este estudio, el 93% proviene de la costa ecuatoriana (43% de la provincia de Manabí; 36% de la provincia de Esmeraldas; y 21% de la provincia de Los Ríos). El 93% es de origen rural. Migran hacia Santo Domingo: el 64% por trabajo y el 29% por obtener una vivienda propia o un espacio accesible en donde vivir. La forma de su asentamiento es un 57% por invasión o posesión de tierras y un 28% en casa de familiares o de terceros prestada para cuidado. La migración, en un 64%, es un proyecto familiar y
significa una transición que otorga un nuevo sentido a la historia de vida individual y familiar (ver tabla 1, p.111).
41
En esta generación de mujeres se puede notar que existe un proyecto de vida
predominantemente masculino y colectivo, que privilegiaba el conseguir un empleo para el hombre y el acceso a vivienda para la familia. Ahora sería pertinente preguntarnos, ¿cómo eran estas mujeres migrantes?, ¿cuáles eran sus expectativas al trasladarse a vivir del campo a los márgenes de la ciudad?, ¿cómo impactó este cambio en su nueva forma de concebir la maternidad y el tiempo?
Según las entrevistas realizadas, su trayectoria de movilidad espacial previa a ubicarse en Santo Domingo, incluye una migración rural o intraurbana de entre 2 y 6 ciudades o barrios. Las mujeres provienen de las siguientes ciudades, cantones y parroquias rurales de la
provincia de Manabí: Chone, Bahía, Manta, Cojimíes, Pedernales, Eloy Alfaro y San Isidro. De la provincia de Esmeraldas provienen de: Borbón, La Unión (Quinindé), La Villegas, Muisne, Matamba, Chinca. De la provincia de Los Ríos, provienen de: Buena Fe, Patricia Pilar y Quevedo.
De la provincia de Santo Domingo, vienen de las siguientes parroquias rurales: La Villegas, Alluriquín, La Concordia, San Jacinto del Búa y recinto las Mercedes, lugares de los cuales no existen estadísticas para la década de los 80s, dado que apenas se estaban creando como pequeños poblados agrícolas. Y de los barrios y cooperativas: Los Unificados, Rosita de Sarón, Unión Cívica, La Modelo y barrio Santa Rosa, sitios que en sus inicios fueron creados como invasiones ilegales y de donde salían porque otros pobladores les expropiaban sus terrenos, porque los dueños de los lotes o casas prestadas se los pedían, o porque sus parejas vivían en otros barrios a donde se llevaban a vivir a sus mujeres.