cada uno adquiere su importancia y validez plena sólo si se le relaciona con los demás y se complementa con el texto integral del documento. Al leerlo con cuidado y en detalle será más fácil comprender la interrelación de los doce puntos y la complementariedad entre todos, girando siempre en torno al eje central del Acuerdo: la restitución del presidente Manuel Zelaya en su cargo hasta la conclusión del periodo gubernamental el 27 de enero de 2010.
Como era de esperar, la firma del Acuerdo político ha generado una intensa actividad de cabildeo entre los distintos partidos políticos y entre las diferen- tes facciones al interior de los mismos. Algo parecido sucede entre las dife- rentes organizaciones de la sociedad civil, en las filas de la llamada Resis- tencia contra el golpe de Estado y, en general, entre todos los actores políti- cos, militares, empresariales y parlamentarios involucrados en la trama del golpe de Estado del 28J.
Los nacionalistas, encabezados por su candidato presidencial, Porfirio “Pe- pe” Lobo, con su bancada parlamentaria de 55 diputados, están en una posición privilegiada al momento de negociar el peso de sus votantes y su capacidad para inclinar la balanza a favor o en contra de la restitución de Zelaya. Las negociaciones con Pepe Lobo han sido muy intensas en los últimos meses pero, en especial, después de la firma del Acuerdo. También hay negociaciones con los diputados que respaldan al candidato liberal Elvin Santos, quien insiste en oponerse a Zelaya, en un pleito que parece tener ya demasiada carga emocional y personal. Dentro de los diputados libera- les, al menos 22 han dicho que están dispuestos a apoyar la restitución de Zelaya, junto a los cinco diputados de Unificación Democrática y al menos uno de la Democracia Cristiana.
Pero los números cambian, hacia arriba o hacia abajo, en dependencia de la intensidad y el éxito de los cabildeos, de las ofertas monetarias y los com- promisos políticos a futuro. No fueron pocos los diputados que llamaron a Zelaya a la Embajada de Brasil para sondear la posibilidad de una mejor oferta por encima de las que les había hecho el gobierno de facto. Todo el sistema político local está siendo puesto a prueba.
El trabajo de la Comisión de Verificación, que se instalará oficialmente el miércoles 04 de noviembre, será muy intenso y minucioso. Estará integrada por cuatro personas, dos nombradas por la OEA (el ex presidente chileno Ricardo Lagos y la Ministra del Trabajo de la Administración Obama, Hilda Solís) y dos nacionales, nombrados por cada una de las partes: Jorge Arturo Reina, por el lado zelayista, y Arturo Corrales, por el lado michelettista. La Comisión tendrá la delicada misión de velar porque el Acuerdo suscrito sea cumplido en todos y cada uno de sus puntos, tanto conceptuales como de
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procedimiento. El miércoles 04, fecha prevista para su instalación, será la víspera del anuncio del nuevo gobierno de unidad y reconciliación que orde- na formar el punto No.1 del Acuerdo. Ese gobierno deberá estar integrado por ministros, Viceministros y directores o presidentes de instituciones des- centralizadas del Estado, nombrados de común acuerdo por Zelaya y Mi- cheletti antes del día 05 de noviembre. Ojalá que para entonces ya haya decidido lo procedente el Congreso Nacional, evitando así una demora in- justificada y peligrosa para la paz y la estabilidad social del país.
Si los diputados, obedeciendo a intereses ajenos a la necesaria paz y go- bernabilidad democrática que el país necesita, fallan en contra de Manuel Zelaya y se niegan a restituirlo en el cargo, habrán perpetrado un segundo golpe de Estado en menos de cinco meses: el golpe de Estado militar de junio y el golpe de Estado técnico de noviembre.
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NOVIEMBRE
2009
La situación política
l mes de noviembre ha sido decisivo en la evolución de la crisis polí- tica en que está sumida Honduras desde el 28 de junio recién pasa- do, fecha en que se produjo el golpe de Estado en contra del go- bierno constitucional de Manuel Zelaya. En este mes entró en vigencia y colapsó muy pronto el ansiado Acuerdo Tegucigalpa/San José, que fue fir- mado en la mañana del 30 de octubre, gracias a la presión que Estados Unidos ejerció sobre el gobernante de facto, Roberto Micheletti, quien se negaba obstinadamente a autorizar la firma del Pacto.
Ante el evidente estancamiento en que se encontraban las negociaciones iniciadas el día 07 de octubre, bajo los auspicios de la Organización de Es- tados Americanos (OEA), las comisiones negociadoras de ambas partes se limitaban, desde el día 16 de octubre, a mantener esporádicos contactos informales que no permitían un relanzamiento exitoso del diálogo. Fue en ese momento cuando el Departamento de Estado decidió enviar al entonces Secretario de Estado Adjunto para el hemisferio occidental, Thomas Shan- non, y al asesor en materia de seguridad Dan Restrepo, quienes sostuvieron entrevistas individuales con los principales actores del conflicto, especial- mente con el presidente Manuel Zelaya y el gobernante usurpador Roberto Micheletti. La Misión Shannon tenía por objetivo principal la reanudación del diálogo y la correspondiente firma de un Acuerdo político que permitiera la formación de un gobierno de reconciliación nacional y, eventualmente, la restitución del presidente Zelaya en su cargo.
Aunque Micheletti se resistía a firmar el Acuerdo, la presión estadounidense fue muy eficaz y logró doblar la mano del gobernante de facto. El Acuerdo fue firmado a las 11 am del día viernes 30 de octubre. Una hora después, las dos delegaciones negociadoras hicieron entrega de la versión original del Acuerdo en la Secretaría del Congreso Nacional para que ese órgano legislativo diera cumplimiento inmediato a la parte correspondiente del do- cumento.
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Según el calendario de cumplimiento incorporado en el texto del Acuerdo, el día 02 de noviembre debía quedar instalada la Comisión de Verificación (dos representantes internacionales escogidos por la OEA y dos nacionales seleccionados por cada una de las partes del conflicto) y el día 05, fecha límite, quedaría conformado el nuevo gobierno de unidad y reconciliación nacional.
La Comisión de Verificación comenzó sus funciones el día 03 y en esa mis- ma fecha el ministro de la Presidencia del gobierno de facto, Rafael Pineda Ponce, envió una carta al presidente Zelaya, a los partidos políticos y a cier- tas organizaciones de la sociedad civil solicitándoles listas de candidatos para conformar el gobierno de unidad y reconciliación… bajo la dirección de Micheletti. Este fue un golpe bajo al cumplimiento del Acuerdo y generó la confusión suficiente para introducir el palo en la rueda de la Comisión de Verificación.
Al cumplirse el plazo del 05 de noviembre sin que fuera integrado e instala- do el nuevo gobierno, el presidente Zelaya reaccionó sumamente molesto por el engaño de los golpistas y declaró virtualmente fracasado el diálogo y el Acuerdo político. En el ínterin se habían producido las malogradas decla- raciones de Thomas Shannon en Washington, según las cuales el gobierno norteamericano estaba dispuesto a reconocer el resultado de las elecciones de noviembre sin la condición previa de la restitución presidencial de Zelaya. Otro golpe bajo al cumplimiento del Acuerdo.
Para complicar más las cosas, la Junta Directiva del Congreso Nacional, por mayoría de votos, había decidido ya pedir la opinión y dictámenes diversos sobre el “caso Zelaya” a diversas instituciones del Estado, todas ellas hosti- les al presidente derrocado, como condición básica para tomar una decisión definitiva sobre la restitución del orden constitucional y la reinstalación de Zelaya en Casa Presidencial. Un nuevo golpe bajo al cumplimiento del Acuerdo.
En resumen, como consecuencia de todas estas acciones, Zelaya optó por denunciar la falta de voluntad de cumplimiento por parte de los golpistas y el engaño disfrazado de “buenos oficios” realizado por Washington al respal- dar sin condiciones el proceso electoral. Por lo tanto, el Acuerdo Tegucigal- pa/San José entró en fase de coma y su utilidad potencial quedó reducida a nada. Fue un fracaso para los partidarios del diálogo y una magnífica opor- tunidad perdida para la paz y la tranquilidad de Honduras.
Ante la nueva situación creada, se rompieron prácticamente todos los con- tactos entre las dos comisiones negociadoras y su lugar fue ocupado por la Misión de los dos delegados de la OEA (el argentino Octavio Bordón y el