E
l camino hacia La Palma estaba bordeado de banderasblancas. Muchas personas se habían reunido y se escu- chaba el grito de «Queremos paz ahora». En el gentío se mezclaban guerrilleros y civiles de la capital que anterior- mente sólo habían leído sobre la guerrilla en los periódicos.
Era el de octubre de . Poco tiempo antes, el nuevo presidente salvadoreño, José Napoleón Duarte, se había decla- rado dispuesto a reunirse con la guerrilla en su ciudad natal, La Palma.
Entre los que escoltaban a los políticos del y a los líde- res de la guerrilla a la reunión estaba el encargado de negocios24de Suecia, Anders Kompass y el embajador sueco
en México, Karl-Anders Wollter.
Ya en representantes del - y la Comisión de Paz del gobierno salvadoreño se habían reunido un par de veces en Colombia. Esto había sucedido en el marco del tra- bajo del grupo Contadora.25Esas reuniones no habían tenido
resultados.
Pero en forma discreta, un grupo de senadores demócratas de había tenido conversaciones con la guerrilla y con representantes de los militares en El Salvador. El objetivo de esos contactos era abrir camino para las negociaciones.
En septiembre el presidente Duarte presentó su sorpren- dente iniciativa de negociación.
«Puede ser una actuación pour la galerie», señaló Héctor Oquelí, dirigente del , en una reunión con el embajador sueco. «Pero al mismo tiempo es positivo que Duarte, ante la opinión internacional, se comprometa a conversar con la guerrilla.»
24 Representante diplomático sin rango de embajador.
25 El grupo de Contadora estaba integrado por Colombia, México, Panamá y Venezuela. A mediados de los presidentes de esos cuatro países se habían puesto de acuerdo sobre un documento que recomendaba soluciones pacíficas para los conflictos de América Central.
Según Oquelí dos factores habían sido decisivos para ese desarrollo. En parte, el trabajo de los senadores estadouniden- ses que establecieron contactos directos entre el - y los militares y en parte, la fuerte presión internacional.
Escolta para las conversaciones de paz
Por el participarían en la reunión Guillermo Ungo y Rubén Zamora. Pero la dirección del estaba preocupada por la seguridad de ellos y solicitó ayuda a Suecia: ¿Podrían los suecos encontrarse con Ungo y acompañarlo hasta La Palma?
El embajador sueco pidió instrucciones al Ministerio de Relaciones Exteriores en Estocolmo. La respuesta dio luz verde, pero deberían pensar en su seguridad personal y nunca actuar solos «para que Suecia no necesite exponerse sola». Pero el encuentro con Ungo no llegó a realizarse ya que varios embajadores, tanto de países latinoamericanos como europeos, lo acompañaron.
La reunión en la iglesia de La Palma concluyó con la salida del arzobispo Rivera y Damas a las gradas de la iglesia donde leyó un comunicado. Las partes se habían puesto de acuerdo para designar una comisión de negociación. Se reunirían un mes más tarde.
Ante la nueva reunión Suecia recibió nuevamente la solici- tud de apoyar con presencia diplomática. El embajador Wollter, junto con un puñado de otros embajadores, acompa- ñó a Rubén Zamora y Héctor Oquelí hacia el lugar de reu- nión en la ciudad de Ayagualo. Anders Kompass y el Comité Internacional de la Cruz Roja escoltaron a un comandante del , Facundo Guardado.
La reunión de Ayagualo terminó con cerradas posiciones. El - presentó un plan de paz y aprovechó también la oportunidad para «pronunciar hábiles discursos propagandísti-
Muchas personasse habían reunido para acompañar el primer diálogo de paz en La Palma y se escucha- ba el grito de «Queremos paz ahora». En el gentío se mezclaban guerrilleros con civiles de la capital que anteriormente sólo habían leído sobre la guerrilla en los periódicos.
cos para las miles de personas que esperaban fuera de la sala de reunión, en la oscuridad, detrás de las cámaras de televi- sión», informó el embajador. Más tarde esa noche el plan de paz de la guerrilla fue rechazado en ásperos términos por el presidente Duarte.
El papel de Suecia
A principios de Karl-Anders Wollter y Anders Kompass resumían la situación en El Salvador en un informe a la canci- llería. Ellos consideraban que era positivo que ambos bandos parecieran haber llegado al convencimiento de que ninguno de ellos podía vencer en la guerra civil y que una solución negociada era necesaria. Pero había también muchos proble- mas y se necesitarían mediadores muy hábiles para poder solucionarlos.
Al final de su informe resumían los posibles aportes suecos. En primer lugar se debería tener un papel cada vez más claro como mensajero o como transmisor no oficial de puntos de vista. En segundo lugar tendría Suecia que intentar contribuir de diferentes maneras para fortalecer al presidente Duarte contra la extrema derecha.26
«Yo había comenzado a tener una imagen más matizada de Duarte. Por eso consideramos la importancia de aumentar el contacto con él. Pero era demasiado tarde y al mismo tiem- po demasiado temprano. Demasiado tarde para impedir la violencia y demasiado temprano para poner en marcha nego- ciaciones verdaderas», recuerda Anders Kompass.
Abraham Rodríguez, uno de los máximos dirigentes del
26 Entre otras cosas proponían que Suecia nombrara un embajador para El Salvador. A causa de la situación política en el país, Suecia no había tenido ningún embajador allí desde . Así se hizo: a finales de Krister Göransson entregaba su acreditación al presidente Duarte.
Los líderes del FDR-FMLNse habían reunido con el nuevo presidente salvadoreño, José Napoleón Duarte, en su ciudad natal, La Palma. De izquierda a derecha: Facundo Guardado, Guillermo Ungo, Ferman Cienfuegos, Rubén Zamora, Lucio Rivera y Nidia Díaz.
partido demócrata cristiano, estuvo en La Palma y se muestra hoy de acuerdo con el análisis sueco:
«Duarte no pudo armar un acuerdo con el Frente. Hubiera sido entregar el país al comunismo, como decía la derecha.»
Pasarían otros cinco largos años antes que las negociacio- nes serias se pusieran en marcha. Pero la actividad diplomáti- ca sueca continuaba: se transmitían mensajes, se reunía a las partes y se ejercían presiones.
Un ejemplo de esto último vino después del secuestro de la hija del presidente Duarte hecho por el en . A fines de octubre el representante europeo del llamó al Ministerio de Relaciones Exteriores en Suecia y contó que la hija de Duarte pronto sería liberada. La decisión era «un resultado de la opinión que el gobierno sueco y otros gobier- nos han tenido», dijo el representante del .
Poco después era liberada junto con alcaldes leales al gobierno, que el también había secuestrado. A cambio, el gobierno liberó presos políticos y guerrilleros heridos. En un anuncio de periódico, el presidente Duarte agradeció a los países que habían estado involucrados, entre ellos al Primer Ministro de Suecia, «Sr. Oloff (sic) Palme».
El 24 de octubre 1985el gobierno liberó 21 presos políticos y 110 guerrilleros heridos. A cambio, el FMLNliberó a la hija del presidente Duarte junto con 24 alcaldes leales al gobierno, que también habían sido secuestrados.
El Salvador se describe como un dramático ruedo de la guerra fría. La realidad
que se narra en el periódico sueco Dagens Nyheter (DN) es a menudo dividida en buenos y malos; por un lado el pueblo y la guerrilla, por otro lado los escuadrones de la muerte dirigidos por los aterrorizadores generales y políticos corruptos.
La guerra civil se describe con escenas sangrientas, al igual que el asesinato del arzobispo Romero y de las monjas estadounidenses. Las imágenes muestran madres desesperadas junto a los cuerpos muertos o mutilados de sus hijos.
El Salvador se muestra a través de los conflictos de poder. Campesinos contra los dueños de la tierra, la población civil contra el ejército y el FMLNcontra el resto. Las palabras que se repiten son bombardeos, baño de sangre, decapitación, tortu- ra y escuadrones de la muerte.
En el plano político, el conflicto se convierte en «un candente y agudo tema de debate en el congreso estadounidense» y el DNdescribe cómo el presidente Ronald Reagan evade leyes y decisiones estadounidenses para detener a la guerrilla. Envía aviones espías sobre Nicaragua para espiar a la guerrilla y construye una base mili- tar en Honduras para capacitar al ejército salvadoreño. Las consecuencias son expuestas en cifras en las noticias del periódico: crecientes cifras de muertos en El Salvador y crecientes sumas de dólares de la cooperación militar estadounidense.
Crece la crítica
La crítica del DNcontra el régimen de Reagan crece. Cuando el presidente en una conferencia por televisión advierte «sobre el riesgo de que toda América Central sea tomada por los comunistas si EE UUno utiliza su derecho moral y legal para impedirlo» el subtítulo es «Violenta reacción soviética: Reagan es comparado con Hitler». La cobertura política es alternada con artículos del tipo «El DNen El Salvador de la guerra».
Los guerrilleros se describen en los reportajes como humanos, astutos y diverti- dos. En una oportunidad se disfrazan de soldados del ejército y engañan al corres- ponsal Bengt Albons en un retén de caminos. Lars Palmgren escribe sobre emocio- nantes caminatas nocturnas hasta el cuartel general de la guerrilla, la esperanza alrededor del proyecto de paz de Tenancingo y cómo la combatiente de la guerrilla y además reina de belleza Verónica «regaña a los muchachos» en el campamento machista.
Cuando la guerra fría se reduce paulatinamente y George Bush sucede a Reagan cambia la naturaleza de la información. Un último vestigio de la vieja época apare- ce cuando la guerrilla derriba un helicóptero estadounidense. El acontecimiento amenaza descongelar la ayuda militar de EE UUque había sido congelada después que se demostrara que el ejército había estado involucrado en el asesinato de los sacerdotes jesuitas en 1989.
Cambian las noticias
A comienzos de la década del 90, se inicia formalmente el proceso de paz. Las buenas noticias obtienen cobertura masiva y durante enero y febrero de 1992 se publican, varias veces a la semana, largos artículos y reportajes. La paz se descri- be como «frágil y amenazada» y se analiza desde diferentes perspectivas. Después de un inicial tono positivo se pasa inmediatamente a un nuevo tipo de noticias.
La corresponsal del DN, Eva Thibaud, cita a Rubén Zamora que compara el país con «un paciente que sólo ha tomado su medicina durante cinco días a pesar de que el médico le ha ordenado 20 días» y pronto aparecen «los escuadrones de la muerte nuevamente en El Salvador». Los lectores se enteran que más personas son asesinadas en El Salvador en época de paz que durante la guerra.
La última gran afluencia de medios, aparte del informe de catástrofe cuando los terremotos de 2001, se produce con las elecciones de 1994. Desde 1995 en ade- lante se escribe sobre el país, a lo sumo, un par de veces al año. La elección pre- sidencial de 1999 y la parlamentaria de 2000 reciben, cada una, una corta nota. Sucesivamente, los artículos más extensos tratan de la creciente cultura pandillera en San Salvador. El DNpublica un largo reportaje en julio de 2000. Alguna semana después es criticado por un lector por poner el énfasis en «imágenes sensaciona- listas» en lugar de «dar el trasfondo y el análisis de la situación en su conjunto».