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El potencial se alcanza construyendo desde las fortalezas más que superando debilidades

In document LIBRO - La Felicidad (página 105-108)

La psicología positiva ha revelado la importancia de un tema que ha estado desde el comienzo de la disciplina, ¿cuáles son tus fortalezas? Una pregunta sencilla pero que muchas veces encontramos sorprendentemente difícil de contestar. Claramente sería más fácil responder ¿cuáles son tus debilidades? Desde nuestra primera infancia vamos recabando información sobre las actividades para las que no somos buenos. La familia, el colegio, nuestros hermanos y amigos lo van señalando espontáneamente. Otras veces se nos da a conocer en una situación de evaluación formal. Así, se llega a la adultez careciendo del suficiente vocabulario para expresar nuestras fortalezas, lo que tiene como consecuencia la dificultad de conocerlas y obviamente de ponerlas en práctica. Se tiene cierto pudor además para hablar sobre el tema.

De esta manera, las fortalezas fueron excluidas de los estudios científicos al menos hasta hace diez años cuando comenzó el interés de abordarlas nuevamente como tema. El enfoque de las fortalezas estudia lo que está bien en las personas. Las fortalezas son una capacidad preexistente para actuar, sentir y pensar que otorga autenticidad, entusiasmo y energía, permitiendo el desarrollo y el funcionamiento óptimo. Tenemos éxito en superar nuestras debilidades solo si hacemos crecer nuestras fortalezas. Es por esta razón que desarrollar nuestras fortalezas es lo que requiere menos esfuerzo, pero al mismo tiempo es lo que hace la gran diferencia en lograr el potencial particular de las personas.

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La felicidad en serio: la psicología positiva como un camino para trabajar activamente el bienestar

Las fortalezas son parte de nuestra cultura y se remonta a los filósofos griegos. Aristóteles en la Ética a Nicómaco (2) reflexionó en torno a qué constituía la buena vida, y como se señaló en párrafos anteriores, esto estaría directamente relacionado con comprometerse con las virtudes y fortalezas. De hecho, en este importante texto se planteó que para tener una buena vida debemos exigirnos en ser congruentes con lo mejor de nosotros mismos, o en palabras desde la psicología positiva, con la mejor versión del sí mismo.

En esta misma línea, Seligman y Petersen en el año 2004 (29) decidieron comenzar una investigación de gran envergadura donde se preguntaron exactamente qué virtudes y fortalezas eran reconocidas como tales en las distintas culturas del mundo. Su pretensión última era agrupar aquellas virtudes que eran comunes a todas las culturas pues esas corresponderían a la esencia del hombre, es decir aquellas que permitirían llevar esta vida buena vinculada, componente relevante del bienestar subjetivo.

De esta manera, despliegan un conjunto de investigadores para recuperar textos que hablan de las virtudes de cada cultura y llegan a encontrar cuáles son las universalmente reconocidas, además de un conjunto de fortalezas asociadas al desarrollo de tales virtudes. La importancia de este estudio, según los propios investigadores, es lograr constituir un vocabulario común para investigadores y terapeutas clínicos, con el fin de que la práctica de la psicología positiva alcance al gran público. El criterio para reconocer una virtud es, de hecho, bastante sencillo. Sacando provecho de la tradición ética aristotélica, los autores reconocen una virtud porque es un rasgo de la personalidad valioso por sí mismo, y no en referencia a otra característica. Así, por ejemplo, ser un corredor veloz puede ser valorado en un cartero porque hace más entregas en una menor cantidad de tiempo y, por tanto, la compañía de correos invierte mejor su dinero en contratarlo a él que a otro cartero más lento. Sin embargo, su rapidez para hacer entregas no es valorada en sí misma, sino en referencia a las ganancias que puede obtener la compañía de correos. A diferencia de su rapidez, la honestidad del cartero, en cambio, puede que no tenga ningún beneficio especial en la productividad final de la compañía, sin embargo, se aplaude y ensalza esta característica e, incluso, es posible que sea escogido un cartero honesto por sobre uno veloz, dado que la honestidad es una virtud, es decir, es valiosa en sí misma. De esta manera, los autores enlistan seis virtudes generalmente aceptadas en todas las culturas: la sabiduría, el coraje, la humanidad, la justicia, la temperancia, y la trascendencia. Cada una de estas virtudes abstractas se encarna en un grupo de fortalezas concretas que integran en mayor o menor grado a cada persona.

Cuando un individuo utiliza una fortaleza que ha incorporado a su carácter, las actividades en las que se ocupa resultan más fáciles y satisfactorias. Concentrarse en las fortalezas incrementa la capacidad de los individuos para cumplir sus metas. El conjunto de fortalezas de un individuo dan al carácter un estilo propio e indisociable de su personalidad, a este estilo se lo ha llamado metafóricamente la firma (signature) del individuo. Para utilizar las

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fortalezas personales se requiere que sean conocidas para poder desplegarlas en contextos prácticos. Parte importante de la psicología positiva se ha preocupado de elaborar métodos e instrumentos que permitan la medición de las fortalezas de cada persona. Un cuestionario disponible para todo público se encuentra en la página www.viacharacter.org, cuya finalidad es sacar a la luz lo mejor de cada uno. La utilización de este cuestionario ha permitido a los investigadores concluir ciertas afirmaciones relevantes para la psicología positiva. Se ha comprobado que el uso de las fortalezas singulares de cada uno (signature strengths) aumenta la felicidad y disminuye la depresión en un rango de 6 meses (30); también, se ha encontrado una fuerte vinculación entre el bienestar y el uso de las fortalezas singulares (31); además, se encontró una influencia curativa de ciertas fortalezas como la esperanza o el liderazgo en el tratamiento en contra de la depresión (32); entre otras.

Utilizar y practicar las fortalezas permite mantenerse en un estado energizado positivo, genera entusiasmo y rápido aprendizaje. Las personas lo describen como “sentirse auténticas”. El flujo es una de las experiencias que mejor describe cuando se están utilizando las fortalezas. Como gran parte de los términos de la psicología positiva, el término de flujo es de reciente aparición en la literatura especializada, aunque fue primero recibido en el marco de la psicología humanista. El flujo remite a una experiencia particular de la felicidad en su sentido de compromiso o eudaimonia. Es aquel estado de intensa absorción en el que se encuentra quien ejerce una actividad que le permite a la persona ocupar sus fortalezas (33). Así, se relaciona con la teoría de las virtudes y fortalezas esbozada más arriba, puesto que se está en el flujo cuando la actividad que se realiza es percibida por la persona como valiosa en sí misma, es decir, sin relación a su producto final o factor extrínseco alguno. Cuando se está en flujo, el individuo opera con sus capacidades al máximo y, por tanto, los estímulos orgánicos cotidianos reducen su efecto en la consciencia, no se siente hambre, frío o aburrimiento, y apenas uno se da cuenta del paso del tiempo. Las características subjetivas del flujo, según Nakamura & Csikszentmihalyi (33) son las siguientes:

t Concentración intensa y centrada en lo que uno hace en el momento presente t Conjunción de la acción y la consciencia (awareness) de la acción

t Pérdida de la auto-consciencia reflexiva

t El sentimiento de que se pueden controlar las propias acciones, es decir, el sentimiento que uno sabe cómo lidiar con una situación porque se anticipa a los eventos próximos con facilidad.

t Distorsión de la experiencia temporal, específicamente, la sensación de que el tiempo pasa más rápido de lo normal.

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el resultado final es sólo una excusa para la realización total del proceso en cuestión. La teoría del flujo comprende que dicha experiencia depende de un balance entre los retos que presenta una actividad y las habilidades que el agente tenga para realizarla (34). En un primer momento, Csikszentmihalyi establecía que el balance era suficiente para lograr el flujo. Así, si los retos excedían las habilidades de la persona, la actividad producía ansiedad; en cambio, si las habilidades de la persona excedían los retos puestos por la actividad, esta era desestimada por aburrimiento. Csikszentmihalyi (35) a su vez refiere que para que se origine el flujo, es necesario que tanto las habilidades como los retos sean altos.

Las investigaciones del flujo han traspasado las puras descripciones fenomenológicas. Csikszentmihalyi (10), describe la posibilidad de articular una personalidad autotélica, es decir, que escoge las cosas por su valor en sí mismas y no en referencia a otros bienes. Aunque el flujo dependa en buena medida de que los retos y las habilidades sean altas, en las mediciones de LeFevre (36), se encontró un grupo del 40% de trabajadores que, a diferencia de los demás, se encontraban motivados en situaciones de retos fáciles y habilidades básicas. Este tipo de personalidad tendría una relación privilegiada con el flujo, ya que podría tanto entrar en él como permanecer a voluntad todo el tiempo que le sea necesario. Las personalidades autotélicas que están frecuentemente en flujo tienen la tendencia a estar en estados positivos en general y sienten que sus vidas tienen más propósito y sentido (37). Según Csikszentmihalyi y LeFevre (38), tener el rasgo de la personalidad autotélica podría ser un factor fundamental a la hora de encontrar satisfacción en el trabajo. De esta manera, la teoría del flujo ha interesado también a investigadores fuera de la esfera misma de la psicología positiva, como es el caso de la psicología de la auto-determinación (39).

La medición del flujo ha encontrado resistencias semejantes a la medición de otras experiencias subjetivas de las que depende la psicología positiva. Sin embargo, además de cuestionarios y entrevistas, se ha desarrollado una herramienta especial para la medición del flujo denominada “método de muestreo de experiencia” (Experience Sampling Method), en el que se les pide a los participantes que se detengan durante el transcurso de sus tareas cotidianas para tomar notas sobre su experiencia concreta en tiempos determinados (40). De este test se obtiene una imagen representativa de la vida mental cotidiana. El método de muestreo obligó en buena medida a transformar la teoría original del flujo. Desde un modelo que describía tres estados, es decir, ansiedad, aburrimiento y flujo, se pasó a un modelo más complejo en el que se distinguen 8 canales experienciales diferentes. En el modelo actual, el flujo emerge cuando los retos y las habilidades percibidas por la persona están sobre sus niveles promedio.

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