migraciones a través de la historia Las migraciones en la actualidad.
6. PROBLEMÁTICA DE LA INTEGRACIÓN
La Globalización como fenómeno de apertura de fronteras sólo se ha producido en el terreno de la economía y de las finanzas, pero de no igual forma en el mundo del trabajo.
El siglo XXI va a seguir siendo un siglo de movimientos migratorios. Pero al contrario que ocurrió en el tercer cuarto del siglo anterior, en que este fenómeno fue de carácter temporal, el actual tiende a lo permanente.
La Unión Europea se ha convertido en referente del “Estado de Bienestar” de miles de pobres que huyen del hambre, de la incertidumbre y de la guerra, pero no ha sido capaz de afrontar acertadamente el reto a este intenso flujo migratorio; ni tan siquiera ha establecido un marco legal comunitario: La Reunión del Consejo Europeo (1999) y la Cumbre de Niza, no se han traducido realmente en decisiones comunes en materia de inmigración.
Se ha reducido la inmigración a una cuestión de seguridad y control de fronteras, desde una óptica de flujos laborales, pero la realidad es que en Europa existen más de 25 millones de habitantes que anhelan integrarse a una vida normalizada a través del trabajo, pero tratando de participar en los ámbitos de convivencia, espacios de ocio y cultura. Pocos son los países que han tratado de articular sus flujos migratorios con la colaboración entre gobiernos implicados.
Desde el inicio de la salida del inmigrante, la desinformación sobre su futuro es mani- fiesta y de dificultad para la posterior integración. La intervención de las mafias hipoteca desde el principio el futuro del inmigrante. Se trata de informar al inmigrante sobre lo que le espera y sobre la agilización del trámite documental. De la sociedad del bienestar saben lo que le han contado o visto en la televisión.
Las relaciones laborales no regladas, en condiciones de explotación, discontinuas, se convierten en causa de segregación y son motivo negativo para alcanzar la convivencia normalizada entre ciudadanos, ya que el recelo y el rechazo surge donde hay discrimina- ción, donde se produce desinformación y desconcierto y donde aparecen, antes o después, síntomas de pobreza.
La integración del inmigrante se ha concebido más en términos asistenciales que es- tructurales y en las políticas migratorias predomina un carácter utilitarista que difícilmente puede concitar un ambiente propicio a la integración.
Existen en las ciudades acumulación de inmigrantes que sobreviven en condiciones infrahumanas, en ghettos urbanos, en edificios degradados, en zonas deprimidas, donde se prolonga la espera de una legalización documental. Esos hacinamientos propician la margi- nalidad de personas que, aunque trabajan, viven en situaciones de precariedad y favorece las condiciones para la aparición de bandas delictivas.
El choque de cultural, comenzando por la dificultad en el lenguaje, es otro motivo de no integración. El recelo que suscita en la población estos grupos de personas que no acaban de integrarse y que se enrocan en su propio ambiente, conlleva a brotes de racismo y de xenofobia, lo que agrava aún más el problema. La pobreza levanta recelos.
La complejidad y lentitud en la tramitación documental incrementa la dificultad de integra- ción. Lo que pudo ser una estancia temporal se convierte en una estancia eterna ya que el inmi- grante no se arriesga a volver a su país por temor a encontrar más problemas en su regreso.
“Un trabajador inmigrante en situación irregular, tratado con dureza administrativa y sin salida factible para regularizarse, conduce a crear un clandestino, y de un clandestino a un marginal y, tarde o temprano a un excluido. Así, la rigidez irracional en este terreno puede llevar a generar los efectos contrarios y no deseados como la delincuencia o cualquier otro conflicto social” (Gil Robles, 1998).
6.1. CONVIVENCIA E INTEGRACIÓN
La ciudadanía, entendida como dignidad de la persona se consagra en nuestra Cons- titución en el art. 10.1 y 2 al establecer como fundamento de nuestro orden político esta dignidad y fundamentando los derechos y libertades en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. La reciente Constitución Europea consagra principios parecidos para todos lo ciudadanos dentro de su territorio e influencia.
Esto supone un marco adecuado para salvaguardar los aspectos existenciales de la dignidad de las personas, sea cual sea su origen o condición.
Para facilitar la integración de los inmigrantes se hace precisa la adopción de las si- guientes medidas:
– Campañas de información y asesoramiento por parte de las Administraciones Públicas, ONG y agentes sociales que, en origen, asesoren al inmigrante, lo que con- llevará la paulatina desaparición de corrientes migratorios organizadas por la mafia. – Hay que evitar el alarmismo de la población que acoge y que debilita la credibili-
dad de la población inmigrante.
– El alojamiento se puede convertir en factor de civilidad por el proceso mimético de compartir espacios y usos. Hay que compartir para promover la integración, para evitar ghettos urbanos.
– Los Ayuntamientos tienen un papel importante en la integración: favoreciendo las condiciones de vida al proporcionar viviendas baratas e integradas y con la ins- cripción de estos en los padrones municipales, lo que favorece el conocimiento del problema y el seguimiento del resultado de las medidas adoptadas.
– El reagrupamiento familiar facilita la estabilidad emocional y es un eje básico de los derechos humanos ya que la familia constituye el referente más importante de la existencia personal y de las relaciones con la comunidad.
– Aceleración de trámites burocráticos que permitan condiciones de igualdad y no discriminación entre la población inmigrante.
– Educar en valores humanos a la sociedad. Las leyes y normas tardan más tiempo en calar en el tejido social que los códigos de conducta. Es necesario sensibilizar a la población de acogida para que las condiciones de vida de los inmigrantes sean conocidos en su integridad y no en el ámbito estricto de lo laboral o del que viene a buscar trabajo.
En definitiva, la inmigración es una oportunidad para el rejuvenecimiento de nuestra sociedad y supone un encuentro que, si se produce en paz trae como consecuencia un enriquecimiento mutuo.
6.2. FÓRMULAS DE INTEGRACIÓN
La integración es el proceso sociocultural basado en la interdependencia, la confronta- ción, el intercambio y la igualdad. Es el proceso mediante el cual los inmigrantes participan activamente de la vida económica, social y cultural del país de acogida.
Carlos Jiménez entiende por integración “La generación de cohesión social y convi- vencia intercultural, mediante procesos de adaptación mutua entre dos sujetos jurídica y culturalmente diferenciados, mediante los cuales las personas de origen extranjero se incorporan en igualdad de derechos”, entendiendo la integración como la posibilidad de que los inmigrantes participen activamente de la vida comunitaria del país de recepción, aceptando los valores fundamentales de todos los miembros sociales, pero sin renunciar a su propia identidad y a sus orígenes.
En relación con los diversos modelos experimentados en distintos países para conseguir la integración de los inmigrantes en la nueva sociedad a la que acceden, salvando las dificultades que supone que cada término empleado tiene acepciones diferentes según el autor que lo trate y que las fronteras sociológicas entre ellos, a veces están muy difuminadas, básicamente se puede hablar de tres concepciones distintas: La asimilación, el melting pot y la multiculturalidad.
– La asimilación define un proceso social a través del cual grupos de origen diverso llegan a constituir un todo homogéneo. Según Zubrzyscki “la asimilación se refiere a la condición a la que se llega cuando el grupo inmigrante se incorpora de una forma tan completa a la sociedad donde vive, que su identidad se pierde. Concepto similar a la asimilación sería el de aculturación. Un grupo inmigrante asimilado deja de verse como grupo distinto y se integra en la vida cultural común de la sociedad autóctona”. Ejemplos de ello fueron las políticas de homogeneización lingüística, cultural e incluso religiosa, de los países europeos en la fase de formación de los estados-nación. Según este modelo integrador, los inmigrantes sufrirían una transculturación total, con pérdida de valores y pautas de su propia cultura, quedando estos proscritos. Algunos teóricos opinan que esta fórmula de integración ataca a la dignidad de las personas y por tanto no es recomendable.
– Mucho se ha hablado del melting pot o crisol de culturas (Teoría de Asimilación de Park y Thomas – Universidad de Chicago) como el fundamento histórico de la política de integración de Estados Unidos, según la cual el inmigrante asimila la cultura americana formando un crisol de rasgos culturales propios y nuevos, de forma que las diferencias culturales se interiorizan sin distinción de componentes, tal como si se tratase de una gazpacho. El melting pot como tal necesita de más de una generación para que pueda ponerse en evidencia sus efectos.
Lo cierto es que la realidad de los Estados Unidos, donde se creía que así era el resultado de la incorporación de tantos y tantos inmigrantes de distintas etnias, demuestra el fracaso de esta política, con el establecimiento de grupos étnicos muy potentes que, dentro del propio estado americano, actúan a niveles sociales, religiosos y económicos tal como si de sociedades separadas se tratase. Hoy se ha- bla más de “salad-bowl” (ensaladera), aludiendo a superposición de varias culturas sin que exista entre ellas una síntesis integradora. El “spanglish”, jerga lingüística que entremezcla palabras en inglés y en español, o traduce frases en inglés literal- mente, se está imponiendo en los Estados Unidos entre hispanohablantes, como expresión de grupo cultural distinto.
– El multiculturalismo. Sus principios básicos son el respeto por todas las culturas en competencia, el derecho a la diferencia y la organización de la sociedad de forma que exista igualdad de oportunidades, de trato y de participación en la vida pública y social, de todos los grupos y personas, con independencia de su identidad cultural,
etno-racial, religiosa o lingüística. “Se entiende como la convivencia en un mismo es- pacio social, de personas identificadas con culturas variadas” (Lamo de Espinosa). Pero algunos de los valores fundamentales de las minorías de inmigrantes pueden chocar con los valores democráticos de nuestras sociedades occidentales y pueden conducir a segregación entre culturas que conlleven situaciones de anomía o disocia- ción sociales y se traduzcan en una sociedad formada por compartimentos estancos. En relación con Europa, tanto la asimilación como la multiculturalidad han fracasado estrepitosamente en los países en que se están aplicando, poniéndose como modelos in- tegradores distintos los siguientes:
– Modelo francés. Utiliza más bien la fórmula de la asimilación. Un inmigrante para igualarse a un francés autóctono debe renunciar en público a su cultura, aunque en privado pueda practicarla (caso del velo femenino en las escuelas).
– Modelo inglés. Con un origen en el colonialismo en la Commonwealth, permite expre- sar aun en público esas diferencias culturales. Se aplica básicamente la fórmula de la multiculturalidad, pero ello no es obstáculo para que en determinadas minorías étni- cas tal como la árabe, se intente violar las normas básicas de la comunidad inglesa. – Modelo alemán. En este modelo el inmigrante es considerado exclusivamente
como un trabajador, con los derechos inherentes a ello, mientras dure su contrato de trabajo.
No existe, por último, un modelo español ya que España ha sido tradicionalmente país origen de emigrantes, si bien, en la actualidad, con el incremento considerable de pobla- ción inmigrante, ha copiado el modelo francés, por lo tanto, lejos de la multiculturalidad.