• No se han encontrado resultados

El proceso criminal de Juan Boïl contra Pedro Andrés

CONTRIBUCIÓN DE VALENCIA

2.5.2. El proceso criminal de Juan Boïl contra Pedro Andrés

La conflictividad que se desencadenó bajo la titularidad de don Juan Boïl, abuelo de don Pedro Boïl de Arenós y Mercader ilustra estas tensiones coyunturales producidas entre los señores y sus vasallos. Don Juan protagonizó una intensa actividad en el seno de los bandos nobiliarios del último tercio del siglo XVI y arrastró con él a sus señoríos. Alfafar se vió inmerso en esta realidad que de manera endémica afectaba a los territorios del Reino de Valencia y a toda la Corona de Aragón. En este contexto, la expresión de la rebeldía de los vasallos hacia su señor se confundió con la misma violencia que, excediendo los límites de la jerarquización social, proporcionó un cauce a los conflictos interseñoriales.

Para justificar esta afirmación, recurrimo a un expediente judicial que se inició con una apelación de don Juan Boïl al Consejo de la Inquisición en 1589. Se trata de un recurso contra la sentencia dictada por el Santo Oficio de Valencia en la resolución de una denuncia interpuesta por él mismo contra un vasallo de Alfafar, llamado

300 Bisnieto y tataranieto respectivamente de don Pedro Boïl de Arenós y Mercader. 301 G. Escolano, op. cit., pp. 131-142.

197 Pedro Andrés. La causa de la denuncia fue un conflicto puntual producido dos años antes, a raiz del cual, don Juan acusó de traidor a Pedro Andrés.

Los hechos fueron los siguientes. En octubre de 1587, don Juan fue a pasar unos días a Alfafar, al objeto de recaudar sus derechos anuales. Era el tiempo de la vendimia y se trasladó al lugar con toda la familia porque la tarea le llevaría varios días. De hecho, su segunda mujer, doña Magdalena Dassio estaba entonces embarazada de ocho meses. Una mañana salió a caballo a visitar las viñas, llevándose con él a un hijo de dos años –suponemos que era Vicente porque Antonio debía ser algo mayor– y a un criado que le seguía de cerca a pie, de nombre Pedro Subirats. Al pasar por delante de la casa de Pedro Andrés, ambos tuvieron unas palabras que, por el tono en que se dijeron, sugieren una provocación manifiesta. Reproducimos los términos del diálogo según el testimonio del criado:

“[…] don Joan saludó a Pedro Andrés diciéndole ‘Dios os guarde, señor’ y Pedro Andrés le respondió ‘anau en bona hora, don Joan’ y entonces don Joan le dijo ‘diga señor Pedro Andrés ¿no hay más cortesía que esa?’ y Pedro Andrés le respondió ‘no, que lo que vos me dais os doy’ y el dicho don Joan le dijo que ‘¿iguales somos vos y yo?’ y Pedro Andrés respondió ‘sí que somos iguales y voto a Dios que sois un muy grandísimo vellaco ladrón”303.

Hasta aquí llegaron las palabras. A continuación, éste cogió una escopeta que guardaba escondida tras la puerta de la entrada y, apuntando a don Juan, apretó el gatillo con la intención de matarlo, aunque el arma, por alguna razón, no se disparó. Se produjeron después una serie de movimientos que expondremos conforme vayamos avanzando en el pleito. Lógicamente, cuando Pedro Andrés tuvo la oportunidad de defenderse, declaró que nada de todo esto había sucedido, sino sólo las palabras.

Unos años antes, Pedro Andrés había interpuesto otro pleito en la Real Audiencia de Valencia, demandando privilegio de ciudadanía, deseando verse libre de su

198 condición de vasallo del lugar de Alfafar304. Por razones que intuimos –solo conocemos la causa por referencias de otras–, la sentencia fue contraria a Pedro Andrés y el conflicto entre ambos hombres pasó de los tribunales al terreno de lo personal, pese a que Andrés había elevado un recurso de apelación al Consejo de Aragón, que estaba tramitándose mientras tenían lugar estos hechos.

Cuando Pedro Andrés atentó contra don Juan, éste acudió inmediatamente al Patriarca Juan de Ribera para pedirle consejo. Poco tiempo antes, el prelado ya le había recomendado que abandonara su residencia de Alfafar y que se trasladara a Valencia, por el gran número de enemigos que tenía entre sus vasallos. La situación no era nueva. El arzobispo intentó hacerle entender que no le interesaba tomarse la justicia por su mano y consiguió convencerle de que remitiera el caso a las instituciones competentes. Arduo trabajo si consideramos los violentos antecedentes de don Juan. Sin embargo, ambos coincidieron en la conveniencia de tramitar la denuncia ante el Tribunal de la Inquisición de Valencia, aprovechando su condición de familiar del Santo Oficio. Además, este tribunal era el único organismo judicial que todavía no se había visto envuelto en los problemas de Juan Boïl.

Así pues, don Juan se dirigió a visitar al doctor Pedro de Zárate, a la sazón juez inquisidor de Valencia, y le explicó de nuevo todo lo que había ocurrido. En principio, la recomendación del inquisidor fue que se mantuviera prudente y que “no escandaliçase el negocio y que disimulase algunos días”305, comprometiéndose después a hacerle justicia. Se responsabilizó de detener a la mujer, la hija, la hermana y la “moça” de Pedro Andrés, todas ellas testigos directos del hecho.

Pero, pese a las promesas, se sucedieron días de inactividad y don Juan empezó a sospechar que el doctor de Zárate no estaba protegiendo sus intereses. De hecho, supo que, aunque retuvo a las mujeres, no quiso tomar testimonio a la “moça”, alegando que una criada no podía declarar contra su amo. Poco después, sin embargo, le aceptó el testimonio para la defensa del mismo. Ante las quejas de don Juan, el juez insistió en que era conveniente esperar, argumentando que

304 A lo largo del expediente van apareciendo otros nombres de vasallos que también habían recurrido

a la vía judicial con idéntico objetivo. Estos movimientos fueron consecuencia del enfrentamiento señorial entre Boïl y Perellós, como veremos más adelante.

199 “descansase, que con la paciencia y el secreto se descubren cosas en el Santo Oficio que parece ynposible poderse saber y que lo yciese asy como lo yçe porque estube más de quinçe días sin hablar en ello”306.

Viendo que el tema iba para largo, decidió volver a Alfafar para concluir el cobro de sus rentas y se encontró con que Pedro Andrés, que también había regresado al lugar, se entregaba con determinación a vigilarle, rondándole la casa durante el día y parte de la noche, acompañado de hombres de aspecto intimidatorio, según consta en el relato de don Juan.

Durante esta nueva estancia en Alfafar, un domingo, doña Magdalena quiso ir a la iglesia con el propósito de confesarse y comulgar y, para evitar encuentros no deseados con su enemigo, concertó una cita con su confesor muy temprano. Al parecer, la mujer de Pedro Andrés fue informada de sus intenciones y acudió a la iglesia en grupo con otras mujeres. En abierta complicidad con su marido, hizo burla y desacato a su señora. Ante el enfado de don Juan, doña Magdalena, para intentar calmar los ánimos de su marido, trató de convencerle de que aprovechase la oportunidad de dejarse humillar, diciéndole que “ocasión es esta para merecer más delante de Dios”307. A mediodía, el confesor, que era un fraile dominico de Valencia, comió con ellos y les recomendó que abandonaran Alfafar porque “más balía que perdiese la acienda que no la vida”308. Haciendo caso del consejo, se volvieron a Valencia donde de nuevo se encontraron con que Pedro Andrés, también por allí, se paseaba muy ufano pues, siendo ya el tema de dominio público, no había sido detenido.

Las insistentes quejas de don Juan permitieron dar comienzo a la instrucción del proceso criminal. Ahora, la oposición y las críticas se vertieron desde el entorno de sus familiares y deudos, los cuales le espetaron que renunciar a la venganza personal era una muestra de cobardía. Él se excusó diciendo que prefería seguir el consejo del arzobispo. Recordemos que, aunque don Juan era titular de la jurisdicción alfonsina,

306 Ibídem. 307 Ibídem. 308 Ibídem.

200 su fuero no le alcanzaba la posibilidad de ejecutar justicia por la gravedad del caso, con lo cual, o se la tomaba directamente por su mano o se remitía a las instancias que la administraban de ordinario.

Tras la denuncia, la primera actuación del tribunal consistió en detener y dar prisión al acusado, el cual “no saldrá por sus pies ni agenos so pena de dos mil ducados y para esto obliga su persona y bienes”309. La cantidad establecida fue avalada entre cuatro de sus deudos: Pedro de la Calva y Miguel Andrés, ciudadanos; Jaime Amat, mercader, familiar del Santo Oficio y José Tallada, sastre. No obstante, la posibilidad de que se le otorgara libertad bajo fianza elevó el tono de las protestas de don Juan. Como es habitual, el proceso comenzó con la alegación de la causa por parte del demandante y, vistos y aceptados los hechos a partir de la recepción de tres testimonios –entre ellos el de Pedro Subirats–, el inquisidor encargó a don Juan que elaborara la escritura de capítulos sobre los que quería conducir los interrogatorios. El causante redactó una lista de 25 cuestiones, cuyo contenido trataremos de resumir. En primer lugar, pedía que se confirmase la publicidad acerca de su categoría de familiar de la Inquisición, de la titularidad que ostentaba sobre el señorío de Alfafar y de la condición de vasallo de Pedro Andrés. A continuación, quería que se preguntase sobre si los testigos eran conocedores de la sentencia que dictó la Audiencia contra las pretensiones de ciudadanía de Pedro Andrés y del status que tenía de labrador, tanto él como sus ascendientes, los cuales “han hecho hacienda de sus manos de baja condición”310. Los siguientes capítulos escudriñaban las supuestas intenciones que el acusado alimentaba desde la publicación de dicha sentencia y cuestionaban el tipo de personas que le acompañaban desde aquel momento. Por eso se dice

“[…] que por ver Pedro Andrés que el suplicante no le quería sufrir su mal vivir y costumbres ha intentado, por ser hombre facineroso y de mal ánimo y

309 Ibídem.

310 Ibídem. Don Juan pretendía demostrar que Pedro Andrés trabajaba él mismo sus tierras y éste

pretendía establecer su condición de rentista. Por lo que se deduce de la documentación consultada, fueron los argumentos que más pesaron en el pleito de la Audiencia.